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Había una vez una gatita juguetona
y bonita llamada Misinga que un día decidió buscar a su
familia por el mundo. Una noche oscura y tenebrosa salió de su
callejón para buscar a sus padres.
Al día siguiente unos perros la persiguieron. Debido a eso se perdió
y se encontró a un perro llamado Kayser, con quien se hicieron
buenos amigos.
Misinga le pidió a Kayser que la ayudara. Él dijo que sí.
Fueron a muchas ciudades como Alemania, Italia, España y otros.
Pero ¿cómo pueden un perro y una gata ir a tantos lugares?
Los perros y los gatos no saben manejar un velero o un barco o un avión
o un automóvil. ¿O sí? Bueno, lo que hicieron fue
meterse de polizones a los barcos y a veces a los equipajes de los pasajeros
que abordaban un avión.
Un día, el perrero los atrapó a ambos, a pesar de que Misinga
era gata. Cuando llegaron a la perrera encontraron a otros perros con
quienes se hicieron amigos. Una noche decidieron escaparse de la perrera.
Como Misinga era pequeña y flaca se salió de la jaula y
le quitó las llaves al guardia para sacar a Kayser y a sus nuevos
amigos.
Pero el guardia se despertó y dijo: ¡Oye, ven aquí!
Misinga logró despistar al guardia. Luego liberó a sus amigos,
pero cuando trataban de escaparse se perdieron y llegaron a una fábrica
de comida para gatos.
Misinga quiso comer algo, pero Kayser la detuvo. Tenían que salir
de ahí lo más pronto posible porque si los veían
los meterían a la perrera de nuevo. Encontraron la salida, pero
sonó una alarma: ¡los habían descubierto!
Uno de los guardias apuntó la pistola hacia Misinga. ¡Bam!,
disparó, pero uno de sus amigos se puso enfrente de Misinga.
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¡Noooooooooo...!, gritó Misinga.
Kayser se enfadó tanto que mordió el trasero del guardia,
que gritó ¡Aaaaaaaaaaah!
Todos salieron corriendo. Kayser llevó en su espalda al herido,
luego llegaron a un callejón, donde trataron de curar a su amigo,
pero no lo lograron. Lo metieron en una bolsa y lo pusieron en un basurero,
pero dijo algo: Blacky.
Kayser dijo que debe ser su nombre y sí, era su nombre. Misinga
se sintió culpable de la muerte de Blacky. Al día siguiente,
cuando Misinga se despertó, sus amigos habían desaparecido;
unos minutos después regresaron y traían comida: carne,
camarones, pescado, salchichas y otras cosas.
Cuando terminaron de comer emprendieron otra vez la búsqueda. Hasta
que un día vieron una sombra; era la sombra de Blacky. ¡Sucedió
un milagro! Seguía con vida. Sus amigos no lo creían.
Blacky les dijo que cuando despertó lo primero que vio fue a un
niño que lo había sanado y que luego lo dejó ir.
Primero tenían planeado ir a El Salvador en barco como polizones.
A la mañana siguiente llegaron a El Salvador. Sus amigos les dijeron
que Kayser y Misinga siguieran solos. Blacky quiso acompañarlos,
pero no pudo porque tenía que regresar a su pueblo natal; se despidieron
y luego el barco se alejó en el horizonte.
Misinga y Kayser encontraron a los padres de nuestra gatita en un restaurante
donde el cocinero les llevaba las sobras de la comida que dejaban los
clientes.
La gatita saltó de alegría. Misinga y Kayser se quedaron
unos días en el restaurante y luego se marcharon, pero de nuevo
el perrero atrapó a Kayser. Misinga y sus padres persiguieron el
camión del perrero.
Cuando llegaron a la perrera saltaron al techo del camión y encontraron
la jaula donde estaba Kayser.
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El padre de Misinga le quitó las llaves
al guardia y liberó a Kayser. Corrieron a la velocidad de un relámpago.
El perrero los iba persiguiendo hasta que lo despistaron en un callejón.
Cuando se tranquilizaron, Misinga les contó sus aventuras. Al día
siguiente, un niño llamado Luis adoptó a los cuatro: a Misinga,
a sus padres y a Kayser.
Por fin Misinga era feliz: tenía a sus padres, a un amigo y un
hogar feliz. ¡Ah! y si queréis saber más sobre Misinga,
pregúntenle. Quién sabe. Tal vez Misinga sí exista.
Fin

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