23 de junio 2002


La tecnología facilita desde las actividades del hogar hasta las del trabajo. De eso no hay duda, pero detrás de esa bendición germina una patología que ha comenzado a causar estragos en la salud del hombre contemporáneo.


Las personas mayores de 45 años son más proclives a sufrir de tecnoestrés; se sienten descalificados y analfabetas. Ellos presentan poca adaptabilidad al cambio y eso les provoca temor.

La voz repentina del gerente general sorprendió a Ernesto Campos (nombre ficticio), encargado de cobros de una empresa de prestigio.
“Quiero la planificación de cobros de la empresa”, le dijo el jefe. Al principio, Ernesto no se inmutó, sabía que la tecnología le ayudaría a simplificar su trabajo. Pero conforme las horas y los días pasaban y aumentaba su contacto con la computadora, un extraño padecimiento se apoderaba del joven.
El fantasma comenzó a merodear en su cuerpo y en su mente. Se sentía presionado, tenía desajustes en sus relaciones interpersonales, se desorientaba, olvidaba todo con facilidad y sufría ansiedad, gastritis y dolor de cabeza.
Los padecimientos que afectaron a Ernesto son parte de las manifestaciones de una enfermedad silenciosa que avanza a pasos agigantados y se pasea por las oficinas, los hogares y todos los sitios donde vive la tecnología.
Las computadoras, los celulares, las agendas electrónicas, las contestadoras automáticas, la televisión, el fax y todos los aparatos relacionados con la tecnología son los responsables de provocar el tecnoestrés, una de las patologías del hombre contemporáneo.
El surgimiento y la proliferación de la internet ha aumentado el número de tecnoagobiadas. Es la culpable de que las relaciones interpersonales se estén enfriando y de esa forma se produce un distanciamiento entre los humanos.
La siquiatra Ana Margarita Burgos menciona que el tecnoestrés es el estado de tensión constante debido a la gran cantidad de tecnología existente, a la que no llegamos a tener acceso.
Para la siquiatra Ana Isabel Ávalos, esta enfermedad es el conjunto de manifestaciones físicas o emocionales resultantes del constante contacto con la tecnología.
Lo cierto es que aunque en países como Estados Unidos los científicos y los sicólogos reconocen lo alarmante de este padecimiento, en El Salvador la gente todavía desconoce el término, incluso sus causas, efectos y sus tratamientos.

Manifestaciones

Un sondeo realizado por un equipo de investigación de la Universidad Jaume I, de Valencia, España, admite que uno de cada tres trabajadores del sector tecnológico es víctima, en algún momento de su vida laboral, de tecnoestrés.
Isabel Ávalos comenta que dentro del tecnoestrés existen dos manifestaciones marcadas. Una es el “síndrome de ventanas”. Muchas veces, los usuarios de las computadores abren varias ventanas al mismo tiempo, y esto los lleva a mantener diversas tareas al mismo tiempo.
“El cerebro no es un procesador. Si estamos en la capacidad de desdoblar la tensión, pero llevado a extremos, nuestra mente se dispersa y nuestras activividades quedan inconclusas porque estamos sobreexigiéndonos. El aprendizaje se vuelve dificultuoso”, expresa la siquiatra.
Otra de las expresiones es el “Burn out”, conocido como síndrome “de estar quemado”. Aquí la capacidad de la persona se ve invadida por las exigencias laborales, se siente incapaz ante el uso de una máquina o un aparato, se cansa y se siente abrumado por la nueva tecnología.
La gente más proclive a sufrir de tecnoestrés es la de mediana edad, debido a que se sienten temerosos, defasados y analfabetas al encontrarse frente a un mundo para ellos desconocido y no proliferado. La situación es peor aún en los hombres, a quienes se les dificulta más acercarse a alguien para preguntar.

 


“Para adaptarse a los cambios del tiempo tenemos que tomar clases los fines de semana o en la noche o ponerse a batallar frente al monitor y eso, quiérase o no, nos genera tensión”, agrega Ávalos.
Al contrario de los niños y los jóvenes, quienes están creciendo muy familiarizados con el submundo de las computadoras, de las agendas electrónicas, de los teléfonos celulares, entre otros aparatos, a ellos les ha parecido más natural la transición.
Sin embargo, no sólo la inadaptación de los adultos y los ancianos produce tecnoestrés, también lo provoca la hiperidentificación con la tecnología. Consultar los correos electrónicos a lo largo de la jornada laboral y sentir frustración si no hay correspondencia o estar pendiente a toda hora de las llamadas al celular crea un estado de tensión.

Síntomas y recomendaciones

El término tecnoestrés fue creado en 1984 por el sicoterapeuta estadounidense Craig Brod, para denominar una enfermedad causada por la incapacidad al enfrentarse a las tecnologías de un modo sicológicamente saludable.
Los primeros casos de tecnoestrés se detectaron en bibliotecarios de Estados Unidos, a finales de la década de los 80.
Se trata de un padecimiento cada vez más común en el mundo que ha llevado a las empresas fabricantes de computadoras a diseñar accesorios más cómodos y flexibles, como la tecnología inalámbrica y ratones que acarician.
Los primeros síntomas que se asoman ante una persona tecnoestresada son los físicos. Según la siquiatra Ana Margarita Burgos, dentro de este tipo de manifestaciones se encuentran dolor de cabeza y de espalda, úlcera, gastritis, migrañas y palpitaciones del corazón.
En segundo lugar aparecen las señales sicológicas. Irritabilidad, insomnio, ansiedad, pesadillas, sueño no reparador, tristeza, llanto, sudoración y frustración, que se apoderan de los tecnoagobiados.
La profesional agrega que los pacientes que acuden a su consultorio con estos indicios casi nunca identifican la causa. “Mediante el estudio clínico, uno se da cuenta que se debe al hecho de permanecer muchas horas en contacto con una máquina”, asegura.
Las medidas para disminuir o contrarrestar esta patología son diversas; algunas están en manos del usuario y otras en la asesoría profesional. La doctora Ávalos recomienda que por cada hora de trabajo frente a un monitor se deben tomar diez minutos para descansar los ojos, la mente y tomar oxígeno.
No tener varias tareas en marcha en el monitor, emplear los teléfonos fijos y celulares con moderación, escribir a mano cuando se pueda y no realizar otras actividades mientras se está frente a la computadora, como fumar, comer o hablar por teléfono y reducir malos hábitos posturales.
Para el sicólogo Miguel Villalobos también es necesario un tratamiento sicoterapéutico. Dentro de los métodos que él utiliza está la sicoterapia (llevar a la persona de una conducta desadaptada a una adaptada) y la hipnoterapia (cambio de los contenidos mentales de una persona).
Estos métodos terapéuticos fueron aplicados a Ernesto Campos, quien llegó al extremo de dejar su trabajo debido al acorralamiento causado por el tecnoestrés. Después de varias sesiones con el sicólogo pudo enfrentarse a este nuevo reto.
Pero según la doctora Ana Isabel Ávalos no es que la tecnología sea buena o mala en sí. Somos nosotros quienes la volvemos buena o mala de acuerdo al uso. Lo más recomendable es no volvernos dependientes ni sentir temor a la nueva tecnología.

Dedicar un día para descansar del contacto con la tecnología es una de las recomendaciones de los especialistas.

 

Los adictos a la internet pasan horas y horas frente al monitor. Los síntomas físicos, como dolor de espalda y de cabeza, son los primeros en presentarse.

Provoca tecnoestrés

Richard Hudiburg, profesor de sicología de la Universidad del Norte de Alabama, ha creado una lista de situaciones que molestan y afectan más al infoagobiado.


La escasa velocidad del “software”.
La escasa velocidad de la máquina.
Perder datos.
Recibir mensajes no deseados.
Carecer de ayuda para resolver los problemas tecnológicos.
Sentirse presionado y frustrado por adquirir de forma constante conocimientos nuevos.

Tecnoestrés, desconocido

Según la doctora Carmen Vilanova de Denis de la Unidad de Salud Mental del Ministerio de Salud, el tecnoestrés no está contemplado como tal dentro del consolidado nacional del reporte epidemiológico.


Si existen casos de trastorno de ansiedad y depresión. La profesional menciona que aunque se trata de estrés, en el país no se maneja de esa forma debido a que es un término anglosajón.

Los datos arrojados por la Unidad de Información en Salud detallan que en el 2001 71,549 personas consultaron por trastornos de ansiedad y 9,778 lo hicieron por depresión.

Las cifras del 2001 fueron mayores a las del año anterior y se vieron incrementadas al temor que causaron los últimos terremotos.

Los ratones que acarician son otra alternativa para disminuir la patología.

 

La tecnología inalámbrica podría disminuir los estados de tensión.

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