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¿Cómo se ha logrado hacer
todo este enredo? Simple. Por medio del SIRyC, que es un proyecto sistematizado
de registros de propiedad inmobiliaria, único en el mundo, donde
se unen los procesos jurídicos y planímetros (catastro
o geográfico) de todas las parcelas de El Salvador en realidad
virtual.
El encargado de normar y administrar estos sistemas modernos de información
técnico-catastral actualizados y certificados en apoyo a la seguridad
jurídica es el Centro Nacional de Registros (CNR).
Con este sistema de información avanzada se pretende tener
medida la geografía nacional en un ciento por ciento, el que
hasta la fecha ha dado pasos grandes al ingresar en el computador todos
los municipios de los departamentos de Ahuachapán, Santa Ana
y Sonsonate, explica el licenciado Félix Safie, director
ejecutivo del CNR.
Esta nueva base de datos multidisciplinaria es un instrumento amigable,
que permite accesar en primera instancia a una ficha básica donde
se encuentra la información de carácter jurídico
(tracto sucesivo). Esta información es obtenida por titular,
tipo de transacción, localización geográfica o
por diferentes fuentes.
Con este nuevo software, que inició en 1997 con fondos
del Banco Mundial, se tiene todo el historial registral del inmueble
respectivo, desde los orígenes de la propiedad, quiénes
fueron sus primeros dueños y cuál es la dimensión
que posee.
A esto se unen las imágenes de todas las escrituras inherentes
al mueble respectivo o el que se desee consultar, es decir que el sistema
también se acompaña la parte geográfica (catastral
de cada uno de los inmuebles).
Este moderno sistema de registro y catastro surge como proyecto piloto
en el departamento de Sonsonate, en el que se definieron con exactitud
los linderos de cada una de las parcelas, desde la fotografía
aérea (ortofotos y restituciones), hasta la verificación
de derecho y delimitaciones de la zona rural y urbana.
El resultado obtenido fue la identificación plena de más
de 118,00 parcelas. Se obtuvo el mapa catastral en formato digital,
se delimitó la tenencia de la tierra en las áreas rurales
y urbanas, así como la multiplicación del tráfico
inmobiliario.
¿Cómo logró este reto el CNR? Por medio de un proceso
de almacenamiento formal y a la vez divertido de la información
e imágenes, donde todo lo legal (escrituras) plasmado en libros
se procesó y se transformó a calidad digital a través
de la digitalización (escaneo) de los textos y de los planos
de propiedad.

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Ya digitalizados se formó
un banco de datos eficiente, donde solo se necesita ubicar el nombre
completo de la persona y aparece hasta el último lindero o centímetro
de la propiedad. Para constatar la veracidad del mismo enviaron cuadrillas
de personas para medir el inmueble.
Este mecanismo trae grandes ventajas. Una es que la información
ya no puede ser manipulada en forma incorrecta; otra es que los libros
se deterioran de tanto utilizarlos y a la larga se destruían
las marginaciones en las escrituras.
Certeza
jurídica
Antes, tener la escritura en papel era
lo más importante según los salvadoreños. Lo material
era el derecho de posesión. Ahora ya no es así. Si tiene
registrada la propiedad a su nombre no hay de qué preocuparse
si pierde el escrito, ya que puede sacar una copia o certificacion literal,
como se le llama al proceso legal.
La seguridad jurídica que se desligaba de los libros hoy no es
mejor que la tecnología informatizada. Ambas son buenas y lo
que le genera este último es que la escritura, por sí
misma, tiene un respaldo gráfico, de tal manera que la propiedad
ahora está medida casi a la perfección con tecnologías
georreferenciadas que permiten ver de manera precisa las dimensiones
del inmueble.
Con el SIRyC, todo está georreferenciado, se tienen medidas
precisas. El hecho de tener información gráfica le da
más seguridad y derecho al propietario del inmueble, explica
Safie.

Este es un proyecto muy fructífero. Los salvadoreños ya
no van a ser víctimas de gente inescrepulosa que anda vendiendo
lotificaciones fantasmas. Todas las propiedades van a estar debidamente
actualizadas.
Además este software
es un ente simplificador ante los bancos, en caso de préstamos.
Las instituciones financieras ya saben sobre lo que le van a facilitar
a las personas, si es urbano o rural, y cuáles son las dimensiones
del terreno.
Otra de las ventaja del SIRyC es que se le pueden incorporar más
datos en caso de que la propiedad no se encuentre debidamente registrada.
Lo mejor de todo es que sólo se tarda menos de dos horas en incorporarlos,
cosa que antes se realizaba en semanas y en meses.
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La consulta de este nuevo
software es gratuita; por un principio registral es una
información pública. Sin embargo, si desea obtener impresiones
tiene que pagar los derechos que la ley indica sobre el servicio particular
que da la institución.
En la actualidad, el SIRyC está patentado. Algunos países,
como Mongolia, quieren implementarlo. Sin embargo, es el CNR quien administra
el proyecto y es el encargado de atender las solicitudes para brindar
las respectivas asesorías a quienes lo soliciten.
Para finales del 2002, según Safie, todos los registros se manejarán
con el SIRyC. Al tenerlos en el sistema se estará listo para
dar el salto cualitativo a la modernidad, es decir, las propiedades
podrán ser consultadas vía internet.
Este mecanismo, que pone en primer lugar al país en almacenamiento
de registros y catastro, es caro y complejo, y se ha hecho, no para
quitarle la propiedad a los salvadoreños ni ponerles impuestos,
sino para que tengan una escritura moderna que represente sus intereses
y sus derechos.
Primeros
pasos
* 1994: diseño del
proyecto SIRyC.
* 1996: arranca el proyecto por departamentos.
* 1997: se toma como proyecto piloto Sonsonate; finaliza en octubre
de 1998.
* 1998: en la Cumbre de presidentes realizada en Santiago
de Chile, los políticos establecieron un mandato de registros
de propiedades. Nombraron a Estados Unidos como responsable y a El Salvador
como co-responsable.
* 2000: el SIRyC ya posee toda la información accesible al público
en Sonsonate.
* 2001: está disponible la información digital en Santa
Ana y en Ahuachapán.

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