21 de julio 2002


Una estudiante de biología y un especialista estadounidense en primates investigan
a los monos araña en Usulután. Los datos serían utilizados para un futuro plan
para rescatar este mamífero en peligro de extinción.




Cuando los monos araña vieron entrar en sus territorios a la estudiante universitaria Karenina Morales Hernández y al doctor Robert Horwich, de inmediato saltaron de una rama a otra en la copa de los árboles y las sacudieron con tanta fuerza que parecía la llegada de una tormenta.
Karenina y Robert no hicieron el menor intento de irse; al contrario, se entusiasmaron tanto que se quedaron a observar todas las piruetas que hacen, y aunque esta vez los primates no se orinaron ni defecaron, como una actitud agresiva para echar a los intrusos, la estudiante universitaria fue golpeada por una rama que se desprendió por el peso de uno de los monos.
No importándoles el riesgo, la estudiante de la Universidad de El Salvador, Karenina Morales, y el especialista en primates, doctor Robert Horwich, han inspeccionado los fragmentos de bosque que existen en el sur de Usulután, tales como Chaguantique —donde tuvo la mala experiencia Karenina—, El Tercio, La Normandía y cerro El Mono, para realizar uno de
los primeros estudios sobre los monos araña en
El Salvador.
Aunque en otros países se tienen investigaciones más detalladas sobre esta especie de animales, en el nuestro es la primera que se realiza, señala Karenina, quien colabora con el biólogo Horwich, profesional que ha estudiado este primate por más de 30 años, y que por primera vez viene a El Salvador para un trabajo de esta naturaleza.

Esta clase de monos prefiere mantenerse en lo alto de los árboles, aun para dormir.

Mucho trabajo

El proyecto “Estudio preliminar de monos araña en El Salvador” es coordinado por el doctor Robert Horwich, quien es director de la organización no gubernamental “Comunity Conservation Inc.”, organismo no gubernamental que apoya a las comunidades pobres para que trabajen en la conservación de sus recursos naturales.
Este proyecto, financiado por tres organizaciones estadounidenses, inició en marzo de 2002 y terminará el próximo año. De las instituciones que apoyan este trabajo, dos se especializan en el estudio de primates, asegura Karenina Morales.
Con el apoyo logístico del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales, los investigadores han recorrido los remantentes de bosque de la planicie costera de Usulután, donde buscan encontrar los secretos de los últimos primates en vida silvestre del país.
La investigación consiste en establecer un censo de la población primate, la que como un dato atrevido y sin confirmación se podría estimar en más de un centenar de monos araña, asegura el doctor Horwich.
También buscan establecer cuáles son los árboles que les sirven para satisfacer su dieta alimenticia, tomando en cuenta que esta especie de monos prefiere comer frutas y en algunos casos retoños de árboles silvestres.
“Todas las especies de monos araña son primordialmente frugívoros (que se nutre de frutos o vegetales) y se alimentan de las partes maduras y blandas de una amplia variedad de frutos. Su dieta está basada en frutos maduros en un 80 a 90 por ciento. Tambien ingieren otras partes de la planta, en particular las hojas jóvenes, flores y corteza, pero son consumidos en menor porcentaje”, menciona Karenina en un informe.
Asimismo, la investigación se centra en descubrir cuál es la conducta de estos mamíferos. Un dato interesante es el hecho de que les gusta formar tribus o tropas. “Básicamente estas tribus se componen de grupos familiares constituidos por hembras y sus crías, acompañados o no por un macho adulto”, según datos de la “Enciclopedia de la vida animal”, tomo II, de Editorial Bruguera, cuyos editores originales son el doctor Maurice Burton y Robert Burton.
Este tipo de monos es de los más sociables, ya que “anda comúnmente en grupos de 10 hasta 40 individuos o más”, señala el libro “Historia natural y ecológica de El Salvador”, tomo I, publicado por el Ministerio de Educación.

En estos monos resalta la habilidad para saltar de una rama a otra.

 

Pero una de las informaciones más importantes que buscan ambos investigadores es determinar la subespecie a la que pertenecen los monos de El salvador, dato que hasta el momento no lo ha hecho ningún otro primatólogo en este país.
Toda esta información será de beneficio para los mismos investigadores, la ciencia y para los que buscan proteger a los monos araña. De igual manera los datos recopilados serán empleados también por el Ministerio del Medio Ambiente para su trabajo dentro del “Proyecto regional para la consolidación del Corredor Biológico Mesoamericano” (ver nota siguiente).
Hay que destacar también que toda la información recopilada será presentada en la revista especializada sobre monos “Neotropical primates”, publicación de los especialistas en primates de la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés).
El mono araña presente en El Salvador es el llamado Ateles geoffroyi o “mono araña de mano negra”. Se les dio este nombre común porque tienen miembros (brazos y piernas) largos y delgados y una cola que les hace parecer como una enorme araña cuando se cuelgan o saltan de una rama hacia otra.
Recientes investigaciones científicas indican que hay cuatro especies de Ateles. El que habita en El Salvador es del mismo que se encuentra desde México hasta Panamá, según datos proporcionados por la estudiante universitaria.

Doctor Robert Horwich, especilista estadounidense en primates.

Al rescate

No obstante, es en nuestro país donde más se ha disminuido la población de esos primates, debido principalmente a la reducción drástica de su hábitat, así como a la caza.
El estudio que realizan los dos investigadores será útil para el rescate de esta especie; se podría hacer un plan de manejo para recuperarlos, tomando en cuenta que hay interés de los pobladores vecinos de los remanentes de bosque y del mismo gobierno, señala Karenina.
Esa opinión es apoyada por el doctor Horwich, quien considera que las conservaciones se pueden hacer con las comunidades, tal como la cooperativa El Tercio, que tiene sus propios guardabosques desde el 2001, quienes vigilan que nadie corte árboles, capture o mate animales silvestres, así como resguardar las zonas reforestadas de 42 manzanas consideradas como reservas naturales.
Los especialistas explican que al proteger los bosques y los monos arañas, las mismas comunidades pueden beneficiarse con proyectos de ecoturismo controlado, así los pobladores recibirían ingresos monetarios por los turistas, principalmente extranjeros, que les gusta ver los animales en su estado natural, y por lo que pagan cantidades altas.
Pero mientras llega eso, los dos estudiosos de los primates seguirán adentrándose en la espesura boscosa que aún existe, lidiando con los zancudos, el calor, la humedad, el cansancio, el hambre y con aquellos micos, que si bien no son tan agresivos, defienden a toda costa su territorio hasta el punto de sacudir fuertemente las ramas de los árboles y de orinarse o cagarse.

Este mono araña fue fotografiado en el Parque Zoológico Nacional, donde vive
en un hábitat casi similar al de
los bosque de Usulután.

Conozcamos al mono araña

Esta información ha sido retomada de otras investigaciones realizadas en Mesoamérica.

Los monos araña son de complexión delgada pero panzudos.
Su pelo suele ser más bien áspero y ralo en la región ventral (vientre).
Su cola es notablemente prensil, o sea que se puede enroscar en las ramas y adherirse a éstas.
Llegan a pesar desde 12 hasta 24 libras (adultos).
Se pueden encontrar en bosques desde el nivel del mar hasta los 1,800 metros sobre el nivel del mar; aunque algunos investigadores dicen que también se hallan a los 2,500 msnm.
Viven en árboles con altura de más de 20 metros.
u Necesitan una extensión de 250 hectáreas para vivir holgadamente.
Estos monos pueden vivir hasta unos 20 años.
Cuando le vendan un mono bebé, recuerde que para capturar esa cría han matado a la madre u otro mono adulto.
Fuente: Karenina Morales y “Enciclopedia de la vida animal”, tomo II, de Editorial Bruguera.

 

 

Los monos araña están entre los más grandes del Nuevo Mundo.

Un corredor de vida

El sur de Usulután tenía un solo bosque. Con el paso de los años esa unidad fue cortada para darle paso a la agricultura, quedando entonces fragmentos de bosque. Así han quedado aisladas diferentes especies de la flora y fauna.
En el bosque El Tercio hay unos 50 monos; antes había unos 17, dice Juan Santos Gómez, quien desde hace un año trabaja como guardabosques con la cooperativa propietaria de esa selva de 42 manzanas de extensión.
Esto es una prueba de que la población de monos araña ha aumentado satisfactoriamente en ese lugar. Sin embargo, el espacio no será suficiente cuando esa población de primates crezca más.
El mayor problema que se tiene es la fragmentación de los bosques. El Tercio es una porción, Chaguantique otra, Normandía es otra y así los demás están separados por cultivos de
maíz o cañales, lo que hace que la población de monos sea pequeña, de 25 o más individuos.

Riesgo de extinción

Estas pequeñas poblaciones aisladas pueden sufrir una rápida extinción por tres razones: primero por problemas demográficos. Esto ocurre cuando se mantiene la tasa de mortalidad o aumenta, mientras que la tasa de natalidad es baja. No es lo mismo una población grande que una pequeña; en esta última, si no se reproducen lo suficiente, tienen mayor probabilidad de extinguirse, asegura el doctor Jorge Ernesto Quezada Díaz, director de recursos biológicos de la Dirección General de Patrimonio Natural, del Ministerio de Medio Ambiente.
La segunda razón para extinguirse las poblaciones pequeñas es el problema ambiental, como incendios o tala de bosques para crear más tierras para la agricultura o la invasión de zonas pobladas por humanos; y la tercera razón es el problema de tipo genético, por ejemplo: si hay un apareamiento entre parientes pueden resultar animales enfermos, lo que también afectaría en la pérdida de variabilidad genética. Esto conduce a que un cambio ambiental (aumento de temperatura o enfermedades) no sea soportado por determinados individuos y entonces mueran, señala el doctor Quezada.
La solución para esa fragmentación boscosa es restaurar la interconexión entre esas islas selváticas, para establecer allí un corredor biológico. Así los miembros de las poblaciones aisladas se relacionarían. Hembras de una población se parearían con machos de otra zona y viceversa, y esto disminuiría el riesgo de extinción, señala Quezada.
Es así como “dentro del Programa del Corredor Biológico Mesoamericano estamos formulando una propuesta de manejo integrado de las áreas naturales que tienen poblaciones de monos araña en el sur de Usulután”, asegura el doctor Quezada.

Karenina Morales Hernández junto al doctor Robert Horwich en Chaguantique.

Corredor natural

Según el especialista, esto permitirá la promoción de actividades que beneficien a la flora de esos lugares, al mono araña y a otras especies, así como los pobladores aledaños. El corredor biológico del sur de Usulután sería el tercero en el país, junto con el de la Región Trifinio y el del Golfo de Fonseca.
Esa idea encaja bien con el Corredor Biológico Mesoamericano, una estrategia regional para el desarrollo sostenible, que se fundamenta en la conservación y en el adecuado aprovechamiento de la biodiversidad. Esta estrategia abarca desde las zonas selváticas del sur de México hasta el Darién panameño.

El corredor biológico reduciría los
riesgos de extinción.

Los cultivos de maíz y de caña de azúcar cubren ahora los campos que antes eran bosques.

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