23 de diciembre 2001

La situación de la mujer salvadoreña sigue ubicándose en un panorama sombrío. Los prejuicios, el machismo, la violencia y la pobreza son problemas que persisten.


A la hora de poner el hombro, las mujeres son las más participativas en sus comunidades.

Los terremotos recrudecieron el problema de la violencia intrafamiliar, según balances de organizaciones de mujeres e instituciones gubernamentales, como el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU).
ISDEMU registró un 35% de incremento, justo después de los terremotos porque hasta abril había recibido 1,600 denuncias y hasta octubre de este año había atendido un total de 4,282 casos de violencia intrafamiliar, un comportamiento casi igual con respecto al 2000.
La organización de mujeres Las Dignas dice haber atendido 1,250 casos hasta noviembre pasado y que también notaron un incremento luego de los desastres.
Según Margarita Velado, coordinadora del Programa de Erradicación de la Violencia Genérica de la referida organización, aparte del maltrato físico y sicológico, violaciones sexuales, etc., aparecieron nuevas formas de violencia tras los terremotos, como la disputa por el patrimonio familiar producto de las donaciones, desplazamento forzado de la mujer y noviazgos violentos en parejas jóvenes.
Para esta activista, la mujer continuó siendo la más vulnerable a nivel de pareja, porque basándose en las estadísticas de la Procuraduría General de la República, sólo un 3% de las agresiones corresponde a hombres. Otros reportes destacan a la mujer y a la niñez como la principal víctima de la violencia porque representan el 90.4% y el 9.5% respectivamente.
Se estima que un 64% de los casos de violencia intrafamiliar se registró a nivel de pareja y de esa cifra el 94% de los agresores son hombres (compañero de vida, esposo y ex-esposo).
En opinión de Ana Murcia, directora de Las Dignas, las estadísticas revelan que muchos hombres aprovecharon el contexto para agredir y creyeron que su comportamiento quedaría en la impunidad.
Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), El Salvador sigue siendo una de las naciones centroamericanas más violentas, debido a los altos índices de secuestros, robos, asesinatos, violencia sexual contra mujeres y niños, entre otros.
Dirigentes de Las Dignas creen que el terremoto incrementó la vulnerabilidad de las mujeres, pero también vino a justificar la falta de compromiso de parte del gobierno por mejorar la situación de la mujer, especialmente en el tema de la pobreza y de la educación.

Sin mayor desarrollo

Según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los terremotos dejaron a 225,000 salvadoreños pobres, a 200,000 en extrema pobreza, a 1.5 millones de damnificados y pérdidas globales de $1,600 millones.
La pobreza se agudizó en el área rural, ya que la población pobre aumentó de 61.2% al 66.4%. La Dirección General de Estadística y Censo (DIGESTYC), en su última Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del 2000 refleja que un 30.2% de las mujeres es jefa de hogar con hijos y sin cónyuge, y que la precarización del empleo femenino (trabajo informal e ingresos menores al salario mínimo establecido) alcanza el 55.8%.
Pero la misma DIGESTYC también dice que las mujeres ocupadas y remuneradas, que significan el 41.1%, siguen ganando un 38% menos que los hombres en la industria manufacturera y un 33% menos con respecto a salarios en el sector privado.
Esto significa que las condiciones salariales entre hombres y mujeres siguen siendo desiguales. Aparte de esto, el desempleo amenaza a millares de mujeres que laboran por ejemplo en las maquilas, una de las principales fuentes de trabajo femenino en el país, después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Zenaida Joachim, coordinadora del Programa Mujer y Economía de Las Dignas, dice que las medidas económicas impulsadas por el gobierno, los atentados de septiembre, los terremotos y la sequías que vivimos este año sumieron a la mujer en mayor pobreza.
“El salario minimo no ha cambiado en el lapso de nueve años y las oportunidades de empleo para mujeres son bastante escasas, mientras las que están empleadas en la industria y en la rama de servicios generalmente son mal remuneradas. Algunas ganan el salario mínimo (¢1,260) o menos. ¿Y qué pasa con las familias que dependen de estas mujeres si la canasta básica actual se calcula en ¢4,000?”, afirma la activista.
Y si vemos la situación de la mujer campesina, el panorama es peor. Para Zenaida, los efectos de la pobreza en las mujeres se traducen en su baja calidad de vida (salud y nutrición) y en nulas oportunidades de educación.

 

En el plano educativo, la mujer, principalmente la campesina, sigue siendo la más afectada por el analfabetismo. Del 19% de la población salvadoreña analfabeta, el PNUD dice que el 22.3% corresponde a mujeres y de éste el 29.1% se ubica en el campo.
Según la DIGESTYC, del 52.1% de mujeres salvadoreñas, el 31.4% de diez años en adelante es analfabeta y de éstas el 17.5% vive en la zona rural.
La educación en el plano sexual y de reproducción también se hace prioritaria. La encuesta de salud FESAL reveló para 1998 que un 30.9% de las mujeres entre los 15 y 19 años ya ha tenido relaciones sexuales y que el 42% de las que se ubican entre los 15 y 24 años de edad habían tenido al menos un embarazo.

Poco beneficio legal

También determinó que el bajo nivel de escolaridad había aumentado drásticamente los niveles de embarazos. Un 71.3% de las mujeres embarazadas carecía de educación formal. Para algunas activistas, la falta de normas legales y su cumplimiento que impulsen el verdadero desarrollo de la mujer incrementan esta problemática.
Para Ana Murcia, el fracaso mayor obtenido este año es que la Asamblea Legislativa no haya ratificado el Protocolo Facultativo de la Convención para la Eliminación de toda Forma de Discriminación contra la Mujer (ratificada por el gobierno el 28 de noviembre de 1996), después de que sectores conservadores religiosos y civiles lo rechazaran.

Ahora se preparan para los trabajos que antes eran solo para hombres.


Aunque se reconoce que los niveles de denuncia de las mujeres víctimas de la violencia han aumentado, el mismo gobierno se comprometió públicamente este año a mejorar el acceso de las mujeres a la justicia a través de un convenio de cooperación entre la Secretaría Nacional de la Familia, la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) y la Unidad Técnica del Sector Justicia (UTE).
Otra buena noticia fue el anuncio del Plan Nacional para Prevenir la Violencia Intrafamiliar y la firma de la Declaración Nacional “Juntos construiremos la paz desde la familia”, con el que reafirma el compromiso del gobierno, el ministerio público y la sociedad civil de trabajar por una familia y una sociedad bajo los principios rectores de la Ley contra la Violencia Familiar.
No se puede hablar de un avance en el caso de acceso de la mujer a los espacios públicos, donde lideran los hombres. Según un informe de Las Dignas, en el plano legislativo destaca una sensible disminución en cuanto a presencia femenina, ya que de un 16% que representaban en el período legislativo pasado bajaron en la actual gestión a un 9.5%, mientras a nivel de gobiernos locales fue todo lo contrario: incrementaron un poco, del 17.5% al 19.9%.
“En la Corte Suprema de Justicia se mantuvo la cuota de dos magistradas casi por imagen, pero esto persiste desde la época de los noventa, que fue cuando se luchó para que se democratizaran los espacios políticos masculinos de poder, pero desde entonces no ha variado esa cantidad”, opina Ana Murcia.
Para esta activista, en el seno de los partidos políticos, por ejemplo, cumplen sus plazas de suplentes con mujeres y no les reconocen su capacidad, lo que es parte de la discriminación.
Ante esto, varias organizaciones femeninas presentaron una propuesta de reformas a la Ley Electoral, a fin de lograr que los partidos políticos abrieran más espacios a las mujeres dentro de sus organizaciones y a que el voto domicilliar se aprovechara para cosechar más votos femeninos. También propusieron que tuvieran protección de vivienda, pero todo está engavetado.

En el campo, se dedican a los cultivos, cuando son madres solteras

 

Los talleres les permiten a prender labores que les ayudan para obtener empleos o para ganerse su propio dinero

¿Avances o retrocesos?

Para Ana Murcia, este año ha habido un cierto estancamiento, retrocesos y una tendencia no muy optimista por la poca preocupación del gobierno por hacer más ágil y viable lo que está consignado en la Poítica Nacional de la Mujer, mientras “algunas iniciativas probablemente tengan resultados dentro de pocos años”.
Sin embargo, esta activista dice que si hablamos en términos de avances después de diez años post-conflicto se puede decir como logro el que ahora el tema de derechos de la mujer ya es considerado, como también que se aborde la paternidad irresponsable como un problema social y que se exija el finiquito moral a los funcionarios públicos.
Pero el 2001 es considerado por Murcia como “un año muy duro” para la mujer salvadoreña porque los terremotos aumentaron su vulnerabilidad, retrasaron proyectos de desarrollo para ellas, la sobrecargaron de responsabilidades y la dejaron en mayor precariedad por la falta o pérdida de empleo.
Por eso, Las Dignas dicen contar con proyectos que pretenden encontrar niveles de desarrollo de la mujer a nivel de las localidades, para lo cual han establecido una alianza con la Asociación de Síndicas, Regidoras y Alcaldesas y el próximo año verían resultados del Fondo Semilla, con el que buscan que las mujeres establezcan sus propias agroeconomías.
Jenny de Coto, directora ejecutiva del ISDEMU, reconoce que falta mucho por hacer, pero a estas alturas se puede hablar de grandes avances impulsados por el gobierno a través de esta institución que ha liderado la coordinación de diez áreas de la Política Nacional de la Mujer, entre ellas la de violencia con su Programa de Saneamiento de las Relaciones Familiares.
“Estamos sensibilizando, capacitando a los operadores del sistema judicial (PNC, Medicina Legal, etc.), así como de atención a través de vías específicas como el ‘Teléfono Amigo de la Familia’ a través de la cual se captan las denuncias, terapias a víctimas, agresores y jóvenes infractores”, afirma la funcionaria.

Las campesinas muchas veces son padre y madre para sus hijos.

Pero también dice estar aportando en materia de capacitación a 200 mujeres y hombres que faciliten para sus comunidades proyectos de desarrollo local o comunitario, 306 mujeres mayores de 15 años provenientes de San Pedro Nonualco, San Pedro Masahuat, Verapaz y Apastepeque en oficios tradicionales y no tradicionales a fin de incentivar su reinserción productiva.
Para la licenciada de Coto, un logro importantísimo es que se esté generando estadísticas con enfoque de género, como el hecho de que el Instituto de Medicina Legal registre muertes por violencia familiar.
Pero que es el Plan Nacional contra la Violencia el paso enorme para beneficio de la mujer y porque es producto del consenso entre instituciones oficiales y no oficiales.
Jenny de Coto dice que en El Salvador se ha avanzado desde el momento en que se cuenta con el ISDEMU, porque hay países que aún no lo tienen, también en el hecho de tener una Política Nacional de la Mujer, que se ejecuta a través de las alianzas que impulsa el gobierno, y entre los logros es que se se está trabajando con un enfoque de género no sexista.
Pero mientras de Coto destaca como un logro importante la apertura de una oficina de monitoreo en algunas maquilas por parte de los ministerios de Trabajo, de Economía y de la CEPAL en pro del cumplimiento de los derechos de las mujeres en ese campo, un estudio hecho por Las Dignas a nivel de trabajadoras de maquilas de San Bartolo, revela entre otros resultados que ganan el salario mínimo o menos, y que se les violan sus derechos por embarazo y por maternidad.
Este año se cierra con algunos avances en materia de derechos, pero también con un montón de desafíos.

 

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