
El instinto no traiciona.
Al romper el cascarón, los neonatos (recién nacidos) caminan
de forma lenta en busca de su hábitat: el océano.
En pocos minutos, sus cabezas negras se mecen a la orilla del mar: han
ingresado a su mundo, pero sólo es el inicio de una vida llena
de retos.
Su tasa de mortalidad es alta. Por cada 1,700 huevos nacen mil, y de
estos sobreviven dos individuos. Tienen que luchar por su supervivencia;
sus primeras 48 horas de vida son críticas. Deben encontrar su
propio alimento.
Las pequeñas tortugas marinas son presa fácil de depredadores
a lo largo de su ciclo de vida. En la playa son capturadas por cangrejos,
aves y mamíferos; mar adentro sirven de alimento a peces, tiburones
orcas y otros.
Pero existen otros factores que ponen en peligro de extinción
a los quelonios. La mano depredadora del hombre se ha encargado de interrumpirles
su ciclo de vida.
Las causas de esa destrucción indiscriminada son diversas, entre
ellas se encuentran la extracción excesiva de huevos de los nidos
y la venta de los mismos, la contaminación y la invasión
del hábitat dónde las hembras acuden a anidar y la irresponsabilidad
de las actividades pesqueras
Por un lado, los barcos camaroneros
no respetan el límite establecido a la hora de pescar (deben
situarse a tres millas de la orilla) y no usan el dispositivo excluidor
de tortugas DET (TED por sus siglas en inglés), una compuerta
que se coloca en la parte de arriba de la red de arrastre y se abre
para liberar objetos grandes y pesados como las tortugas; luego se vuelve
a cerrar.
Además, la pesca tradicional con anzuelos constituye una amenaza
para los reptiles. Algunas veces las tortugas quedan atrapadas; salen
con el anzuelo en las aletas o en el cuello, en la mandíbula
o maxilar, dentro de la garganta o enredadas en la línea madre.
Juan Carlos Sánchez, encargado del proyecto de conservación
de tortugas marinas Ayutzin, de la playa Toluca, en La Libertad,
lamenta que el esfuerzo que se hace por preservar a estos quelonios
se tire al cesto de la basura, debido a la irresponsabilidad de los
barcos pesqueros
.
Datos
de aproximaciones
Celina Dueñas, técnica de
la Dirección de Patrimonio Natural del Ministerio del Medio Ambiente,
cuenta que no existe un estudio científico que permita identificar
de forma exacta a cuánto asciende el número de tortugas
que han disminuido en los últimos años.
Sólo se tienen algunas apreciaciones de las comunidades
que viven aledañas a las playas, quienes consideran que en relación
a 20 años las tortugas han disminuido en un 50%, explica
Dueñas.
Pero José Antonio Villeda, encargado del área natural
de la Barra de Santiago, en Ahuachapán, dice que las tortugas
se han escaseado en un 75%. Relata que en 1982 acudían a anidar
60 tortugas en una noche; sin embargo, en estos días no sobrepasan
de las ocho.
Para controlar la disminución de estos animales misteriosos,
Villeda dice que en el período de 1988 a 1994 marcaron 300 tortugas
con placas de platín, pero ninguna de estas ha retornado a anidar
a las playas de la Barra de Santiago.
Sólo en lo que va del año se han encontrado alrededor
de 138 tortugas muertas en la playa Bola de Monte y la Barra de Santiago.
Los principales responsables son los barcos pesqueros, porque en la
noche, confiados en que la Policía Naval y el Centro de Desarrollo
pesquero (CENDEPESCA) no los supervisan, no usan el DET.

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Programa
nacional
En 1998 se
creó el Comité Nacional para la Conservación
de la Tortuga. Su finalidad es tratar en forma conjunta los problemas
relacionados con las especies marinas.
Celina Dueñas, representante del comité, dice que
entre los planes de esta iniciativa están el manejo apropiado
de los huevos en las playas de anidación, disminuir la
muerte de los quelonios por captura accidental, desarrollo de
la capacidad para la investigación, aumentar la capacidad
de ejecutar proyectos, financiamiento de actividades relacionadas
con la conservación de las tortugas marinas, fortalecimiento
de la normativa legal.
Asimismo pretenden desarrollar un programa nacional de concientización
sobre la importancia de proteger a la tortuga marina, entre otras.
de proteger a la tortuga marina, entre otras.

Los
niños y las niñas son los más interesados
en el cuidado de las tortugas.
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Especies
en El Salvador
A nivel mundial existen ocho especies de
tortugas marinas. De estas, seis anidan en las costas de Centroamérica
y sólo cuatro en las costas salvadoreñas: la baule (dermochelis
coriácea), la carey (eretmochelys coriácea), la prieta
(chelonia agasizzi) y la golfina (lepidochelys olivácea).
Según un diagnóstico que muestra la situación actual
de las tortugas marinas en el país, publicado por el Comité
Nacional para la Conservación de la Tortuga Marina en El Salvador,
la especie golfina anida en la mayoría de playas a lo largo de
toda la costa.
Desde 1990 hasta 1994, entre los meses de agosto a diciembre desovaron
224, 257, 201, 282 y 359 de forma respectiva.
A pesar de su abundancia relativa
se ha comprobado que sus poblaciones son frágiles y susceptibles
a cambios a corto plazo. Debido a la sobreexplotación han disminuido
drásticamente en los últimos 20 años.
Su principal actividad de anidación se concentra durante la estación
lluviosa. Alcanza su madurez sexual entre los 10 y los 15 años
y vive entre 50 y 60 años.
El estudio comprende que la situación de la tortuga baule en
el país es preocupante. Pese a que nunca se han registrado grandes
anidaciones de esta especie, hace 10 años anidaban de 20 a 30
tortugas por temporada en la playa Toluca.

El
proceso de siembra de los huevos de tortuga hasta que nacen tarda 45
días. Al nacer tienen que sortear una serie de peligros antes
de llegar al mar.
El encargado para el área natural
de la Barra de Santiago comenta que el número de baules que acuden
a anidar por temporada, de noviembre a febrero, no sobrepasan las cuatro
o cinco. Hace unos día se registró la primera que salió
a desovar en esta playa.
Es la variedad más grande. Puede alcanzar 1.80 metros y pesar
unas 1,300 libras. Logra su madurez sexual entre los ocho y los 12 años
y deposita unos 70 huevos por nido.
En el diagnóstico se menciona que no se tienen registros confirmados
de anidación de tortuga carey en las costas salvadoreñas.
Sólo existen cuatro casos confirmados: una capturada incidentalmente
por una embarcación camaronera en la playa Herradura en 1991,
otra en 1998 por pescadores artesanales dentro del manglar de la Barra
de Santiago y dos que aparecieron muertas en el mismo lugar.
Nunca se ha visto una tortuga prieta anidando en costas salvadoreñas.
Lo único que detalla el análisis es la presencia de ocho
de ellas, cuatro capturadas de forma incidental durante una operación
camaronera comercial y las restantes aparecieron muertas en la playa
Toluca, La Herradura, isla Conchagüita y Barra de Santiago
Interés
por salvaguardarlas

Al conocer la dura crisis que enfrentan
los misteriosos y especiales quelonios, desde 1976 la preocupación
por protegerlos se ha acrecentado.
Existen instituciones de gobierno, organizaciones no gubernamentales,
comunales, grupos de pescadores artesanales e industriales, entre otras
entidades, que luchan por la conservación de estos animales.
Entre ellos están el Ministerio de Agricultura y Ganadería,
el Centro de Desarrollo Pesquero (CENDEPESCA), la Policía Nacional
Civil, el Centro de Tecnología Apropiada (CESTA) y la Unidad
Ecológica Salvadoreña (UNES).
Así como el grupo comunitario Barra Salada, Toluca, Bola de Monte,
Amatal, playa La Zunganera; comunidad Corral de Mulas, El Flor, El Pimentel,
Amatecampo; Comité Ecológico Majahual y el Comité
Isla Montecristo, entre otras.
La existencia de tortugarios parece ser, por el momento, la única
alternativa efectiva para proteger la escasa población de tortugas
marinas.
Carlos Sánchez dice al respecto que si no hubieran viveros,
la situación sería más grave. Las madres reproductoras
ya no visitarían las playas del país, por eso lo que se
hace en conservación es significativo.
Una de las iniciativas privadas que trabaja por la conservación
de los reptiles es la Asociación para la Protección y
la Conservación de la Tortuga Marina en El Salvador (PROTORTUGA).
El sitio escogido para hacerlo es una de las playas de mayor anidación
en el país: la Península San Juan del Gozo, en la Bahía
de Jiquilisco, Usulután.
Mimi Schonenberg, fundadora de PROTORTUGA, cuenta que el proyecto comenzó
hace un año. Logró reunir a 37 personas interesadas por
la protección de las especies que anidan en las playas salvadoreñas
y decidieron emprender la prueba piloto en la playa El Porvenir, en
Cara Sucia, Ahuachapán.
Los habitantes de este sector ya no sólo reubicaban los huevos
para comercializarlos, sino que donaban una docena por cada nidada (cantidad
que establece la Ley de Conservación de Vida Silvestre) y el
excedente se les compraba al precio establecido por el mercado.
Montamos un pequeño criadero que se prolongó durante
el período de mayor anidación, de octubre a febrero, y
de cada 100 huevos que sembrábamos nacían 94 tortugas,
explica la fundadora.
El éxito del proyecto fue tal que se animaron a desarrollar uno
más grande.
Se trasladaron a la Península San Juan del Gozo, una playa virgen
con 40 kilómetros de extensión. Se construyó el
vivero y se aprovechó el inicio de la temporada, en julio de
este año, y aunque no ha finalizado -se extiende hasta febrero
del 2002- sus proyecciones ya se han superado. Hasta la fecha han reubicado
30 nidos mensuales, unos 20 mil huevos aproximadamente.
Luis Cristiani, uno de los integrantes de la Asociación, dice
que solicitaron ayuda monetaria a la empresa privada y recibieron la
colaboración incondicional de la Camaronera Prestigios del Mar,
el Fondo Mundial para la Naturaleza, Seguros e Inversiones, FundaTamarindo
e Inversiones Mágico.
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Esta última les donó
el terreno para el criadero.
La ayuda otorgada por las empresas al inicio del proyecto y la que aportan
los miembros de forma voluntaria les sirve para solventar algunos gastos,
entre ellos pagar a los dos encargados de cuidar el vivero y comprar
los huevos.

Agrega que para informarse sobre la conservación de los quelonios
asistieron a un simposio sobre tortugas marinas, impartido por el Departamento
de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Además recibieron
asesoría técnica de parte del Fondo Mundial de la Naturaleza.
El Ministerio del Medio Ambiente también les brinda apoyo. Celina
Dueñas relata que a los encargados de los viveros se les explica
cómo deben elaborar un corral, hacer un nido, cuándo ponerle
sombra y se les dan todas las indicaciones para cuidar de los neonatos.
A los tortugueros se les da otro tipo de asesoría. Primero se
les concientiza sobre la importancia de proteger a las tortugas marinas
y luego se les dice cómo deben tratar los huevos, no moverlos
y llevarlos inmediatamente para sembrarlos.
Los miembros de PROTORTUGA también se preocupan por que las nuevas
generaciones aprendan a valorar el trabajo de protección de los
quelonios.
El 23 de octubre pasado se realizó una liberación de recién
nacidas; para ello invitaron a unos cien niños de las comunidades
Ceiba Doblada y Corral de Mulas, situadas en la ribera de la península.
Todos los niños observaron atentos y emocionados el evento. Algunos
con sus pequeñas manos levantaron a los neonatos débiles
que no podían avanzar hacia su hábitat y los colocaron
justo en las olas
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Para
verlas nacer
La época de mayor anidación inicia en julio y finaliza
en enero del siguiente año (esto varía de acuerdo
a la especie). Los tortugueros reubican los nidos y recogen los
huevos para llevarlos al vivero, donde son tratados de la forma
más natural posible.
La temperatura adecuada para el nacimiento es de 30 a 32 grados
centígrados.
Tomás Serrano, uno de los responsables del criadero, relata
que los nidos se moldan con proeza, tratando de imitar lo que
la tortuga hace. Primero se hace un hoyo de 40 centímetros
en forma recta, luego se extiende hacia los lados en forma de
cántaro, que es la parte dónde reposarán
los huevos durante 45 días.
El vivero se rodea con una tela metálica que se entierra
en la arena para evitar que los cangrejos se coman los huevos.
Los nidos se cubren con unas cuadrículas hechas con cordeles,
esto permite sembrarlos de forma alternada, parecido a un tablero
de ajedrez, de tal manera que quede espacio para caminar en el
lugar. En cada madriguera se coloca una viñeta, en la que
se lleva un registro de la fecha de anidación, la cantidad
de huevos, la especie de la tortuga y el nombre del tortuguero
que facilitó los huevos. Esto último para determinar
si se han manipulado de forma adecuada.
Cuando se acerca la época de eclosión (nacimiento)
se afloja la arena para que las tortuguitas puedan salir fácilmente.
También se coloca un cilindro de maya sobre cada nido.
Esto permite diferenciar las especies y llevar la contabilidad
de las que van naciendo.
Al recibir la luz solar, el instinto las lleva a caminar en busca
del agua, por eso antes de ser liberadas se colocan en huacales
con tierra húmeda.
Si permanecen más de dos o tres horas fuera del mar, comienzan
a perder energía y tienen que mantenerse en pilas con agua
salada.
Llega el momento culminante, sorprendente para los ojos humanos.
Los neonatos, de cuatro centímetros de diámetro,
se sueltan a la orilla del océano; en manada recorren unos
cinco metros con paso lento pero seguro hasta adentrarse en su
hábitat.

Siguiendo
sus instintos la tortuga deposita sus huevos a en la playa durante
la noche.

Después
de 45 días nacen las pequeñas tortugas para después
desaparecer en la playa
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