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Dije
elaborado con oro, plata y perlas, de Wang Mei-jen.
Wang Mei-jen está martillando
una lámina de metal para hacer un candelabro. El sudor corre
por su frente, pero no vacila un instante.
Tres o cuatro horas después,
cuando su brazo esté demasiado cansado para continuar, parará.
Mientras tanto, el martillo sigue moviéndose a un ritmo constante.
La orfebrería es sin duda un trabajo manual, dice.
Hay que templar el metal antes de expandirlo y darle forma con
el martillo. Las mujeres generalmente no tienen tanta fuerza, y muchas
les temen al fuego.
La artista ha aprendido todo esto con mucha dificultad: años
como orfebre le han dañado los ligamentos y sus manos se han
vuelto ásperas, pero aún así ella hace que su trabajo
parezca fácil.
Me lastimo con frecuencia las manos, y es una labor ruidosa, pero
lo que hago me hace sentir contenta y me brinda un increíble
sentido de tranquilidad, explica. Es como si mantuviera
un diálogo con el metal a través de mi martillo.

Dije
elaborado con oro, plata y genas, de Chen Kuo-jen.
Herencia
familiar
Wang creció rodeada de metal. Su padre administraba una herrería,
por eso desde niña no le tenía temor a las maquinarias
pesadas. La mayoría de las mujeres piensa que el metal
es duro, extraño y frío. Pero para mí, puede ser
tan suave como el papel, algo que se puede usar para moldear diferentes
formas, asegura.
Después de graduarse del Departamento de Bellas Artes de la Universidad
de la Cultura China, Wang continuó estudios avanzados en la Escuela
de Arte e Historia del Arte de la Universidad de Iowa, especializándose
en Diseño. Allí también realizó cursos adicionales
de orfebrería y diseño de joyas.
Estos programas inspiraron sus ideales creativos y la ayudaron a afilar
la colección de destrezas que los herreros necesitan. Con un
posgrado, Wang decidió regresar a Taiwan y dedicarse a promover
la orfebrería. Wang ha propagado la orfebrería entre la
gente que no posee formación ni equipo para dedicarse a ella.
En 1984, mientras enseñaba en el Departamento de Artes Aplicadas
de la Universidad Católica Fu Jen, Wang ideó un curso
de orfebrería y diseño de joyas, el primero de su tipo
en cualquier universidad de Taiwan.
En la actualidad es profesora asociada en el Instituto de Posgrado de
Artes Aplicadas, administrado por el Colegio Nacional de Artes de Tainan.
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¿Cuál
es el atractivo?
Según Wang, los metales preciosos
comparten varias características. Son duraderos, plásticos,
maleables y extensibles. Estas cualidades, junto con una apariencia
lustrosa y elegante, los han hecho populares entre los joyeros durante
miles de años. Es una artesanía que evoluciona.
Siempre se están desarrollando nuevas técnicas. El gran
reto es aprender a dominarlas, explica.
Los estudiantes de orfebrería se inician con los aspectos básicos:
doblar, cortar, perforar, rellenar, acabar, martillar y soldar. Entre
las técnicas más avanzadas se hallan la incrustación
y la pátina, la confección, el enlazamiento y la conexión
de cadenas, las decoraciones y el apilamiento. Los estudiantes también
aprenden a crear piezas que combinan otros materiales, como vidrio y
madera.

Candelero
hecho con plata y oro.
Wang pasa sus vacaciones fuera del país en búsqueda de
técnicas nuevas. La orfebrería requiere de un aprendizaje
continuo. Nunca considero que mis trabajos están completamente
terminados. Siempre me parece que queda algo, por ejemplo algunos retoques
a la superficie, añade.
Los artistas tienen a menudo que soportar presión, decepción
y soledad. Wang recuerda cómo a principios de su carrera, la
orfebrería se hallaba fuera del círculo de las artes principales.
El público no sabía mucho sobre esto, y las principales
compañías de joyería copiaban los productos extranjeros,
sin molestarse en invertir dinero en investigación y desarrollo,
indica. Los orfebres de Taiwan no poseían ninguna formación
profesional en ese entonces. Sabían muy poco sobre conceptos
de diseño y nueva tecnología.
Sin embargo, recientemente se han observado signos de mejora. Una generación
completa de diseñadores creativos y bien educados está
revolucionando los círculos académicos, así como
el sector industrial. Algunas de las escuelas más prestigiosas
de la isla, incluyendo la Universidad Nacional Normal de Taiwan y la
Universidad Nacional de Taiwan de Ciencias y Tecnología, ofrecen
cursos de orfebrería.

Dije
de oro, plata, laca y gema.

Brazalete
elaborado con amonita, plata y perla, de Sandra Lu.
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Las
emprendedoras
Aproximadamente
una docena de graduados de la Universidad Católica Fu Jen,
quienes se han especializado en diseño de artículos
hechos de metal, formaron lo que inicialmente era un grupo de
trabajo en red, bajo el liderazgo de Wang Mei-jen.
Las
miembros, todas mujeres, se comparaban a sí mismas con
luciérnagas, que emiten una emanación de creatividad
apenas visible, pero inequívoca -una fantasía que
encuentra expresión en el nombre de su grupo, que puede
traducirse aproximadamente como la Cooperativa Luciérnaga.
Ahora funcionan como un equipo que fabrica y exhibe sus obras,
luchando por colocar lo mejor de la orfebrería en un sitio
importante.
En las dos exposiciones que el grupo ha organizado hasta ahora,
se exhibieron más de cien piezas, desde joyas hasta utensilios
domésticos y servicios de mesa. Habían piezas clásicas,
modernas, concretas y prácticas, o abstractas y estéticas.
El resultado fue una asombrosa y diversa exhibición de
estilos que reflejó la creatividad individual en combinaciones
de diferentes técnicas y materiales.
Junto
con Wang Mei-jen trabajan Sandra Lu, que tiene un taller de orfebrería
en su casa, además de enseñar en una escuela vocacional
y dar clases privadas en clubes de artesanías.
De todos los metales diferentes, Lu prefiere la plata. Esta puede
moldearse tan fácilmente como el oro, pero cuesta menos
y tiene un toque de clase, sin ser demasiado lujosa.
La otra miembro del grupo, Chen Kuo-jen, es profesora en el Departamento
de Artes Aplicadas de Fu Jen.
Lo
mejor de la artesanía de metales es que una misma dirige
todo el proceso, desde el principio hasta el final: diseño,
elección de técnicas, selección de materiales.
Y eso se traduce en un gran sentido de logro. Es la máxima
expresión de libertad de la filosofía y perspectivas
artísticas de cada uno.
Beatrice Chiang, otra luciérnaga, dice por
su parte que la presión financiera es siempre un
gran problema para los artistas.
El reconocimiento público de la orfebrería es aún
muy bajo. La mayoría de la gente que aprecia las
obras de arte por su valor estético, y no por el material
del que están hechas, tiende a tener un alto nivel educativo.
Sólo promoviendo este tipo de educación podemos
esperar darle a la orfebrería el valor que se merece, además
de animar a los artistas a desarrollar todo su potencial,
manifiesta.
(Editado
de revista Taipei hoy, volumen XX, Nž 3. Fotos: Chang
Su-Ching).
Wang
Mei-jen, lider de la Cooperativa de la Luciérnaga,
Especializados en orfebrería

Chen
Kua-Jen Profersora en el departamento de Artes Aplicadas
de Fu Jen.
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