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El destacado escritor y filósofo
salvadoreño Matías Romero recuerda que durante su infancia
en Dulce Nombre de María, Chalatenango, le comentó al
padre Mateo Quijada, quien entonces era seminarista, que le gustaba
la filosofía.
Muchacho, no sabes lo que estás diciendo. ¿Cómo
te puede gustar la filosofía si no sabes lo que es la filosofía?,
le dijo.
El niño quedó sin palabras porque, efectivamente, amaba
una cosa que no sabía qué era. Sólo sabía
que tenía un deseo nato de saberlo todo. Concuerda con el filósofo
español José Ortega y Gasset en que era como sentir
hambre de universo.
Por vivir en el campo y estar en contacto con la naturaleza se le favorecía
al pequeño reflexionar acerca de sí mismo y de su exterior.
Al llegar a la escuela en la década de 1930 conoció un
mundo diferente a través de los libros; estudió hasta
cuarto grado de primaria porque no había más.
Mi amor por el campo no era el del labradorcito que sueña
con hacer milpas, sino el del poeta que quiere cantarlo o el estudioso
que desea descifrar la naturaleza, escribe en su libro Diario
íntimo de un sacerdote, publicado en 1999.
Su vocación religiosa se la debe a su padre Candelario Romero,
un labrador, y a su madre María Coto de Romero, una noble campesina,
porque supieron inculcar en él un profundo amor por el Todopoderoso.
También influyeron en él sacerdotes jesuitas que llegaban
a Chalatenango a buscar vocaciones y el sacerdote parroquiano, ya que
los veía consagrados a la sabiduría.
No me equivocaba porque el breviario de los sacerdotes contiene
la sabiduría del mundo, en oraciones, en textos de la Biblia,
en trozos de los salmos, dice. Eso me fascinaba de tal manera
que no había cosa más grande ni más apetecible
ni más hermosa que ser sacerdote, agrega.
A los 15 años ingresó al seminario San José de
la Montaña, donde durante 12 años aprendió latín,
griego, francés e inglés. De allí su excelente
dominio del idioma castellano, por lo que sostiene que uno no puede
comprenderlo si no se está familiarizado con estos idiomas.
Momento
decisivo
En octubre de 1953 llega a ser el padre
Matías Romero, pero sale del ministerio sacerdotal en 1964 después
de haber sufrido una crisis interior por tener que escoger entre el
sacerdocio o la vida matrimonial.
En esos momentos dice que se dijo a sí mismo: Bueno, o
sigo la tendencia natural del matrimonio o corto todo eso violentamente
y de verdad me dedico a ser sacerdote. Voy a tener que buscar la vía
natural, fácil, digamos, del matrimonio, ya que no aguanto el
heroísmo de continuar en la vida sacerdotal de celibato.
Él tenía 37 años de edad y su futura esposa, 24.
Con doña Inodinda llevan ya 37 años de casados y tienen
cuatro hijos, todos profesionales.

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En 1968 obtuvo la licenciatura en Filosofía
de la Universidad de El Salvador. En los años siguientes laboró
en la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), en la
Biblioteca Nacional como director y fue diputado del PCN, durante la
presidencia del coronel Arturo Armando Molina. También ocupó
importantes cargos gubernamentales.
Ha sido profesor de filosofía, teoría del lenguaje y sociología
en diferentes universidades y en la Fuerza Armada.
Entre sus libros publicados se encuentra ¿Ha muerto la
filosofía?, Gotas de amor y de filosofía,
Dios, Unión, Libertad. Ensayo de filosofía cívica
salvadoreña, Alta bandera. Ensayo de ética
política, Filosofía de Andrés Bello,
Hagamos el amor. Filosofía para esposos enamorados,
Viaje a las estrellas. Filosofía de la superación,
Siete puntos para una filosofía militar en tiempo de paz,
Pensamiento filosófico y Poemas Existenciales
y Meditatio mortis.
En la actualidad, a los 74 años, se dedica a escribir en su casa.
Trabaja en un diccionario de salvadoreñismos, patrocinado por
universidades y academias de lengua, y que espera finalizar a fines
de año.
El pasado 24 de julio, diez instituciones cívicas y culturales
de El Salvador se unieron para darle un homenaje tanto a su persona
como a su labor en la filosofía, la literatura y las humanidades.
Es un hombre que escribe, lee, medita y reza, dijo en esa
ocasión el doctor Alfredo Martínez Moreno, director de
la Academia Salvadoreña de la Lengua. Señaló, además,
que es un paradigma de hombre de familia.

Grandes
ideales
Su mirada se llena de tristeza al preguntarle
si ha cumplido todos sus sueños.
Cómo hubiera querido terminar la obra social que yo había
comenzado en aquella época. Siento que eso se truncó.
Incluso llevo un sentimiento de culpa o de frustración por no
haber podido terminar obras buenas, una de ellas a favor de los niños
huérfanos siendo sacerdote en Santa Ana, responde.
Indica que la obra pastoral es tan bella en las parroquias, porque es
una oportunidad para transformar un pueblo, no sólo en la parte
espiritual sino en la parte material. Sus ideales volvieron a nacer
cuando entró a la política en 1974.
Soy una pirámide truncada... Así es, finaliza.
Política
El licenciado Matías Romero considera
que la política es una cosa necesaria desde antes de los tiempos
de Platón. Dice que es muy positivo que en este momento haya
en el país un partido de izquierda que dejó las armas
para hacer política en la Asamblea, así también
que haya una fuerza opositora.
Ahora eso de que pierden el tiempo, de que no llegan a las sesiones,
de que se dicen groserías el uno al otro, eso es propio de las
asambleas. En todas las asambleas del mundo se da ese fenómeno
porque la asamblea es una especie de plaza pública...va a oír
gritos, malas palabras, la propaganda de un producto y a oír
a un charlatán, dice.
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Opina que los políticos salvadoreños
necesitan mayor educación aunque se ha avanzado.
Tiene que haber, dice, partidos políticos de tradición
y no efímeros e ideológicos y no programáticos.
Valores
cívicos
Ve una necesidad de traducirle los valores
cívicos tradicionales a los jóvenes, que aunque siguen
siendo válidos, necesitan ser explicados con un lenguaje moderno.
El concepto de prócer lo hemos conservado sólo para
la gente del pasado. Hay que entender que en la época presente
también se pueden producir próceres. Cita como ejemplos
al doctor Alfredo Martínez Moreno, director de la Academia Salvadoreña
de la Lengua, y al doctor David Escobar Galindo, que ve en ellos a verdaderos
próceres en el campo intelectual y que también puede ser
cualquier persona sobresaliente en una profesión.
Hombre
Ve al ser humano como una creatura de Dios
y sobre todo el ser humano que tiene un destino más allá
de la muerte, con un destino superior y que todas sus acciones tienen
que estar en función de ese destino mejor.
Es una esperanza de una vida eterna, espiritual, feliz, más
allá de la muerte, dice.
Agrega que eso es lo que le da sentido a las cosas que hace, por lo
que soporta una moral rígida y acepta una religión muy
espiritual y también rígida.
Algunos dirán que nos ha sido impuesta por el cristianismo
y que sólo pensamos así los que leemos la Biblia, pues
no. Los argumentos más fuertes que hay en favor de la inmortalidad
del alma y de la esperanza de la otra vida vienen más bien de
la filosofía pagana, de la filosofía griega y de la filosofía
romana antes de Cristo.
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