19 de Noviembre de 2000


Tiene 91 años, pero para él no cabe el “don”; es Douglas a secas, nombre que adoptó por 1925 cuando comenzó a tocar la marimba y la batería, arte que lo llevó a más de una docena de países, la mayoría europeos, siendo uno de los primeros músicos salvadoreños en realizar semejante hazaña.

Primero a la izquierda, tocando la batería, Douglas junto a la “Marimba Atlacatl” con la que recorrió América y Europa.


Escríbanos

“Cuando escriba sobre mí diga que soy el muchacho de los ojos pardos y lindos”, dice con una carcajada don Carlos Valdez, mejor conocido como Douglas, mientras se acomoda en el viejo sillón donde pasa las tardes escuchando la radio o viendo las noticias en la televisión.
Víctima de una trombosis que le arrancó la pierna izquierda, de un accidente automovilístico que casi le paraliza la derecha y con una vista deficiente que le obliga a usar gruesas gafas, Douglas es un hombre alegre que se divierte contando sus memorias.
Tiene tantas y tan interesantes que fácilmente podría escribirse un libro. Viajó por el mundo junto a un grupo de muchachos salvadoreños que formaron el grupo “Marimba Atlacatl”. Juntos pusieron en alto el nombre de El Salvador y allá por los años treinta a cuarenta llevaron la marimba y la batería hasta los grandes casinos o bares europeos.
Viajó desde Guatemala hasta Italia, pasando por Roma, para tocar en un concierto dedicado al Papa de aquella época y por Alemania para ver de cerca un desfile nazi de casi cinco horas y conocer a Hitler.
Testigo de los inicios de la Segunda Guerra Mundial, misma que los obligó a cambiar los rumbos de sus giras, este hombre, de hablar rápido y sorprendente lucidez para su edad, ahora vive casi en el anonimato y sin mayor apoyo gubernamental.

Viajes al estilo “Titanic”

Corría 1930 y con apenas unas monedas en el bolsillo los once muchachos que integraban la recién formada “Marimba Atlacatl” emprendieron un viaje hacia Guatemala, Costa Rica y Panamá.
“Prometimos que lo que fuésemos ganando sería invertido en nuevos viajes; soñábamos con llegar hasta Brasil. Para poder viajar hicimos bailes y turnos recogiendo dinero y aunque no nos llevamos mucho, sí teníamos muchos sueños”, rememora Douglas.

 

Llevando consigo un equipaje compuesto apenas por un par de trajes de casimir viajaron por Centroamérica, alternando con grandes músicos de la época y visitando lujosos restaurantes y hoteles donde tocaron valses, jazz y hasta “blues” americanos o boleros mexicanos.
Fue en Costa Rica donde conocieron a Raúl Tinoco, un visionario periodista y hombre de negocios que los convenció de ser su representante. A partir de ese momento, la gira se amplió hasta Colombia, Venezuela y otros países, y en Puerto Rico el señor Tinoco les habló de visitar Europa.
“Nos tardamos 22 días viajado en el barco. Era una transatlántico; se llamaba ‘El Márquez de Comillas’; tenía tres chimeneas y era inmenso. Viajábamos 2000 pasajeros y era una ciudad completa. Teníamos cuartos con unos baúles grandotes donde guardamos nuestros trajecitos y nuestros instrumentos. Fue un viaje soñado”, cuenta emocionado.
De España viajaron a Roma para participar en un concierto colectivo para el Papa de aquella época; luego visitaron Venecia, donde una italiana casi le roba el corazón.
Grandes casinos y restaurantes de París también fueron escenarios donde tocaron sus conciertos. Bélgica, Andorra y Alemania donde vieron los inicios de la Segunda Guerra Mundial también fueron visitados por la “Marimba Atlacatl”.
“Mientras tocábamos veíamos a los alemanes cómo trataban a los judíos. Desde un hotel donde estábamos vimos un desfile y con unos largavistas (binoculares) logramos ver a Hitler. Un cónsul nos dijo que era el momento de irnos de ahí porque las cosas se estaban complicando. Daba miedo y mejor nos fuimos”, dice.
Las mujeres y los amores estuvieron también acompañado sus viajes. “Tuve muchas novias: una francesa, una italiana y una española que se llamaba Carmencita; pero eran sólo queridas. Aquí en El Salvador es donde me enamoré de verdad”, cuenta con una carcajada.
Fue doña Matilde Zavala quien lo conquistó y ha sido su esposa por 59 años. Con ella ha procreado cuatro hijos, más de una docena de nietos y varios bisnietos, ninguno dedicado a la música.

 

Al volver a El Salvador a mediados de los años cuarenta se integró a la orquesta de don Paquito Palaviccini y a la de Gustavo Vides, músico santaneco de trayectoria. En las orquestas “Pony Meca” y la del Club Atlético de Santa Ana pasó varios años hasta que lo llamaron de la Policía Nacional para que integrara su banda.
Ahí pasó los últimos años tocando marimba, hasta que hace tres años se vio obligado a abandonar el grupo, víctima de una trombosis que le arrebató su pierna izquierda.
De los músicos que acompañaron a Douglas sólo vive uno, retirado en Estados Unidos. Él ni siquiera conserva sus instrumentos porque se vio obligado a venderlos en una mala racha económica.
Lo único que le queda son fotos blanco y negro desteñidas por el tiempo y una memoria poblada de recuerdos de un pasado exitoso y de sueños cumplidos gracias a la música.

 

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