25 de febrero de 2001

La Ciudad de Austria y Lorenzana, una vez más fue golpeada por la naturaleza. Sus monumentos históricos y sus casas antiguas se doblegaron ante la furia del terremoto del 13 de febrero. Su gente lucha por salir adelante.


Escríbanos

Eran las 8:50 p.m. del sábado 19 de diciembre de 1936 cuando en el parque central de San Vicente se entonaba el tradicional canto en honor a San Vicente Abad y Mártir, patrono de esa ciudad.
La gente escuchaba con fervor la melodía y miraba fijamente la imagen del santo, que era era cargado en andas por varones del pueblo. De repente, todo aquel fervor religioso fue interrumpido por un fuerte movimiento de tierra.
En ese momento la figura de madera del santo quedó abandonada en una de las esquinas del parque y la gente que participaba en la solemne procesión corrió despavorida por las oscuras calles en busca de sus viviendas y seres queridos.
Por causa del terremoto, muchos de los estilizados portales de madera que circundaban la plaza principal, así como la mayoría de las casas de bahareque se vinieron abajo. La población quedó desolada y en medio de la calamidad.
La “Giralda Vicentina”, nombre de la famosa torre, y la basílica de Nuestra Señora del Pilar fueron los únicos monumentos que quedaron en pie.
Por causa de ese terremoto, unas 100 personas perdieron la vida. Los servicios de agua potable, alumbrado eléctrico y telecomunicaciones quedaron suspendidos. El hambre y la desesperación acompañaron a los habitantes que sobrevivieron.
Muchos de los que perecieron fueron enterrados en una fosa común, frente al que hoy es el cementerio municipal. Justo en ese lugar se erigió una cruz de concreto, de aproximadamente dos metros de alto, en memoria de los que murieron. Esa cruz es una de las pocas pruebas de esa tragedia.
Después del desastre, el pueblo de San Vicente quedó muy dañado; pero la tenacidad y el esfuerzo de sus pobladores hicieron que pronto se recuperara hasta convertirla en una de las ciudades más importantes y prósperas de nuestro país.

Una vez más

Pero toda esa prosperidad fue arrebatada una vez más por causa de otro terremoto: el ocurrido el martes 13 de febrero. Esa ciudad —que el escritor y doctor vicentino Sarbelio Navarrete describió como la “tierra de la chispa y del ingenio” y como el “nido en donde incubaron águilas ilustres de pensamiento y letras”— está de nuevo herida.
Las casas antiguas que hasta hace poco lucían erguidas, hoy se encuentran sólo en los recuerdos de quienes tuvieron la oportunidad de verlas o de vivir en ellas.

Algunos de los portales que soportaron el terremoto de 1936 (como los que estaban contiguo a la librería Católica y al Casino Vicentino) cedieron ante el fuerte seísmo.
Esta nueva tragedia trajo a la población vicentina más luto y dolor.
Según datos del Comité de Emergencia Nacional, sólo en esa ciudad se reportaron (hasta el 15 de febrero del 2001) 18 fallecidos; 3,600 damnificados y 560 heridos. En cuanto a los daños materiales se estima que 611 casas sucumbieron y 354 resultaron semidestruidas.

Monumentos dañados

Sus monumentos históricos no pudieron escapar de la inclemente sacudida.
La torre vicentina, que desde su construcción en 1931, identificó a la ciudad y a su gente, hoy está lastimada. Los dos últimos pisos de esta joya arquitectónica son los más perjudicados.

  Ambos se hallan inclinados hacia el norte, y amenazan con caer de un momento a otro. Las agujas de sus cuatro relojes se detuvieron en el momento que marcaban las 8:22 a.m.
Esta edificación, en la década de los años 30 y 40, fue la sede de elegantes fiestas, a las cuales asistían los hombres y mujeres de todos los estratos sociales de la población.
“Cuando se inauguró la torre hubo una gran fiesta, estuvieron los tres poderes del Estado. Ese día a las 6:00 p.m, el señor presidente, Pío Romero Bosque, subió una palanca e inmediatamente quedó iluminada la torre”, expresa el señor Carlos Francisco Guillén, de 73 años, uno de los vicentinos que aún recuerda momentos históricos relacionados con la llamada “Ciudad de los ilustres”.


Este anciano manifiesta que se siente muy triste al ver como el patrimonio cultural de su pueblo ha sido destruido por el más reciente de los terremotos.Sin alcaldía
Otro de los monumentos dañados es el edificio de dos plantas que ocupaba la Alcaldía. Este fue declarado inhabilitado desde el 13 de enero, y hoy, con el segundo cataclismo, resultó severamente agrietado; incluso algunas de su paredes se desprendieron.
Desde lejos se puede apreciar como las blancas y gruesas columnas han quedado marcadas por la tragedia. Su piso decorado y el techo quedaron también arruinados.
Esta alcaldía se construyó en varias etapas. La primera inició en 1937 y la última en 1956. Desde los años 40 hasta los 70 en ella se llevaron a cabo coloridas fiestas, muchas de las cuales fueron amenizadas por orquestas y grupos musicales de la ciudad.
“Se hacían bailes para recaudar fondos para los festejos dicembrinos. Hoy todo esto sólo queda en los recuerdos”, expresa don Francisco.

Templo de la destrucción

Sin lugar a dudas, uno de los tesoros más dañados en esa cabecera departamental es la dos veces centenaria Basílica Nuestra Señora del Pilar. Esta iglesia colonial, con el paso del tiempo soportó muchos temblores y tormentas, pero esta vez se doblegó ante la furia de la naturaleza.
La construcción de esta “casa de Dios” se inició en 1762 y fue estrenada como tal siete años después. Fue construida con calicanto (obra de albañilería hecha de piedras pequeñas unidas con una mezcla de cal, arena y agua).
Este templo es rico en historia. En él se suscitó uno de los hechos trascendentales en la historia de nuestro país: en 1833 el indio Anastasio Aquino se proclamó y coronó “Rey de los Nonualcos”.
En las catacumbas de esta basílica se encuentran sepultados los restos del prócer José Simeón Cañas, a quien se le dio el calificativo de “libertador de los esclavos en El Salvador”.
Hoy en día, las personas que viven en San Vicente y aquellas que la visitan sólo se conforman con ver la ennegrecida fachada de la iglesia que está rajada.
El interior de este templo no corrió mejor suerte. Sus cinco altares, sus arcos, sus columnas grabadas con molduras en alto y bajo relieve y su cúpula lucen con enormes grietas.

Sin saber qué hacer

Por el momento aún no se sabe qué hacer con estos tres monumentos dañados en la ciudad de San Vicente. Muchos pobladores piensan que serán demolidos, pero esa posibilidad todavía no es contemplada por las autoridades edilicias.
“Es prematuro decir que tanto la torre, la alcaldía y la iglesia del Pilar serán demolidas. Pronto se harán los estudios pertinentes para ver qué se hace. Nosotros tenemos la esperanza de que serán salvados y no demolidos”, expresa el señor Tirzo Sermeño, alcalde de la ciudad.
Tanto el Consejo Nacional par la Cultura y el Arte (Concultura) como la Organización de las Naciones Unidas par la Educacion, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) han realizado estudios en los edificios históricos afectados. Pronto se tendrá el resultado de las evaluaciones.
A pesar de que los vicentinos tienen muchas necesidades, como alimentación, agua, ropa y vivienda, ellos siguen trabajando con fortaleza para sacar adelante a su pueblo amado. Ellos quieren hacer florecer una vez más a su ciudad. Están seguros de que volverá a resurgir entre los escombros, así como lo hizo el ave fénix de sus cenizas.

 

Un día después del terremoto de 1936, El DIARIO DE HOY dio la triste noticia a sus lectores. La tragedia acaparó las portadas de este periódico.

Un pueblo sufrido

Desde su fundación, en 1635, la ciudad de San Vicente ha vivido muchas tragedias. A continuación se detallan algunas de ellas.

En 1774 bajó del volcán Chichontepec una gran cantidad de agua, debido a un derrumbe en la cima, que se precipitó con mucha fuerza arrastrando piedras y grandes árboles. La ciudad en ese entonces no se inundó en su totalidad debido a que el cerro San Antonio desvió el agua hacia el mar.
El 29 de noviembre de 1783 se produjo un terremoto que arruinó gran parte de San Vicente, que en aquel entonces tenía el título de Villa.
En 1837, el cólera morbus apareció en esa ciudad y causó muchos estragos en El Salvador y en Guatemala.
En 1839 invadió a la población una terrible epidemia de viruela que causó muchas víctimas.
El 18 de octubre de 1852 hubo una inundación debido a una fuerte lluvia.
• En 1872 ocurrió un fuerte terremoto, precedido y seguido por muchos temblores y retumbos atribuidos al volcán Tecapa, en Usulután.
En 1879, la población sufrió estragos por los temblores originados por la erupción del volcán del lago de Ilopango.
• En 1934, la ciudad estuvo a punto de ser destruida por un alud de lodo, que se desprendió del volcán Chichontepec.
En 1936 fue arrasada por un fuerte terremoto que dejó más de un centenar de muertos y miles de heridos.
En febrero de 1999, la ciudad fue sacudida por fuertes temblores, los cuales dejaron muchas casas con daños menores.
13 de febrero de 2001, San Vicente fue parcialmente destruida por un terremoto cuya magnitud fue de 6.6 en la escala de Richter.

Memorias de un vicentino

En una centenaria vivienda, construida de adobes, reside junto a su familia don Carlos Francisco Guillén, de 73 años.
Este hombre de noble corazón dice sentirse orgulloso de ser vicentino. A pesar de su impedimento físico, en la cadera y en las piernas, se ha preocupado por rescatar y recopilar muchos de los datos históricos de su pueblo.
Junto a su cama de pitas, don Carlos conserva una bolsa plástica, en la que guarda, como valiosos tesoros, algunos documentos (revistas, páginas de periódicos, programas de fiestas patronales y otros) que narran los sucesos relevantes de ese municipio.
Este personaje ha vivido la mayoría de los acontecimientos en ellos descritos, como por ejemplo el terremoto del 36, la construcción de la torre y de la alcaldía. Todos esos datos los tiene plasmados en su senil memoria. Es por ello que sabe fechas, nombres y anécdotas relacionados con su pueblo natal.

La Virgen movida

Muchos personas que pasan frente a la fachada de la Catedral de San Vicente ven con curiosidad la imagen de la Virgen María que se halla empotrada arriba del portón principal. No es el color ni la forma de la Virgen lo que llama la atención, sino su actual posición.
Muchos aseguran que la imagen se ha movido unos 50 centímetros hacia la izquierda. “La Virgen estaba viendo hacia el frente, pero después del terremoto ha quedado mirando para el volcán. No sabemos qué nos quiere decir ella con el cambio de posición”, expresa una anciana que apreciaba la escultura.
Muchos vicentinos creen que es un presagio, otros piensan que es una simple casualidad producto del terremoto.
“Está así porque el temblor la movió. No hay otra explicación”, expresó otro de los curiosos.

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