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La Casa del Anciano
San José será el hogar para los
viejitos que en Quezaltepeque no tienen donde refugiarse
en la noche .
Este proyecto será una realidad gracias a los
esfuerzos de la Comisión Pro-Casa del Anciano
San José de Quezaltepeque y del apoyo
que les ha brindado la Asociación de Damas de
Organismos Internacionales (ADOI).
La obra está en su fase inicial, ya que hasta
el momento sólo ha sido colocada la primera piedra.
Con esta construcción quieren beneficiar a 50
ancianos, aunque eliminarán por completo el problema,
porque según las encuestas realizadas en esa
ciudad, alrededor de cien ancianos viven en la calle,
afirma Virginia Orellana de Colocho, pro-secretaria
de la comisión.
En un terreno de casi una manzana, la casa contará
con las condiciones necesarias para que funcione como
albergue, y también dispondrá de un salón
donde los beneficiados podrán aprender trabajos
artesanales, y los que puedan un oficio contarán
con ayuda para que se dediquen a su trabajo (sastrería,
costurería, artesanía y zapatería).
Asimismo los ancianos podrán ser autosuficientes
al trabajar huertas caseras. El producto resultante
será para el consumo de los internos y si hay
un sobrante será vendido en el mercado.
Proyecto coincidente
La comisión Pro-Casa
del Anciano San José nació
en marzo de este año, por iniciativa de un grupo
de vecinos de Quezaltepeque, quienes vieron la necesidad
de cambiar un poco la vida de un centenar de personas
mayores que duermen en los portales y en el mercado.
Al principio fue difícil encontrar un lugar adecuado
para la construcción. La Iglesia había
donado un terreno; sin embargo, los estudios de suelo
descubrieron que no era apto para el edificio, por eso
la alcaldía concedió un campo de casi
una manzana, asegura el alcalde Roberto Argüello.
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Coincidentemente, Sara
de Yamagiwa, de la Comisión Pro-Casa del Anciano,
también forma parte de la Asociación de
Damas de Organismos Internacionales (ADOI), un grupo
de mujeres que brinda ayuda en obras de beneficencia
y canaliza apoyo material, alimenticio y económico
en diferentes proyectos.
ADOI ha tenido la voluntad, desde hace cuatro años,
de construir un dormitorio público para indigentes,
pero el obstáculo ha sido la falta de un terreno.
El año pasado tuvieron pláticas con la
Alcaldía de San Salvador para conseguir un terreno
municipal, pero la iniciativa se vino abajo.
Aunque no se pudo concretizar esa iniciativa, el deseo
de servir continuaba latente, asegura Jacqueline de
Toro, presidenta de la Asociación.
Por eso, al conocer el proyecto de la comisión
de Quezaltepeque se unieron a la causa, siendo la casa
para ancianos el primer proyecto grande que ejecutará
ADOI en sus 20 años de existencia.
Solicitan ayuda
Las proyecciones para beneficiar
a los ancianos son ambiciosas. Según Argüello,
el asilo se divide en dos etapas. La primera es darle
un techo seguro a los ancianos indigentes, y la segunda
es ofrecer el servicio de cuidar adultos mayores, este
sería una especie de guardería para ancianos.
No obstante, la ADOI tiene un fondo económico
de ¢200,000 para ejecutar el proyecto, cantidad
que resulta insuficiente, no sólo para la construcción,
sino también para el equipamiento de la casa-hogar.
Con esa cantidad solo puede beneficiar a 50 ancianos.
Nuestras condiciones económicas no nos
permiten hacer más, pero esto es el inicio para
que otras personas e instituciones tambien apoyen,
dice la presidenta de ADOI.
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