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Eran las 8:50 p.m. del sábado 19 de
diciembre de 1936 cuando en el parque central de San Vicente se entonaba
el tradicional canto en honor a San Vicente Abad y Mártir, patrono
de esa ciudad.
La gente escuchaba con fervor la melodía y miraba fijamente la
imagen del santo, que era era cargado en andas por varones del pueblo.
De repente, todo aquel fervor religioso fue interrumpido por un fuerte
movimiento de tierra.
En ese momento la figura de madera del santo quedó abandonada en
una de las esquinas del parque y la gente que participaba en la solemne
procesión corrió despavorida por las oscuras calles en busca
de sus viviendas y seres queridos.
Por causa del terremoto, muchos de los estilizados portales de madera
que circundaban la plaza principal, así como la mayoría
de las casas de bahareque se vinieron abajo. La población quedó
desolada y en medio de la calamidad.
La Giralda Vicentina, nombre de la famosa torre, y la basílica
de Nuestra Señora del Pilar fueron los únicos monumentos
que quedaron en pie.
Por causa de ese terremoto, unas 100 personas perdieron la vida. Los servicios
de agua potable, alumbrado eléctrico y telecomunicaciones quedaron
suspendidos. El hambre y la desesperación acompañaron a
los habitantes que sobrevivieron.
Muchos de los que perecieron fueron enterrados en una fosa común,
frente al que hoy es el cementerio municipal. Justo en ese lugar se erigió
una cruz de concreto, de aproximadamente dos metros de alto, en memoria
de los que murieron. Esa cruz es una de las pocas pruebas de esa tragedia.
Después del desastre, el pueblo de San Vicente quedó muy
dañado; pero la tenacidad y el esfuerzo de sus pobladores hicieron
que pronto se recuperara hasta convertirla en una de las ciudades más
importantes y prósperas de nuestro país.
Una
vez más
Pero toda esa prosperidad fue arrebatada
una vez más por causa de otro terremoto: el ocurrido el martes
13 de febrero. Esa ciudad que el escritor y doctor vicentino Sarbelio
Navarrete describió como la tierra de la chispa y del ingenio
y como el nido en donde incubaron águilas ilustres de pensamiento
y letras está de nuevo herida.
Las casas antiguas que hasta hace poco lucían erguidas, hoy se
encuentran sólo en los recuerdos de quienes tuvieron la oportunidad
de verlas o de vivir en ellas.
Algunos de los portales que soportaron el
terremoto de 1936 (como los que estaban contiguo a la librería
Católica y al Casino Vicentino) cedieron ante el fuerte seísmo.
Esta nueva tragedia trajo a la población vicentina más luto
y dolor.
Según datos del Comité de Emergencia Nacional, sólo
en esa ciudad se reportaron (hasta el 15 de febrero del 2001) 18 fallecidos;
3,600 damnificados y 560 heridos. En cuanto a los daños materiales
se estima que 611 casas sucumbieron y 354 resultaron semidestruidas.
Monumentos
dañados
Sus monumentos históricos no pudieron
escapar de la inclemente sacudida.
La torre vicentina, que desde su construcción en 1931, identificó
a la ciudad y a su gente, hoy está lastimada. Los dos últimos
pisos de esta joya arquitectónica son los más perjudicados.



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Ambos se hallan
inclinados hacia el norte, y amenazan con caer de un momento a otro. Las
agujas de sus cuatro relojes se detuvieron en el momento que marcaban las
8:22 a.m.
Esta edificación, en la década de los años 30 y 40,
fue la sede de elegantes fiestas, a las cuales asistían los hombres
y mujeres de todos los estratos sociales de la población.
Cuando se inauguró la torre hubo una gran fiesta, estuvieron
los tres poderes del Estado. Ese día a las 6:00 p.m, el señor
presidente, Pío Romero Bosque, subió una palanca e inmediatamente
quedó iluminada la torre, expresa el señor Carlos Francisco
Guillén, de 73 años, uno de los vicentinos que aún
recuerda momentos históricos relacionados con la llamada Ciudad
de los ilustres.

Este anciano manifiesta que se siente muy triste al ver como el patrimonio
cultural de su pueblo ha sido destruido por el más reciente de
los terremotos.Sin alcaldía
Otro de los monumentos dañados es el edificio de dos plantas que
ocupaba la Alcaldía. Este fue declarado inhabilitado desde el 13
de enero, y hoy, con el segundo cataclismo, resultó severamente
agrietado; incluso algunas de su paredes se desprendieron.
Desde lejos se puede apreciar como las blancas y gruesas columnas han
quedado marcadas por la tragedia. Su piso decorado y el techo quedaron
también arruinados.
Esta alcaldía se construyó en varias etapas. La primera
inició en 1937 y la última en 1956. Desde los años
40 hasta los 70 en ella se llevaron a cabo coloridas fiestas, muchas de
las cuales fueron amenizadas por orquestas y grupos musicales de la ciudad.
Se hacían bailes para recaudar fondos para los festejos dicembrinos.
Hoy todo esto sólo queda en los recuerdos, expresa don Francisco.
Templo
de la destrucción
Sin lugar a dudas, uno de los tesoros más
dañados en esa cabecera departamental es la dos veces centenaria
Basílica Nuestra Señora del Pilar. Esta iglesia colonial,
con el paso del tiempo soportó muchos temblores y tormentas, pero
esta vez se doblegó ante la furia de la naturaleza.
La construcción de esta casa de Dios se inició
en 1762 y fue estrenada como tal siete años después. Fue
construida con calicanto (obra de albañilería hecha de piedras
pequeñas unidas con una mezcla de cal, arena y agua).
Este templo es rico en historia. En él se suscitó uno de
los hechos trascendentales en la historia de nuestro país: en 1833
el indio Anastasio Aquino se proclamó y coronó Rey
de los Nonualcos.
En las catacumbas de esta basílica se encuentran sepultados los
restos del prócer José Simeón Cañas, a quien
se le dio el calificativo de libertador de los esclavos en El Salvador.
Hoy en día, las personas que viven en San Vicente y aquellas que
la visitan sólo se conforman con ver la ennegrecida fachada de
la iglesia que está rajada.
El interior de este templo no corrió mejor suerte. Sus cinco altares,
sus arcos, sus columnas grabadas con molduras en alto y bajo relieve y
su cúpula lucen con enormes grietas.
Sin
saber qué hacer
Por el momento aún no se sabe qué
hacer con estos tres monumentos dañados en la ciudad de San Vicente.
Muchos pobladores piensan que serán demolidos, pero esa posibilidad
todavía no es contemplada por las autoridades edilicias.
Es prematuro decir que tanto la torre, la alcaldía y la iglesia
del Pilar serán demolidas. Pronto se harán los estudios
pertinentes para ver qué se hace. Nosotros tenemos la esperanza
de que serán salvados y no demolidos, expresa el señor
Tirzo Sermeño, alcalde de la ciudad.
Tanto el Consejo Nacional par la Cultura y el Arte (Concultura) como la
Organización de las Naciones Unidas par la Educacion, la Ciencia
y la Cultura (UNESCO) han realizado estudios en los edificios históricos
afectados. Pronto se tendrá el resultado de las evaluaciones.
A pesar de que los vicentinos tienen muchas necesidades, como alimentación,
agua, ropa y vivienda, ellos siguen trabajando con fortaleza para sacar
adelante a su pueblo amado. Ellos quieren hacer florecer una vez más
a su ciudad. Están seguros de que volverá a resurgir entre
los escombros, así como lo hizo el ave fénix de sus cenizas.
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Un
día después del terremoto de 1936, El DIARIO DE HOY dio
la triste noticia a sus lectores. La tragedia acaparó las portadas
de este periódico.
Un
pueblo sufrido
Desde su fundación, en 1635, la ciudad
de San Vicente ha vivido muchas tragedias. A continuación se detallan
algunas de ellas.
En 1774 bajó del volcán Chichontepec una gran cantidad de
agua, debido a un derrumbe en la cima, que se precipitó con mucha
fuerza arrastrando piedras y grandes árboles. La ciudad en ese
entonces no se inundó en su totalidad debido a que el cerro San
Antonio desvió el agua hacia el mar.
El 29 de noviembre de 1783 se produjo un terremoto que arruinó
gran parte de San Vicente, que en aquel entonces tenía el título
de Villa.
En 1837, el cólera morbus apareció en esa ciudad y causó
muchos estragos en El Salvador y en Guatemala.
En 1839 invadió a la población una terrible epidemia de
viruela que causó muchas víctimas.
El 18 de octubre de 1852 hubo una inundación debido a una fuerte
lluvia.
En 1872 ocurrió un fuerte terremoto, precedido y seguido
por muchos temblores y retumbos atribuidos al volcán Tecapa, en
Usulután.
En 1879, la población sufrió estragos por los temblores
originados por la erupción del volcán del lago de Ilopango.
En 1934, la ciudad estuvo a punto de ser destruida por un alud
de lodo, que se desprendió del volcán Chichontepec.
En 1936 fue arrasada por un fuerte terremoto que dejó más
de un centenar de muertos y miles de heridos.
En febrero de 1999, la ciudad fue sacudida por fuertes temblores, los
cuales dejaron muchas casas con daños menores.
13 de febrero de 2001, San Vicente fue parcialmente destruida por un terremoto
cuya magnitud fue de 6.6 en la escala de Richter.
Memorias
de un vicentino
En una centenaria vivienda, construida de
adobes, reside junto a su familia don Carlos Francisco Guillén,
de 73 años.
Este hombre de noble corazón dice sentirse orgulloso de ser vicentino.
A pesar de su impedimento físico, en la cadera y en las piernas,
se ha preocupado por rescatar y recopilar muchos de los datos históricos
de su pueblo.
Junto a su cama de pitas, don Carlos conserva una bolsa plástica,
en la que guarda, como valiosos tesoros, algunos documentos (revistas,
páginas de periódicos, programas de fiestas patronales y
otros) que narran los sucesos relevantes de ese municipio.
Este personaje ha vivido la mayoría de los acontecimientos en ellos
descritos, como por ejemplo el terremoto del 36, la construcción
de la torre y de la alcaldía. Todos esos datos los tiene plasmados
en su senil memoria. Es por ello que sabe fechas, nombres y anécdotas
relacionados con su pueblo natal.
La
Virgen movida
Muchos personas que pasan frente a la fachada
de la Catedral de San Vicente ven con curiosidad la imagen de la Virgen
María que se halla empotrada arriba del portón principal.
No es el color ni la forma de la Virgen lo que llama la atención,
sino su actual posición.
Muchos aseguran que la imagen se ha movido unos 50 centímetros
hacia la izquierda. La Virgen estaba viendo hacia el frente, pero
después del terremoto ha quedado mirando para el volcán.
No sabemos qué nos quiere decir ella con el cambio de posición,
expresa una anciana que apreciaba la escultura.
Muchos vicentinos creen que es un presagio, otros piensan que es una simple
casualidad producto del terremoto.
Está así porque el temblor la movió. No hay
otra explicación, expresó otro de los curiosos.
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