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Hasta hace unos meses y con cierta dificultad,
Rafael Valenzuela todavía caminaba a su escuela en el cantón
San Isidro (Izalco), para proseguir sus estudios de octavo grado. Pero
un día de estos abandonó sus cuadernos y no salió
más allá del patio de su casa.
Se me doblan las rodillas y cuando corro o camino bastante me
duelen los pies; rápido me canso. No tengo fuerzas ni para levantarme.
Me duele de la espalda para abajo y la cabeza, también siento
mareos. Sólo paso sentado, refiere este jovencito.
Rafael es el mayor de tres hermanos que comparten un mismo destino:
sufrir los efectos de la distrofia muscular, una enfermedad rara en
el país y en el mundo que degenera los músculos del cuerpo
y se manifiesta en debilidad, que progresa lenta o rápidamenete
según el tipo de distrofia.
Antes de los 13 años, Rafael jugaba al fútbol, caminaba
largos trechos y estudiaba como cualquier chico de su edad, pero de
pronto todo se desvaneció, su peso empezó a decaer y el
dolor comenzó a recorrer pies, rodillas y piernas.
Hasta el sexto grado estudié bien, el séptimo grado
me costó bastante y ahora en octavo grado ya no pude seguir.
Me siento muy débil, relata Rafael.
Su mamá, Celia Valenzuela, lo llevó al médico hace
dos años, pero éste le dijo que la enfermedad no tiene
cura ni tratamiento, y sólo lo remitieron a fisioterapia.
Pero Rafael dice no sentir fuerzas para hacer las pechadas y abdominales
que le recomendaron hacer en el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación
de Inválidos (ISRI) de Santa Ana. Dice el doctor que es
de nacimiento esta enfermedad, pero en la familia sólo nosotros
la tenemos, dice al referirse a su caso y el de sus hermanas Alba,
de 14 años, y Glenda, de 12.
Mal
genético
Según el neurólogo
Mario Rivas Argueta, las distrofias musculares son enfermedades de origen
desconocido, casi siempre hereditarias y se clasifican por el patrón
de herencia, edad de comienzo, progresión de la enfermedad y
los músculos afectados.
El caso de los hermanos Valenzuela es, para el doctor Rivas, una clara
señal de que obedece a causas hereditarias. Aunque los
padres no tienen la distrofia, sí tienen el gen y al concebir
sus hijos, los dos genes (recesivos) se juntaron; se volvieron dominantes
y es cuando la enfermedad se manifiesta, explica el galeno.
También añade que cuando una pareja tiene este problema,
lo mejor es que se esterilicen porque todos los hijos que sigan concibiendo
padecerán la enfermedad. Prevenir hijos libres de distrofia implicaría
hacerse un estudio antes de engendrar una familia.
Celia aún desconoce esto y por eso sigue preguntándose
cómo es que en la familia es la única que no ha tenido
hijos alentados.

A pesar
de su enfermedad los hermanos tratan de vivir una vida normal.
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También debe resignarse
a contemplar como se agudizan cada día los efectos de la distrofia
en sus tres descendientes, y que tarde o temprano los postrará.
Por hoy todavía caminan, aún cuando lo hacen tambaleantes
y deforman sus piernas, pecho y brazos. El doctor Rivas dice que estas
posturas no tienen nada que ver los deformación de los huesos
y que la misma debilidad los hace adoptar posturas anormales de
los miembros (del cuerpo).
Sin asegurar el tipo de distrofia que padecen estos jovencitos pues
tendría que examinarlos, el doctor Rivas cree que por las
referencias pueden estar siendo afectados por la distrofia de cintura
o por la facioescapulohumeral, que afecta los músculos de la
cadera y de la rodillas, entre otros.
Esta distrofia que probablemente padecen puede tener el promedio
normal de vida, sólo que poco a poco van teniendo más
debilidad porque la progresión es lenta, hasta que quedan discapacitados.
El problema con esta enfermedad es que no hay tratamiento específico
en ninguna parte del mundo, afirma el doctor Rivas.
Por eso, la supervisión médica se limita a recomendaciones,
como mantener la higiene; alimentación nutritiva, porque tienen
tendencia a engordar debido a su baja actividad, y terapia física
adecuada de estimulacion para todos los grupos musculares.
Estos pacientes no mueren a causa de la enfermedad propiamente, sino
por alguna complicación originada en su debilidad, entre las
que destacan las infecciones pulmonares, como neumonías, porque
los afectados tienen mal manejo de sus secreciones, que pueden dirigirse
a los pulmones.
Aunque estas complicaciones no han llegado a la vida de los hermanos
Valenzuela, su juventud está llena de limitantes. Rafael y Alba
están confinados al encierro en su casa, donde los cuida su madre,
quien los sostiene con una pequeña ayuda económica que
le envía su madre de los Estados Unidos, ya que el padre los
abandonó.
Sus
limitantes
Glenda, la más pequeña, aún
asiste a la escuela, pero su madre dice que ya no camina normal y teme
que pronto termine en su casa, al igual que sus hermanos, con una vida
sedentaria en su casa y lejos de la escuela, aun cuando su vida académica
no haya sido tan fructífera.
Alba no pasó del segundo grado a causa de un leve retardo mental,
que sufre aparte de la distrofia; Rafael logró llegar al octavo
grado, y Glenda ha tenido que repetir varios años el primer y
el segundo grados para alcanzar el tercero.
La ex-profesora de Rafael, Glenda y Alba, Edith de Sánchez, recuerda
a Rafael como un estudiante que se esforzaba por aprender, contrario
a Alba, quien era muy susceptible a todo y lloraba peor que una
niña, aparte de que no asimilaba nada en el estudio. Los
tres tienen deficiencia en el aprendizaje, resume la profesora
Edith.
Aun con esta deficiencia, Glenda asiste sin falta a clases, pero no
socializa con sus compañeros y se queja por todo. No es
una estudiante normal, únicamente copia lo que ve escrito en
la pizarra, pero no es capaz de transcribir un dictado. No capta los
conocimientos, comenta su profesora, Emma Ayala.
Sus compañeritos no conocen sobre la enfermedad que sufre Glenda
y si lo supieran quizá no lo entenderían, pero un día
ya no la verán más sentada en su pupitre porque su intelecto
se deteriora y sus fuerzas desaparecerán como ocurriera con su
hermano Rafael.
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La debilidad
muscular hace que estos jóvenes caminen con dificultad, adoptando
posturas anormales.
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Tipos
de distrofia
Existen
por lo menos unos nueve tipos de distrofia, pero las más
frecuentes son:
Duchenne: afecta a hombres. Comienza a los cuatro años;
afecta los músculos de la pelvis, la parte superior de
piernas y de los brazos; también puede afectar el miocardio
y el coeficiente de inteligencia. Tiene una manifestación
y progresión rápidas. Problemas respiratorios marcan
la etapa final de la enfermedad y el paciente muere entre los
20 y los 30 años de edad.
De Becker: sus indicios, síntomas y el desarrollo son similares
a las de Duchenne, así como los músculos que afecta
y que esté ligada al sexo masculino; sin embargo, la edad
en que se manifiesta antes de los doce años puede producir
ceguera para el color y es una forma menos grave que la de Duchene
porque los pacientes tienen mayores expectativas de vida.
La de cintura: afecta los músculos de la cadera y los pectores
de la rodilla. Se presenta en la adolescencia; su progresión
es lenta y el promedio de vida normal. Afecta a hombres y a mujeres.
En algunos pacientes, el trastorno comienza en la infancia o en
la adolescencia; puede caminar aun a los 40 ó 50 años.
La facioescapulohumeral: rara vez ocurre en la primera infancia
y se manifiesta a edad variable, que puede ser desde temprana
edad hasta la segunda o tercera decada. Tiene evolución
lenta y puede estar acompañada de importantes componentes
inflamatorios en algunos casos.
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