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Honores que ahí viene el Presidente
de Venezuela, es la expresión de los habitantes de la Colonia
Belén en Comasagua cuando ven a Hugo Rafael González asomarse
por la puerta de su casa en brazos de Carolina, su madre.
El pequeño, con poco más de dos meses de vida, residente
en la cadena montañosa de la Cordillera del Bálsamo, tiene
registrado su nombre en la alcaldía en honor de uno de los más
fervientes seguidores del libertador Simón Bolívar, el actual
Presidente de Venezuela, Hugo Rafael Chávez.
Esta historia inicia dos días después del terremoto del
13 de enero, mientras decenas de lugareños aún no desenterraban
a sus muertos. Carolina, una joven ama de casa embarazada de 20 años
era un manojo de nervios cuando su primogénito de 36 semanas de
gestación daba visos de querer nacer. Sentía ya las primeras
contracciones.
Así, cuando la villa de Comasagua era un caos por la tragedia del
primer terremoto, su casa era un alboroto aún mayor por la primeriza
que comenzaba a dilatar; todos corrían sin saber qué hacer,
hasta que doña Enma, madre de Carolina, salió presurosa
en busca de la partera de la población.
Cualquier cosa, menos ayuda resultó ser la comadrona, a quien al
parecer los nervios producto del terremoto la habían dejado imposibilitada
de ejercer su trabajo. Las constantes réplicas la mantenían
ausente de sus labores habituales.
Eran casi las ocho de la noche. Salimos de la casa a pedir ayuda
médica; de repente en el camino encontramos un vehículo
con gente que nos ofreció asistencia y nos llevaron a la cancha
Germania, recuerda doña Enma.
A Carolina la introdujeron en una de las tiendas de campaña improvisadas
para los damnificados. Allí siete brigadistas, entre mujeres y
hombres oriundos de Venezuela, hacían su mejor trabajo para traer
al mundo sin complicaciones al nuevo comasagüense.
La espera tardaba y cada momento inquietaba más a la futura abuela,
quien aguardaba ansiosa cercana al improvisado hospital. Los lamentos
de su hija, sumados a los murmullos de más de un centenar de damnificados
aglutinados en la cancha Germania, completaban el angustioso panorama
de la noche del 15 de enero.
Fue hasta las seis y media de la mañana del día 16 cuando
tres frases sonoras se dejaron escuchar. Un brigadista venezolano corrió
la voz: ¡Viva Hugo Rafael!.
Por fín la espera había terminado, pero una nueva inquietud
surgía en doña Enma: ¿Por qué ya le habían
puesto nombre a su nieto sin siquiera consultarla?
Pronto se enteró de que los venezolanos habían decidido
bautizar al recién nacido con el nombre del gobernante de su país
de origen, el general Hugo Chávez, decisión con la que se
mostró, además de complacida, solidaria.

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La
llamada del presidente
Quince días después de su llegada,
el pequeño ya era conocido por toda Comasagua y hasta en Venezuela.
La historia de su nacimiento y el origen de su nombre habían corrido
como pólvora hasta llegar a los oídos del mandatario del
país suramericano.
Así un día Carolina se mostró sorprendida cuando
los brigadistas corrieron a avisarle que la máxima autoridad de
su país deseaba conversar con ella por la radio en el hospital
improvisado donde había dado a luz.
El Presidente Hugo Chávez me mandó a llamar para hablar
por radio, lo saludé y escuché de él: Señora,
es un honor para mí que el niño lleve mi nombre. Yo
no creía, pero en realidad estaba hablando con él,
relata aún incrédula esta madre soltera.
La conversación, aunque escueta, ya que duró menos de dos
minutos, le dejó a Carolina una sensación de solidaridad
y esperanza de ayuda para su vástago. Más tarde confirmaría
que su presentimiento no la engañó.
La gente de Venezuela se ha portado muy bien con nosotros. Cuando
aterrizan los helicópteros con ayuda, lo primero que hacen es preguntar
por mi hijo; se entusiasman y hasta se lo quieren llevar para subirlo
al aparato, expresa la madre de Huguito.
Dicen los venezolanos que Hugo será un piloto. Además
piensan traer la bandera de su país para ponerla sobre la cuna.
Hasta vídeo y fotos le llevaron al Presidente, relata con
entusiasmo Carolina, quien después de la llamada no tardó
en recibir los primeros regalos del presidente.

Una
bañera y algo más
Las imágenes sobre las condiciones
en que sobrevivían los pobladores de Comasagua y por supuesto su
tocayo bastaron para conmover aún más al mandatario venezolano,
quien ordenó continuar con la ayuda.
Él de seguro vio estupefacto como Huguito recibía un baño
a la intemperie en un huacal de aluminio abollado, apenas servible. El
siguiente contingente de ayuda cargó con víveres extras
destinados en exclusiva para el recién nacido.
Nos mandó varios regalos. Viera qué bonitos. Había
pañales, una bañera, aceite, lociones para bebé y
otras cositas, dice agradecida su madre. La abuela secunda su afirmación.
Yo pensé que los brigadistas las habían traído
de su país, pero no. Junto a los obsequios estaba una tarjeta con
el nombre Hugo Rafael Chávez Frías, Presidente de Venezuela,
dice doña Enma mientras mueve la tarjeta en su mano.
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Al hablar sobre las gracias de su nieto,
no duda en tildarlo de bravo, por las dos entradas que se
le dibujan en su cabello; de piquetero, porque gusta que lo
bañen con hojas de naranjo agrio, y de comelón y madrugador,
ya que a las cinco de la mañana despierta, quizá entrenándose
para la jornada militar que sus amigos venezolanos le auguran en un futuro.
A un poco más de dos meses de su nacimiento, Huguito recibe a diario
los honores que se merece todo presidente. Más de alguna delegación
venezolana destacada en el lugar está pendiente de visitarlo, de
saludarlo y por supuesto de llevarle algún presente.
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El
dilema del nombre
La fría noche del 15 de febrero,
en la afincada tienda de los venezolanos había lágrimas
de parto; unido a estas el dilema de cuál sería
el nombre de la niña o del niño a punto de nacer.
Los títulos surgían al por mayor. Un médico
propuso el nombre de Telúrico por la incertidumbre
de los temblores que asediaban a Comasagua, ubicado a escasos
siete kilómetros de Santa Tecla.
En caso de ser varón, entre las propuestas destacaban Alejandro,
Carlos, José, Manuel, Jorge que, insistían en son
de broma, complementarían con Telúrico.
Este último cada vez que lo escuchaban les hacía
explotar en risa.
De ser una dama le llamarían Venezuela, como su patria;
al primer nombre le añadirían Betsaida en honor
de la doctora que formaba parte de la brigada y ayudaba en el
parto.
Al final, por votación unánime y siendo varón,
la criatura llevaría el nombre del Presidente de Venezuela,
Hugo Rafael, una idea acertada de la que ya recibió los
primeros beneficios Huguito.
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