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Para ver a dos santos saludarse no hace
falta ir al cielo. Basta con viajar cada 23 de julio a la ciudad de
Jayaque, en el departamento de La Libertad , donde San Lucas y San Cristóbal
refuerzan sus lazos de amistad con un saludo de bienvenido compadre,
en una celebración conocida por los pobladores de Jayaque y Cuisnahuat,
Sonsonate, como La topa de los cumpas.
Cada año, con la llegada del invierno, San Lucas, patrono del
pueblo de Cuisnahuat, recibe una invitación de parte de San Cristóbal,
patrono de la ciudad de Jayaque, para que pase los meses de lluvia en
su pueblo, invitación que no puede ser rechazada, ya que existe
la posibilidad de que el compadre se resienta y rompa los lazos de amistad
que los unen.
Recibida la invitación, San Lucas prepara sus maletas, y es transportado
por los feligreses en unos camerines portátiles. Inicia su recorrido
de 20 kilómetros, pasando por el vecino pueblo de Tepecoyo, donde
pasa la noche y es recibido con música, tamales, chicha y cohetes.

Por la mañana, San Lucas y su comitiva, que está integrada
por personas de la misma cofradía, reinicia el viaje, pasando
por caseríos y cantones, donde en muchas ocasiones es detenido
por algún lugareño, quien con su vista al cielo pide algún
milagro al santo.
La comitiva cuenta con un músico que hace sonar un tambor, como
marcando el paso de los cargadores de los camerines, sonido que imita
el ritmo del corazón de los alegres feligreses que caminan por
una calle que parece una enorme serpiente que sube la montaña
camino a Jayaque.

Bienvenido compadre
es la frase con que San Cristóbal (izquierda) recibe a San Lucas,
dando inicio así a la fiesta de la topa de los Cumpas.

En la iglesia del pueblo,
el cura explica la razón de la fiesta ante un público
lleno de júbilo por la unidad de los pueblos de Jayaque y Cuisnahuat.
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Terminada la ceremonia religiosa, San Lucas
es llevado a la casa donde estará ubicada la cofradia, lugar
en el cual dormirán las personas visitantes. Esta cofradía
está adornada con racimos de frutas que impregnan con su aroma
a los visitantes que llegan a entregar ofrendas al santo.
La fiesta, mientras tanto, continúa con los miembros de ambas
cofradías, quienes al son del pito y el tambor, y bajo los efectos
de la chicha, viajan a través del tiempo recordando y contando
a quien quiera escuchar cómo se desarrollaba la topa
de sus santos patronos en épocas donde los dias se medían
por cuántos soles y lunas se ponían en el cielo de Jayaque
y de Cuisnahuat.
Para el 23 de noviembre y con la llegada de los vientos frios, San Cristóbal
iniciará su peregrinación hacia Cuisnahuat, donde pasará
la época seca, retribuyendo así la visita hecha por San
Lucas, cerrando el círculo de amistad que une a los dos pueblos,
quienes desde hace más de cuatrocientos años reconocieron
que una mejor forma de evitar la guerra era estrecharse las manos en
señal de amor fraternal.
Terminados los saludos, inicia la procesión donde San Lucas va
al lado de San Cristóbal, mientras unos cumpas (compadres)
bailan en honor de los patronos, quienes desde las andas parecen disfrutar
de la fiesta.
En una parte del camino, San Cristóbal se adelanta unos cien
metros para esperar a San Lucas, para dar inicio a la topa de
los cumpas, que consiste en que cada quince metros que avanza
San Lucas, ambos hacen una reverencia, hasta llegar a estar de frente,
momento en el cual el pacto de amistad que los une queda sellado por
un año más.
Después pasan a la iglesia de la localidad, donde se realiza
una misa, en la que se explica el significado de las fiestas y se pide
a Dios que mantenga unidos a ambos pueblos.

Mientras tanto, en Jayaque los preparativos
para la fiesta han iniciado con días de anticipación,
donde la cofradía, compuesta por el mayordomo, el alcalde, el
padrino, los oficiales, las capitanas y las mandaderas, ha recogido
entre la población los alimentos para los invitados.
Los cohetes de vara son los encargados de anunciar a los pobladores
de Jayaque que la comitiva está por llegar, espacio en el cual
la comitiva de recepción, integrada por el alcalde, un mayordomo
y las reinas de barrio, se dirige a la entrada del pueblo, donde entre
aplausos se realiza el intercambio de insignias y de flores.

El intercambio de insignias
entre las cofradías forma parte de esta tradición, al
igual que los tamales que son repartidos entre la cofradía visitante
(foto derecha).
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Los cumpas desfilan por
las calles de Jayaque, al son del pito y del tambor,sonido mágico
que atrae a cientos de personas.

Estos cargadores llevan
en sus espaldas los camerines que resguardan las imágenes de
San Lucas y de San Cristóbal.





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