21 de enero de 2001

El abandono de ancianos en el país persistió en el 2000. Sólo el Centro de Atención “Sara Zaldívar” albergó a unos 60 más, quienes si bien tienen lo necesario, extrañan el amor y el calor familiar.


Escríbanos

La paz reina a simple vista en los pasillos del “Sara Zaldívar”, pero el corazón de cada anciano es un manojo de añoranzas, especialmente por los días que vivieron con sus familias a las que la mayoría no ve desde hace muchos años.
“Yo mejor trato de recordar lo bueno de mi familia para no sentir tristeza, porque en verdad me olvidaron”, dice una anciana mientras se cobija en la sombra de un árbol. No quiere decir su nombre, tampoco el de sus familiares, y excepto por una vieja amiga que la visita una vez por mes, su pasado no reviviría ni tendría razón de ser.
La estancia de un sesenta por ciento de estos huéspedes convergen en una razón: han sido abandonados por sus familiares y traídos de un hospital, la calle o alguna casa donde habitaban solos. Cada año las estadísticas del centro revelan un aumento de los casos por abandono. En el 2000 incorporó a sus filas a sesenta ancianos.

 

El director del centro, doctor José Antonio Velásquez, dice que los parientes de algunos ancianos los ingresaron en hospitales por alguna enfermedad en su fase terminal, brindaron direcciones falsas y jamás regresaron por ellos. Otros fueron trasladados con golpes a los hospitales por socorristas o los recogieron deambulando por las calles.
Cuando se logra contactar algunos familiares, éstos aducen carencia de recursos o espacio en sus hogares para albergarlos; pero según la trabajadora social del Centro, licenciada Noemí de Bojórquez, esto no siempre se comprueba, porque estas familias no ofrecen mucha apertura.

“Muchos hijos argumentan que sus padres no fueron responsables con ellos y por eso no asumen su responsabilidad. A veces uno no llega a pedirles que los alberguen, sino solamente que les brinden apoyo moral porque tienen baja su autoestima”, dice Bojórquez.
Prueba de ello es que apenas el uno por ciento de los ancianos albergados recibe visitas y de éstas la mayoría son de amigos. El doctor Velásquez cree además que muchos hijos no quieren enfrentar las dolencias propias de la vejez de sus padres.
“Los hijos deben armarse de mucha paciencia y pensar en lo que los padres les han dado. Si no les dieron, pues perdonarles y respetar las arrugas, responsabilizarse de ellos, que jamás piensen en ingresarlos en asilos, que los tengan en sus casas”, reclama el doctor Velásquez.

Pero al Sara Zaldívar también han llegado muchos ancianos por su cuenta o son llevados cuando tienen una familia con capacidad económica para sostenerles; sin embargo, hoy hay un mejor control de ingreso para albergar a quien realmente lo necesita.

 
Falta infraestructura

Las actuales autoridades del “Sara Zaldívar” quieren retomar la filosofía con la que nació hace 116 años: albergar a todo anciano desprotegido de su familia, porque según el doctor Velásquez ahora “tenemos una mescolanza de hogar y hospital”.
“Hace falta muchísima infraestructura para atender todas las modalidades que se presentan dentro de la geriatría, como hospitales siquiátricos para los que sufren tipos de demencia, asilos para los desahuciados, hogares para los más estables de salud, centros de día y un hospital geriátrico; pero acá tenemos un poquito de cada cosa”, señala el director.

La preocupación del doctor Velásquez obedece a que la poblacion anciana va en aumento y no estamos preparados para atenderla como es debido.
Mientras esa infraestructura no llega, el “Sara Zaldívar”, al igual que otros centros nacionales o privados, seguirá albergando a cuanto anciano desprotegido lo necesite para convertirse en el último lugar donde esperen el final de sus días.

Ancianos en cifras

En el país existen dos albergues oficiales para ancianos abandonados, el “Narcisa Castillo” en Santa Ana y el “Sara Zaldívar”. Juntos atienden unos 300.
A nivel nacional, el número de ancianos que viven en instituciones, ya sea oficiales o privadas, suman unos 2,000.
Según el doctor Velásquez, esa población representan el 0.4% de toda la población de adultos mayores del país que alcanza el medio millón.

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