Vamos al especial

 
 

 

Por primera vez en la historia del ejército, 100 de sus hombres dejan los cuarteles para darle forma a una propuesta que busca el fortalecimiento cultural en el país.


 

La Banda Sinfónica de la Fuerza Armada acoge lo mejor de 16 bandas militares de alta en cuarteles, destacamentos y la Fuerza Aérea Salvadoreña.
No son soldados ni empuñan fusiles, son músicos experimentados y sus armas son los instrumentos musicales (clarinetes, trompetas, redoblantes y tambores) que ejecutan con la maestria que les otorga la experiencia para muchos hasta de tres décadas.
La idea original del maestro Leandro Funes de conformar la se materializó en 1999 con el ingreso de la Banda Militar de la Primera Brigada de Infantería que él dirige.
Sus músicos fueron los primeros en asistir a la convocatoria que exigía experiencia y dedicación como requisito para incorporarse al proyecto que les lleva a teatros, pueblos y plazas.

Más que marchas

En los cuarteles visten trajes formales verde-olivo acompañados por el tradicional quepi, pero a la hora de los conciertos lo transforman en un vistoso traje gris que deja ver las numerosas insignias para destacar los grados que ocupan dentro de las filas administrativas del ejército.

José Alfonso Hernández conoció la trompeta hace 25 años y es uno de los integrantes más experimentados en la Sinfónica y en la Banda Militar de la Primera Brigada, donde tiene la categoría de músico primero.
Como muchos de sus compañeros también trabaja en grupos de música moderna; otros lo hacen en las bandas de pueblo que están muriendo, donde siempre se necesitan trompetistas, ejecutantes de clarinete o de bombo.
Para este joven llegar a la Banda Sinfónica ha sido un paso vital en su carrera, ya que ejecutar la Quinta Sinfonía de Beethoven resulta mucho más complicado que lograr una ejecución perfecta del Himno Nacional al que están acostumbrados.
Dos veces por semana se reúnen en la Primera Brigada en un ensayo que acoge a todos los miembros de la Sinfónica Militar, que permiten al maestro Leandro Funes preparar los futuros conciertos.
Don Juan Antonio Martínez, trompetista de profesión y amante de las tradiciones, forma parte de la banda musical de Olocuilta. Él dice que lo importante de tocar en la sinfónica es compartir sus conocimientos y adentrarse en la riqueza cultural salvadoreña.

Desde sus trincheras musicales, la Banda Sinfónica intenta llevar cultura a pueblos y ciudades, para compensar los años perdidos durante la guerra,
y aprovechando el potencial artístico que esconde la Fuerza Armada tras la dura imagen de sus cuarteles.

 

Estos hombres que vieron pasar la guerra desde las trincheras musicales se esmeran por impulsar a los autores nacionales como Domingo Santos y Ciriaco de Jesús Alas.
El director Funes recuerda que “no vamos a tocar sólo clásico porque la gente no lo conoce, y en cuanto a la nueva generación hay que incentivarles con temas de películas clásicas y semiclásicos”.
Este ocho de septiembre y el 29 de diciembre, la Banda desarrollará una jornada de 27 conciertos en diferentes escenarios. Con el apoyo de Concultura llevarán los espectáculos al interior del país para mayor acceso de la población.

Temporada sinfónica

El atrio de la iglesia El Pilar, el Teatro de Santa Ana, Sonsonate y Zacatecoluca son algunos de los sitios donde la gente podrá disfrutar del repertorio musical de la Banda Sinfónica.
Según el maestro Funes, el repertorio es variado, pero siempre con prioridad en lo nuestro, en un esfuerzo por apoyar los programas de rescate cultural, sobre todo de la música, que es una de las ramas del arte más olvidadas.

Cada mes habrá una combinación de estilos, entre las alusivas a la independencia de septiembre, las melodías románticas de octubre, los valses y los clásicos y semiclásicos de películas como la “Guerra de las Galaxias” para atraer a la juventud.
El año pasado, en una de sus primeras presentaciones durante la llamada “Fantasía Sinfónica” que acogió la Sinfónica Nacional, Juvenil y la Militar, se reunieron unas 12 mil personas en una sola noche.
El ministro de la Defensa Nacional, Juan Martínez Varela, dice que este esfuerzo es positivo que permite construir las bases de una sociedad en la que la cultura ocupe un lugar importante y promueve vínculos de cooperación.
Por su parte, el presidente de Concultura, Gustavo Herodier, recordó que la inciativa castrence es de vital importancia en el recaste de la identidad nacional que se ha visto influenciada por agentes extranjeros.
Por eso, el gran reto para la Fuerza Armada será mantener viva la Banda Sinfónica, por ser un bien cultural, sino también porque muestra el nuevoque los tiempos de paz le exigen a la institución, involucrándose en el quehacer social y educativo del país.

 
 


159 años de historia


En 1841 desembarcaron en Omoa, Puerto Cortés (Honduras) tres músicos donde José Martín, don M. Navarro y don Juan Guida, los primeros de origen español, y el último, italiano. De allí viajaron a pie hasta San Miguel, donde hicieron amistad con el teniente coronel Manuel Cañas, padre del compositor del Himno Nacional, general y poeta Juan José Cañas.

Así organizaron el primer concierto de banda, considerado como el nacimiento de la tradición musical militar, contratando a los músicos extranjeros para formar la primera escuela filarmónica en la comandancia general de la Fuerza Armada.

El general Malespín estableció la enseñanza clásica de música marcial, formando la primera banda militar de música marcial de Centro América que pasa luego a ser la Banda de los Supremos Poderes.

Aunque su función cultural es la misma, la Banda Sinfónica es diferente a la Orquesta Sinfónica de El Salvador, ya que sólo ejecutan instrumentos de viento y percusión, no así de cuerda como violines y violonchelos.


 
 

 


159 años de historia


La Banda Sinfónica es una mezcla de 159 años de historia de las Bandas Militares que pasaron a formar parte del ejército en el siglo XIX.
Desde su nacimiento, sus funciones dentro de los cuarteles ha sido mantener el patriotismo entre la tropa; de hecho por tradición militar su presencia es obligatoria en los actos diarios de izado y bajada del pabellón nacional con acompañamiento del Himno Nacional.
El coronel Roberto Zamora Rivas dice que la ejecución en general de marchas mantiene en alto la moral de los efectivos militares en cualquier circunstancia.
Esto no significa que en algún momento hayan acompañado a las tropas en los campos de batalla; no existen documentos que lo confirmen, no obstante las funciones que ejercieron en Europa para dar ánimos a los soldados en tiempos de guerra.
Se sabe que en el siglo XVI la infanteria española marchaba guiada por una banda de tambores, y la Caballería, de trompetas; también se han encontrado documentos que refieren la participación con fines bélicos de las bandas durante las guerras romanas y napoleónicas.
En El Salvador ha sido diferente. Aun durante la guerra civil, las bandas militares se mantuvieron alejadas de los combates, sin perder el vínculo con la población civil a través de participaciones en actos públicos, incluyendo fiestas patronales.


 
 

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