19 de agosto de 2001

El 13 de enero de 1966 se dio el primer paso para reconstruir la iglesia Inmaculada Concepción, en Nueva Concepción, Chalatenango. Treinta y tres años después, la feligresía ya cuenta con un templo renovado, que fue dedicado con una ceremonia religiosa el pasado 21 de junio.


Escríbanos

Era evidente que la iglesia centenaria ya estaba muy cansada de servir al pueblo. Por ese motivo, fray Juan Carlos Morello decidió emprender una empresa titánica para aquella época de 1966: botar el templo y hacer otro en su lugar. Una tarea que costó treinta y tres años, pero también millones de centavitos.
La necesidad del nuevo templo era real, no era por el simple hecho de cambiar de iglesia, ya que una parte del edificio se había rajado, y lo que era peor, ya no ofrecía seguridad a la comunidad.
Frente a este problema había otra dificultad: cómo conseguir el dinero. En aquel entonces, Nueva Concepción era un pueblo pequeño y pobre como cualquier otro de Chalatenango, por lo que no sería fácil la construcción.
La respuesta la tuvo el padre Morello con una solución ingeniosa. Cada uno de los que asistían a la iglesia colaboraría con una aportación diaria de un centavo, lo que al mes sumaba ¢0.30.
Es así como el 13 de enero de 1966 colocaron la primera piedra, sin saber cuánto duraría la construcción, y si lograrían verla renovada, a pesar de que en aquel tiempo los precios de los materiales de construcción eran relativamente baratos.
“El millar de ladrillos costaba 75 colones, el quintal de hierro valía doce colones. Antes todo era diferente... Ahora, en estos tiempos, esto costaría millones”, menciona fray Morello.

Estilo del pasado

La nueva obra fue encargada al arquitecto Augusto Baratta, esposo de la investigadora folclórica María de Baratta. No obstante, él no pudo ver concluida la nueva iglesia, ya que murió. Debido a esto, su hijo, el ingeniero Mario Augusto Baratta, se hizo cargo del trabajo.
En la medida que la iglesia vieja era demolida, los trabajos de albañilería ocupaban el espacio. En este trabajo participaron albañiles contratados y colaboradores voluntarios que se turnaban cada semana.

 

Los feligreses que vieron los primeros cambios se fueron acostumbrando a la incomodidad que había con los trabajos de albañilería, tales como el ruido, el polvo, la suciedad y otras tantas incomodidades que terminarían, no en un año, ni tampoco en tres, ni mucho menos en cinco, sino en 33 años.
Año tras año, el viejo templo cedía sus ornamentos de estilo colonial, aunque la construcción en realidad no databa desde la colonia, y entre las ruinas retomaban partes de un viejo estilo arquitectónico, el románico, según afirma el padre Morello.
A manera de recordatorio, el arte románico se puede calificar de funcional en la medida en que, en arquitectura, sustituyó las techumbres de madera por diferentes sistemas de bóvedas de piedra.
El románico heredó múltiples elementos de las civilizaciones con las que se halló en contacto: aportaciones galorromanas, del oriente cristiano, del Islam y de los monjes irlandeses, entre otros.
No obstante, el arte románico es en primer lugar simbólico: el alzado de las naves es un medio de guiar el espíritu hacia lo divino, y en la iglesia Inmaculada Concepción la nave central tiene 12 metros de alto, y las laterales alcanzan una altura de siete metros.
Aunque esta iglesia no tenga estrictamente el estilo románico puro, su belleza interior es indiscutible. Pintada con un color salmón brinda una sensación de regocijo, de amplitud y de luz. El altar luce un hermoso vitral azulado con una bella imagen de Jesucristo. El vitral fue hecho en El Salvador con materiales importados de Alemania y de Italia

El día de la dedicación

Después de tanto esfuerzo y de una fuerte cantidad de dinero, que después de 33 años de construcción no logran establecer cuánto exactamente, la iglesia fue terminada el 31 de diciembre de 1999.
Durante el 2,000 se terminaron los últimos y los pequeños detalles de la construcción. Y es en este año, exactamente el 21 de junio, que se realizó la consagración o dedicación.
En esta actividad participó el obispo Eduardo Alas, de la diócesis de Chalatenango, junto con otros sacerdotes invitados. Ellos entraron en procesión mientras el pueblo observaba.

 

Hubo una misa especial, la bendición de las cruces de las columnas, así como a la población que estaba como testigo. Al finalizar la liturgia, incluyó almuerzo para 1,500 personas.
De esta forma, el pueblo de Nueva Concepción dio por terminada una aventura que comenzó con una cuota diaria de un centavo.

Para recordar

Cuando estaban demoliendo la iglesia encontraron seis esqueletos incrustados entre las paredes de adobe. Hasta el momento no saben quiénes eran ni por qué fueron enterrados entre las paredes y no en el piso, como era la costumbre.

El fray Juan Carlos Morello es de origen italiano, nacido en la ciudad de Venecia. Vino a El Salvador el dos de octubre de 1954, sin saber una pizca del idioma español.

Fray Morello llegó a Nueva Concepción el uno de diciembre de 1960.

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