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A
la hora de poner el hombro, las mujeres son las más participativas
en sus comunidades.
Los terremotos recrudecieron el problema
de la violencia intrafamiliar, según balances de organizaciones
de mujeres e instituciones gubernamentales, como el Instituto Salvadoreño
para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU).
ISDEMU registró un 35% de incremento, justo después de
los terremotos porque hasta abril había recibido 1,600 denuncias
y hasta octubre de este año había atendido un total de
4,282 casos de violencia intrafamiliar, un comportamiento casi igual
con respecto al 2000.
La organización de mujeres Las Dignas dice haber atendido 1,250
casos hasta noviembre pasado y que también notaron un incremento
luego de los desastres.
Según Margarita Velado, coordinadora del Programa de Erradicación
de la Violencia Genérica de la referida organización,
aparte del maltrato físico y sicológico, violaciones sexuales,
etc., aparecieron nuevas formas de violencia tras los terremotos, como
la disputa por el patrimonio familiar producto de las donaciones, desplazamento
forzado de la mujer y noviazgos violentos en parejas jóvenes.
Para esta activista, la mujer continuó siendo la más vulnerable
a nivel de pareja, porque basándose en las estadísticas
de la Procuraduría General de la República, sólo
un 3% de las agresiones corresponde a hombres. Otros reportes destacan
a la mujer y a la niñez como la principal víctima de la
violencia porque representan el 90.4% y el 9.5% respectivamente.
Se estima que un 64% de los casos de violencia intrafamiliar se registró
a nivel de pareja y de esa cifra el 94% de los agresores son hombres
(compañero de vida, esposo y ex-esposo).
En opinión de Ana Murcia, directora de Las Dignas, las estadísticas
revelan que muchos hombres aprovecharon el contexto para agredir y creyeron
que su comportamiento quedaría en la impunidad.
Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),
El Salvador sigue siendo una de las naciones centroamericanas más
violentas, debido a los altos índices de secuestros, robos, asesinatos,
violencia sexual contra mujeres y niños, entre otros.
Dirigentes de Las Dignas creen que el terremoto incrementó la
vulnerabilidad de las mujeres, pero también vino a justificar
la falta de compromiso de parte del gobierno por mejorar la situación
de la mujer, especialmente en el tema de la pobreza y de la educación.
Sin
mayor desarrollo
Según estimaciones del Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los terremotos dejaron
a 225,000 salvadoreños pobres, a 200,000 en extrema pobreza,
a 1.5 millones de damnificados y pérdidas globales de $1,600
millones.
La pobreza se agudizó en el área rural, ya que la población
pobre aumentó de 61.2% al 66.4%. La Dirección General
de Estadística y Censo (DIGESTYC), en su última Encuesta
de Hogares de Propósitos Múltiples del 2000 refleja que
un 30.2% de las mujeres es jefa de hogar con hijos y sin cónyuge,
y que la precarización del empleo femenino (trabajo informal
e ingresos menores al salario mínimo establecido) alcanza el
55.8%.
Pero la misma DIGESTYC también dice que las mujeres ocupadas
y remuneradas, que significan el 41.1%, siguen ganando un 38% menos
que los hombres en la industria manufacturera y un 33% menos con respecto
a salarios en el sector privado.
Esto significa que las condiciones salariales entre hombres y mujeres
siguen siendo desiguales. Aparte de esto, el desempleo amenaza a millares
de mujeres que laboran por ejemplo en las maquilas, una de las principales
fuentes de trabajo femenino en el país, después de los
atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Zenaida Joachim, coordinadora del Programa Mujer y Economía de
Las Dignas, dice que las medidas económicas impulsadas por el
gobierno, los atentados de septiembre, los terremotos y la sequías
que vivimos este año sumieron a la mujer en mayor pobreza.
El salario minimo no ha cambiado en el lapso de nueve años
y las oportunidades de empleo para mujeres son bastante escasas, mientras
las que están empleadas en la industria y en la rama de servicios
generalmente son mal remuneradas. Algunas ganan el salario mínimo
(¢1,260) o menos. ¿Y qué pasa con las familias que
dependen de estas mujeres si la canasta básica actual se calcula
en ¢4,000?, afirma la activista.
Y si vemos la situación de la mujer campesina, el panorama es
peor. Para Zenaida, los efectos de la pobreza en las mujeres se traducen
en su baja calidad de vida (salud y nutrición) y en nulas oportunidades
de educación.
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En el plano educativo, la
mujer, principalmente la campesina, sigue siendo la más afectada
por el analfabetismo. Del 19% de la población salvadoreña
analfabeta, el PNUD dice que el 22.3% corresponde a mujeres y de éste
el 29.1% se ubica en el campo.
Según la DIGESTYC, del 52.1% de mujeres salvadoreñas,
el 31.4% de diez años en adelante es analfabeta y de éstas
el 17.5% vive en la zona rural.
La educación en el plano sexual y de reproducción también
se hace prioritaria. La encuesta de salud FESAL reveló para 1998
que un 30.9% de las mujeres entre los 15 y 19 años ya ha tenido
relaciones sexuales y que el 42% de las que se ubican entre los 15 y
24 años de edad habían tenido al menos un embarazo.
Poco
beneficio legal
También determinó que el
bajo nivel de escolaridad había aumentado drásticamente
los niveles de embarazos. Un 71.3% de las mujeres embarazadas carecía
de educación formal. Para algunas activistas, la falta de normas
legales y su cumplimiento que impulsen el verdadero desarrollo de la
mujer incrementan esta problemática.
Para Ana Murcia, el fracaso mayor obtenido este año es que la
Asamblea Legislativa no haya ratificado el Protocolo Facultativo de
la Convención para la Eliminación de toda Forma de Discriminación
contra la Mujer (ratificada por el gobierno el 28 de noviembre de 1996),
después de que sectores conservadores religiosos y civiles lo
rechazaran.

Ahora
se preparan para los trabajos que antes eran solo para hombres.
Aunque se reconoce que los niveles de denuncia de las mujeres víctimas
de la violencia han aumentado, el mismo gobierno se comprometió
públicamente este año a mejorar el acceso de las mujeres
a la justicia a través de un convenio de cooperación entre
la Secretaría Nacional de la Familia, la Comisión Interamericana
de Mujeres (CIM) y la Unidad Técnica del Sector Justicia (UTE).
Otra buena noticia fue el anuncio del Plan Nacional para Prevenir la
Violencia Intrafamiliar y la firma de la Declaración Nacional
Juntos construiremos la paz desde la familia, con el que
reafirma el compromiso del gobierno, el ministerio público y
la sociedad civil de trabajar por una familia y una sociedad bajo los
principios rectores de la Ley contra la Violencia Familiar.
No se puede hablar de un avance en el caso de acceso de la mujer a los
espacios públicos, donde lideran los hombres. Según un
informe de Las Dignas, en el plano legislativo destaca una sensible
disminución en cuanto a presencia femenina, ya que de un 16%
que representaban en el período legislativo pasado bajaron en
la actual gestión a un 9.5%, mientras a nivel de gobiernos locales
fue todo lo contrario: incrementaron un poco, del 17.5% al 19.9%.
En la Corte Suprema de Justicia se mantuvo la cuota de dos magistradas
casi por imagen, pero esto persiste desde la época de los noventa,
que fue cuando se luchó para que se democratizaran los espacios
políticos masculinos de poder, pero desde entonces no ha variado
esa cantidad, opina Ana Murcia.
Para esta activista, en el seno de los partidos políticos, por
ejemplo, cumplen sus plazas de suplentes con mujeres y no les reconocen
su capacidad, lo que es parte de la discriminación.
Ante esto, varias organizaciones femeninas presentaron una propuesta
de reformas a la Ley Electoral, a fin de lograr que los partidos políticos
abrieran más espacios a las mujeres dentro de sus organizaciones
y a que el voto domicilliar se aprovechara para cosechar más
votos femeninos. También propusieron que tuvieran protección
de vivienda, pero todo está engavetado.

En
el campo, se dedican a los cultivos, cuando son madres solteras
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Los
talleres les permiten a prender labores que les ayudan para obtener
empleos o para ganerse su propio dinero
¿Avances
o retrocesos?
Para Ana Murcia, este año ha habido
un cierto estancamiento, retrocesos y una tendencia no muy optimista
por la poca preocupación del gobierno por hacer más ágil
y viable lo que está consignado en la Poítica Nacional
de la Mujer, mientras algunas iniciativas probablemente tengan
resultados dentro de pocos años.
Sin embargo, esta activista dice que si hablamos en términos
de avances después de diez años post-conflicto se puede
decir como logro el que ahora el tema de derechos de la mujer ya es
considerado, como también que se aborde la paternidad irresponsable
como un problema social y que se exija el finiquito moral a los funcionarios
públicos.
Pero el 2001 es considerado por Murcia como un año muy
duro para la mujer salvadoreña porque los terremotos aumentaron
su vulnerabilidad, retrasaron proyectos de desarrollo para ellas, la
sobrecargaron de responsabilidades y la dejaron en mayor precariedad
por la falta o pérdida de empleo.
Por eso, Las Dignas dicen contar con proyectos que pretenden encontrar
niveles de desarrollo de la mujer a nivel de las localidades, para lo
cual han establecido una alianza con la Asociación de Síndicas,
Regidoras y Alcaldesas y el próximo año verían
resultados del Fondo Semilla, con el que buscan que las mujeres establezcan
sus propias agroeconomías.
Jenny de Coto, directora ejecutiva del ISDEMU, reconoce que falta mucho
por hacer, pero a estas alturas se puede hablar de grandes avances impulsados
por el gobierno a través de esta institución que ha liderado
la coordinación de diez áreas de la Política Nacional
de la Mujer, entre ellas la de violencia con su Programa de Saneamiento
de las Relaciones Familiares.
Estamos sensibilizando, capacitando a los operadores del sistema
judicial (PNC, Medicina Legal, etc.), así como de atención
a través de vías específicas como el Teléfono
Amigo de la Familia a través de la cual se captan las denuncias,
terapias a víctimas, agresores y jóvenes infractores,
afirma la funcionaria.

Las
campesinas muchas veces son padre y madre para sus hijos.
Pero también dice estar aportando
en materia de capacitación a 200 mujeres y hombres que faciliten
para sus comunidades proyectos de desarrollo local o comunitario, 306
mujeres mayores de 15 años provenientes de San Pedro Nonualco,
San Pedro Masahuat, Verapaz y Apastepeque en oficios tradicionales y
no tradicionales a fin de incentivar su reinserción productiva.
Para la licenciada de Coto, un logro importantísimo es que se
esté generando estadísticas con enfoque de género,
como el hecho de que el Instituto de Medicina Legal registre muertes
por violencia familiar.
Pero que es el Plan Nacional contra la Violencia el paso enorme para
beneficio de la mujer y porque es producto del consenso entre instituciones
oficiales y no oficiales.
Jenny de Coto dice que en El Salvador se ha avanzado desde el momento
en que se cuenta con el ISDEMU, porque hay países que aún
no lo tienen, también en el hecho de tener una Política
Nacional de la Mujer, que se ejecuta a través de las alianzas
que impulsa el gobierno, y entre los logros es que se se está
trabajando con un enfoque de género no sexista.
Pero mientras de Coto destaca como un logro importante la apertura de
una oficina de monitoreo en algunas maquilas por parte de los ministerios
de Trabajo, de Economía y de la CEPAL en pro del cumplimiento
de los derechos de las mujeres en ese campo, un estudio hecho por Las
Dignas a nivel de trabajadoras de maquilas de San Bartolo, revela entre
otros resultados que ganan el salario mínimo o menos, y que se
les violan sus derechos por embarazo y por maternidad.
Este año se cierra con algunos avances en materia de derechos,
pero también con un montón de desafíos.
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