|

Amigable y tranquilo por naturaleza, Hsia
Yang no parece emocionado por recibir el Premio Nacional de la Cultura
y las Artes. Quizá su vida errante y sin estrella le permite
recibir el galardón con mucha humildad.
Hsia Tzu-hsiang, como se llamaba anteriormente, nació en una
familia literaria de la provincia de Human, en China comunista. El destino
le privó de su madre a la semana de nacer y de su padre a los
cuatro años.
Su abuela se lo llevó a Sichuan para escapar de la guerra, y
al volver dos años después sólo hallaron ruinas
donde antes hubo un hogar. A los nueve años falleció su
abuela y fue entregado a una tía abuela, que a su vez murió
cuando él tenía 13 años.
De ahí fue a vivir a Hankou con unos tíos que quisieron
enviarlo con su hermano mayor en Changsha, pero éste tampoco
tenía medios para cuidar de él. A los 16 años,
después de pasar de mano en mano durante años, Hsia se
alistó en el ejército, donde sabía que al menos
lo alimentarían.
Paso
hacia el arte
Hsia se alistó el año que
las fuerzas nacionalistas se retiraron de China continental, y pronto
se vio en un destino de oficina en el cuartel general de la Fuerza Aérea
en Taiwan. Por casualidad, en la litera de encima dormía otro
aspirante a pintor, Wu Hao.
Ambos se hicieron buenos amigos y tomaron clases con Li Chung-sheng,
el decano del arte moderno en Taiwan.
En su estudio se unieron a un grupo de seis pintores con ideas similares,
y juntos formaron el Grupo Ton-Fan, más tarde conocidos
como los ocho grandes proscritos del arte moderno taiwanés.

|
|
Los apuros económicos
y la represiva censura del momento no pudieron con el espíritu
del joven grupo.
Hsia recuerda que los únicos materiales de disponían eran
tinta roja y negra y lápices.
A veces mezclaban la tinta con cola para conseguir una textura de óleo.
Los pintores se turnaban posando descamisados unos para otros, y Hsia
se pasaba a veces todo el día esbozando a los clientes de una
heladería junto a la estación.
En 1955, contra los consejos de su maestro y sin idea alguna de los
riesgos que suponía establecer una nueva organización
(Taiwan vivía bajo la Ley Marcial por entonces), los jóvenes
artistas formaron el Grupo Ton-Fan.
La gente se apresuró a comprar las entradas para la exhibición
en Taipei, pero a muchos asistentes no les gustó lo que vieron.
Algunos sintiéndose engañados tiraron al suelo los carteles
de la exposición en señal de protesta.
Vientos
de cambio
Después de la muestra, alzando la
bandera de la reforma, los proscritos publicaron una declaración
anticipando la decadencia del arte chino si se aferraba al pasado. Sólo
mediante la introducción de formas de expresión modernas
y foráneas, manifestaban, podrían revitalizarse los abundantes
recursos de la tradición artística china.
El manifiesto, cuyo borrador fue obra de Hsia, muestra que el objetivo
del grupo era modernizar el arte chino adoptando conceptos y métodos
artísticos occidentales para producir obras esencialmente chinas.
En sus pinturas de aquel período inicial se ve cómo Hsia
plasmaba las figuras humanas con los trazos gruesos de la tradicional
pintura popula china, para diseccionarlas y reensamblarlas de forma
mecanicista y occidental.
Hsia ha producido también una serie de obras abstractas sacadas
de su hondo conocimiento del elemento más importante del arte
chino: el uso de las líneas.
Gente
vaporosa
Hsia Yang, para quien Francia era el centro
artístico mundial, se lanzó en 1963 a un viaje en barco
hasta Europa. Durante sus cuatro años y medio en París,
vivió en un barrio de prostíbulos, donde se mantenía
con variopintos trabajos domésticos o restaurando muebles.
Fueron tiempos difíciles, pero fue entonces cuando descubrió
lo que había estado buscando en el uso de las líneas,
y así comenzó su época de la gente vaporosa.
La gente vaporosa apareció en sus obras casi por un proceso natural.
|
|

Mientras experimentaba con
borrones de líneas, Hsia vio que las marañas indefinidas
iban tomando forma, y de ahí fueron saliendo figuras humanas.
Esto era algo con lo que yo estaba seguro poder trabajar,
recuerda Hsia.
Como un sacerdote taoísta pintando símbolos mágicos,
Hsia usa la línea para crear figuras humanas y la palabra escrita
para invocar poder. Barriendo el lienzo con pinceladas rápidas
plasma figuras fluidas, volátiles, sin rostro ni personalidad,
que ejecutan su función en medio de un paisaje frío y
lineal.
Las imágenes resultantes reflejan la alienación de la
vida moderna, conjurando una sensación de ilusión e impermanencia.
Hsia vivió también en Estados Unidos durante más
de 20 años, ahí aprendió el uso del fotorrealismo,
utilizando efectos fotográficos, como plasmar en forma de borrón
la multitud de veloces viandantes de una calle de Nueva York. Su obra
se llenó de gente vaporosa de este tipo, aunque en espíritu
seguían siendo las figuras ingrávidas del periodo anterior.
Regresó a Taiwan en 1992, y siguió pintando gente vaporosa,
como un pintor comprometido con la creatividad y la defensa de la causa
artística, lo que le valió en el 2000 el premio considerado
como uno de los mayores galardones para un artista en Taiwan.
|