25 de marzo de 2001

“El Presidente Hugo Chávez, me mandó a llamar para que habláramos por radio. Lo saludé y escuché de él: ‘Señora, es un honor para mí que el niño lleve mi nombre’. Yo no lo creía, pero en realidad estaba hablando con el mandatario venezolano”. (Carolina Hernández).


Escríbanos

Honores que ahí viene el Presidente de Venezuela”, es la expresión de los habitantes de la Colonia Belén en Comasagua cuando ven a Hugo Rafael González asomarse por la puerta de su casa en brazos de Carolina, su madre.
El pequeño, con poco más de dos meses de vida, residente en la cadena montañosa de la Cordillera del Bálsamo, tiene registrado su nombre en la alcaldía en honor de uno de los más fervientes seguidores del libertador Simón Bolívar, el actual Presidente de Venezuela, Hugo Rafael Chávez.
Esta historia inicia dos días después del terremoto del 13 de enero, mientras decenas de lugareños aún no desenterraban a sus muertos. Carolina, una joven ama de casa embarazada de 20 años era un manojo de nervios cuando su primogénito de 36 semanas de gestación daba visos de querer nacer. Sentía ya las primeras contracciones.
Así, cuando la villa de Comasagua era un caos por la tragedia del primer terremoto, su casa era un alboroto aún mayor por la primeriza que comenzaba a dilatar; todos corrían sin saber qué hacer, hasta que doña Enma, madre de Carolina, salió presurosa en busca de la partera de la población.
Cualquier cosa, menos ayuda resultó ser la comadrona, a quien al parecer los nervios producto del terremoto la habían dejado imposibilitada de ejercer su trabajo. Las constantes réplicas la mantenían ausente de sus labores habituales.
“Eran casi las ocho de la noche. Salimos de la casa a pedir ayuda médica; de repente en el camino encontramos un vehículo con gente que nos ofreció asistencia y nos llevaron a la cancha Germania”, recuerda doña Enma.
A Carolina la introdujeron en una de las tiendas de campaña improvisadas para los damnificados. Allí siete brigadistas, entre mujeres y hombres oriundos de Venezuela, hacían su mejor trabajo para traer al mundo sin complicaciones al nuevo comasagüense.
La espera tardaba y cada momento inquietaba más a la futura abuela, quien aguardaba ansiosa cercana al improvisado hospital. Los lamentos de su hija, sumados a los murmullos de más de un centenar de damnificados aglutinados en la cancha Germania, completaban el angustioso panorama de la noche del 15 de enero.
Fue hasta las seis y media de la mañana del día 16 cuando tres frases sonoras se dejaron escuchar. Un brigadista venezolano corrió la voz: “¡Viva Hugo Rafael!”.
Por fín la espera había terminado, pero una nueva inquietud surgía en doña Enma: ¿Por qué ya le habían puesto nombre a su nieto sin siquiera consultarla?
Pronto se enteró de que los venezolanos habían decidido bautizar al recién nacido con el nombre del gobernante de su país de origen, el general Hugo Chávez, decisión con la que se mostró, además de complacida, solidaria.

 

La llamada del presidente

Quince días después de su llegada, el pequeño ya era conocido por toda Comasagua y hasta en Venezuela. La historia de su nacimiento y el origen de su nombre habían corrido como pólvora hasta llegar a los oídos del mandatario del país suramericano.
Así un día Carolina se mostró sorprendida cuando los brigadistas corrieron a avisarle que la máxima autoridad de su país deseaba conversar con ella por la radio en el hospital improvisado donde había dado a luz.
“El Presidente Hugo Chávez me mandó a llamar para hablar por radio, lo saludé y escuché de él: ‘Señora, es un honor para mí que el niño lleve mi nombre’. Yo no creía, pero en realidad estaba hablando con él”, relata aún incrédula esta madre soltera.
La conversación, aunque escueta, ya que duró menos de dos minutos, le dejó a Carolina una sensación de solidaridad y esperanza de ayuda para su vástago. Más tarde confirmaría que su presentimiento no la engañó.
“La gente de Venezuela se ha portado muy bien con nosotros. Cuando aterrizan los helicópteros con ayuda, lo primero que hacen es preguntar por mi hijo; se entusiasman y hasta se lo quieren llevar para subirlo al aparato”, expresa la madre de Huguito.
“Dicen los venezolanos que Hugo será un piloto. Además piensan traer la bandera de su país para ponerla sobre la cuna. Hasta vídeo y fotos le llevaron al Presidente”, relata con entusiasmo Carolina, quien después de la llamada no tardó en recibir los primeros regalos del presidente.

Una bañera y algo más

Las imágenes sobre las condiciones en que sobrevivían los pobladores de Comasagua y por supuesto su tocayo bastaron para conmover aún más al mandatario venezolano, quien ordenó continuar con la ayuda.
Él de seguro vio estupefacto como Huguito recibía un baño a la intemperie en un huacal de aluminio abollado, apenas servible. El siguiente contingente de ayuda cargó con víveres extras destinados en exclusiva para el recién nacido.
“Nos mandó varios regalos. Viera qué bonitos. Había pañales, una bañera, aceite, lociones para bebé y otras cositas”, dice agradecida su madre. La abuela secunda su afirmación.
“ Yo pensé que los brigadistas las habían traído de su país, pero no. Junto a los obsequios estaba una tarjeta con el nombre Hugo Rafael Chávez Frías, Presidente de Venezuela”, dice doña Enma mientras mueve la tarjeta en su mano.

 

Al hablar sobre las gracias de su nieto, no duda en tildarlo de “bravo”, por las dos entradas que se le dibujan en su cabello; de “piquetero”, porque gusta que lo bañen con hojas de naranjo agrio, y de comelón y madrugador, ya que a las cinco de la mañana despierta, quizá entrenándose para la jornada militar que sus amigos venezolanos le auguran en un futuro.
A un poco más de dos meses de su nacimiento, Huguito recibe a diario los honores que se merece todo presidente. Más de alguna delegación venezolana destacada en el lugar está pendiente de visitarlo, de saludarlo y por supuesto de llevarle algún presente.

El dilema del nombre

La fría noche del 15 de febrero, en la afincada tienda de los venezolanos había lágrimas de parto; unido a estas el dilema de cuál sería el nombre de la niña o del niño a punto de nacer.
Los títulos surgían al por mayor. Un médico propuso el nombre de “Telúrico” por la incertidumbre de los temblores que asediaban a Comasagua, ubicado a escasos siete kilómetros de Santa Tecla.
En caso de ser varón, entre las propuestas destacaban Alejandro, Carlos, José, Manuel, Jorge que, insistían en son de broma, complementarían con “Telúrico”. Este último cada vez que lo escuchaban les hacía explotar en risa.
De ser una dama le llamarían Venezuela, como su patria; al primer nombre le añadirían Betsaida en honor de la doctora que formaba parte de la brigada y ayudaba en el parto.
Al final, por votación unánime y siendo varón, la criatura llevaría el nombre del Presidente de Venezuela, Hugo Rafael, una idea acertada de la que ya recibió los primeros beneficios Huguito.


 

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