24 de marzo 2002



Gracias a la ayuda de nuestros lectores y entidades públicas y privadas de salud, María Fátima Guzmán (“Tina”) ahora tiene un nuevo rostro y muchos sueños por los que luchar.


“Los niños ya no se burlan de mí”, comenta satisfecha la infante, tiempo después de su exitosa operación.

Hay niños que se burlan de mí. Me gritan: ¡Ahí viene la máscara, nos va a comer! ¡Apártense! Todo por la enfermedad que tengo en la cara. Yo no les hago caso”.
Estas fueron fueron las primeras palabras que nos dijo Fátima, con aire de tristeza y resignación hace siete meses cuando la visitamos.
Sus frases sonaron tan elocuentes que de inmediato conmovieron al equipo periodístico de El Diario de Hoy que sin pensarlo dos veces se movilizó en busca de una cura al quiste que deformaba el rostro de la adolescente.
Para ganarle la batalla al mal que la había aquejado los últimos cuatro años, de sus 18 de vida, se contó con el apoyo inmediato de médicos, empresas y personas anónimas, cuyas colaboraciones monetarias hicieron posible realizar el sueño de Fátima: tener un rostro normal.
Su existencia dio el giro anhelado justo el mismo día que publicamos su historia en la sección “Vida”. El artículo explicaba la difícil situación económica de la menor y todos los experimentos fracasados que un curandero de la zona le había hecho para “sanarla”.
La mano amiga llegó veloz. Una lluvia de llamadas fue recibida en la redacción de Suplementos y todas con un solo propósito: ayudar a Tina, la adolescente oriunda de San Isidro, en Panchimalco.

Solo en apoyo económico se totalizó la cantidad de 6,832 colones que servirían para costear exámenes y pago de operación. Por suerte, el examen Watter corrió por cuenta de la clínica Brito Mejía, el resto de pruebas la realizaró el Hospital Rosales. El efectivo recaudado se entregó a la madre de la menor.
“Este dinero me sirvió mucho para pagar los viajes de Panchimalco a San Salvador. También para la comida. Si vieran que esta Tina después de la operación comía bastante. De esos platos de catorce pesos (colones), los que llevan carne o pollo, se devoraba dos”, refiere Julia Guzmán, su progenitora de 57 años.
Quienes tuvimos la oportunidad de tocar la inflamación de la adolescente la describimos como una masa dura que deformaba desde sus dientes hasta las fosas nasales y los ojos, afectándole toda la zona izquierda de la cara. Para su bendición, ahora eso es historia.
“Hoy ya no se burlan de mí. Solo me miran y se quedan callados. Aunque hablaran, los ignoraría”, dice convencida la menor, quien parece haberse despojado del trauma que le provocaba la enfermedad.

Fátima ya se encuentra en la escuela. La acompaña su profesora, señora Elizabeth de Cáceres.

 

No era un hechizo

Por ignoracia la menor fue víctima de todos los ungüentos habidos y por haber recetados por los curanderos.


Enjuagues de sal con limón era la pócima que un brujo de Panchimalco le daba a la Tina para que se le quitara la masa de cebo.

Según doña Julia, a la niña le habían hecho un “mal”.

Por su enfermedad, sólo contaba con tres amigas (Sandra, Filomena y Santos).

Los sueños de Tina

La extraña afección que cargó durante cuatro años y que le cubría la mitad del rostro era un quiste dentígero, según el reporte médico, producto de la incrustación de un diente en la cavidad bucal, algo que puede llegar a formar un tumor maligno, en el peor de los casos.
Superada la prueba en las manos milagrosas de los médicos del Rosales y la ayuda económica de decenas de personas anónimas, Tina se ha trazado nuevos retos que seguro logrará con el apoyo de todos.
“Quiero aprender a leer y escribir para salir adelante. Además deseo ser una buena costurera o una empleada que cuide a niños”, dice Fátima Guzmán, muy segura de sus palabras y con una sonrisa a flor de labios.
Y sus deseos ya comenzaron a germinar. El mismo día que nos confesó sus anhelos, el equipo periodístico de El Diario de Hoy, con partida de nacimiento en mano, acudió al centro escolar del cantón San Isidro para gestionar fuera matriculada en primer grado.
El director de la institución, el licenciado Concepción Ponce, no dudó un instante en recibir en sus aulas a la adolescente. Allí notamos como los ojos de Fátima brillaron más que nunca de alegría: su futuro comenzaba a ser prometedor.
A la par del entusiasmo de la joven también apareció la incertidumbre; recordó las condiciones pésimas en que vive, resguardada bajo una humilde vivienda hecha con varas de bambú, lodo, plástico y viejas láminas.
En el limbo de la pobreza extrema tampoco olvidó que los pocos centavos que llegan, producto del trabajo de su familia en la tierra, apenas alcanzan para comer. “¿Cómo me voy a comprar el uniforme, los zapatos y los útiles escolares?”, soltó ingenua la pregunta sin obtener respuesta.
El solo hecho de convencer a doña Julia para matricular a su hija en la escuela costó un poco de esfuerzo, pero al fin cedió, “siempre y cuando, la Tina vaya por la tarde. Tiene que hacer el oficio de la casa primero y debe tortear; porque yo soy una mujer sola. El resto de mis hijos (nueve) se fue y sólo ella me queda”, sentenció la progenitora.
A lo primero secundó con seriedad: “Además tiene que cuidarse de los cipotes. Tanto que ha costado cuidarla para que se vaya con el primero que se pone enfrente. Yo le he dicho que mucho cuidado con salir con una panza”.
Mientras doña Julia habla, aconseja y regaña entre dientes, Tina se limita a escuchar. Ella mejor que nadie sabe que tales palabras son valiosas, vienen del ser que le dio la vida y que ahora, tras el cambio, teme que su pequeña alce vuelo más pronto de lo previsto.

Tina sigue al pies de la letra su obligacione: acarrear leña y sietecántaros
de agua al día

 

 


La niña recibió muchos osequios
de nuestros lectores

La exitosa odisea médica de Fátima

Esta es parte de la travesía que tuvo que pasar Fátima para poder lucir un rostro nuevo. Ahora ya nadie se burla de ella. en el cantón San Isidro

A las nueve de la mañana del 17 de septiembre de 2001, el equipo de El Diario de Hoy, junto a la directora de la Unidad de Salud de Panchimalco, doctora Ives Herrera, visitó a María Fátima en el cantón San Isidro para hacer los primeros chequeos médicos y su posterior traslado a un centro de salud.

El mismo día, la menor fue ingresada en el Hospital Rosales. Ahí la primera en atendernos fue la doctora Ana de Lazo, directora del nosocomio, y un médico residente.

Diez días más tarde (27 de septiembre), a las 7:00 a.m. la infante se pone en manos del especialista en cirugía plástica, doctor Gustavo Magaña Palma, quien extrae el tumor de forma satisfactoria.

La operación de Tina fue un éxito. El sueño de esta menor de tener un nuevo rostro se concretizó y es dada de alta el 26 de octubre.

Por su pronta recuperación y ante las miradas de asombro de quienes la mal llamaban “la máscara”, Fátima es inscrita en primer grado el 11 de marzo de 2002, gracias a la iniciativa del equipo periodístico de este diario y a la disposición de los maestros del centro escolar cantón San Isidro.

Si usted desea ayudar a Tina, ya sea con el uniforme, con calzado o con útiles escolares, comuníquese con nosotros a los teléfonos 271-0100 y
271-0122, extensiones 1372 y 1317.

En el hogar de los Guzmán apenas hay para las tortillas. Ellos viven en una casa hecha de lodo, plástico y láminas viejas.

A las 6:00 a.m. del 27 de septiembre ya estaba lista para ser operada.

Más de seis mil colones fueron
entregados a doña Julia Guzmán.


 

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