23 de junio 2002


Dos militares salvadoreños fueron preparados para cumplir misiones de guerra en la Escuela Militar “Capitán General Gerardo Barrios”. Sin embargo, el destino les hizo participar en misiones de paz en Asia y África.

El mayor de artillería Roberto Arturo Alegría Rivas (izquierda) y el capitán de ingenieros Carlos Tejada en la ex-Escuela Militar.

Después de defender sus vidas con las armas, para el mayor de artillería Roberto Arturo Alegría Rivas y el capitán de ingenieros Carlos Tejada resultaba sorprendente cumplir misiones en países en conflicto sin utilizar ningún tipo de armamento, amparados sólo a una boina azul y al emblema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos, retrocedemos en el tiempo hasta una de las primeras misiones para la paz en donde participó un salvadoreño.
Oficialmente El Salvador inició en la “Misión de la Organización de las Naciones Unidas para el Referéndum en Sahara Occidental” (MINURSO) en diciembre de 1994, con un primer contingente de dos oficiales cuya actividad terminó en enero de 1996, menciona el mayor Alegría Rivas.
Este oficial salvadoreño participó en el segundo contigente en el mismo Sahara Occidental desde enero de 1996 hasta enero de 1997.
Seleccionaron a dos oficiales, recuerda el mayor, quienes luego fueron preparados con información sobre el lugar donde estarían por un año, con datos sobre la situación conflictiva entre el reino de Marruecos y el Frente Popular para la Liberación de Saguia El Hamra y Río de Oro (Frente Polisario). Este grupo armado lucha para independizar a Sahara Occidental de Marruecos.
También los informaron sobre la cultura de la región, la geografía, así como el papel de la ONU en ese conflicto y cuáles serían las actividades que ellos desarrollarían.
Entre sus responsabilidades estaban verificar el cese de fuego entre las tropas reales de marruecos y el Frente Polisario, hacer visitas a unidades militares para controlar que no incrementaran sus tropas y armamento.
Darle seguimiento a los adiestramientos, establecer y marcar los campos minados, interceder en el intercambio de prisioneros de guerra, así como investigar cualquier violación al cese de fuego.

El mayor Roberto A. Alegria en la misión
del Sahara Occidental.

En el centro de operaciones

Sin armas para defenderse de una agresión, y con el apoyo y la bencidión de su familia, el mayor Alegría Rivas viajó por tres días para llegar hasta el Sahara Occidental.
El viaje fue en avión desde El Salvador hacia Miami, luego cruzó el Atlántico hasta Barcelona. Después voló hacia la ciudad marroquí de Casablanca, luego se trasladó a Raayoune, en territorio de Sahara Occidental.
La base de los observadores estaba compuesta por tiendas diseñadas por el ejército estadounidense para usarlas en los polos, pero que fueron adaptadas para el clima del Sahara.
Establecido en medio del desierto, el único contacto que tenía el mayor Rivas con el mundo exterior era por medio de la radio, o cuando obtenían los permisos de salida; entonces podían viajar hacia Marruecos o las islas Canarias.
El abastecimiento de alimentos y otros pertrechos era dos veces a la semana, los jueves y los sábados, por medio de helicópteros, menciona Alegría Rivas.

El mayor Alegría con nativos del Sahara Occidental en el desierto

Pequeño suceso

El incidente más fuerte que el mayor Rivas recuerda fue el de mayo de 1996: “El Frente Polisario acusaba a las Naciones Unidas de ser parcial al favorecer al reino de Marruecos, y como represalia cercaron durante tres días el campamento de observadores donde yo estaba asignado en medio del desierto. Estábamos diez observadores: de Venezuela, Honduras, Estados Unidos, Bangladesh, Paquistán, China, Egipto, Malaysia y El Salvador, compañeros con quienes nos comunicábamos en inglés.
Entonces el Frente Polisario no nos permitió ejercer nuestras funciones, ya que diariamente salían del campamento dos patrullas a realizar las misiones propias de observadores; durante esos tres días simplemente no nos permitieron realizar nuestro trabajo. Al final llegó un comandante de la misión, un general de brigada de Bélgica, y se solucionó todo, y continuamos desarrollando nuestra función.
Para el oficial salvadoreño esa misión ha sido importante para dar a conocer al país, “porque aunque esdifícil creer, uno se encuentra con personas de otra parte del mundo que ni siquiera saben dónde está ubicado El Salvador”, señala el militar, quien asegura que si le presentan la oportunidad de participar en otra misión sin armas, de inmediato dijera: ¡Sí, señor!

 

Por la paz del mundo

Durante diez días, El Salvador es la sede para el “Ejercicio de operaciones de mantenimiento de la paz norte 2002”, en la que participan 22 países.

El ejercicio de operaciones de mantenimiento de la paz inició el 17 de junio y termina el viernes 28.
Militares y personal civil se preparan aquí con la intención de participar en un futuro como miembros de las misiones de paz.
La actividad es auspiciada por el Comando Sur de los Estados Unidos.
El ejercicio está diseñado para dar los conocimientos teóricos y prácticos para saber cómo actuar en una misión de paz, y para eso se ha inventado un país en guerra, Iwistán, donde se simulan diferentes problemas, algunos ficticios y otros que han nacido de la experiencia de verdaderas misiones de paz.

Guerra electrónica

Las prácticas virtuales se realizan por medio de un sistema de computación con programas especializados, las delegaciones de cada país tienen acceso al campo de acción por medio de una computadora, y le asignan una misión específica, luego recibe los posibles problemas a enfrentar, y ellos deben buscar las soluciones más idóneas.
La simulación de una misión no sólo involucra el aspecto militar; también incluye las relaciones sociales, culturales, políticas y económicas con los nativos, menciona el teniente coronel Héctor López, subjefe de División de Ejércitos Tácticos del Ejército Sur de Estados Unidos.
Las misiones de paz deben verificar el cese al fuego entre las etnias que están en pugna, controlar los brotes infecciosos de cólera u otras enfermedades, construir centros médicos, hacer justicia frente a un hecho delictivo como una violación sexual, curar heridos y hasta alimentar o conseguir agua para los necesitados. Si no satisfacen una de estas necesidades se corre el riesgo de que los frágiles hilos de la paz se rompan, debido al descontento social.

Aval internacional

Esta actividad sería acreditada por la designada especial de la ONU para el desarrollo de los ejercicios, Dame Margaret Anstee.
En El Salvador es la segunda vez que se realiza este tipo de actividades. La primera vez fue en 1997, aunque fue de una magnitud inferior a la de este año.
Ya en la realidad, el país ha participado en once misiones de paz en Kuwait, Sahara Occidental, Guatemala, India y Paquistán, Chipre, Georgia, República Democrática del Congo, Sierra Leona, Etiopía y Eritrea.
Los países que participan en los ejercicios son Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Estados Unidos, Granada (Grenada), Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, San Kitts y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago.

Demostración virtual de una operación de mantenimiento de paz.

Conflicto africano

El Sahara Occidental fue ocupada por España desde 1884, debido a los intereses pesqueros y estratégicos de la potencia europea.

En 1904, Epaña y Francia fijaron las fronteras del Sahara español. La población rechazó y combatió la presencia extranjera con el respaldo leve del sultán de Marruecos.
Años después, tribus saharauis se unieron a la División Sur del Ejército de Liberación Nacional (ALN) de Marruecos en su lucha anticolonial. Pero la independencia marroquí en 1956 los dejó solos.
En 1968 fue creado el Frente de Liberación del Sahara, antecedente del Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Frente Polisario), establecido en 1973.
El 14 de noviembre de 1975 España entregó el Sahara a Marruecos y a Mauritania. El Frente Polisario lucha desde entontes por crear un Estado independiente.
El Frente Polisario, y el Ejército Real de Marruecos se enzarzaron en violentos combates, que se intensificaron en 1976 con la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática y se prolongaron hasta el alto al fuego de 1991.
El seis de septiembre de 1991 se firmó una tregua entre Marruecos y el Frente Polisario, declarándose un alto al fuego que debía conducir a unreferéndum de autodeterminación.
Para tal fin, la ONU creó la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO). En la actualidad, la misión de la ONU todavía se encuentra activa, y participan tres salvadoreños más como observadores.

Capitán de ingenieros
Carlos Tejada.

 

El capitan Carlos Tejada en un campamento con sus compañeros argentinos en la zona desmilitarizada, en la misión de mantenimiento de la paz que verificó el cese del fuego entre los aliados e Irak.

Desde Morazán al Golfo Pérsico

Después de vivir las últimas acciones militares del conflicto
armado salvadoreño en Perquín, en el norte de Morazán, el capitán Carlos Tejada tuvo que olvidarse de la zona montañosa y fresca para viajar al desierto en Kuwait, donde
cumplió una misión de paz.

Esta vez no hubo una orden, le pidieron su participación voluntariamente, asegura el capitán de ingenieros Tejada. La misión era viajar hacia el Golfo Pérsico, al emirato de Kuwait, donde la tensión militar todavía se mantiene latente.
La invitación provenía del gobierno de Argentina. Ellos participaban con un contigente militar en las tareas de las misiones de paz, y querían que un representante de El Salvador los acompañara.
Es así como Carlos Tejada fue seleccionado, y le preguntaron si quería participar en esa misión por un periodo de seis meses. La decisión fue tomada de inmediato, y con el apoyo de su familia el 15 de febrero de 2000 partió hacia Argentina, donde se prepararía para la “Misión de Observación de Irak y Kuwait” (UNIKOM).
Arribó a Buenos Aires, donde se integró al ejército argentino, y por 15 días fue adiestrado en operaciones de paz y sobre la cultura iraquí y de Kuwait. Allí le enseñaron los procedimientos a seguir establecidos por la ONU, así como el qué hacer y qué no hacer en la vida práctica.
Por ejemplo, les prohibieron tomar bebidas alcohólicas, ya que los árabes consideran a la cerveza como una droga. No hablarle a ninguna mujer musulmana; atender estrictamente las señales de tránsito y no tomar agua delante de algún islámico cuando celebran el Ramadán.
El Ramadán es el noveno mes del año musulmán, consagrado al ayuno y privaciones, como la abstención de alimento, bebida, perfumes, tabaco y relaciones sexuales, desde el amanecer hasta la puesta del sol.

Sin mayores incidentes

Desde Buenos Aires viajaron en avión hacia la ciudad alemana de Frankfurt, y después hacia la ciudad de Kuwait, capital del emirato, de donde se desplazaron hacia el desierto. La misión de paz, que incluía a otros 35 países, debía verificar su cumplimiento en la zona desmilitarizada que iba desde el Golfo Pérsico hasta la frontera tripartita entre Irak, Kuwait y Arabia Saudita.
“Dentro del contigente argentino yo estuve en el comando de la compañía como auxiliar de operaciones. Era una compañía de ingenieros militares, cuyas misiones eran básicamente dos: la destrucción de artefactos explosivos dejados por la guerra del golfo y el mantenimiento de las rutas de patrullaje en la zona desmilitarizada”, recuerda el capitán Tejada.
“Estar en ese lugar era una situación delicada, ya que no andábamos armados; entonces se corría un poco de riesgo, sobre todo al adentrarse en territorio iraquí donde era un poco hostil”, menciona.
El militar recuerda de una misión donde les tocó construir un atracadero, en el lado iraquí, fuera de la zona desmilitarizada, cuando unos niños motivados por los adultos los apedrearon al pasar en los vehículos de las Naciones Unidas.
Fuera de ese incidente, la misión de paz se desarrolló de forma positiva, pero lo mejor de todo es que se logró el reconocimiento de los militares salvadoreños en este tipo de actividades, asegura el capitán Tejada, quien al igual que el mayor Rivas estaría dispuesto a enfrentar otra misión riesgosa sin llevar arma alguna.

Teniente coronel Héctor López, del ejército sur de Estados Unidos.

En la famosa “Tormenta
del desierto”


El conflicto del Golfo Pérsico se inició el dos de agosto de 1990, cuando el líder de Irak, Saddam Hussein, invadió y seis días después anexionó el emirato de Kuwait. El objetivo aparente era controlar las reservas petrolíferas kuwaitíes.


Entre agosto y noviembre de 1990, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una serie de resoluciones, que culminaron en la demanda expresa a Irak para que se retirara incondicionalmente de Kuwait el 15 de enero de 1991.

Al desobedecer la orden de las Naciones Unidas, los iraquíes fueron atacados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Egipto, Siria, Francia y Arabia Saudita, en la operación militar bautizada “Tormenta del desierto”, obligándolos a retirarse del emirato. Es entonces que se establece la Misión de Observación (UNIKOM) para estabilizar la situación de Kuwait.

 

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