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German tiene nueve años. Minutos antes
del terremoto del 13 de enero ayudaba a su madre a recolectar agua. Al
momento del temblor no pudo reunirse con sus padres y otros cinco hermanos.
Nadie supo de él sino hasta dos horas después de la tragedia. Víctimas silenciosas Cualquier tragedia será siempre una
experiencia aterradora para los adultos y traumática para los niños,
quienes por lo general se ven influenciados por la reacción que
observan en el resto de personas y el ambiente de inseguridad y temor
que queda después de un desastre. Un sondeo realizado entre unos 100 niños
y niñas de cinco albergues de damnificados, entre ellos, El Cafetalón
de Santa Tecla, confirmó que el reciente terremoto les ha causado
problemas de comportamiento. Lloran con mayor frecuencia y hablan casi
siempre de la muerte.
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Hasta 1998, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estimó que en El Salvador existía una población de dos millones y medio de menores de 16 años, un número que complica el llevar atención a todos, especialmente en las zonas de difícil acceso.
En El Cafetalón, los pequeños huéspedes recibieron la visita de payasos, sicólogos, trabajadores sociales y títeres. La doctora Mendoza Burgos asegura que esto
es parte del llamado desorden de estrés post-traumático,
con episodios repetidos en los que la víctima revive la experiencia
desagradable poco después de ocurrida, meses o años más
tarde. Apenas el inicio Mientras en El Cafetalón los pequeños
huéspedes recibieron la visita de payasos, sicólogos, trabajadores
sociales y títeres, en Comasagua y Jayaque, en La Libertad, y la
costa usuluteca, aún vivían su desgracia con mayor tristeza. La realidad para los niños y niñas es crítica, dada la magnitud del terremoto que afectó no sólo a las grandes ciudades, sino también a los pueblos más remotos del país, cuya población está compuesta en su mayoría por niños y donde la asistencia sicológica es quizás la necesidad más apremiante después de la comida y el techo. Estos pequeños, en el futuro cercano, tendrán sobre sus hombros la responsabilidad de reconstruir al país. |
Tierra de desamparo No se sabe cuántos pequeños han quedado en la orfandad y sin el apoyo de parientes cercanos; pero sí existe un esfuerzo de diferentes sectores por encontrarles un hogar sustituto que les ofrezca el calor y el apoyo necesario. Fuentes del ISPM dijeron que el trauma y
la incidencia del terremoto en ellos será más perjudicial;
pero destacaron que todos aquellos que perdieron a sus padres serán
recibidos en cualquiera de los albergues que asiste la institución,
pese a que el Centro de Desarrollo Juvenil Dolores Souza, de San Miguel,
fue declarado inhabitable y 200 niños y niñas fueron reubicados
en otros sitios, mientras un 70 por ciento del Centro de Desarrollo Juvenil
Izalco también sufrió daños.
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