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Las
personas mayores de 45 años son más proclives a sufrir
de tecnoestrés; se sienten descalificados y analfabetas. Ellos
presentan poca adaptabilidad al cambio y eso les provoca temor.
La voz repentina del gerente general sorprendió
a Ernesto Campos (nombre ficticio), encargado de cobros de una empresa
de prestigio.
Quiero la planificación de cobros de la empresa,
le dijo el jefe. Al principio, Ernesto no se inmutó, sabía
que la tecnología le ayudaría a simplificar su trabajo.
Pero conforme las horas y los días pasaban y aumentaba su contacto
con la computadora, un extraño padecimiento se apoderaba del
joven.
El fantasma comenzó a merodear en su cuerpo y en su mente. Se
sentía presionado, tenía desajustes en sus relaciones
interpersonales, se desorientaba, olvidaba todo con facilidad y sufría
ansiedad, gastritis y dolor de cabeza.
Los padecimientos que afectaron a Ernesto son parte de las manifestaciones
de una enfermedad silenciosa que avanza a pasos agigantados y se pasea
por las oficinas, los hogares y todos los sitios donde vive la tecnología.
Las computadoras, los celulares, las agendas electrónicas, las
contestadoras automáticas, la televisión, el fax y todos
los aparatos relacionados con la tecnología son los responsables
de provocar el tecnoestrés, una de las patologías del
hombre contemporáneo.
El surgimiento y la proliferación de la internet ha aumentado
el número de tecnoagobiadas. Es la culpable de que las relaciones
interpersonales se estén enfriando y de esa forma se produce
un distanciamiento entre los humanos.
La siquiatra Ana Margarita Burgos menciona que el tecnoestrés
es el estado de tensión constante debido a la gran cantidad de
tecnología existente, a la que no llegamos a tener acceso.
Para la siquiatra Ana Isabel Ávalos, esta enfermedad es el conjunto
de manifestaciones físicas o emocionales resultantes del constante
contacto con la tecnología.
Lo cierto es que aunque en países como Estados Unidos los científicos
y los sicólogos reconocen lo alarmante de este padecimiento,
en El Salvador la gente todavía desconoce el término,
incluso sus causas, efectos y sus tratamientos.
Manifestaciones
Un sondeo realizado por un equipo de investigación
de la Universidad Jaume I, de Valencia, España, admite que uno
de cada tres trabajadores del sector tecnológico es víctima,
en algún momento de su vida laboral, de tecnoestrés.
Isabel Ávalos comenta que dentro del tecnoestrés existen
dos manifestaciones marcadas. Una es el síndrome de ventanas.
Muchas veces, los usuarios de las computadores abren varias ventanas
al mismo tiempo, y esto los lleva a mantener diversas tareas al mismo
tiempo.
El cerebro no es un procesador. Si estamos en la capacidad de
desdoblar la tensión, pero llevado a extremos, nuestra mente
se dispersa y nuestras activividades quedan inconclusas porque estamos
sobreexigiéndonos. El aprendizaje se vuelve dificultuoso,
expresa la siquiatra.
Otra de las expresiones es el Burn out, conocido como síndrome
de estar quemado. Aquí la capacidad de la persona
se ve invadida por las exigencias laborales, se siente incapaz ante
el uso de una máquina o un aparato, se cansa y se siente abrumado
por la nueva tecnología.
La gente más proclive a sufrir de tecnoestrés es la de
mediana edad, debido a que se sienten temerosos, defasados y analfabetas
al encontrarse frente a un mundo para ellos desconocido y no proliferado.
La situación es peor aún en los hombres, a quienes se
les dificulta más acercarse a alguien para preguntar.
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Para adaptarse a los cambios del tiempo tenemos que tomar clases
los fines de semana o en la noche o ponerse a batallar frente al monitor
y eso, quiérase o no, nos genera tensión, agrega
Ávalos.
Al contrario de los niños y los jóvenes, quienes están
creciendo muy familiarizados con el submundo de las computadoras, de
las agendas electrónicas, de los teléfonos celulares,
entre otros aparatos, a ellos les ha parecido más natural la
transición.
Sin embargo, no sólo la inadaptación de los adultos y
los ancianos produce tecnoestrés, también lo provoca la
hiperidentificación con la tecnología. Consultar los correos
electrónicos a lo largo de la jornada laboral y sentir frustración
si no hay correspondencia o estar pendiente a toda hora de las llamadas
al celular crea un estado de tensión.
Síntomas
y recomendaciones
El término tecnoestrés fue creado en 1984 por el sicoterapeuta
estadounidense Craig Brod, para denominar una enfermedad causada por
la incapacidad al enfrentarse a las tecnologías de un modo sicológicamente
saludable.
Los primeros casos de tecnoestrés se detectaron en bibliotecarios
de Estados Unidos, a finales de la década de los 80.
Se trata de un padecimiento cada vez más común en el mundo
que ha llevado a las empresas fabricantes de computadoras a diseñar
accesorios más cómodos y flexibles, como la tecnología
inalámbrica y ratones que acarician.
Los primeros síntomas que se asoman ante una persona tecnoestresada
son los físicos. Según la siquiatra Ana Margarita Burgos,
dentro de este tipo de manifestaciones se encuentran dolor de cabeza
y de espalda, úlcera, gastritis, migrañas y palpitaciones
del corazón.
En segundo lugar aparecen las señales sicológicas. Irritabilidad,
insomnio, ansiedad, pesadillas, sueño no reparador, tristeza,
llanto, sudoración y frustración, que se apoderan de los
tecnoagobiados.
La profesional agrega que los pacientes que acuden a su consultorio
con estos indicios casi nunca identifican la causa. Mediante el
estudio clínico, uno se da cuenta que se debe al hecho de permanecer
muchas horas en contacto con una máquina, asegura.
Las medidas para disminuir o contrarrestar esta patología son
diversas; algunas están en manos del usuario y otras en la asesoría
profesional. La doctora Ávalos recomienda que por cada hora de
trabajo frente a un monitor se deben tomar diez minutos para descansar
los ojos, la mente y tomar oxígeno.
No tener varias tareas en marcha en el monitor, emplear los teléfonos
fijos y celulares con moderación, escribir a mano cuando se pueda
y no realizar otras actividades mientras se está frente a la
computadora, como fumar, comer o hablar por teléfono y reducir
malos hábitos posturales.
Para el sicólogo Miguel Villalobos también es necesario
un tratamiento sicoterapéutico. Dentro de los métodos
que él utiliza está la sicoterapia (llevar a la persona
de una conducta desadaptada a una adaptada) y la hipnoterapia (cambio
de los contenidos mentales de una persona).
Estos métodos terapéuticos fueron aplicados a Ernesto
Campos, quien llegó al extremo de dejar su trabajo debido al
acorralamiento causado por el tecnoestrés. Después de
varias sesiones con el sicólogo pudo enfrentarse a este nuevo
reto.
Pero según la doctora Ana Isabel Ávalos no es que la tecnología
sea buena o mala en sí. Somos nosotros quienes la volvemos buena
o mala de acuerdo al uso. Lo más recomendable es no volvernos
dependientes ni sentir temor a la nueva tecnología.

Dedicar
un día para descansar del contacto con la tecnología es
una de las recomendaciones de los especialistas.
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Los
adictos a la internet pasan horas y horas frente al monitor. Los síntomas
físicos, como dolor de espalda y de cabeza, son los primeros
en presentarse.
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Provoca
tecnoestrés
Richard Hudiburg, profesor de sicología de la Universidad
del Norte de Alabama, ha creado una lista de situaciones que molestan
y afectan más al infoagobiado.
La escasa velocidad del software.
La escasa velocidad de la máquina.
Perder datos.
Recibir mensajes no deseados.
Carecer de ayuda para resolver los problemas tecnológicos.
Sentirse presionado y frustrado por adquirir de forma constante
conocimientos nuevos.
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Tecnoestrés,
desconocido
Según la doctora Carmen Vilanova de Denis de la Unidad
de Salud Mental del Ministerio de Salud, el tecnoestrés
no está contemplado como tal dentro del consolidado nacional
del reporte epidemiológico.
Si existen casos de trastorno de ansiedad y depresión.
La profesional menciona que aunque se trata de estrés,
en el país no se maneja de esa forma debido a que es un
término anglosajón.
Los datos arrojados por la Unidad de Información en Salud
detallan que en el 2001 71,549 personas consultaron por trastornos
de ansiedad y 9,778 lo hicieron por depresión.
Las cifras del 2001 fueron mayores a las del año anterior
y se vieron incrementadas al temor que causaron los últimos
terremotos.

Los
ratones que acarician son otra alternativa para disminuir la patología.

La
tecnología inalámbrica podría disminuir los
estados de tensión.
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