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En el libro Más Platón
y menos prozac podría estar la clave para que usted solucione
los problemas cotidianos, con métodos que se conocen desde la
antigua Grecia y que habían sido casi despreciados en los nuevos
siglos.
El nombre Platón es usado como un referente a la filosofía
antiguamientras que prozac es una medicina antidepresiva.
Ahora bien, el titular suguiere reutilizar más la filosofía
para solventar los problemas diarios en vez de agobiarse con ellos hasta
llegar a un estado emocional depresivo, que requiere de drogas como
tratamiento.
Una gran maestra
Esta obra señala que todo mundo tiene una filosofía
de la vida, pero pocos de nosotros gozamos del privilegio o del tiempo
libre necesario para sentarnos a esclarecer sutilezas. Tendemos a irlo
haciendo sobre la marcha. La experiencia es una gran maestra, pero también
precisamos reflexionar sobre nuestras experiencias. Comprender nuestra
propia filosofía puede ayudarnos a evitar, resolver o abordar
muchos problemas. Nuestra filosofía puede ser el origen de los
problemas que padecemos, de modo que debemos evaluar las ideas que sostenemos
para modelar un punto de vista que obre a favor nuestro, no en contra,
señala el autor de este libro, Lou Marinoff.
Marinoff ha sido profesor universitario de filosofía en el City
College de Nueva York, y es pionero en el movimiento de la filosofía
práctica en Estados Unidos; ha sido también presidente
de la American Philosophical Practioner Associacion.
Problemas habituales
Más Platón y menos prozac se inspira en los
más grandes filósofos y corrientes filosóficas
de la historia para enseñar a abordar los principales aspectos
de la vida. Trata de problemas habituales, como la manera de llevar
las relaciones amorosas, de enfrentarse a la muerte, de sobrellevar
un cambio profesional y de hallar un sentido a la existencia.
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Ficha
técnica
Libro:
Más Platón y menos prozac.
Autor:
Lou Marinoff.
País:
Estados Unidos.
Páginas:
399.
Precio:
$20.23 edición de lujo y $4.57 edición de bolsillo.
Distribuye:
Editorial Santillana.

Con una escritura que lucha por no hacer
pesado el tema de la filosofía, esta obra incluye los siguientes
temas: La crisis de la filosofía y su reciente recuperación;
cómo arreglárselas ante los problemas cotidianos,
y la separación entre la filosofía, psiquiatría
y psicología, entre otros.
En todo caso, este libro es una buena opción para buscar nuevas
formas para solucionar problemas, y de ver la filosofía tal como
reflexionó el emperador romano Marco Aurelio: El tiempo
de la vida humana no es más que un punto, y su sustancia un flujo,
y sus percepciones torpes, y la composición del cuerpo corruptible,
y el alma un torbellino y la fortuna inescrutable, y la fama algo sin
sentido [...] ¿Qué puede, pues, guiar a un hombre? Una
única cosa, la filosofía.
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No
entristecer, (sino) amar
Daysi Carolina
Amaya
Michael Shirley, de Ohio, Estados Unidos, quedó ciego a
causa de diabetes mellitus cuando tenía 22 años.
Sin embargo, optó por gozar de la vida y dar lo mejor de
sí mismo en lugar de hundirse en la depresión.
Lo conocí en 1986 en Little Rock, Arkansas, cuando él
y su esposa, Nora, aceptaron ser mi familia americana
mientras aprendía inglés como parte de una beca
para estudiar periodismo.
Michael padeció por muchos años de retinopatía
diabética (daño a los vasos sanguíneos de
la retina), neuropatía (enfermedad de los nervios), enfermedad
del riñón, hipertensión, ataques al corazón
y fallo cardíaco congestivo.
Le gustaba ir al cine cuando las películas se basaban principalmente
en diálogos. También iba a los partidos de béisbol
sin que le faltara su radio.
Yo le leía las recetas y él cocinaba; fuimos a conciertos
de jazz y a varias conferencias.
Su espíritu fue aventurero. Anduvo en rápidos en
el río Ocoee, en Tennessee, y viajó junto con su
esposa por Europa, Gran Bretaña, China, Jamaica, Bermuda
y las Bahamas.
Pasaba muchas horas en su computadora, que contaba con un sistema
de audio, ya sea leyendo o comunicándose con sus amigos
que eran de toda raza.
Amaba los animales, entre ellos su perro guía, Duke,
un boxer, y sus pájaros Curly y Hawk
que revoloteaban con alegría al escuchar sus pasos, su
voz o un silbido.
Fue un hombre brillante, que profundizaba en una variedad de temas
y su sentido de humor fue un imán para quienes lo conocimos.
Incluso pidió que al morir en su lápida dijera Humor
es la mejor medicina.
Mi amistad con Nora y Michael se fortaleció durante 16
años, en especial en los momentos difíciles.
En diciembre del año pasado, mis amigos, al no tener hijos
decidieron hacerse cargo de Jerry, de 39 años, quien padece
de retraso mental.
Michael murió el 14 de marzo pasado, a los 47 años,
tras fracturarse un brazo en una caída. Su corazón,
ya débil, dejó de latir, no sin antes haber tenido
la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.
Una semana antes le había pedido a Nora, personalmente,
que si le pasaba algo a él me avisara inmediatamente. Y
así fue.
Su religión, como lo dijo Alberto Masferrer, se resumió
en tres palabras: No entristecer, amar.
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