22 de abril de 2001

La falta de un puente sobre el río Lempa para unir Cabañas con el norte de San Miguel no ha sido tropiezo para la comunicación y el transporte gracias a dos transbordadores que atraviesan el afluente en cualquier época del año.


Escríbanos

No hay ninguna edificación construida, pero los lugareños lo llaman "Puerto Santa Lucía", y aunque parece un lugar donde el aburrimiento baila con los que manejan los "ferries", el trabajo es constante y comienza desde las cinco de la mañana y termina a las seis de la tarde, durante los 365 días del año.
A los pobladores de Nuevo Edén de San Juan, San Gerardo y San Luis la Reina, entre otros pueblos del norte de San Miguel, les resulta más fácil viajar hacia Ciudad Dolores y Sensuntepeque en vez de dirigirse a la cabecera migueleña, por lo que han hecho del Lempa el paso frecuente para transportarse.
A raíz de esto han surgido dos empresarios que han sabido aprovechar las necesidades de transporte de los lugareños, por lo que han establecido el servicio de "ferries" a un costo que sobrepasa los 600,000 colones.
Es así como de un lado hacia otro se transportan pasajeros, autobuses, camiones, carros livianos, gente con carga, caballos y ganado, desde un precio que oscila entre los dos colones por cada pasajero, ¢30 los carros livianos hasta 100 colones por un camión con carga.
Una parte de los que utilizan las balsas -así han bautizado a los "ferries"- viaja desde el norte migueleño hasta San Salvador, pasando por Ciudad Dolores (antes Villa Dolores) para llegar luego a Sensuntepeque. Con esto aseguran que se ahorra tiempo y combustible.
Otros, en cambio, visitan los poblados de Cabañas para hacer sus compras en el mercado o para entablar negocios, y algunos para trabajar, visitar familiares o sus conquistas amorosas.

 

Terminó el monopolio

En un principio, los habitantes del oriente de Cabañas con el norte de San Miguel estaban incomunicados; luego, frente a la necesidad de viajar empezaron a utilizar canoas para pasar de un departamento a otro.
Tiempo después el paso se hacía con lanchas de motor, pero existía el inconveniente de que los vehículos sólo llegaban hasta la orilla y de ahí se regresaban. Todo cambió cuando a alguien se le ocurrió poner a trabajar un "ferry".
De esta manera, a un costo de 350,000 colones fue construido un transbordador, que inició operaciones en 1995. Este aparato fue hecho con una longitud de 12 metros de largo, cinco metros de ancho, y utiliza un motor de 200 caballos de fuerza.
Fue el 15 de enero de este año que comenzó a funcionar el segundo transbordador.

Este nuevo aparato fue construido a un precio de 264,000 colones, y nació porque los empresarios de buses que conectan a Ciudad Dolores con Nueva Edén de San Juan no pudieron llegar a un acuerdo económico con el dueño del primer "ferry", por lo que optaron por construir su propia aparato.
"A los patrones les salía más barato construir su propia balsa que pagar lo que exigían los propietarios de la otra balsa", asegura Nelson Castillo, conductor del segundo transbordador y quien asegura que le gusta mucho su trabajo, que le deja una ganancia de 75 colones diarios.
Este segundo "ferry" tiene una longitud de 13 metros y un ancho de cinco metros, y usa un motor de 150 caballos de fuerza. Este espacio permite transportar hasta seis carros livianos de una vez o un bus con un "pick up".

 

Ambos aparatos trabajan todo el año, aun cuando el río disminuye su caudal en el verano o lo aumenta en el invierno. "Sólo para el 'Mitch' dejó de trabajar la otra balsa durante tres días, porque entonces se volvió difícil manejarla", recuerda Castillo.
Durante los días malos, cada uno de los transbordadores puede hacer hasta siete viajes, en un recorrido que dura un casi cinco minutos de una orilla del Lempa hacia la otra.
El nuevo "ferry" le quitó el monopolio al primero, cuyo conductor acepta que esto le ha disminuido usuarios, pero que el negocio siempre es rentable. Ahora cada uno tiene su propia clientela, pero cuando a veces los dos están en la misma orilla es el cliente quien decide quién hará el viaje y en otras ocasiones son los mismos conductores que se ponen de acuerdo.
"Cuando había uno era difícil el paso porque era lento, pero hoy ha mejorado mucho; el problema es la calle que conduce a Nuevo Edén de San Juan, porque necesita que sea mejorada. Está muy deteriorada", menciona Fidel Antonio Rodríguez, encargado de la oficina de correos en Ciudad Dolores y quien utiliza el "ferry" cada ocho días.
Pero mientras llega la reparación de la calle, en el río Lempa los "ferries" no dejan de trabajar, y cuando la clientela no llega y el aburrimiento se asoma, Castillo tiene una ingeniosa forma de distraerse: toma su arpón y se lanza al río, para atrapar los peces más grandes, los que servirán para una suculenta comida, faena que es interrumpida cuando algún viajante solicita su servicio.

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