26 de mayo 2002


La vetusta casona que perteneció a la familia Orellana-Valdez, en el
cantón Colima, Cuscatlán, se ha convertido en la admiración de
extranjeros. Sus amplios corredores, sus tejados de
barro y sus paredes de adobe son testigos del ayer.




En los antiguos y apacibles corredores del casco de la hacienda Colima, ahora convertida en sitio turístico, se exhiben los utensilios que la estirpe Orellana-Valdez utilizaba durante los ajetreados días de zafra (cosecha de caña de azúcar), a partir de la década de los 50.
Se muestran los vastos peroles en los que se cocía el suero para extraer el requesón, las bateas en las que se amasaba el queso y las monturas en las que solía montar a caballo el patrón.
También se deja a la vista de los visitantes la centrífuga (máquina para extraer miel), la piladera utilizada para el secado del café y el arroz. Pero lo mejor de todo es encontrar en los salones de la casona con olor a historia a María Bernarda de Alfaro, de 60 años, quien se desempeñó como molendera de la familia.
Cuando era moza, sus manos moldeaban con proeza las tortillas que consumían los patrones. “Yo vine aquí de diez años. Desde entonces comencé a quebrar el maíz en la piedra para darles de comer a ellos. Las otras molenderas lo hacían para los mozos”, detalla María, quien se encarga de limpiar la casa.
En esa época tenía un jardín grande con una fuente. Había 14 corrales con ganado; por eso, el queso y el requesón nunca faltaban en la comida que se daba a los jornaleros.
Pero a finales de la década de los 70, la guerra acabó con la abundancia y con la tranquilidad que reinaba en la hacienda Colima. “A principios de 1979, la guerrilla se apoderó de la casa, saqueó las pertenencias de los patrones y dejó todo en ruinas y en abandono”, cuenta la molendera.
Luego llegó la reforma agraria y la otrora productiva hacienda, marchita y desolada, pasó a manos de la Asociación Cooperativa Agropecuaria Colima, compuesta por unas cincuenta familias del cantón Colima.

Vista desde el mirador hacia el lago Suchitlán, en Suchitoto.

 

Actividad alternativa

Este es sólo un fragmento de las historias reales que cobijan a esta hacienda de 2,200 manzanas de extensión y que desde hace cuatro años ha iniciado un proceso de restauración (sin perder su infraestructura original), a fin de recibir a turistas nacionales y extranjeros.
Hace cuatro años, los miembros de la cooperativa de Colima se dedicaban de lleno a la agricultura (siembra de caña de azúcar, maíz, maicillo, frijol). Sin embargo, no se daban cuenta de que estaban desaprovechando las potencialidades del lugar: su historia, su antigüedad, su área natural y sus vistas panorámicas.
Fue así que en 1998 la Asociación Cristiana de Desarrollo Cultural (ALFALIT) pensó en una forma de aprovechar los recursos locales para beneficio de los habitantes del cantón Colima. Desde el principio se pensó en diversificar las actividades que hasta ese momento se realizaban.
La idea de potenciar el turismo en la hacienda para beneficio de la comunidad resultó ser una buena alternativa. “Comenzamos por restaurar el casco de la hacienda, la habilitamos y empezamos a recibir grupos de trabajo en calidad de turistas”, detalla Santiago Flores, director ejecutivo de ALFALIT.
Visitantes provenientes de Europa, Estados Unidos, Canadá y Centroamérica se han acercado a este turicentro para admirar la infraestructura de la casa y para internarse en las 2,834 manzanas de terreno que dan riqueza al recorrido.
El área está compuesta por 150 manzanas destinadas para la siembra de caña de azúcar y 60 para el cultivo de madera, dos mil manzanas para la labranza de granos básicos y 1,286 que son parte de la reserva natural.
Dentro del bosque se pueden encontrar algunos senderos, un mirador hacia el lago Suchitlán, en Suchitoto, y tres casetas en las que permanecen los guardarrecursos que cuidan de la reserva y sirven de guía a los turistas.
“Nos encargamos de frenar la tala de árboles. Sabemos que a los turistas que vienen les encanta sentir el clima tropical en medio del bosque”, comenta el guardarrecursos Antonio Araujo.
El bosque está compuesto por elevados y tupidos árboles como conacaste negro, quebracho, jiotes, quina y zorro, que sirven de guarida a urracas, pollas de monte, pericos, gavilanes, mapaches, cusucos, coyotes y venados.
Desde el mirador se logra un buen panorama. Se observa el lago Suchitlán, que en invierno llega hasta el pie de la montaña y en verano disminuye sus aguas hasta permitir la siembra de cultivos a su alrededor. Más allá se descubren poblados de Chalatenango, como Santa Bárbara y Nueva Concepción

Reinita elabora collares.

 

Jóvenes de Colima gozan de los beneficios del turismo.

Para la comunidad

Los caseríos El Ingenio, Canaán, Potreritos, El Valle, Los Pocitos y Las Brisas del cantón Colima se están beneficiando con esta iniciativa. Para eso se han creado diversos comités donde participan los habitantes de estas comunidades. Por ejemplo, existen grupos de cocineras y meseros que se encargan de preparar y de servir los alimentos a los visitantes que se hospedan en la hacienda. Además hay guías turísticos y jóvenes y niños que se ocupan de elaborar artesanías.
Una parte de las utilidades obtenidas va a parar a la comunidad. Tal es el caso de los menores artesanos que financian parte de sus estudios con lo que ganan al vender collares, pulseras y aretes.
Algunos habitantes de Colima se han capacitado para impartir clases de español a grupos de norteamericanos que se hospedan en la casona y están interesados en aprender dicho idioma. Además se han hecho convenios con estudiantes de universidades internacionales para que realicen investigaciones de campo.
Ramón Servellón, encargado de la Unidad de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente de la Corporación Salvadoreña de Turismo (CORSATUR), destaca que en la hacienda Colima se da una complementariedad de recursos turísticos. Es decir, se puede apreciar la arquitectura colonial del casco de la hacienda construido en 1870 y disfrutar de la frescura y de la vida animal que habita en el bosque. Con esas ofertas que enriquecen el turismo del lugar, los visitantes se sienten muy entretenidos y convencidos de regresar.

¿Quiere visitarla?

Si usted desea pasar un momento o un par de días placenteros en la hacienda Colima, le decimos cuáles son los servicios que se ofrecen.

Si decide visitar por un día la hacienda para bañarse en la piscina, descansar en las hamacas que se extienden en los corredores de la casa y hacer un recorrido por la reserva natural, tendrá que pagar seis colones.

Pero si usted quiere quedarse más de un día existen dos habitaciones, cada una con capacidad para 20 personas. Por eso lo más recomendable es organizar las visitas en grupos.

Durante su estadía también podrá contar con servicio de alimentación.

El costo por cada día de alojamiento es de 10 dólares

arriba
Visite las demás ediciones publicadas Regrese a la edición mas reciente Nombres de personal que labora en esta revista Envíenos sus consultas a nustro buzón

Copyright 1995 - 2002. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com