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Mientras en unos
centros como Teen Challange, REMAR o la
Fundación Éxodo, los muchachos o niños
leen la Biblia, cantan himnos y asumen la responsabilidad
de cuidar de sí mismos con la férrea convicción
de que la fe en Dios los sacará del abismo de
las drogas.
En otros lugares como el Hogar Crea María Auxiliadora
y la comunidad Terapeútica de Ilobasco la
única a nivel gubernamental se apela a
una toma de una conciencia y a un proceso de estricta
disciplina y responsabilidad.
Otros esfuerzos privados, como la Clínica
Médica Salvación donde se pagan
altas cuotas mensuales se aplica un tratamiento de desintoxicación
a través de fármacos hasta terapias sicológicas.
Esta nota no pretende restar mérito a ninguno
de estos sitios; intenta mostrar cómo funcionan,
la demanda que existe y la necesidad que se tiene de
que existan esfuerzos serios por rehabilitar a nuestros
niños y jóvenes adictos, que cada día
son más.
Rehabilitación
a través de la fe
Unos 29 centros de rehabilitación
cristianos funcionan en El Salvador. Estos buscan sacar
a los niños, adolescentes y adultos de las drogas
a través de la fe en Dios.
En sitios como REMAR, Teen Challenge o SER
se busca también que cada adicto asuma responsabilidades,
como lavar su ropa, cocinar o salir a la calle a vender
folders, lápices, calendarios o posters,
para ayudar a mantener la casa.
El problema de estos sitios, a juicio del doctor Nelson
Mena, experto en adicciones y director de una clínica
privada, es que la mayoría se apoyan únicamente
en la fe y difícilmente creen en aspectos científicos
o sicológicos de rehabilitación.
Según el padre Pepe Morataya, director del Polígono
Industrial Don Bosco, el adicto necesita más
que oraciones para dejar de consumir. Yo entiendo
que un mal hay que curarlo por las raíces. Si
una persona tiene hambre, no le des un libro; si una
persona necesita afecto, no le hables de ideas y teorías;
tenemos que ser profesionales y dar aquello que necesitan,
dice el padre Pepe.
Y algunos centros intentan hacerlo, sin dejar de lado
la fe en Cristo que es para ellos el pilar de su trabajo.
La Fundación Éxodo, creada en 1996 por
El Auditorium Cristiano, brinda techo, comida
y asistencia espiritual a niños rechazados, huérfanos
o adictos a las drogas.
Son dos casas-hogar que mantienen a unos 57 menores
entre nueve y 15 años, quienes reciben tratamiento
sicológico, actividades deportivas, escolares
y una modalidad que llaman terapia alimenticia,
poca comida pero en seis u ocho tiempos de al día.
Sin embargo, la aplicación de la fe es la base
del éxito de los tratamientos. Los ponemos
en contacto con el Padre celestial, porque el origen
de sus adicciones es la falta de un padre o una madre;
les hablamos de Dios y hacemos que entren en contacto
con Él. Eso nos ha traído resultados revolucionarios,
dice convencido el licenciado Rafael Mejía, director
de Éxodo.
Hasta el momento, unos diez niños han sido rehabilitados
y aunque no han salido del hogar llevan desde unos tres
meses hasta un año de abstinencia.

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Sin embargo, al menos uno
por mes no logra vencer sus adicciones y escapa del
hogar, una casa localizada en Santa Tecla, donde hay
una falla importante que vale la pena mencionar. El
día que la visitamos, el portero encargado de
cuidar a estos niños tenía un fuerte olor
a licor, algo que va en detrimento de los esfuerzos
que se libran ahí a diario.
Terapia en pantalones
cortos

Otra institución
que también aplica un fuerte componente espiritual
en sus tratamientos, pero además una estricta
disciplina es el Hogar Crea María Auxiliadora,
fundado por la iglesia católica Renovación
Carismática.
Sus tratamientos se basan en la fe, pero también
en el cumplimiento de 162 reglas para cada uno de los
internos, que deben cumplirlas durante 21 meses de internamiento.
Los solteros no hablan más de cinco minutos con
mujeres, no pueden salir más de 10 horas cada
dos sábados, no portan billetera, cincho o reloj,
sino después de un año de tratamiento.
Durante doce meses deben vestir pantalones cortos porque
se cree que han crecido cronológicamente, mas
no espiritual ni sicológicamente, usan
el cabello casi a rape y comienzan el día a las
cinco y treinta de la mañana.
Desde esa hora y durante todo el día asumen responsabilidades
domésticas: lavar, cocinar y limpiar. Ahí
se fomenta el espíritu de cooperación;
existen, por ejemplo, brigadas de comida que se encargan
de cocinarles a todos; de ropa, que lavan la vestimenta
de los 37 internos; de limpieza, de jardín y
de baños.
Si bien no hay talleres, la rehabilitación se
basa en una toma de conciencia sobre las adicciones
de cada uno y en al menos seis terapias individuales
diarias y seis grupales.
Es trabajo constante, todo el día pasan
ocupados, sometidos a reglas y a terapias sicológicas,
ocupacionales y espirituales. Lo que buscamos es una
toma de conciencia sobre qué los llevó
a adictos para enseñarles a superarlo,
dice Juan García, ex adicto y terapeuta.
Según el director, en CREA hay terapia hasta
en el ambiente, mensajes en las paredes o jardines que
incitan a un cambio y hablan de Dios, hasta ex adictos
siempre dispuestos aun a medianoche a brindar
apoyo a los recién llegados.
CREA funciona primero como una modalidad externa. Quienes
deciden ingresar llegan a la Oficina de Contacto del
hogar, donde se les evalúa y se les somete a
un proceso de desintoxicación de tres semanas.
Luego entran al hogar por un período mínimo
de 21 meses y máximo indefinido, cancelando cuotas
de 200 a 300 colones mensuales.
Durante los tres años que lleva funcionando,
catorce muchachos han sido rehabilitados; diez se mantienen
aún libres de drogas. Uno de ellos es su actual
director, un muchacho de escasos 20 años.
CREA sigue un modelo de rehabilitación similar
al que nació en Puerto Rico y que funciona en
unos seis países más, con singular éxito.
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