25 de noviembre de 2001

Con esfuerzo, el cuerpecito gelatinoso de la tortuga marina comienza a salir de la arena; mueve sus aletas, se tambalea, pero aún así camina hacia las olas. Está lista para emigrar. Si logra sobrevivir regresará a anidar a la playa que la vio nacer.




El instinto no traiciona. Al romper el cascarón, los neonatos (recién nacidos) caminan de forma lenta en busca de su hábitat: el océano.
En pocos minutos, sus cabezas negras se mecen a la orilla del mar: han ingresado a su mundo, pero sólo es el inicio de una vida llena de retos.
Su tasa de mortalidad es alta. Por cada 1,700 huevos nacen mil, y de estos sobreviven dos individuos. Tienen que luchar por su supervivencia; sus primeras 48 horas de vida son críticas. Deben encontrar su propio alimento.
Las pequeñas tortugas marinas son presa fácil de depredadores a lo largo de su ciclo de vida. En la playa son capturadas por cangrejos, aves y mamíferos; mar adentro sirven de alimento a peces, tiburones orcas y otros.
Pero existen otros factores que ponen en peligro de extinción a los quelonios. La mano depredadora del hombre se ha encargado de interrumpirles su ciclo de vida.
Las causas de esa destrucción indiscriminada son diversas, entre ellas se encuentran la extracción excesiva de huevos de los nidos y la venta de los mismos, la contaminación y la invasión del hábitat dónde las hembras acuden a anidar y la irresponsabilidad de las actividades pesqueras
Por un lado, los barcos camaroneros no respetan el límite establecido a la hora de pescar (deben situarse a tres millas de la orilla) y no usan el dispositivo excluidor de tortugas DET (TED por sus siglas en inglés), una compuerta que se coloca en la parte de arriba de la red de arrastre y se abre para liberar objetos grandes y pesados como las tortugas; luego se vuelve a cerrar.
Además, la pesca tradicional con anzuelos constituye una amenaza para los reptiles. Algunas veces las tortugas quedan atrapadas; salen con el anzuelo en las aletas o en el cuello, en la mandíbula o maxilar, dentro de la garganta o enredadas en la línea madre.
Juan Carlos Sánchez, encargado del proyecto de conservación de tortugas marinas “Ayutzin”, de la playa Toluca, en La Libertad, lamenta que el esfuerzo que se hace por preservar a estos quelonios se tire al cesto de la basura, debido a la irresponsabilidad de los barcos pesqueros

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Datos de aproximaciones

Celina Dueñas, técnica de la Dirección de Patrimonio Natural del Ministerio del Medio Ambiente, cuenta que no existe un estudio científico que permita identificar de forma exacta a cuánto asciende el número de tortugas que han disminuido en los últimos años.
“Sólo se tienen algunas apreciaciones de las comunidades que viven aledañas a las playas, quienes consideran que en relación a 20 años las tortugas han disminuido en un 50%”, explica Dueñas.
Pero José Antonio Villeda, encargado del área natural de la Barra de Santiago, en Ahuachapán, dice que las tortugas se han escaseado en un 75%. Relata que en 1982 acudían a anidar 60 tortugas en una noche; sin embargo, en estos días no sobrepasan de las ocho.
Para controlar la disminución de estos animales misteriosos, Villeda dice que en el período de 1988 a 1994 marcaron 300 tortugas con placas de platín, pero ninguna de estas ha retornado a anidar a las playas de la Barra de Santiago.
Sólo en lo que va del año se han encontrado alrededor de 138 tortugas muertas en la playa Bola de Monte y la Barra de Santiago.
Los principales responsables son los barcos pesqueros, porque en la noche, confiados en que la Policía Naval y el Centro de Desarrollo pesquero (CENDEPESCA) no los supervisan, no usan el DET.

Programa nacional

En 1998 se creó el Comité Nacional para la Conservación de la Tortuga. Su finalidad es tratar en forma conjunta los problemas relacionados con las especies marinas.
Celina Dueñas, representante del comité, dice que entre los planes de esta iniciativa están el manejo apropiado de los huevos en las playas de anidación, disminuir la muerte de los quelonios por captura accidental, desarrollo de la capacidad para la investigación, aumentar la capacidad de ejecutar proyectos, financiamiento de actividades relacionadas con la conservación de las tortugas marinas, fortalecimiento de la normativa legal.
Asimismo pretenden desarrollar un programa nacional de concientización sobre la importancia de proteger a la tortuga marina, entre otras. de proteger a la tortuga marina, entre otras.

Los niños y las niñas son los más interesados en el cuidado de las tortugas.

 

Especies en El Salvador

A nivel mundial existen ocho especies de tortugas marinas. De estas, seis anidan en las costas de Centroamérica y sólo cuatro en las costas salvadoreñas: la baule (dermochelis coriácea), la carey (eretmochelys coriácea), la prieta (chelonia agasizzi) y la golfina (lepidochelys olivácea).
Según un diagnóstico que muestra la situación actual de las tortugas marinas en el país, publicado por el Comité Nacional para la Conservación de la Tortuga Marina en El Salvador, la especie golfina anida en la mayoría de playas a lo largo de toda la costa.
Desde 1990 hasta 1994, entre los meses de agosto a diciembre desovaron 224, 257, 201, 282 y 359 de forma respectiva.
A pesar de su abundancia relativa se ha comprobado que sus poblaciones son frágiles y susceptibles a cambios a corto plazo. Debido a la sobreexplotación han disminuido drásticamente en los últimos 20 años.
Su principal actividad de anidación se concentra durante la estación lluviosa. Alcanza su madurez sexual entre los 10 y los 15 años y vive entre 50 y 60 años.
El estudio comprende que la situación de la tortuga baule en el país es preocupante. Pese a que nunca se han registrado grandes anidaciones de esta especie, hace 10 años anidaban de 20 a 30 tortugas por temporada en la playa Toluca.

El proceso de siembra de los huevos de tortuga hasta que nacen tarda 45 días. Al nacer tienen que sortear una serie de peligros antes de llegar al mar.

El encargado para el área natural de la Barra de Santiago comenta que el número de baules que acuden a anidar por temporada, de noviembre a febrero, no sobrepasan las cuatro o cinco. Hace unos día se registró la primera que salió a desovar en esta playa.
Es la variedad más grande. Puede alcanzar 1.80 metros y pesar unas 1,300 libras. Logra su madurez sexual entre los ocho y los 12 años y deposita unos 70 huevos por nido.
En el diagnóstico se menciona que no se tienen registros confirmados de anidación de tortuga carey en las costas salvadoreñas. Sólo existen cuatro casos confirmados: una capturada incidentalmente por una embarcación camaronera en la playa Herradura en 1991, otra en 1998 por pescadores artesanales dentro del manglar de la Barra de Santiago y dos que aparecieron muertas en el mismo lugar.
Nunca se ha visto una tortuga prieta anidando en costas salvadoreñas. Lo único que detalla el análisis es la presencia de ocho de ellas, cuatro capturadas de forma incidental durante una operación camaronera comercial y las restantes aparecieron muertas en la playa Toluca, La Herradura, isla Conchagüita y Barra de Santiago

Interés por salvaguardarlas

Al conocer la dura crisis que enfrentan los misteriosos y especiales quelonios, desde 1976 la preocupación por protegerlos se ha acrecentado.
Existen instituciones de gobierno, organizaciones no gubernamentales, comunales, grupos de pescadores artesanales e industriales, entre otras entidades, que luchan por la conservación de estos animales.
Entre ellos están el Ministerio de Agricultura y Ganadería, el Centro de Desarrollo Pesquero (CENDEPESCA), la Policía Nacional Civil, el Centro de Tecnología Apropiada (CESTA) y la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES).
Así como el grupo comunitario Barra Salada, Toluca, Bola de Monte, Amatal, playa La Zunganera; comunidad Corral de Mulas, El Flor, El Pimentel, Amatecampo; Comité Ecológico Majahual y el Comité Isla Montecristo, entre otras.
La existencia de tortugarios parece ser, por el momento, la única alternativa efectiva para proteger la escasa población de tortugas marinas.
Carlos Sánchez dice al respecto que “si no hubieran viveros, la situación sería más grave. Las madres reproductoras ya no visitarían las playas del país, por eso lo que se hace en conservación es significativo”.
Una de las iniciativas privadas que trabaja por la conservación de los reptiles es la Asociación para la Protección y la Conservación de la Tortuga Marina en El Salvador (PROTORTUGA). El sitio escogido para hacerlo es una de las playas de mayor anidación en el país: la Península San Juan del Gozo, en la Bahía de Jiquilisco, Usulután.
Mimi Schonenberg, fundadora de PROTORTUGA, cuenta que el proyecto comenzó hace un año. Logró reunir a 37 personas interesadas por la protección de las especies que anidan en las playas salvadoreñas y decidieron emprender la prueba piloto en la playa El Porvenir, en Cara Sucia, Ahuachapán.
Los habitantes de este sector ya no sólo reubicaban los huevos para comercializarlos, sino que donaban una docena por cada nidada (cantidad que establece la Ley de Conservación de Vida Silvestre) y el excedente se les compraba al precio establecido por el mercado.
“Montamos un pequeño criadero que se prolongó durante el período de mayor anidación, de octubre a febrero, y de cada 100 huevos que sembrábamos nacían 94 tortugas”, explica la fundadora.
El éxito del proyecto fue tal que se animaron a desarrollar uno más grande.
Se trasladaron a la Península San Juan del Gozo, una playa virgen con 40 kilómetros de extensión. Se construyó el vivero y se aprovechó el inicio de la temporada, en julio de este año, y aunque no ha finalizado -se extiende hasta febrero del 2002- sus proyecciones ya se han superado. Hasta la fecha han reubicado 30 nidos mensuales, unos 20 mil huevos aproximadamente.
Luis Cristiani, uno de los integrantes de la Asociación, dice que solicitaron ayuda monetaria a la empresa privada y recibieron la colaboración incondicional de la Camaronera Prestigios del Mar, el Fondo Mundial para la Naturaleza, Seguros e Inversiones, FundaTamarindo e Inversiones Mágico.

 

 

 

Esta última les donó el terreno para el criadero.
La ayuda otorgada por las empresas al inicio del proyecto y la que aportan los miembros de forma voluntaria les sirve para solventar algunos gastos, entre ellos pagar a los dos encargados de cuidar el vivero y comprar los huevos.



Agrega que para informarse sobre la conservación de los quelonios asistieron a un simposio sobre tortugas marinas, impartido por el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Además recibieron asesoría técnica de parte del Fondo Mundial de la Naturaleza.
El Ministerio del Medio Ambiente también les brinda apoyo. Celina Dueñas relata que a los encargados de los viveros se les explica cómo deben elaborar un corral, hacer un nido, cuándo ponerle sombra y se les dan todas las indicaciones para cuidar de los neonatos.
A los tortugueros se les da otro tipo de asesoría. Primero se les concientiza sobre la importancia de proteger a las tortugas marinas y luego se les dice cómo deben tratar los huevos, no moverlos y llevarlos inmediatamente para sembrarlos.
Los miembros de PROTORTUGA también se preocupan por que las nuevas generaciones aprendan a valorar el trabajo de protección de los quelonios.
El 23 de octubre pasado se realizó una liberación de recién nacidas; para ello invitaron a unos cien niños de las comunidades Ceiba Doblada y Corral de Mulas, situadas en la ribera de la península.
Todos los niños observaron atentos y emocionados el evento. Algunos con sus pequeñas manos levantaron a los neonatos débiles que no podían avanzar hacia su hábitat y los colocaron justo en las olas

Para verlas nacer


La época de mayor anidación inicia en julio y finaliza en enero del siguiente año (esto varía de acuerdo a la especie). Los tortugueros reubican los nidos y recogen los huevos para llevarlos al vivero, donde son tratados de la forma más natural posible.

La temperatura adecuada para el nacimiento es de 30 a 32 grados centígrados.

Tomás Serrano, uno de los responsables del criadero, relata que los nidos se moldan con proeza, tratando de imitar lo que la tortuga hace. Primero se hace un hoyo de 40 centímetros en forma recta, luego se extiende hacia los lados en forma de cántaro, que es la parte dónde reposarán los huevos durante 45 días.

El vivero se rodea con una tela metálica que se entierra en la arena para evitar que los cangrejos se coman los huevos. Los nidos se cubren con unas cuadrículas hechas con cordeles, esto permite sembrarlos de forma alternada, parecido a un tablero de ajedrez, de tal manera que quede espacio para caminar en el lugar. En cada madriguera se coloca una viñeta, en la que se lleva un registro de la fecha de anidación, la cantidad de huevos, la especie de la tortuga y el nombre del tortuguero que facilitó los huevos. Esto último para determinar si se han manipulado de forma adecuada.

Cuando se acerca la época de eclosión (nacimiento) se afloja la arena para que las tortuguitas puedan salir fácilmente. También se coloca un cilindro de maya sobre cada nido. Esto permite diferenciar las especies y llevar la contabilidad de las que van naciendo.

Al recibir la luz solar, el instinto las lleva a caminar en busca del agua, por eso antes de ser liberadas se colocan en huacales con tierra húmeda.

Si permanecen más de dos o tres horas fuera del mar, comienzan a perder energía y tienen que mantenerse en pilas con agua salada.

Llega el momento culminante, sorprendente para los ojos humanos. Los neonatos, de cuatro centímetros de diámetro, se sueltan a la orilla del océano; en manada recorren unos cinco metros con paso lento pero seguro hasta adentrarse en su hábitat.

Siguiendo sus instintos la tortuga deposita sus huevos a en la playa durante la noche.

Después de 45 días nacen las pequeñas tortugas para después desaparecer en la playa

 

 

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