Vamos al especial

 
 

 

Sólo en San Salvador funcionan más de una treintena de hogares, clínicas y centros de rehabilitación de niños, jóvenes y adultos adictos. La metodología va desde curar a través de Cristo, apelar a una toma de conciencia e incluso usar fármacos.


 

‘Mientras en unos centros como “Teen Challange”, REMAR o la Fundación Éxodo, los muchachos o niños leen la Biblia, cantan himnos y asumen la responsabilidad de cuidar de sí mismos con la férrea convicción de que la fe en Dios los sacará del abismo de las drogas.
En otros lugares como el Hogar Crea María Auxiliadora y la comunidad Terapeútica de Ilobasco —la única a nivel gubernamental— se apela a una toma de una conciencia y a un proceso de estricta disciplina y responsabilidad.
Otros esfuerzos privados, como la “Clínica Médica Salvación” donde se pagan altas cuotas mensuales se aplica un tratamiento de desintoxicación a través de fármacos hasta terapias sicológicas.
Esta nota no pretende restar mérito a ninguno de estos sitios; intenta mostrar cómo funcionan, la demanda que existe y la necesidad que se tiene de que existan esfuerzos serios por rehabilitar a nuestros niños y jóvenes adictos, que cada día son más.

Rehabilitación a través de la fe

Unos 29 centros de rehabilitación cristianos funcionan en El Salvador. Estos buscan sacar a los niños, adolescentes y adultos de las drogas a través de la fe en Dios.
En sitios como REMAR, “Teen Challenge” o SER se busca también que cada adicto asuma responsabilidades, como lavar su ropa, cocinar o salir a la calle a vender “folders”, lápices, calendarios o “posters”, para ayudar a mantener la casa.
El problema de estos sitios, a juicio del doctor Nelson Mena, experto en adicciones y director de una clínica privada, es que la mayoría se apoyan únicamente en la fe y difícilmente creen en aspectos científicos o sicológicos de rehabilitación.
Según el padre Pepe Morataya, director del Polígono Industrial Don Bosco, el adicto necesita más que oraciones para dejar de consumir. “Yo entiendo que un mal hay que curarlo por las raíces. Si una persona tiene hambre, no le des un libro; si una persona necesita afecto, no le hables de ideas y teorías; tenemos que ser profesionales y dar aquello que necesitan”, dice el padre Pepe.
Y algunos centros intentan hacerlo, sin dejar de lado la fe en Cristo que es para ellos el pilar de su trabajo. La Fundación Éxodo, creada en 1996 por “El Auditorium Cristiano”, brinda techo, comida y asistencia espiritual a niños rechazados, huérfanos o adictos a las drogas.
Son dos casas-hogar que mantienen a unos 57 menores entre nueve y 15 años, quienes reciben tratamiento sicológico, actividades deportivas, escolares y una modalidad que llaman “terapia alimenticia”, poca comida pero en seis u ocho tiempos de al día.
Sin embargo, la aplicación de la fe es la base del éxito de los tratamientos. “Los ponemos en contacto con el Padre celestial, porque el origen de sus adicciones es la falta de un padre o una madre; les hablamos de Dios y hacemos que entren en contacto con Él. Eso nos ha traído resultados revolucionarios”, dice convencido el licenciado Rafael Mejía, director de Éxodo.
Hasta el momento, unos diez niños han sido rehabilitados y aunque no han salido del hogar llevan desde unos tres meses hasta un año de abstinencia.

 

Sin embargo, al menos uno por mes no logra vencer sus adicciones y escapa del hogar, una casa localizada en Santa Tecla, donde hay una falla importante que vale la pena mencionar. El día que la visitamos, el portero encargado de cuidar a estos niños tenía un fuerte olor a licor, algo que va en detrimento de los esfuerzos que se libran ahí a diario.

Terapia en pantalones cortos

Otra institución que también aplica un fuerte componente espiritual en sus tratamientos, pero además una estricta disciplina es el Hogar Crea María Auxiliadora, fundado por la iglesia católica Renovación Carismática.
Sus tratamientos se basan en la fe, pero también en el cumplimiento de 162 reglas para cada uno de los internos, que deben cumplirlas durante 21 meses de internamiento.
Los solteros no hablan más de cinco minutos con mujeres, no pueden salir más de 10 horas cada dos sábados, no portan billetera, cincho o reloj, sino después de un año de tratamiento.
Durante doce meses deben vestir pantalones cortos —porque se cree que han crecido cronológicamente, mas no espiritual ni sicológicamente—, usan el cabello casi a rape y comienzan el día a las cinco y treinta de la mañana.
Desde esa hora y durante todo el día asumen responsabilidades domésticas: lavar, cocinar y limpiar. Ahí se fomenta el espíritu de cooperación; existen, por ejemplo, brigadas de comida que se encargan de cocinarles a todos; de ropa, que lavan la vestimenta de los 37 internos; de limpieza, de jardín y de baños.
Si bien no hay talleres, la rehabilitación se basa en una toma de conciencia sobre las adicciones de cada uno y en al menos seis terapias individuales diarias y seis grupales.
“Es trabajo constante, todo el día pasan ocupados, sometidos a reglas y a terapias sicológicas, ocupacionales y espirituales. Lo que buscamos es una toma de conciencia sobre qué los llevó a adictos para enseñarles a superarlo”, dice Juan García, ex adicto y terapeuta.
Según el director, en CREA hay terapia hasta en el ambiente, mensajes en las paredes o jardines que incitan a un cambio y hablan de Dios, hasta ex adictos siempre dispuestos —aun a medianoche— a brindar apoyo a los recién llegados.
CREA funciona primero como una modalidad externa. Quienes deciden ingresar llegan a la Oficina de Contacto del hogar, donde se les evalúa y se les somete a un proceso de desintoxicación de tres semanas. Luego entran al hogar por un período mínimo de 21 meses y máximo indefinido, cancelando cuotas de 200 a 300 colones mensuales.
Durante los tres años que lleva funcionando, catorce muchachos han sido rehabilitados; diez se mantienen aún libres de drogas. Uno de ellos es su actual director, un muchacho de escasos 20 años.
CREA sigue un modelo de rehabilitación similar al que nació en Puerto Rico y que funciona en unos seis países más, con singular éxito.

 
 


Privados:
alto precio que pagar

En Santo Tomás, a 30 minutos de San Salvador, funciona una clínica privada de rehabilitación. Es una casa donde viven once adictos que mediante terapias y fármacos se esfuerzan por dejar la droga.

Según su director, el doctor Nelson Mena, especialista en adicciones, el tratamiento que dura aproximadamente un mes, durante el cual el paciente permanece ingresado incluye un proceso de desintoxicación basado en fármacos y cuatro terapias grupales e individuales por día .
“Es un plan terapéutico intensivo sujeto a tres reuniones grupales y a una indiviual, ejercicios diarios, relajación y meditación”, dice el galeno.
Los enfermos también están sometidos al ya conocido sistema de “doce pasos”, mismos que una vez cumplidos se traducen en la alta del paciente.
La clínica tiene capacidad para albergar a diez varones y dos mujeres y es atendida por el doctor Mena y cuatro ex adictos que trabajan como terapistas. No hay vigilantes; por eso algunos pacientes escapan. En lo que va del año ya lo hicieron tres.
Sin embargo, el porcentaje de efectividad es de un 44%, más alto de lo conocido a nivel internacional, dice el médico. “Las mejores clínicas de Estados Unidos tienen un porcentaje de cura de un 20%; acá hemos logrado tener casi el 44% y eso debido que es un trabajo directo”, explica.
Y la demanda es tal que casi nunca tiene una cama vacía. Sin embargo, no cualquiera puede acceder a los tratamientos ya que un mes de ingreso cuesta ¢7,500 colones, que incluyen alojamiento, alimentación y terapias.

 
 

En El Salvador sólo se cuenta con un hogar y la demanda es tal que hay 25 muchachos esperando entrar.
La esperanza es la construcción de otro hogar Crea en un terreno donado por personas altruistas. Por ahora se están reuniendo fondos para la construcción, porque no se cuenta con apoyo gubernamental, pese al valioso trabajo que se realiza.

Escríbanos

Ir a la parte 3 de éste artículo

Regresar a la parte I
de éste artículo.




Arriba
Derechos Reservados ®
Hablemos Online 1999 - 2000
elsalvador.com