25 de noviembre de 2001


La experiencia fotográfica de Iván Montecinos, un excorresponsal de guerra, es transmitida a un grupo de jovencitas que estuvieron relacionadas con las pandillas juveniles en Ilobasco. Ahora esos trabajos serán mostrados en una exposición en el Hotel Camino Real.



Los días de lucha con la cámara fotográfica revivieron en la mente de Iván Montecinos, un experimentado fotoperiodista que cubrió el conflicto armado en el país, pero que ahora batalla en enseñar el arte fotográfico a tres entusiastas adolescentes, que por medio de las fotos expresan sus sentimientos, problemas y rebeldías.
La idea de este curso básico de fotografía, para jóvenes que tuvieran alguna relación con las pandillas, surgió de una conversación que sostuvieron Montecinos con la cooperante sueca Catrine Ahlman.
La socióloga europea está trabajando con el Movimiento de Jóvenes Encuentristas (MOJE), que busca brindar otra opción a los muchachos involucrados en las maras, ya sea por medio de charlas, cursos de panadería, artesanía y serigrafía, con el objetivo de alejarlos de la violencia juvenil.
Dentro de este trabajo, Catrine dice que ella tenía la idea de que algunos de los jóvenes aprendieran a hacer fotografías, como un mecanismo que sirviera para que expresaran sus sentimientos libremente, pero que no sabía cómo ejecutar el plan.
Por suerte, Iván Montecinos tenía la inquietud de volver a trabajar con las cámaras, pero esta vez alejado de las guerras y de las aulas universitarias. “Tenía la idea de enseñar, pero no en la universidad, sino a otro nivel, como trabajar con jóvenes en conflicto”, menciona el licenciado en periodismo.
Es así como al compartir sus ideas, Iván y Catrine comenzaron a darle forma al proyecto. Montecinos pondría toda su experiencia y el equipo para el laboratorio fotográfico, en un trabajo “adhonorem”,

 

mientras que la sueca ayudaría en la obtención de fondos para la compra de las cámaras, la película, los químicos de revelado y el papel para las impresiones, además de seleccionar a las tres jóvencitas entre 18 y 19 años, y que por razones de seguridad se obvian sus nombres.

Resultados del proyecto piloto

El curso comenzó en la segunda quincena de agosto, y desarrollaron una clase de tres horas a la semana, que finalizó la semana pasada.
Desde un inicio, el trabajo fue realizado con la mayor de las limitantes, por ejemplo las cámaras utilizadas son de las más sencillas de 35 milímetros que hay en el mercado; el laboratorio fue instalado en la casa de una de las muchachas, donde no había electricidad ni agua potable. La energía la consiguieron regalada de una casa vecina.
También existía la restricción que las jóvenes sólo podían hacer sus prácticas en el sector donde ellas viven, para evitar que las agredieran otros pandilleros. Además las clases las recibían con sus pequeños hijos, a los que tenían que atender cuando éstos se desesperaban.
A pesar de todos estos problemas, había entusiasmo y mucho interés por aprender, y eso motivó también a Iván para seguir con el proyecto.
Es así como les impartió más práctica que teoría, enseñándoles la composición gráfica, el manejo de la luz y las técnicas de laboratorio; de igual manera las llevaron a ver y estudiar las exposiciones gráficas de fotógrafos profesionales.
Para Iván este proyecto experimental ha sido un éxito: las muchachas aprendieron muy bien los conceptos y la técnica básica de la fotografía; no obstante, su aprendizaje queda a medias porque el curso ya finalizó, y surge la pregunta ¿y ahora qué?
Aunque el curso impartido a las jovencitas no resolverá su situación económica, ahora tienen un nuevo conocimiento y una nueva experiencia que las ha enriquecido y ampliado la visión de sus vidas, asegura Catrine.
Para Iván, esta experiencia lo motiva a seguir con un programa más completo de fotografía, en donde puedan participar más jóvenes en conflicto. Pero para eso dice necesitar el apoyo de instituciones u organizaciones que ayudan a alejar a los jóvenes de las pandillas, así como la colaboración de otros fotógrafos profesionales.
En todo caso, los resultados han sido beneficiosos para los involucrados en este proyecto. Para la socióloga sueca, esta experiencia le será útil para trabajar con jóvenes marginados o con problemas de identidad.
Para Iván quedó la satisfacción de haber compartido sus conocimientos con quienes lo necesitaban. Y para las jovencitas, haber adquirido una nueva experiencia que si bien, por el momento, no les resuelve su situación económica, sí les ha servido para concoer un medio para expresarse ssin usar la violencia.

 

 

Invitación a muestra

El próximo miércoles 28, en el Hotel Camino Real, MOJE realizará una exposición del trabajo ejecutado con los jóvenes en conflicto de Ilobasco, donde mostrarán productos artesanales y serigráficos, entre otros.
En esta ocación usted podrá apreciar el trabajo fotográfico de las jóvenes, quienes participan con diez fotografías cada una, en el formato 8x10. Todo esto lo podrá apreciar desde las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche.

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