|


La depresión y la soledad son limitantes
que enfrenta María Elena P. para su rehabilitación.
La necesidad de acudir al baño la
despertó una madrugada de septiembre del 2001. Este era un hábito
casi diario para María Elena P., pero lo que ocurrió ese
día le cambió la vida por completo. Un ataque cerebral
la sorprendió y la derribó al suelo.
Lo único que precedió a aquella sorpresiva caída
fue un fuerte mareo. Sólo sentí que todo me dio
vueltas y después caí. No me podía mover ni podía
gritarle a la empleada que me ayudara. Mi cabeza estaba en medio de
un charco de sangre, recuerda hoy María Elena, una viuda
de 64 años.
Unos leves gemidos despertaron a la empleada, quien se levantó
de inmediato y vio a su patrona desmayada cerca del baño. Avisó
a un médico vecino y la trasladaron al hospital. El diagnóstico:
accidente cerebrovascular (ACV), enfermedad más conocida como
derrame cerebral, pero que en los círculos médicos estadounidenses
están llamándola ataque cerebral.
María Elena hoy se restablece lentamente. Aunque ha recuperado
en un buen porcentaje el habla, ha perdido la función en su oído
derecho y dice no recordar muchas cosas. Camina despacio, casi siempre
apoyada en un bastón.
Sin más compañía que la empleada, a quien paga
su salario haciendo malabares con la pensión que recibe cada
mes, esta mujer batalla cada día con las terribles secuelas que
deja un ataque cerebral.
Como ella, millares de salvadoreños están en condiciones
similares o quizá peores. En sus registros nacionales del 2000
y 2001 a nivel de establecimientos públicos, el Ministerio de
Salud contabilizó 6,913 casos (entre consulta externa y egresos
hospitalarios), y 785 que murieron por esta causa.
El neurólogo Carlos Díaz Manzano dice que en la consulta
diaria que brinda en hospitales como el ISSS y su clínica particular
ha notado que los ACV son una enfermedad bastante frecuente entre los
salvadoreños, especialmente en aquellos mayores de 60 años
y que en su historial clínico cuentan con enfermedades consideradas
factores de riesgo.

La
falta de equilibrio al caminar es para
María Elena P. una de los peores consecuencias de la enfermedad.
Candidatos
y síntomas
Según el doctor Díaz Manzano, cualquier persona puede
padecer un ACV, pero hay algunas que por ciertos padecimientos están
más propensas. En primer lugar están los hipertensos,
le siguen los diabéticos, las personas de edad (avanzada), los
cardiópatas, los drogadictos, los alcohólicos y los tabaquistas,
afirma el neurólogo.
Aparte de estas enfermedades, el especialista dice que existen otros
factores de riesgo: ingerir ciertos medicamentos que diluyen la sangre,
como en el caso de los que padecen problemas de circulación en
las piernas.
¿Por qué algunas dolencias se convierten en factores de
riesgo? La presión arterial alta, por ejemplo, daña las
paredes de las arterias; el consumo de tabaco afecta los pulmones y
los lados de las venas, aumenta el endurecimiento de las arterias, hace
trabajar más fuerte al corazón y causa alta presión.
Un alto nivel de colesterol termina pegándose a los lados de
las arterias y bloquea las venas, causando trombosis (coagulación
en la sangre). El exceso de azúcar en la sangre deteriora los
vasos sanguíneos e interfiere con la descomposición normal
de la fibrina, una proteína de la sangre que controla la coagulación.
Información extraída de la internet, como la vertida por
Evelyn Zamula, una escritora independiente de Estados Unidos, describe
otros factores de riesgo: poseer un corazón artificial, haber
padecido infecciones bacteriales como la fiebre reumática o la
policitemia (exceso de células rojas en la sangre) que convierte
el fluido sanguíneo en una sustancia espesa.
Zamula también destaca la raza (los negros son más propensos
que los blancos), el género (los hombres padecen más que
las mujeres) y la herencia (predisposición genética).
|
|
Pero no pertenecer a ninguna de estas categorías
no es para confiarse. Basta con presentar algunos síntomas, como
trastornos en la visión, en el habla o de tipo mental, falta
de sueño, pérdidas de memoria o de conciencia. También
hay que considerar fuertes jaquecas, rigidez, flacidez o parálisis
en la cara, brazos o piernas, mareos, convulsiones, problemas al tragar
y al andar.
Para el doctor Díaz Manzano,
toda persona que presenta de manera transitoria sensación de
adormecimiento en brazos, piernas, cara (conocidas como parestesias),
es suficiente para preocuparse y consultar al médico.
El galeno también explicó que estas parestesias, además
de otros padecimientos momentáneos, como mareos, quedarse a oscuras,
interrupción del habla, desvanecimientos y difiultad posterior
para mover algún miembro del cuerpo, son formas en que se presenta
la llamada isquemia cerebral transitoria que se revierte en 24 horas,
pero que es un preámbulo a un ACV.
Esto (las señales) es un aviso. Allí es cuando podemos
tomar medidas, pero el porcentaje (de estas advertencias del cerebro)
antes de un ACV es bajo, anda por un 30%, comparado con todos a los
que les llega sin avisarles, afirma el doctor Díaz Manzano.

Vigilar
la estabilidad de la presión sanguínea significa prevenir
un ataque cerebral.
Son
prevenibles
Según este especialista, es necesario que la gente reaccione
ante estas señales de alerta porque en el país la gran
mayoría acude al hospital demasiado tarde.
Hay pacientes que hoy en la noche han comenzado con los síntomas
y consultan hasta el siguiente día o más tarde. En los
hospitales del ISSS llegan con 24 ó 48 horas después,
refiere el doctor Díaz Manzano.
Por eso, el galeno insiste en la importancia de prevenir un ACV y la
mejor manera de hacerlo es reaccionar ante los avisos del cerebro o
someterse a revisiones cada seis meses con un médico general.
Una persona que ha sufrido un derrame cerebral está propensa
a sufrir otro, y por lo tanto debe preocuparse aún más
por la prevención. Aunque prevenir es más beneficioso,
en países como Estados Unidos se ha creado un medicamento en
forma de ampolleta que aplicado en un centro especializado en el lapso
de tres a seis horas desde que ocurrió el ataque es capaz de
revertir los daños en 24 horas, sin dejar secuelas.
El medicamento, cuyo costo oscila entre los $1500 y $2000, aún
no está disponible en El Salvador; por eso, ante las señales
de alerta o un ataque imprevisto, es necesario acudir inmediatamente
a un hospital, donde primeramente lo someterán a un proceso de
estabilización.

Dejar de
fumar reduce de 2 a 5 años
el nivel de riesgo.
Tratamiento
y rehabilitación
Según el doctor Díaz Manzano, estabilizar al paciente
significa que si el afectado es un diabético o hipertenso se
le controla el nivel alto de azúcar o de presión sanguínea;
se vigila que su ritmo cardiaco esté bien, y se le suministran
medicamentos antiedematosos porque el ACV inflama el cerebro, lo comprime
y eso hace que el paciente pierda el conocimiento o empeore.
Hay que mantenerles el equilibrio electrolítico porque
tienden a deshidratarse, además vigilar que no estén ansiosos
porque lógicamente se sienten mal, a un paso de muerte, y eso
les provoca mucha ansiedad y gastritis, afirma el doctor Díaz
Manzano.
Después de hospitalizarla por una semana como promedio, una persona
que haya sufrido un ACV de tipo isquémico (falta de sangre en
una parte del cerebro) tomará medicamentos antiagregantes plaquetarios
para que la sangre se diluya, no forme trombos y evitar una recaída.
Luego de la hospitalización, los afectados inician un largo periodo
de terapias como parte de su rehabilitación. Esta larga convalescencia
y sentir que han disminuido sus facultades se traduce en depresión
y ésta es el principal obstáculo para recuperarse.
|
|

Consumir
cocaína, alcohol ymarihuana,
entre otras drogas, puede causar un ACV.
Algunos pacientes consultados coinciden
en que lo más terrible de esta enfermedad es sentirse inútiles,
creer que pronto morirán o que no volverán a ser los mismos.
Lo más horrible para mí es que ya no puedo moler
(hacer tortillas) ni lavar (ropa), se lamenta doña Angélica
R. de López, de 81 años y residente en San José
de la Majada (Juayúa). Su brazo derecho no funciona, y camina
y habla con dificultad. Ella reconoce que podría estar mejor
si hubiese cumplido con las terapias que le recomendaron hace diez años,
pero nunca las recibió.
María Elena P. quiere a toda prisa volver a ser la misma mujer
activa de antes, pero las dificultades económicas le impiden
asistir a las terapias que supondrían su rehabilitación.
Estas limitantes, aunadas a la depresión, los hacen sentirse
confinados a la desgracia y sin perspectivas de salud.
La depresión post ACV se presenta casi en un ciento por
ciento de ellos. Un paciente deprimido será difícil rehabilitarlo,
por no decir imposible. Pero el que tiene interés en seguir viviendo
lo logra, y esto sólo la persona lo puede hacer, nadie más,
asegura el doctor Díaz Manzano.
Don Andrés Morán, también residente en San José
de la Majada, ha logrado en poco tiempo recuperarse satisfactoriamente
del derrame que lo sorprendió hace tres meses. Acude a todas
sus terapias en Santa Ana y pasea junto a su esposa Alicia por las calles
próximas a su casa.
Sin embargo, no puede ignorar la
voz de la depresión. Llora cada vez que se ve reposando en una
silla y recuerda su oficio de albañil que desarrolló activamente
durante la mayor parte de sus 61 años.
A María Elena P. la fe firme en Dios la anima y hace el esfuerzo
por realizar actividades propias de la casa, pero el fantasma depresivo
la desequilibra. Llora, pide a Dios que se la lleve, se lamenta por
no oír ni hablar bien, así como por no poder leer abundantemente
ni visitar enfermos en los hospitales como antes lo hacía.
El doctor Díaz Manzano dicen que la recuperación es variable
para cada persona porque depende del daño que le haya heredado
un ACV. Por eso, el ánimo del paciente y el apoyo de la familia
son fundamentales dentro de la rehabilitación de un paciente,
que si bien no se recuperará en un ciento por ciento, puede lograr
un 99% de funcionalidad y una mejor calidad de vida.
|
Graves
efectos
Aparte de la depresión, el 80 por ciento de los pacientes
de derrames sufre deficiencias físicas, de la percepción
y del habla que pueden mejorarse por medio de la rehabilitación.
Dependiendo de la zona lesionada, así serán los
efectos. Si el ACV ocurre en el área izquierda del cuerpo
afectará el lado derecho, y viceversa. Así también
si daña el área del lenguaje tendrá problemas
para comunicarse; si fue la zona del entendimiento tendrá
problemas de comprensión conocida como afasia.
Cuando
se produce un ACV hay muerte de tejido cerebral, el cual está
compuesto de neuronas que cuando mueren no pueden revivirse. Esto
ocasiona daños permanentes, dependiendo de la zona afectada.
Por ejemplo, si dañó las áreas motoras afectará
más que todo el brazo, específicamente la mano.
Es más fácil de rehabilitar la pierna que el brazo
y los trastornos del lenguaje.
Aunque las estadísticas de sobrevivencia en un centro hospitalario
especializado es de un 80% en los pacientes, también puede
ocurrir la muerte, pero ésta es generalmente provocada
por el tamaño de la zona isquémica, del manejo del
edema (inflamación) y de las complicaciones de otras enfermedades
en los pacientes.
Un caso complicado lo constituyen los fumadores crónicos
cuyos bronquios están repletos de nicotina, se les dificulta
la respiración y se traducen en bronconeumonias, una frecuente
causa de muerte tras un ACV.
|
|
Según
estadísticas nacionales del Ministerio de Salud, las personas
mayores de sesenta años son las más afectadas
Los accidentes
cerebrovasculares constituyen la tercera causa de muerte en el mundo,
después de las enfermedades del corazón y el cáncer;
la primera causa de muerte en las personas mayores de 85 años
y la causante principal de discapacidades en el mundo. |
|