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Mujeres
y niños del barrio El Molino lavan y se bañan en las aguas
contaminadas con aguas negras.
Usulután es dueño de dos
torrentes donde yace la inmundicia. Sus aguas son turbias y amarillentas,
cerros de basura inundan sus riberas, papeles y latas flotan en sus
paupérrimos cauces y por si fuera poco, niños de sus comunidades
aledañas los han convertido en centros de diversión.
Atrás quedaron los años en que El Juana y El Molino, también
conocido como El Zope, prodigaban sustento a los pescadores, cautivaban
con sus aguas azuladas y muchos usulutecos nadaban en sus frondosos
lechos.
El río Juana nace en el volcán de Usulután. A partir
de ahí esa quebrada pura y cristalina hace su recorrido entre
los terrenos empinados y la rica vegetación de la zona para quedar
atrapada en una maraña de contaminación.
Las aguas servidas (desechos domésticos) del hospital San Pedro
son las primeras en recibirlo. De un caño de unos diez centímetros
de diámetro emana un líquido blanquecino que cae con lentitud
en el afluente y se convierte en la primera fuente de impurezas.
A pocos metros de ese foco de contaminación se encuentra con
los desechos domésticos de una de las comunidades del Barrio
La Merced asentadas en su orilla. Estas casas carecen de sistema de
alcantarillado y por eso lanzan sus aguas servidas al torrente.
Acompañada del lento sonido que producen las aguas servidas al
caer, Patricia Meléndez, de 28 años, restriega la ropa
de la semana. Ella llega del Barrio La Merced y aunque cuenta con agua
potable en su casa y dice no ignorar las impurezas del río, ya
se acostumbró a lavar en el lugar.
Yo enjuago la ropa con el agua del pozo (nacimiento), se
justifica la lavandera, pero Sandra Menjívar, técnica
del Sistema de Asesoría y Capacitación para el Desarrollo
Local (SACDEL), le dice que el agua sucia del mismo río se filtra
y durante el invierno cuando se desborda inunda los pozos.
Patricia cuenta que aunque cuando lava no se moja más que las
piernas, en varias ocasiones sufre de alergias en la piel; y no es para
menos, al continuar el recorrido por este valle ensombrecido por la
mano depredadora del hombre se descubre la entrada de aguas negras provenientes
del barrio La Merced.
Y mientras los destellos del sol de la mañana parecieran regalar
un poco de brillo a las aguas turbias, el rastro municipal ciega cualquier
esperanza de limpieza. La sangre y los desperdicios de los animales
destazados se integran al torrente, matizándolo con el color
de la podredumbre.
La suerte de El Molino no difiere mucho de la del Juana. Al nacer, a
escasos metros del turicentro El Molino, una ancha canaleta
de aguas negras provenientes de la residencial Alejandría asesinan
la limpieza efímera de sus aguas.
Los habitantes del barrio El Molino satisfacen sus necesidades en esas
aguas adulteradas. Las mujeres lavan ropa y contribuyen a la contaminación
con el uso de detergentes, lejías, jabones y los envoltorios
de estos quedan tirados muchas veces en la ribera.
Debido a que en el barrio no existe sistema de alcantarillado, los residuos
domésticos y las aguas negras de las casas edificadas en la cuenca
van a parar al río. Allí las moscas encuentran su hábitat
y son las responsables de ocasionar enfermedades en niños y niñas.
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José Guevara, médico consultante
de la Unidad de Salud El Molino, manifiesta que gran parte de los niños
de este sitio a menudo sufren de gastroenteritis aguda y enfermedades
respiratorias. También se han presentado casos de piodermitis
(infecciones en la piel), alergias y picazones.
El médico detalla que aunque no se ha realizado un estudio para
comprobar de forma certera la causa de estos padecimientos en los pequeños,
todo parece indicar que se debe a los altos niveles de contaminación
de las aguas en que se bañan.
Reina
la indiferencia
Griselda Pineda, de cinco años, se baña junto a su hermanito
Fernando, de tres, y cuatro vecinitos más. Aunque sus vientres
abultados hablan por sí solos de las infeciones gastrointestinales
que sufren con frecuencia, no alcanzan a comprender el daño que
se hacen.
A un costado de la poza que han convertido en su centro de diversión
de todas las tardes desemboca una acequia de aguas negras provenientes
del barrio El Calvario y la residencial del mismo nombre. Fernandito
introduce su dedito mojado en la boca y mientras juega a lavar la ropa
con sus amiguitos, su mirada se pierde entre la degradación que
lo rodea.
Óscar Quintanilla, encargado de la Unidad de Medio Ambiente de
la alcaldía de Usulután, considera que la contaminación
de estos torrentes, sobre todo la del Juana, ya es visto como una tradición
por los habitantes de la zona, quienes ya no se preocupan por contrarrestarla,
sino que al contrario contribuyen para aumentarla.
Una comerciante de cocos así lo demuestra. Después de
finalizar su venta de la mañana se dirige hacia el río
Juana y lanza las estopas al agua como si se tratara de un basurero
público. Los habitantes de la comunidad El Cocalito también
ocupan de basurero el sitio.

Aguas
rojizas producto de los desechos del rastro municipal.
Por eso, SACDEL promueve en el barrio El
Molino la construcción de una planta procesadora de desechos
sólidos para evitar que la basura vaya a parar al río.
El comité Pro-Rescate río El Molino, conformado por habitantes
de la zona, también ha tomado cartas en el asunto y ha luchado
para que las urbanizaciones nuevas dejen de depositar sus aguas negras
en el cauce de los ríos; sin embargo, los esfuerzos han sido
infructuosos.
Se está urbanizando allá arriba donde se ve lo bonito,
pero nos están dañando aquí. Y las autoridades
municipales no hacen nada por no dañar los intereses de las grandes
constructoras, pronuncia Mariano Sánchez, miembro del comité.
El encargado de la Unidad Ambiental de la alcaldía menciona que
hasta el momento no existe ningún proyecto de parte de la comuna
para retirar de la zona el rastro municipal. Lo recomendable sería
sacarlo de la periferia de la ciudad y evitar así el paradero
de sus aguas al Juana.
Aída Peña, gerente de Denuncia Ambiental del Ministerio
del Medio Ambiente, expresa que hasta el momento no han recibido ninguna
queja de parte de los afectados con la contaminación.
No obstante, piensa enviar un equipo técnico compuesto por un
ecotecnólogo, un abogado y un especialista en tratamiento de
aguas para que realice la inspección y se puedan determinar las
posibles soluciones y responsables del problema.
Lo cierto es que mientras los habitantes de la cuenca de estos afluentes,
en especial mujeres e infantes sigan amenazando su salud al lavar y
bañarse en esos cuerpos de agua teñidos de podredumbre,
siempre quedará un halo de lucha para defender sus intereses.
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La
comunidad El Cocalito ha convertido la cuenca del Juana en basurero.
No hay un proyecto municipal que busque contrarrestar el problema.
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Responsables
Son tres los focos de impurezas más dañínos
para el Juana.
Aguas negras de algunos barrios y residenciales y las aguas servidas
de las comunidades carentes de sistema de alcantarillado y del
Hospital San Pedro.
Desechos provenientes del rastro municipal.
La basura que flota en la corriente y ha devorado gran parte de
su lecho.
Degradación
de los ríos
El Informe Nacional del Medio Ambiente 2000 detalla que es conocida
la alarmante degradación de los recursos hídricos
superficiales del país, pues presentan altos niveles de
contaminación química y biológica en el 90%
de sus recursos
El Salvador cuenta con 360 ríos cuyas áreas de recogimiento
han sido agrupadas en diez cuencas hidrográficas, y de
éstas la más importante es la cuenca del Lempa.
Los afluentes con más presencia de contaminación
química y biológica son El Acelhuate, Sucio, Suquiapa,
Grande de San Miguel y Acahuapa.
Los
torrentes que en su recorrido pasan por asentamientos humanos,
industrias y agroindustrias están contaminados. En pocos
casos existe algún tratamiento de aguas residuales.
De los 262 municipios del país sólo 80 tienen sistema
de alcantarillado y las aguas negras se depositan en quebradas
y ríos. La principal fuente de contaminación del
agua superficial son los desechos no tratados de desperdicios
domésticos e industriales.
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Los
zopes se han convertido en fieles habitantes del Juana.
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