21 de julio 2002


Arriba aguas negras, desechos hospitalarios
y residuos de las casas tiñen de negro la cuenca de los ríos Juana y El Molino.
Abajo, mujeres lavan ropa y pequeños inocentes se bañan, unas indiferentes y otros ignorantes de esa podredumbre.

Mujeres y niños del barrio El Molino lavan y se bañan en las aguas contaminadas con aguas negras.

Usulután es dueño de dos torrentes donde yace la inmundicia. Sus aguas son turbias y amarillentas, cerros de basura inundan sus riberas, papeles y latas flotan en sus paupérrimos cauces y por si fuera poco, niños de sus comunidades aledañas los han convertido en centros de diversión.
Atrás quedaron los años en que El Juana y El Molino, también conocido como El Zope, prodigaban sustento a los pescadores, cautivaban con sus aguas azuladas y muchos usulutecos nadaban en sus frondosos lechos.
El río Juana nace en el volcán de Usulután. A partir de ahí esa quebrada pura y cristalina hace su recorrido entre los terrenos empinados y la rica vegetación de la zona para quedar atrapada en una maraña de contaminación.
Las aguas servidas (desechos domésticos) del hospital San Pedro son las primeras en recibirlo. De un caño de unos diez centímetros de diámetro emana un líquido blanquecino que cae con lentitud en el afluente y se convierte en la primera fuente de impurezas.
A pocos metros de ese foco de contaminación se encuentra con los desechos domésticos de una de las comunidades del Barrio La Merced asentadas en su orilla. Estas casas carecen de sistema de alcantarillado y por eso lanzan sus aguas servidas al torrente.
Acompañada del lento sonido que producen las aguas servidas al caer, Patricia Meléndez, de 28 años, restriega la ropa de la semana. Ella llega del Barrio La Merced y aunque cuenta con agua potable en su casa y dice no ignorar las impurezas del río, ya se acostumbró a lavar en el lugar.
“Yo enjuago la ropa con el agua del pozo (nacimiento)”, se justifica la lavandera, pero Sandra Menjívar, técnica del Sistema de Asesoría y Capacitación para el Desarrollo Local (SACDEL), le dice que el agua sucia del mismo río se filtra y durante el invierno cuando se desborda inunda los pozos.
Patricia cuenta que aunque cuando lava no se moja más que las piernas, en varias ocasiones sufre de alergias en la piel; y no es para menos, al continuar el recorrido por este valle ensombrecido por la mano depredadora del hombre se descubre la entrada de aguas negras provenientes del barrio La Merced.
Y mientras los destellos del sol de la mañana parecieran regalar un poco de brillo a las aguas turbias, el rastro municipal ciega cualquier esperanza de limpieza. La sangre y los desperdicios de los animales destazados se integran al torrente, matizándolo con el color de la podredumbre.
La suerte de El Molino no difiere mucho de la del Juana. Al nacer, a escasos metros del turicentro “El Molino”, una ancha canaleta de aguas negras provenientes de la residencial Alejandría asesinan la limpieza efímera de sus aguas.
Los habitantes del barrio El Molino satisfacen sus necesidades en esas aguas adulteradas. Las mujeres lavan ropa y contribuyen a la contaminación con el uso de detergentes, lejías, jabones y los envoltorios de estos quedan tirados muchas veces en la ribera.
Debido a que en el barrio no existe sistema de alcantarillado, los residuos domésticos y las aguas negras de las casas edificadas en la cuenca van a parar al río. Allí las moscas encuentran su hábitat y son las responsables de ocasionar enfermedades en niños y niñas.

 

José Guevara, médico consultante de la Unidad de Salud El Molino, manifiesta que gran parte de los niños de este sitio a menudo sufren de gastroenteritis aguda y enfermedades respiratorias. También se han presentado casos de piodermitis (infecciones en la piel), alergias y picazones.
El médico detalla que aunque no se ha realizado un estudio para comprobar de forma certera la causa de estos padecimientos en los pequeños, todo parece indicar que se debe a los altos niveles de contaminación de las aguas en que se bañan.

Reina la indiferencia

Griselda Pineda, de cinco años, se baña junto a su hermanito Fernando, de tres, y cuatro vecinitos más. Aunque sus vientres abultados hablan por sí solos de las infeciones gastrointestinales que sufren con frecuencia, no alcanzan a comprender el daño que se hacen.
A un costado de la poza que han convertido en su centro de diversión de todas las tardes desemboca una acequia de aguas negras provenientes del barrio El Calvario y la residencial del mismo nombre. Fernandito introduce su dedito mojado en la boca y mientras juega a lavar la ropa con sus amiguitos, su mirada se pierde entre la degradación que lo rodea.
Óscar Quintanilla, encargado de la Unidad de Medio Ambiente de la alcaldía de Usulután, considera que la contaminación de estos torrentes, sobre todo la del Juana, ya es visto como una tradición por los habitantes de la zona, quienes ya no se preocupan por contrarrestarla, sino que al contrario contribuyen para aumentarla.
Una comerciante de cocos así lo demuestra. Después de finalizar su venta de la mañana se dirige hacia el río Juana y lanza las estopas al agua como si se tratara de un basurero público. Los habitantes de la comunidad El Cocalito también ocupan de basurero el sitio.

Aguas rojizas producto de los desechos del rastro municipal.

Por eso, SACDEL promueve en el barrio El Molino la construcción de una planta procesadora de desechos sólidos para evitar que la basura vaya a parar al río.
El comité Pro-Rescate río El Molino, conformado por habitantes de la zona, también ha tomado cartas en el asunto y ha luchado para que las urbanizaciones nuevas dejen de depositar sus aguas negras en el cauce de los ríos; sin embargo, los esfuerzos han sido infructuosos.
“Se está urbanizando allá arriba donde se ve lo bonito, pero nos están dañando aquí. Y las autoridades municipales no hacen nada por no dañar los intereses de las grandes constructoras”, pronuncia Mariano Sánchez, miembro del comité.
El encargado de la Unidad Ambiental de la alcaldía menciona que hasta el momento no existe ningún proyecto de parte de la comuna para retirar de la zona el rastro municipal. Lo recomendable sería sacarlo de la periferia de la ciudad y evitar así el paradero de sus aguas al Juana.
Aída Peña, gerente de Denuncia Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente, expresa que hasta el momento no han recibido ninguna queja de parte de los afectados con la contaminación.
No obstante, piensa enviar un equipo técnico compuesto por un ecotecnólogo, un abogado y un especialista en tratamiento de aguas para que realice la inspección y se puedan determinar las posibles soluciones y responsables del problema.
Lo cierto es que mientras los habitantes de la cuenca de estos afluentes, en especial mujeres e infantes sigan amenazando su salud al lavar y bañarse en esos cuerpos de agua teñidos de podredumbre, siempre quedará un halo de lucha para defender sus intereses.

 

La comunidad El Cocalito ha convertido la cuenca del Juana en basurero. No hay un proyecto municipal que busque contrarrestar el problema.

Responsables

Son tres los focos de impurezas más dañínos para el Juana.


Aguas negras de algunos barrios y residenciales y las aguas servidas de las comunidades carentes de sistema de alcantarillado y del Hospital San Pedro.

Desechos provenientes del rastro municipal.

La basura que flota en la corriente y ha devorado gran parte de su lecho.


Degradación de los ríos

El Informe Nacional del Medio Ambiente 2000 detalla que es conocida la alarmante degradación de los recursos hídricos superficiales del país, pues presentan altos niveles de contaminación química y biológica en el 90% de sus recursos

El Salvador cuenta con 360 ríos cuyas áreas de recogimiento han sido agrupadas en diez cuencas hidrográficas, y de éstas la más importante es la cuenca del Lempa.

Los afluentes con más presencia de contaminación química y biológica son El Acelhuate, Sucio, Suquiapa, Grande de San Miguel y Acahuapa.

Los torrentes que en su recorrido pasan por asentamientos humanos, industrias y agroindustrias están contaminados. En pocos casos existe algún tratamiento de aguas residuales.

De los 262 municipios del país sólo 80 tienen sistema de alcantarillado y las aguas negras se depositan en quebradas y ríos. La principal fuente de contaminación del agua superficial son los desechos no tratados de desperdicios domésticos e industriales.

Los zopes se han convertido en fieles habitantes del Juana.

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