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No hay ninguna edificación construida,
pero los lugareños lo llaman "Puerto Santa Lucía",
y aunque parece un lugar donde el aburrimiento baila con los que manejan
los "ferries", el trabajo es constante y comienza desde las
cinco de la mañana y termina a las seis de la tarde, durante los
365 días del año.
A los pobladores de Nuevo Edén de San Juan, San Gerardo y San Luis
la Reina, entre otros pueblos del norte de San Miguel, les resulta más
fácil viajar hacia Ciudad Dolores y Sensuntepeque en vez de dirigirse
a la cabecera migueleña, por lo que han hecho del Lempa el paso
frecuente para transportarse.
A raíz de esto han surgido dos empresarios que han sabido aprovechar
las necesidades de transporte de los lugareños, por lo que han
establecido el servicio de "ferries" a un costo que sobrepasa
los 600,000 colones.
Es así como de un lado hacia otro se transportan pasajeros, autobuses,
camiones, carros livianos, gente con carga, caballos y ganado, desde un
precio que oscila entre los dos colones por cada pasajero, ¢30 los
carros livianos hasta 100 colones por un camión con carga.
Una parte de los que utilizan las balsas -así han bautizado a los
"ferries"- viaja desde el norte migueleño hasta San Salvador,
pasando por Ciudad Dolores (antes Villa Dolores) para llegar luego a Sensuntepeque.
Con esto aseguran que se ahorra tiempo y combustible.
Otros, en cambio, visitan los poblados de Cabañas para hacer sus
compras en el mercado o para entablar negocios, y algunos para trabajar,
visitar familiares o sus conquistas amorosas.

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Terminó
el monopolio
En un principio, los habitantes del oriente
de Cabañas con el norte de San Miguel estaban incomunicados; luego,
frente a la necesidad de viajar empezaron a utilizar canoas para pasar
de un departamento a otro.
Tiempo después el paso se hacía con lanchas de motor, pero
existía el inconveniente de que los vehículos sólo
llegaban hasta la orilla y de ahí se regresaban. Todo cambió
cuando a alguien se le ocurrió poner a trabajar un "ferry".
De esta manera, a un costo de 350,000 colones fue construido un transbordador,
que inició operaciones en 1995. Este aparato fue hecho con una
longitud de 12 metros de largo, cinco metros de ancho, y utiliza un motor
de 200 caballos de fuerza.
Fue el 15 de enero de este año que comenzó a funcionar el
segundo transbordador.

Este nuevo aparato fue construido a un precio
de 264,000 colones, y nació porque los empresarios de buses que
conectan a Ciudad Dolores con Nueva Edén de San Juan no pudieron
llegar a un acuerdo económico con el dueño del primer "ferry",
por lo que optaron por construir su propia aparato.
"A los patrones les salía más barato construir su propia
balsa que pagar lo que exigían los propietarios de la otra balsa",
asegura Nelson Castillo, conductor del segundo transbordador y quien asegura
que le gusta mucho su trabajo, que le deja una ganancia de 75 colones
diarios.
Este segundo "ferry" tiene una longitud de 13 metros y un ancho
de cinco metros, y usa un motor de 150 caballos de fuerza. Este espacio
permite transportar hasta seis carros livianos de una vez o un bus con
un "pick up".
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Ambos aparatos trabajan todo el año,
aun cuando el río disminuye su caudal en el verano o lo aumenta
en el invierno. "Sólo para el 'Mitch' dejó de trabajar
la otra balsa durante tres días, porque entonces se volvió
difícil manejarla", recuerda Castillo.
Durante los días malos, cada uno de los transbordadores puede hacer
hasta siete viajes, en un recorrido que dura un casi cinco minutos de
una orilla del Lempa hacia la otra.
El nuevo "ferry" le quitó el monopolio al primero, cuyo
conductor acepta que esto le ha disminuido usuarios, pero que el negocio
siempre es rentable. Ahora cada uno tiene su propia clientela, pero cuando
a veces los dos están en la misma orilla es el cliente quien decide
quién hará el viaje y en otras ocasiones son los mismos
conductores que se ponen de acuerdo.
"Cuando había uno era difícil el paso porque era lento,
pero hoy ha mejorado mucho; el problema es la calle que conduce a Nuevo
Edén de San Juan, porque necesita que sea mejorada. Está
muy deteriorada", menciona Fidel Antonio Rodríguez, encargado
de la oficina de correos en Ciudad Dolores y quien utiliza el "ferry"
cada ocho días.
Pero mientras llega la reparación de la calle, en el río
Lempa los "ferries" no dejan de trabajar, y cuando la clientela
no llega y el aburrimiento se asoma, Castillo tiene una ingeniosa forma
de distraerse: toma su arpón y se lanza al río, para atrapar
los peces más grandes, los que servirán para una suculenta
comida, faena que es interrumpida cuando algún viajante solicita
su servicio.
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