|

Bajo el inclemente sol que reposa sobre
las fértiles tierras del cantón Tajcuilujlan, en Nahuizalco,
Sonsonate, dos pequeños ejercitan sus menudas figuras arrancando
y removiendo el zacate y otras malezas que amenazan con ahogar la plantación
de cilantro.
Uno de ellos se llama Douglas Amílcar, el niño inquieto
del que hablan en la escuela de Pushtan, pero obediente y servicial;
el que tiene sus manos discapacitadas, pero destaca en la escritura
y en la lectura; el que proviene de una familia pobre, pero posee un
potencial intelectual y grandes aspiraciones.
Así se resume la vida de este niño de Pushtan (Nahuizalco),
que vive junto a su madre, Carmelina Pérez; su padrastro, Faustino
Maya, y cuatro de sus cinco hermanos, en una vivienda de adobe, piso
de tierra y un patio que es el escenario de sus juegos con chibolas
y pelotas junto a su amigo y vecino, Elías Ramos.
A simple vista no parece un niño inquieto como lo tildan. Más
bien parece tímido, pero eso sí, muy sonriente. Aun en
medio de faenas duras sobre la tierra que cultiva junto a su hermano
Juan Alberto y su padrastro, Douglas Amílcar mantiene la sonrisa
a flor de labios.
Como muchos niños rurales, reparte su tiempo entre el trabajo
y la escuela, porque el cultivo de la tierra le asegura aunque
con escasez comida y ropa. Por la mañana estudia segundo
grado en la escuela de su cantón, por las tardes ayuda a cultivar
hortalizas y flores que su padrastro vende en el mercado La Tiendona
de San Salvador.
Pese a tener sus manos lisiadas, producto de graves quemaduras sufridas
cuando era bebé, Douglas desarrolla con normalidad todas estas
actividades porque desde pequeño se las ha ingeniado para demostrar
que no hay mayores obstáculos para él. No sé
cómo le hace, pero agarra la cuma y se hace sus fainitas (tareas),
cuenta su madre.
La madre de su padrastro, en cuya casa residen, también dice
admirarse por la manera en que este pequeño manipula las chibolas
y juega sin dificultad, pero lamenta que no pueda hacerlo con esferas
grandes como pelotas o naranjas.
En la escuela donde estudia, los profesores se sorprenden cómo
Douglas no encuentra tropiezos cuando se le manda a barrer o a trapear.
Inmediatamente toma la escoba o los trapeadores y limpia las instalaciones
que dice amar y en el que cifra sus esperanzas de alcanzar por lo menos
el noveno grado.
Alumno capaz
Douglas es admirado en su escuela, especialmente
por sus profesores, quienes ven en él un ejemplo de obediencia,
espíritu de servicio y, sobre todo, de inteligencia y potencial
que pocos poseen. Por eso, profesores como Franklin Santos y María
Auxiliadora Rodríguez, la directora de la institución,
muestran especial interés en su recuperación.
La tenacidad de Douglas en salvar la mayoría de obstáculos
que se le han presentado en sus nueve años de existencia le ha
valido ese reconocimiento de sus maestros y de sus vecinos, aun de su
misma familia. Ayuda bastante a desyerbar y a retirar el monte,
pero yo veo que le gusta la escuela, así que yo le digo que mejor
estudie, que yo le ayudo hasta donde pueda, dice su padrastro.
Y es que Douglas no sólo es capaz de agarrar la cuma o arrancar
con sus manos la mala yerba, sino también de escribir correctamente.
Destaca especialmente en lectura y escritura. Es muy inteligente,
afirma su ex-profesor Franklin Santos.
Su profesora actual, María Auxiliadora Rodríguez, dice
que la capacidad de Douglas va más allá de la habilidad
para escribir. Destaca en sus estudios, especialmente en el cálculo
matemático, refiere.
A pesar de la admiración que recibe por su habilidad para escribir,
trabajar y jugar con sus manos deformadas, y sus dotes de inteligencia,
para Douglas esto no es suficiente; él quiere recuperar la movilidad
completa de sus dos manos.

|
|

|
Siempre con una sonrisa
en sus labios, no se cansa de repetir que su mayor deseo es ser
operado de sus manos, porque entre otras cosas le da pena tenerlas
así. No siente temor por la cirugía que puedan hacerle.
Está seguro que tras esa intervención volverá
a lo que él llama la normalidad.
Él me ha manifestado su deseo de ser como todos.
Si hoy se siente mal por su problema en las manos, ¿cómo
se sentirá cuando sea mayor?, reflexiona el profesor
Santos.
Elías, su amigo de juegos, dice que la única vez
que ha escuchado una burla de algunos compañeros fue cuando
veían que no podía escribir, pero porque no conocían
su limitación. Ahora ya no dicen nada, todos sabemos
que desde pequeño quedó asi por las quemaduras,
dice Elías.
Día fatal
Y en efecto, la deformación
en las manos de este pequeño ha sido una mala jugada de
la vida. Cuando contaba con siete meses de edad y gateaba
cerca de la cocina de leña que estaba en el suelo, por
un descuido de su abuela (casi ciega) le dio vuelta a una jarrilla
de café hirviente y se la derramó sobre sus pequeñas
manos.
Tras aquel accidente, la abuela no pudo luchar durante tres horas
contra las terribles inflamaciones y el llanto inconsolable del
pequeño Douglas hasta que su madre llegó de canastear
(venta ambulante en canasto) de Nahuizalco y se lo llevó
al hospital nacional de Sonsonate.

¿Hay algo que te gustaría
hacer y no puedes? preguntamos.
Sí: trabajar contesta con voz casi imperceptible.
Lo ingresaron por ocho días
y luego me lo entregaron, pero con sus manitas que todavía
estaban al rojo vivo. Después lo estuvimos llevando al
Hospital Bloom, donde lo iban a operar, pero sólo el gasto
en pasajes (de autobÚs) y la comida nos salía demasiado
caro, y usted sabe que a uno de pobre no le alcanza. Así
que dejamos de ir, dice la madre.
Hace unos tres años lo operaron de una mano en el hospital
de Sonsonate, pero su familia no le vio la mejoría, así
que ya no intentaron una nueva intervención quirúrgica.
Estoy conforme con que crezca así, pero si alguien
se interesara en ayudarlo, yo hago otra vez el intento,
dice Carmelina.
El padrastro Faustino dice no tener mucho tiempo para gestionar
una posible operación porque debe atender su plantación
para prodigar el sustento a sus seis hijos (entre hijos e hijastros)
y uno más que viene en camino, pero hará un esfuerzo
por apoyar otro intento para que Douglas tenga sus manos
alentadas.
|
|


Los profesores Rodríguez
y Santos también se emocionan al imaginar que alguien pueda
financiar una cirugía para Douglas. Aquí vemos
cómo le hacemos para llevarlo a donde sea necesario,
afirman esperanzados.
Pero Douglas es el mayor interesado en que sus manos sanen y sean
iguales a las de sus compañeros de escuela, quienes las
abren y cierran con facilidad, manipulan los objetos redondos
que él no puede. Por el momento se conforma con mover las
puntas de sus dedos y acomodar sus manos para desarrollar dos
actividades que le apasionan: estudiar y trabajar.

|
|