25 de noviembre de 2001

Se cree que la orfebrería es un oficio de hombres, pero un grupo de mujeres jóvenes taiwanesas se ha dedicado a cambiar esta idea


Dije elaborado con oro, plata y perlas, de Wang Mei-jen.

Wang Mei-jen está martillando una lámina de metal para hacer un candelabro. El sudor corre por su frente, pero no vacila un instante.
Tres o cuatro horas después, cuando su brazo esté demasiado cansado para continuar, parará. Mientras tanto, el martillo sigue moviéndose a un ritmo constante.
“La orfebrería es sin duda un trabajo manual”, dice. “Hay que templar el metal antes de expandirlo y darle forma con el martillo. Las mujeres generalmente no tienen tanta fuerza, y muchas les temen al fuego”.
La artista ha aprendido todo esto con mucha dificultad: años como orfebre le han dañado los ligamentos y sus manos se han vuelto ásperas, pero aún así ella hace que su trabajo parezca fácil.
“Me lastimo con frecuencia las manos, y es una labor ruidosa, pero lo que hago me hace sentir contenta y me brinda un increíble sentido de tranquilidad”, explica. “Es como si mantuviera un diálogo con el metal a través de mi martillo”.


Dije elaborado con oro, plata y genas, de Chen Kuo-jen.

Herencia familiar

Wang creció rodeada de metal. Su padre administraba una herrería, por eso desde niña no le tenía temor a las maquinarias pesadas. “La mayoría de las mujeres piensa que el metal es duro, extraño y frío. Pero para mí, puede ser tan suave como el papel, algo que se puede usar para moldear diferentes formas”, asegura.
Después de graduarse del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de la Cultura China, Wang continuó estudios avanzados en la Escuela de Arte e Historia del Arte de la Universidad de Iowa, especializándose en Diseño. Allí también realizó cursos adicionales de orfebrería y diseño de joyas.
Estos programas inspiraron sus ideales creativos y la ayudaron a afilar la colección de destrezas que los herreros necesitan. Con un posgrado, Wang decidió regresar a Taiwan y dedicarse a promover la orfebrería. Wang ha propagado la orfebrería entre la gente que no posee formación ni equipo para dedicarse a ella.
En 1984, mientras enseñaba en el Departamento de Artes Aplicadas de la Universidad Católica Fu Jen, Wang ideó un curso de orfebrería y diseño de joyas, el primero de su tipo en cualquier universidad de Taiwan.
En la actualidad es profesora asociada en el Instituto de Posgrado de Artes Aplicadas, administrado por el Colegio Nacional de Artes de Tainan.

 

¿Cuál es el atractivo?

Según Wang, los metales preciosos comparten varias características. Son duraderos, plásticos, maleables y extensibles. Estas cualidades, junto con una apariencia lustrosa y elegante, los han hecho populares entre los joyeros durante miles de años. “Es una artesanía que evoluciona. Siempre se están desarrollando nuevas técnicas. El gran reto es aprender a dominarlas”, explica.
Los estudiantes de orfebrería se inician con los aspectos básicos: doblar, cortar, perforar, rellenar, acabar, martillar y soldar. Entre las técnicas más avanzadas se hallan la incrustación y la pátina, la confección, el enlazamiento y la conexión de cadenas, las decoraciones y el apilamiento. Los estudiantes también aprenden a crear piezas que combinan otros materiales, como vidrio y madera.

Candelero hecho con plata y oro.


Wang pasa sus vacaciones fuera del país en búsqueda de técnicas nuevas. “La orfebrería requiere de un aprendizaje continuo. Nunca considero que mis trabajos están completamente terminados. Siempre me parece que queda algo, por ejemplo algunos retoques a la superficie”, añade.
Los artistas tienen a menudo que soportar presión, decepción y soledad. Wang recuerda cómo a principios de su carrera, la orfebrería se hallaba fuera del círculo de las artes principales. “El público no sabía mucho sobre esto, y las principales compañías de joyería copiaban los productos extranjeros, sin molestarse en invertir dinero en investigación y desarrollo”, indica. “Los orfebres de Taiwan no poseían ninguna formación profesional en ese entonces. Sabían muy poco sobre conceptos de diseño y nueva tecnología”.
Sin embargo, recientemente se han observado signos de mejora. Una generación completa de diseñadores creativos y bien educados está revolucionando los círculos académicos, así como el sector industrial. Algunas de las escuelas más prestigiosas de la isla, incluyendo la Universidad Nacional Normal de Taiwan y la Universidad Nacional de Taiwan de Ciencias y Tecnología, ofrecen cursos de orfebrería.

Dije de oro, plata, laca y gema.

Brazalete elaborado con amonita, plata y perla, de Sandra Lu.

 

 

Las emprendedoras

Aproximadamente una docena de graduados de la Universidad Católica Fu Jen, quienes se han especializado en diseño de artículos hechos de metal, formaron lo que inicialmente era un grupo de trabajo en red, bajo el liderazgo de Wang Mei-jen.
Las miembros, todas mujeres, se comparaban a sí mismas con luciérnagas, que emiten una emanación de creatividad apenas visible, pero inequívoca -una fantasía que encuentra expresión en el nombre de su grupo, que puede traducirse aproximadamente como “la Cooperativa Luciérnaga”.
Ahora funcionan como un equipo que fabrica y exhibe sus obras, luchando por colocar lo mejor de la orfebrería en un sitio importante.
En las dos exposiciones que el grupo ha organizado hasta ahora, se exhibieron más de cien piezas, desde joyas hasta utensilios domésticos y servicios de mesa. Habían piezas clásicas, modernas, concretas y prácticas, o abstractas y estéticas. El resultado fue una asombrosa y diversa exhibición de estilos que reflejó la creatividad individual en combinaciones de diferentes técnicas y materiales.
Junto con Wang Mei-jen trabajan Sandra Lu, que tiene un taller de orfebrería en su casa, además de enseñar en una escuela vocacional y dar clases privadas en clubes de artesanías.
De todos los metales diferentes, Lu prefiere la plata. Esta puede moldearse tan fácilmente como el oro, pero cuesta menos y tiene un “toque de clase”, sin ser demasiado lujosa.
La otra miembro del grupo, Chen Kuo-jen, es profesora en el Departamento de Artes Aplicadas de Fu Jen.
“Lo mejor de la artesanía de metales es que una misma dirige todo el proceso, desde el principio hasta el final: diseño, elección de técnicas, selección de materiales. Y eso se traduce en un gran sentido de logro. Es la máxima expresión de libertad de la filosofía y perspectivas artísticas de cada uno”.
Beatrice Chiang, otra “luciérnaga”, dice por su parte que “la presión financiera es siempre un gran problema para los artistas”.
El reconocimiento público de la orfebrería es aún muy bajo. “La mayoría de la gente que aprecia las obras de arte por su valor estético, y no por el material del que están hechas, tiende a tener un alto nivel educativo. Sólo promoviendo este tipo de educación podemos esperar darle a la orfebrería el valor que se merece, además de animar a los artistas a desarrollar todo su potencial”, manifiesta.

(Editado de revista “Taipei hoy”, volumen XX, Nž 3. Fotos: Chang Su-Ching).

Wang Mei-jen, lider de “la Cooperativa de la Luciérnaga”, Especializados en orfebrería


Chen Kua-Jen Profersora en el departamento de Artes Aplicadas de Fu Jen.

 

 

 

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