24 de marzo 2002



Cada semana, las flores y el follaje de los verdes y coloridos campos de El Salvador son cortados por un grupo de ágiles trabajadores, quienes se encargan de dejarlos listos para su nuevo destino: la comercialización nacional o la exportación.


Luego del corte, las flores son lavadas con agua fresca. Después están listas para adornar su hogar.

Mientras la brisa fresca de la mañana crea un suave murmullo y los tenues rayos del sol hacen su inigualable presencia en el vivero “Suchican Farms”, localizado entre La Majada y Juayúa, el cuerpo menudo de Norma Santos, encargada de los trabajadores, apenas se divisa entre los cultivos de Anthuriums (corazón chino).
A pocos metros de esta flor en forma de corazón se extienden los sembradíos de unas hojas de diferentes formas y tamaños. Son los follajes que en los últimos dos años han cobrado una gran presencia en los mercados nacionales e internacionales.
Norma se encarga de revisar cada detalle de los cultivos de flores y follajes del vivero. Está pendiente de la hora de riego, la eliminación de la hierba y las hojas secas, el corte de cada semana, y todo lo necesario para garantizar la calidad del producto final.
A un kilómetro del desvío de Caluco, en Sonsonate, está el rancho “Santa Julia”, donde un grupo de trabajadores corta con sus machetes las bellas y distinguidas flores tropicales.
Después de cortadas, las colocan en unas pilas con agua fresca, donde permanecen hasta que llega el momento de hacer los rollos de una docena y ser enviadas al mercado San Miguelito y a las principales floristerías del país.
Estos viveros pertenecen al sector de plantas ornamentales, flores y follajes que han encontrado en las tierras fértiles y en el clima tropical del país el sitio perfecto para echar a andar un negocio que se perfila con altas perspectivas de rentabilidad y de desarrollo.

El control de calidad exige empaquetado y traslado muy cuidadosos.

Tres rubros de producción

La industria de plantas ornamentales se ha convertido en una nueva opción para la exportación de productos no tradicionales, que compite al lado de cultivos históricos como el café y la caña de azúcar.
Ernesto Álvarez, propietario del rancho “Santa Julia” y uno de los mayores productores, expresa que sembrar flores es más rentable que el café y la caña de azúcar, porque se trata de un negocio constante.
Dentro de los frutos ornamentales que se cultivan en El Salvador están las plantas jóvenes y en maceta, las flores y los follajes, que son productos cortados dirigidos al consumidor final, y otras como semillas y bulbos.
Las dos plantas en maceta que se siembran y se exportan a Europa, Holanda, Dinamarca y Alemania son la palmera de areca y la palmera phoenix. Los esquejes y cañas de izote (material vegetativo sin tierra) que son partes de las plantas jóvenes se envían a Estados Unidos y a Holanda.
Las flores tropicales, como Anthuriums, heliconias, “ginger”, ave del paraíso y sus variedades, viajan en su mayoría hacia Estados Unidos. Uno de los mayores exportadores de este tipo de plantas es la compañía “Magic Flower”.
Para adornar los arreglos florales también se producen dos variedades de follajes. El principal es uno llamado “tree fern” o espárrago silvestre, del que existe una plantación de cien manzanas de tierra en Chalchuapa, Santa Ana.
En menor cantidad se cultiva el “leatherleaf fern”, conocido como helecho de cuero. Estos dos tipos de follajes cortados se envían a Europa, Alemania, Dinamarca, Holanda, Suecia y Japón. Las semillas de la palmera de areca y de la palmera phoenix son comercializadas en Estados Unidos.
Juan Manuel Alfaro, coordinador de Exportplant, un comité integrado por los exportadores y productores de ornamen tales, menciona que las plantas en maceta y las jóvenes constituyen el sector más grande de exportación en El Salvador.

 

En la actualidad, los follajes son el grupo de mayor crecimiento. Existen unas 115 manzanas de tierra cultivadas con estas hojas, que dan un toque especial a los arreglos florales. Estos ocupan el segundo lugar en las exportaciones.
Contrario a lo que se piensa, las flores son el segmento más pequeño de producción y de exportación. Según Alfaro, sólo hay sembradas unas 30 manzanas de terreno a nivel nacional. Sin embargo, esa cifra no incluye las plantaciones de otras 30 manzanas, labradas en el rancho “Santa Julia”.
En total, en El Salvador se destinan más de 200 manzanas de terreno a las plantaciones de productos ornamentales, entre plantas jóvenes, flores y follajes.
La zona occidental es la privilegiada que alberga en sus fértiles campos los sembradíos de estos cultivos no tradicionales. Los valles de Sonsonate y de Ahuachapán son los más matizados con el verdor de los follajes y el arcoiris de las flores tropicales.

Con miras al desarrollo

El clima tropical fabuloso, el sol radiante durante los 365 días del año, su favorable humedad, sus estaciones seca y lluviosa marcadas con claridad y su temperatura promedio que oscila entre los 25 y los 28 grados centígrados, convierten a El Salvador en paraíso perfecto para el cultivo de plantas ornamentales.
Aunque esta industria no es nueva —pues viene desde mediados de la década de los 80—, al principio los sembradíos se limitaban esencialmente a las flores tropicales que demandaba el mercado de Florida, Estados Unidos. La exportación de caña de izote y de semilla de areca hacia países europeos era mínima.

La variedad “alexis” es una de las más vendibles por su color rojo intenso.

Según datos citados en una revista editada por la Cooperación de Exportadores de El Salvador (COEXPORT), a finales de la década de los 80 se inicia un acelerado proceso de diversificación y crecimiento. Esto incrementa la oferta exportable del país a una amplia variedad de ornamentales.
Esquejes, cañas, plantas terminadas, palmeras, flores cortadas, follajes de corte, semillas, bulbos y rizomas son los nuevos productos que se han abierto paso hacia mercados tan exigentes como los de Europa, Estados Unidos y Japón.
Si bien El Salvador no ofrece grandes volúmenes al exportar ornamentales, su clave principal radica en el énfasis del control de calidad y en la continuidad de la oferta.
El “pulgarcito de América” a la hora de comercializar con el extran jero compite con otros países de la región, como Costa Rica, el más reconocido de todos por su exportación de más de 100 millones de dólares anuales; Guatemala, Honduras y Nicaragua. También con la Florida.
Según Marco Tulio Castro, coordinador del Programa Nacional de Competitividad, de enero a octubre del 2000 se exportaron más de tres millones de dólares en productos ornamentales. En el 2001, en ese mismo lapso se vendieron al extranjero tres millones.
Para este año se espera que las exportaciones aumenten, gracias a que se están contemplando nuevos compradores en Japón y Holanda y existen probabilidades de iniciar negociaciones con Canadá.
Pero Manuel Alfaro sostiene que aunque las plantas ornamentales han sido una oportunidad de diversificación, aún no han crecido mucho. “Para que algo así crezca se necesitan ciertas políticas de desarrollo, en cuanto a vías de financiamiento, acceso de información y capacitación técnica sobre formas de producir”, relata.

El “bastón del emperador” se coloca en rollos de seis y doce flores.

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Marielos Carrillo, trabajadora del vivero “Xochicali”.

No todo es color de rosa

Ernesto Álvarez inició el cultivo de flores tropicales hace 12 años. De estos, nueve los dedicó a exportar hacia Estados Unidos, Francia, Holanda e Inglaterra. “Hice a un lado el mercado interno, sin darme cuenta de que era el más interesante”, detalla.
Añade que hubo situaciones que lo hicieron reaccionar. La demanda interna cada día se ponía mejor, los precios en el mercado internacional habían bajado, los problemas de envío se acrecentaban; algunas veces le dejaban tiradas las flores en el aeropuerto, las inspecciones del Departamento de Agricultura y Ganadería y de aduanas de Estados Unidos cada vez eran más estrictas.
En dos ocasiones los cargamentos de flores que envió fueron retenidos por las autoridades estadounidenses, debido a que les detectaron un animalito para ellos desconocido. Sin más opción, las flores fueron quemadas.
Pero lo más difícil era realizar el cobro por los pedidos que enviaba; algunas empresas no le pagaban. Más de una vez tuvo que viajar para liquidar personalmente. Aunque asegura que las pérdidas no fueron considerables, en 1999 tomó una decisión: dejar de exportar.
Como todos los productos que salen del país, las plantas ornamentales deben llenar un permiso fitosanitario. Esto implica que deben ir libres de plagas, hongos y parásitos. Además se deben seguir las especificaciones para cada producto en cuanto a medida, color y cantidad.
Una de las reglas principales es que los productos ornamentales deben ir frescos; para eso se mandan en cajas corrugadas y con alguna cobertura (lienzos de plástico o papel periódico) que las conserve húmedas.
Silvia Larín, propietaria del vivero “Suchicam Farm”, comenta que en 1994 les surgió la inquietud de exportar, pero se encontraron con limitantes.
“Nos informamos de todo el proceso que se debe seguir, pero los controles son muy exigentes, no permiten una sola mancha en las flores, y se debe tener un gran cuidado de que no se pase un animalito. Por eso decidimos quedarnos en el mercado nacional”, sostiene Larín.
Para contrarrestar los problemas de servicios de carga en el aeropuerto de Comalapa, en 1999 se contrató una nueva empresa que ha puesto a la disposición un carro refrigerado. Esto permite la exportación de productos más frescos.
A pesar de las dificultades, todo parece indicar que muchos productores están cambiando sus plantaciones de café y sus campos cultivados de caña de azúcar por una nueva industria que ha comenzado a generarles buenas ganancias: los productos ornamentales.

Grandes productores

Colombia: Ubicada a ambos lados del Ecuador, con unas 12 horas de sol al día, produce flores robustas. En 1999 sólo el petroleo rebasó a las flores en sus ingresos por exportaciones.

Estados Unidos: Casi cuatro quintas partes de las exportaciones de flores se destinan a Estados Unidos, segundo importador de este producto en el mundo.

Alemania: Primer importador del mundo, alberga una pasión especial por las rosas. La mayoría de ellas las compra a los holandeses.

Japón: Famoso por su amor a las flores, prefiere los crisantemos, cultivados en sus tierras. Importaciones populares son los claveles, las rosas y las orquídeas.

Kenya: Un sol brillante y alturas de más de dos mil metros convierten a este país en el primer cultivador de rosas de África. La mayoría de éstas se vende en Europa.
(Fuente: National Geographic).

 

Rosas importadas desde Guatemala

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