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El maltrato a mujeres, niñas y niños
es un fenómeno que se ha convertido en el pan de cada día
de muchas familias salvadoreñas. Aunque se han incrementado las
denuncias, aún no se descorre el velo en su totalidad, ya sea por
por vergüenza, temor al victimario o por considerarse un asunto privado.
Uno de los últimos casos atendidos por el Instituto Salvadoreño
para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) es el de Armida Castro, de 32
años, quien denunció el maltrato físico, verbal y
sicológico del que era víctima por parte de su compañero
de vida.
"Sos una p... ya venís de c... con otros hombres", eran
los insultos que a diario escuchaba de su pareja, quien, enferma de celos,
la obligó a quedarse en casa y dejar a medias su carrera de licenciatura
en enfermería.
En más de una oportunidad este mismo hombre, temeroso de que ella
se atreviera a terminar la relación de ocho años y preso
de cólera la amenazó con quitarle la vida y luego hacerlo
él.
Al hechor se le impuso como restricción no visitarla ni asediarla;
sin embargo, optó por quitarle a su única hija de seis años,
pese a que la custodia estaba bajo tutela de Armida, quien cabizbaja admite
"En un descuido, él me la quitó y no me deja verla".
Solo de enero a marzo del presente año, el Programa de Saneamiento
de la Relación Familiar, de ISDEMU, atendió 832 casos de
mujeres maltratadas y agredidas sexualmente.
La doctora Elisa Ayala, encargada del proyecto, sostiene que esta violencia
ha girado en dos piedras angulares: la primera es la social, donde son
tratadas por el hombre como propiedad, y la segunda es la noción
difundida por el resto de la sociedad de que el hogar es un lugar privado,
donde no deben intervenir extraños (vecinos y amigos).
Atentar contra la mujer se califica como cualquier acción o conducta
basada en su género que cause muerte, daño o sufrimiento
físico, sexual o sicológico, tanto en el ámbito público
como en el privado. Así lo reza el artículo uno de la convención
Belém Do Pará, aprobado en el país el 23 de agosto
de 1995.
La violencia intrafamiliar es un ciclo vicioso desarrollado en tres fases:
acumulación de tensión, agresión y reconciliación,
que se presentan en forma regular, por separados y en diferentes períodos.
Mientras más veces se complete, será más frecuente.
Cultura
machista
Entidades no gubernamentales
sostienen que la violencia intrafamiliar depende de la relación
desigual de poder, donde el hombre es el centro de la acción humana
que tiene todos los derechos y puede dirigir la vida de las mujeres, niñas
y niños como le dé la gana.
"Socialmente siempre se acepta que quien lleva los pantalones en
la casa es el hombre, y la mujer debe respetar y cuidar al esposo o compañero
de vida", dice Doris Montenegro, coordinadora del Programa Salud
y Violencia del Instituto de Estudios de la Mujer "Norma Virginia
Guirola de Herrera" (CEMUJER).
La especialista explica que la agresividad familiar está enraizada
en el machismo y en los antiguos patrones de crianza, ya que el hombre
entiende que debe aplastar a la mujer y ésta que debe permitirle
el atropello.
A las niñas se le sigue educando en el trabajo doméstico;
los mismos juegos están diseñados para labores del hogar,
y se les enseña a ayudar a la mamá, para servir a los hermanitos
y al padre.
Caso contrario, el varón, quien es libre de ejercer todos sus derechos,
juega pelota en la calle y al llegar a la adolescencia es casi una obligación
que desarrolle su sexualidad. Un joven de 14 años no es hombre
si no ha tenido relaciones sexuales. Para esto hay presión social
de grupo (padre, padrino, tíos y amigos), asegura Montenegro.
La sociedad misma transmite los patrones culturales diferenciados de comportamiento,
y esta desigualdad hace que el sexo masculino tenga poder dentro de la
relación familiar, factor que se ve normal por todos los salvadoreños.
Para muestra un ejemplo. En el país todavía es legal, en
términos generales, que un marido viole a su mujer, está
en todo su derecho y nadie tiene que meterse. Si es denunciado y remitido
a los tribunales de la famila, solo se le imponen medidas cautelares y
preventivas.
Un informe rendido por el Instituto Universitario de Opinión Pública
(IUDOP) a principios del 2000 muestra que el principal problema que afecta
a las mujeres salvadoreñas es el machismo, a tal grado que el sector
social femenino más dañado es el alto con un 17.1%, seguido
del medio bajo con 16.8% y el de menor escala es el rural con un 9.7%.
Todos
somos iguales
Aunque las personas
nos diferenciemos en edad, estatura, color y sexo, ninguno es inferior
a otro. Así lo sustenta el artículo uno de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, que confirma que todos los seres humanos
nacemos libres e iguales en dignidad.
La licenciada Evelyn Núñez, jueza del Juzgado Tercero de
Familia del Centro Judicial "Isidro Menéndez", añade
algo más a este principio: la obligación de toda la familia
a tratarse con respeto.
"El ser distintos entre sí no quiere decir que unos sean superiores
a otros; abusar de la fuerza, la autoridad o de cualquier otro poder que
se tenga violenta la tranquilidad de uno o varios del núcleo familiar",
dice convencida.
Los casos de violencia intrafamiliar son como las noticias diarias que
nunca faltan, indica la jueza, quien trae a su memoria dos situaciones
impactantes atendidas en fecha reciente originadas en San Vicente.
En el primero, un hombre enloquecido de celos escribió con una
hoja de afeitar en las piernas de su esposa el más duro insulto
"Pu..." . Un segundo montó en cólera al conocer
que su compañera le daría un hijo que él no deseaba,
e irritado la golpeó hasta que la hizo abortar.

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A estos dos incidentes
se suman cientos que duermen en la clandestinidad, debido a que la mayoría
de mujeres no los denuncian, temerosas de sufrir represalias por sus compañeros
de vida, explica el cabo Tomás Reyes, jefe de la sección
Familia y Menor, delegación centro de la Policía Nacional
Civil.
Esta división reporta en lo que va del año 97 casos atendidos,
de los cuales, el 50% representa lesiones; un 15%, desobediencia en caso
de violencia intrafamiliar; 12%, amenazas; 5% violaciones. El resto, agresiones
sexuales y abuso de corrección a menores.
La Policía Nacional Civil y los juzgados convergen en una cruel
realidad: están atados y no pueden actuar ante los delitos por
maltrato sicológico, situación poco documentada y que nunca
se valora, lo que inhibe a muchas mujeres a no denunciar.
Papá,
principal verdugo
El maltrato es rara
vez un hecho aislado entre pareja. También la niñez es mártir
de la maltratos en el seno del hogar y es la más vulnerable.
"Las niñas y los niños merecen sentirse queridos. Se
supone que la familia es el lugar donde la sociedad espera lo mejor y
es todo lo contrario; no se potencia el desarrollo y la creatividad de
ellos. Es una tortura", dice María Margarita Velado, coordinadora
del equipo erradicación de la violencia genérica de las
Mujeres por la Dignidad y la Vida (Dignas).
La sociedad, continúa, exige una niñez creativa, inteligente,
positiva y activa, pero si en un hogar tenemos un padre que niega las
posibilidades del desarrollo, crea en sus pequeños una autoestima
baja y negativa.
Datos de la Clínica de Atención Integral a Mujeres, Niños
y Niñas de CEMUJER y "Save the Children" de Suecia (septiembre/2000
y febrero /2001) revelan que los agresores en su mayoría son los
padres, quienes golpean a los infantes en la cabeza, dañan su integridad
emocional por medio de gritos y llegan hasta acosarlos sexualmente.

A estos se suman los
casos atendidos este año por el Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor (ISPM) que reporta 162 incidentes, de los cuales
136 son abusos físicos y mentales de niños, cifras que incluyen
15 por abuso sexual y 11 violencia intrafamiliar.
Los que maltratan pueden aprender a ser responsables de su propio comportamiento,
de conocer modos no violentos de actuar o comunicarse. Obviamente, si
no hay cambios, lo mejor es la denuncia.
Delatar a quien abusa evita secuelas severas y hasta homicidios, como
el incidente aún fresco en la población salvadoreña,
donde una madre trastornada por sus crisis conyugales descargó
el odio contra sus dos pequeños hijos, disparándoles hasta
causarles la muerte. ¿Por qué esperar llegar a los límites
de la violencia?
Ayuda
por teléfono
Teléfono Amigo
(ISDEMU), San Salvador: 260-4040; Santa Ana: 440-6888; San Miguel 660-2977.
CEMUJER: 225-5812.
Dignas: 225-8944.
ISPM: 280-4312.
Leyes
que respaldan
Código
Penal
Artículo 200. El que ejerciere violencia sobre su cónyuge
o sobre la persona con quien conviviere maritalmente o sobre sus hijos
o los hijos de aquellos, sujetos a la autoridad parental, pupilo menor
o incapaz sometido a su tutela o guarda o en sus ascendiente, por medio
de actos que no tengan una pena mayor señalada en este Código,
será sancionado con prisión de uno a seis años.
Desobediencia
en casos de violencia intrafamiliar
Artículo 388-A. El que desobedeciere una orden o medida preventiva
cautelar o de protección dictada por autoridad pública en
aplicación de la Ley contra la Violencia Intrafamiliar será
sancionado con prisión de uno a tres años.
Hechos
importantes
Datos registrados
por Unidad del Menor y la Mujer de la Fiscalía General de la República,
de enero 2000 a febrero 2001, reportan 676 casos de violencia intrafamiliar,
333 de abuso de corrección; 3,703 lesiones; 2,670 casos de amenaza;
1,461 violaciones; 478 agresiones sexuales y 382 casos de acoso sexual.
De esta totalidad, en el 90% de los casos, los agresores son el padre
y el padrastro.
De 79 mujeres asesinadas
entre septiembre/2000 y febrero/2001, el 43% fue a manos de esposos, ex-esposos
y convivientes. Así lo registra la clínica de atención
integral de CEMUJER.
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El
informe de la Red para la Infancia y la Adolescencia difundido en febrero
de este año muestra que siete de cada 10 niñas y niños
en los hogares salvadoreños son víctimas de violencia.
El 80% es física, 70% sicológica y 40% sexual.
La
UNICEF en su documento "Detengamos la violencia contra los adolescentes"
(1999) registra que en América Latina y el Caribe anualmente
un aproximado de seis millones de niños y niñas sufren
agresiones físicas severas; de ellos 80 mil mueren.
América
Guirola, directora de CEMUJER
"La relación de poderes existente entre hombres y mujeres
es un factor histórico, cultural y de orden social. Este machismo
no se puede superar. Si no no existiéramos nosotras".

María
Velado, de las Dignas
"La violencia intrafamiliar es una tortura, porque la mujer está
sistemáticamente al alcance de su agresor; es maltratada, acorralada
y se le niegan todos los derechos. No hay tiempo de descanso. El hombre
mantiene el control sobre la mujer".

Evelyn
Roxana Núñez, jueza del Juzgado Tercero de Familia
"De los 27 casos que he atendido durante estos tres meses, el 90%
de las agresiones dirigidas a las mujeres es cometidas por hombres y el
10% de delitos ocasionadas a infantes es por las mujeres, como resultado
de las mismas presiones emocionales y sicológicas hechas por el
victimario. La violencia intrafamiliar no respeta niveles educativos,
económicos y sociales. Yo he atendidos casos donde los agresores
son odontólogos, abogados, médicos, ingenieros y maestros".

Doctora
Elisa Ayala, del ISDEMU
"La familia es lo más importante para una sociedad en vías
de desarrollo, pero un núcleo familiar donde no hay amor, comprensión,
igualdad y solidaridad no puede formar personas respetuosas y buenas.
El que abusa crea y controla situaciones sobre las cuales la víctima
no tiene ningún recurso para reaccionar y mientras el ciclo de
la violencia se completa ininterrumpidamente, más violenta será".

Cabo
Tomás Reyes (PNC)
"Las víctimas provienen de todos los sectores de la vida,
bajos o altos ingresos, de todas las edades, de cualquier religión;
hasta de la misma corporación policial hemos atendido, en su mayoría
denunciados por los vecinos y no por la familia. El que maltrata está
a merced de sus emociones y casi siempre los encontramos en la casa. El
problema que tenemos es que la mayoría es de origen sicológico,
violencia que humilla y denigra a la mujer y no se está tomando
como se debe".
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