21 de julio 2002


Esta vez la autora de la exitosa novela “Como agua para chocolate”, Laura Esquivel,
impresiona a sus lectores con una historia cándida que por momentos parece
trivial, pero no por eso prescinde de la trama presente en todo buen libro.

Para escribir esta obra, la escritora se basa en la vivencia de una familia mexicana de principios del siglo XX, con posterioridad a la revolución de dicho país. Hace una mezcla de las costumbres y de las tradiciones de esa nación y una leve diferencia entre la cultura maya y la española.
Se destacan los últimos años de existencia del telégrafo, ese medio de comunicación que muere con el actor principal de la trama, como si se tratara del último telegrafista del país. Paralelo a ello, la escritora dedica una rendija al surgimiento de una nueva tecnología: la computadora.
Júbilo, el protagonista de la novela, viene al mundo mientras su madre comparte una tarde de sonrisas con su familia. De ahí que su nombre haga referencia a su carácter alegre, a su capacidad para leer los pensamientos no expresados y a su interés por mantener la armonía entre las personas.
Ese don es demostrado en sus primeros años de vida al poner fin a las marcadas diferencias de pensamientos entre su madre de descendencia española y su abuela paterna orgullosa de su sangre maya.
Su interés por hacer felices a sus semejantes y por codificar los pensamientos ocultos de las personas lo lleva a convertirse en un exitoso telegrafista. Pero esos éxitos no se trasladan a su vida matrimonial.
Su capacidad de codificar la clave Morse no le sirvió para comprender a su esposa Lucha, una mujer de familia acomodada que sufre por la pobreza de su marido. Pese a sus diferencias, él, despojado de los bienes materiales, y ella, amante de los lujos y de la buena vida, antes de separarse logran procrear dos hijos.
Al final, el hombre de la eterna alegría termina ciego, postrado en silla de ruedas y sin poder comunicarse con nadie. Sólo la clave Morse, esta vez ayudada por un programa de computadora, le permite expresar sus sentimientos.
Pero como destaca Laura Esquivel, “el amor sigue viajando a la velocidad del deseo”, Lucha regresa a los brazos de Júbilo, quien después del reencuentro se marcha de este mundo en paz.

 

Argumento sencillo

Aunque por momentos el argumento pareciera carente de atracción, Laura hace uso de técnicas que le dan un toque especial y vuelven más interesante el relato. Por ejemplo, utiliza el flash-back (descripción de una acción pasada con respecto a la principal) y eso mantiene el interés en los lectores.
Lluvia, hija del actor y presente en una parte de la narración, se encarga de contar en primera persona los hechos, como quien discurre el velo de oscuridad que rodea la vida de sus padres.
A lo largo del relato se dejan pequeñas rendijas por donde se cuela la forma de vida de los mexicanos en esa época. Por ejemplo, la presencia de don Pedro refleja la existencia de los caciques que buscaban dominar a sus inferiores, de conseguir el amor de una mujer a toda costa y de mostrar su poderío.
Quienes son adictos de la literatura de Laura Esquivel y quienes no lo son encontrarán en “Tan veloz como el deseo” un relato sencillo y hasta cierto punto común; sin embargo, la descripción necesaria y la técnica muy bien empleada lo convierten en una novela capaz de robarle sus horas de sueño.

Ficha técnica
Obra:
“Tan veloz como el deseo”.
Autora: Laura Esquivel.
Editorial: Plaza Janés.
Páginas: 222.
Precio: $17.
De venta en librería La Casita.

 

 

EL AVE NEGRA
ATILA


El viento es agradable a esta hora de la noche, a esta altura.
Siento hambre... ¡Espera!

Veo algo cerca en una de esas ventanas de allí abajo. Es una rata. “Hola bebé”. Será rápido, no sentirás nada.

Desearía saber de qué color son mis plumas. Los colores para mí son sólo un mito.

Descanso mi pensamiento en ti. Eres una sensación cálida y agradable. Veo una botella quebrada. Es un buen espejo... veré mi reflejo.

Estoy emocionado, cuando
veas mi sonrisa te expresaré todo. ¡Maldición! Mi rostro no dice nada. Tú no verás el
poema que siento por ti.

¡No tengo labios! ¡Mis ojos son fijos! ¿Quién demonios me hizo esto...?

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