23 de septiembre de 2001

El pintor Hsia Yang es considerado como uno de los pioneros del movimiento del modernismo en Taiwan. Sus logros artísticos le permitieron ganar el premio a las bellas artes, concedido en el 2000 por la Fundación Nacional para la Cultura y las Artes de China.


Amigable y tranquilo por naturaleza, Hsia Yang no parece emocionado por recibir el Premio Nacional de la Cultura y las Artes. Quizá su vida errante y sin estrella le permite recibir el galardón con mucha humildad.
Hsia Tzu-hsiang, como se llamaba anteriormente, nació en una familia literaria de la provincia de Human, en China comunista. El destino le privó de su madre a la semana de nacer y de su padre a los cuatro años.
Su abuela se lo llevó a Sichuan para escapar de la guerra, y al volver dos años después sólo hallaron ruinas donde antes hubo un hogar. A los nueve años falleció su abuela y fue entregado a una tía abuela, que a su vez murió cuando él tenía 13 años.
De ahí fue a vivir a Hankou con unos tíos que quisieron enviarlo con su hermano mayor en Changsha, pero éste tampoco tenía medios para cuidar de él. A los 16 años, después de pasar de mano en mano durante años, Hsia se alistó en el ejército, donde sabía que al menos lo alimentarían.

Paso hacia el arte

Hsia se alistó el año que las fuerzas nacionalistas se retiraron de China continental, y pronto se vio en un destino de oficina en el cuartel general de la Fuerza Aérea en Taiwan. Por casualidad, en la litera de encima dormía otro aspirante a pintor, Wu Hao.
Ambos se hicieron buenos amigos y tomaron clases con Li Chung-sheng, el decano del arte moderno en Taiwan.
En su estudio se unieron a un grupo de seis pintores con ideas similares, y juntos formaron el “Grupo Ton-Fan”, más tarde conocidos como “los ocho grandes proscritos” del arte moderno taiwanés.

 

Los apuros económicos y la represiva censura del momento no pudieron con el espíritu del joven grupo.
Hsia recuerda que los únicos materiales de disponían eran tinta roja y negra y lápices.
A veces mezclaban la tinta con cola para conseguir una textura de óleo.
Los pintores se turnaban posando descamisados unos para otros, y Hsia se pasaba a veces todo el día esbozando a los clientes de una heladería junto a la estación.
En 1955, contra los consejos de su maestro y sin idea alguna de los riesgos que suponía establecer una nueva organización (Taiwan vivía bajo la Ley Marcial por entonces), los jóvenes artistas formaron el “Grupo Ton-Fan”.
La gente se apresuró a comprar las entradas para la exhibición en Taipei, pero a muchos asistentes no les gustó lo que vieron. Algunos sintiéndose engañados tiraron al suelo los carteles de la exposición en señal de protesta.

Vientos de cambio

Después de la muestra, alzando la bandera de la reforma, los proscritos publicaron una declaración anticipando la decadencia del arte chino si se aferraba al pasado. Sólo mediante la introducción de formas de expresión modernas y foráneas, manifestaban, podrían revitalizarse los abundantes recursos de la tradición artística china.
El manifiesto, cuyo borrador fue obra de Hsia, muestra que el objetivo del grupo era modernizar el arte chino adoptando conceptos y métodos artísticos occidentales para producir obras esencialmente chinas.
En sus pinturas de aquel período inicial se ve cómo Hsia plasmaba las figuras humanas con los trazos gruesos de la tradicional pintura popula china, para diseccionarlas y reensamblarlas de forma mecanicista y occidental.
Hsia ha producido también una serie de obras abstractas sacadas de su hondo conocimiento del elemento más importante del arte chino: el uso de las líneas.

Gente vaporosa

Hsia Yang, para quien Francia era el centro artístico mundial, se lanzó en 1963 a un viaje en barco hasta Europa. Durante sus cuatro años y medio en París, vivió en un barrio de prostíbulos, donde se mantenía con variopintos trabajos domésticos o restaurando muebles.
Fueron tiempos difíciles, pero fue entonces cuando descubrió lo que había estado buscando en el uso de las líneas, y así comenzó su época de la “gente vaporosa”.
La gente vaporosa apareció en sus obras casi por un proceso natural.

 

 

Mientras experimentaba con borrones de líneas, Hsia vio que las marañas indefinidas iban tomando forma, y de ahí fueron saliendo figuras humanas. “Esto era algo con lo que yo estaba seguro poder trabajar”, recuerda Hsia.
Como un sacerdote taoísta pintando símbolos mágicos, Hsia usa la línea para crear figuras humanas y la palabra escrita para invocar poder. Barriendo el lienzo con pinceladas rápidas plasma figuras fluidas, volátiles, sin rostro ni personalidad, que ejecutan su función en medio de un paisaje frío y lineal.
Las imágenes resultantes reflejan la alienación de la vida moderna, conjurando una sensación de ilusión e impermanencia.
Hsia vivió también en Estados Unidos durante más de 20 años, ahí aprendió el uso del fotorrealismo, utilizando efectos fotográficos, como plasmar en forma de borrón la multitud de veloces viandantes de una calle de Nueva York. Su obra se llenó de gente vaporosa de este tipo, aunque en espíritu seguían siendo las figuras ingrávidas del periodo anterior.
Regresó a Taiwan en 1992, y siguió pintando gente vaporosa, como un pintor comprometido con la creatividad y la defensa de la causa artística, lo que le valió en el 2000 el premio considerado como uno de los mayores galardones para un artista en Taiwan.

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