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San
Fernando es historia viva. Su principal tesoro es la
vitalidad de sus habitantes y los interminables pinares
que se extienden por sus tierras escarpadas, donde el
agua fresca y cristalina nunca falta.
Se ha levantado de los escombros en tres ocasiones,
aunque los lugareños hablan más del huracán
que destruyó el viejo pueblo en 1932 y de la
guerra civil que obligó la huida de la gente
y la casi desaparición de uno de sus patrimonios:
la ganadería.
Es el pueblo más aislado de Chalatenango, a 32
kilómetros entre montañas de Dulce Nombre
de María, comunicados por una carretera de tierra.
Una
repoblación
San
Fernando está hermanado con Honduras. Existe
intercambio entre las comunidades de ambos países,
separadas nada más que por el río Sumpul,
del que extraen agua para regadíos, pescan y
se divierten.
A principios de los 90, tras la firma de la paz, comenzó
a brillar de nuevo. Sus antiguos pobladores retornaron
procedentes de Honduras y lugares vecinos.
Rodolfo Álvarez León tomó las riendas
de la alcaldía desafiando el abandono y las lesiones
heredadas por el conflicto, ya que este municipio es
de los más pobres, afectados por la falta de
empleo y buenas vías de acceso.
Sus calles, para entonces veredas empinadas que se extendían
entre las casas de barro y bahareque, hoy son adoquinadas;
lograron que dos buses ingresaran al pueblo y el reinstalo
del servicio telefónico suspendido desde comienzos
del conflicto.
Álvarez recordó que en 1996 se invirtieron
unos ocho millones de colones para mejorar las carreteras
de acceso que los comunican con San Francisco Morazán
y Dulce Nombre de María.
Don Juan León dice que su terruño ha cambiado
y aunque de vez en cuando se habla de asaltos, la constante
presencia del ejército y la policía ha
logrado controlar la zona, permitiéndoles pensar
en el fomento de la ganadería y de la agricultura.
Unas 1700 familias viven en el municipio, donde también
florece el cultivo del café y las hortalizas;
sin embargo, las condiciones de vida siguen mal, por
eso desean unirse a los planes de ecoturismo que promueve
Chalatenango y que les traerían empleo.
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De
riquezas naturales
Antes
de la guerra, San Fernando se distinguía por
fabricar los mejores quesos de la zona y los característicos
cigarillos pata de cuche o chuña
(sin filtro), que comercializabam con Honduras.
Tradiciones como los festivales del maíz
y la algarabía de las fiestas patronales estuvieron
también a punto de desaparecer, por eso la comunidad
está interesada en recuperarlas y utilizar la
belleza natural del lugar para promocionarse.
Y es que la ubicación del municipio y sus alrededores,
a más de mil metros de altura, no sólo
garantiza un clima privilegiado durante casi todo el
año, sino también escenarios naturales
como Quebrada Blanca, El Manzano y El Trigalito.

Estos
mismos pinares, que son refugio de vida silvestre para
especies como venados y águilas, ofrecen una
caminata agradable y segura, según dicen los
pobladores, aunque aún se pueden encontrar vestigios
de la guerra, como vainillas de M-79, ametralladoras
y cohetes.
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