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Juego
de pelota en el sector norte de la pirámide central. Es el más
completo y uno de los principales atractivos del sitio arqueológico.
En su extremo sur existen restos de un temazcal (baño sauna).
La curiosa figura de una mujer dormida
que reposa en la cima del histórico Guazapa probablemente le
dio el nombre a Cihuatán, que en lengua pipil significa Lugar
de mujeres o Lugar junto a la mujer.
Pero esta mujer también ha testificado sobre su nacimiento,
su cotidianidad, su caída y el eterno silencio que la envolvió
por varios siglos.
Desde el siglo diez después de la era cristiana, esta importante
ciudad indígena se convirtió en ruinas y durmió
entre la selva hasta finales del siglo XIX cuando resurge para contarnos
de sus aproximadamente tres kilómetros cuadrados de extensión,
sus hábiles constructores, la afición de sus habitantes
al deporte, su religiosidad expresada en sus templos y cómo era
la estructura de sus viviendas.
Desde que usted entra al sitio está caminando sobre casas
antiguas, advierte el arqueólogo estadounidense Paul Amaroli,
mientras dirige una visita especial al sitio. Sus palabras abren un
mundo de preguntas: ¿En qué sitio realmente estamos parados?
¿Cuál era la magnitud o la importancia de este lugar?
Era la mayor ciudad en El Salvador jamás hecha y duró
unos cien años, parece respondernos el experto.
Parte de una muralla rodea esta ciudad como muestra de que sus habitantes
necesitaban protegerse; pero también las plataformas de dos templos
pequeños revestidos de una mezcla hecha de cal a base de concha
marina relata, aparte de su religiosidad, de que sus dominios llegaban
al mar.
Dos muros de piedra con gradas en el exterior indican también
que los cihuatecos amaban el juego de pelota, en cuyo complejo abarca
un temazcal (baño sauna), el que quizá los jugadores se
purificaban y luego caminaban pocos metros para participar de alguna
ceremonia especial en las cercanías del templo principal.
En el amplio espacio cubierto de grama ubicado frente a la pirámide
principal yace la plaza central y en los alrededores resíduos
de numerosas viviendas que habitaron los lejanos habitantes de esta
ciudad en ruinas, que data aproximadamente del siglo nueve después
de la era cristiana y fue construida en una loma baja de la parte central
del valle del río Acelhuate.
El dilema
¿Pero quiénes la habitaron? ¿Cómo vivieron?
En el sitio cibernético que la Universidad Estatal de San Francisco
(Estados Unidos) ha dedicado a Cihuatán, se establece la posibilidad
de que sus fundadores escogieran este valle por su posición clave
en el control del tráfico entre el mar Caribe (Honduras), los
valles florecientes y la costa salvadoreña.
También refiere que Cihuatán estaba conformada por barrios.
Uno de ellos era San Dieguito, situado al norte del centro de la ciudad.
Los ciudadanos vivían en casas similares a las tradicionales
que ahora imperan en la zona. Eran de bahareque, adobe o piedra con
mortero de barro asentadas sobre una plataforma baja y rectangular de
piedra y barro.
Las excavaciones de 17 viviendas que hiciera un grupo de arqueólogos
dirigidos por Karen Olsen Bruhns determinaron que éstas tenían
muros bajos de menos de un metro de altura, techos de paja o palma de
dos aguas muy grandes que protegían de las tormentas con sus
vientos fuertes.

Exploración
en la pirámide principal
hecha por FUNDAR este año.
Aunque las
casas investigadas presentaban un modo de construcción similar,
algunas de ellas se colocaron alrededor de un patio central como lo
hacían los mayas. Otras se ubican en una fila a lo largo de una
terraza como lo hacían los lencas o xincas.
La falta de excavaciones amplias y continuas en el lugar no han desenterrado
muchos misterios de los cihuatecos, como el saber a qué grupo
étnico pertenecían. Según la página electrónica
en mención, muchos de los artefactos relacionados con las estructuras
ceremoniales sugieren relaciones fuertes con las culturas del estado
de Veracruz en México; otros demuestran algún intercambio
con los mayas de Guatemala y con las culturas de Nicaragua y Costa Rica.
Es una posibilidad que los soberanos de Cihuatán eran una
dinastía nueva que subía del colapso de los estados mayas
de El Salvador y Honduras. Parece que a pesar de la etnia de los líderes
y la clase alta, los ciudadanos de Cihuatán eran gente de un
número de grupos étnicos diferentes, viviendo juntos en
la ciudad nueva, para fines tanto comerciales como defensivos,
reza la página electrónica referida.
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El presidente
de Concultura, Gustavo Herodier, dice que Cihuatán es un sitio
fundado en el período postclásico por la cultura pipil.
Paul Amaroli cree que si los pipiles establecieron pueblos en sus alrededores
como Aguilares y Guazapa, es lógico pensar que fueron ellos los
que fundaron Cihuatán.
Aunque
ellos (los pipiles) no construían así, es posible que
evolucionaran, reflexiona el arqueólogo, quien tampoco
descarta entre sus fundadores a posibles migrantes chorotegas u otro
grupo étnico.
El hallazgo de la arqueóloga salvadoreña Gloria Hernández
hace 25 años de una máscara de barro que representa a
Tláloc, el dios de la lluvia de los nahuas, en una pirámide
pequeña de Cihuatán, sustenta más la teoría
que fueron pipiles sus constructores.
Ahorita hay más hipótesis que información,
por eso necesitamos investigar, afirma el doctor Rodrigo Brito,
presidente de la Fundación Nacional de Arqueología (FUNDAR),
organización no gubernamental que co-administra el sitio junto
a Concultura con miras a desarrollar un parque arqueológico,
según un convenio suscrito en 1999.
Se cree que Cihuatán era una ciudad poderosa y próspera,
pero en el siglo diez después de la era cristiana se destruyó
completamente y con tanta rapidez que sus pobladores dejaron todas sus
posesiones en los pisos de sus casas y patios.
En las graderías del centro ceremonial principal se encontraron
gruesas capas de escombros e incesarios quebrados, una evidencia de
que a lo mejor fue incendiada. ¿Quiénes la incendiaron
y por qué? Paul Amaroli dice que en esa época los pueblos
mesoamericanos vivían en guerra y quemar las ciudades derrotadas
y especialmente las estructuras de paja en las cimas de los templos
era una práctica muy común.
Sobre sus invasores y vencedores no se sabe nada. Y es que Cihuatán
es hoy un conjunto de misterios. Descubrirlos requiere una profunda
y larga investigación, como también de una millonaria
inversión de la que ahora no se dispone.

Para
Martina de Cuéllar (turista),
Cihuatán es el sitio arqueológico
más interesante de nuestro país.
Su
importancia
Pese a que este sitio ha sido considerado uno de los tesoros arqueológicos
más espectaculares y más importantes de Centroamérica
y en palabras del presidente de Concultura es uno de los más
importantes para El Salvador por su tamaño y por lo que contiene,
incluyendo en su complejo total el sitio arqueológico en investigación
llamado Las Marías, hasta el momento se desconoce casi en su
totalidad lo que en realidad fue.
En el libro El Salvador, publicado en 1967, se refieren
las apreciaciones del historiador Jorge Lardé sobre estas ruinas
como la más importante de entre las ruinas de ciudades
indianas de piedra conocidas en el país.
Paul Amaroli dice que Cihuatán tenía una arquitectura
muy monumental. La pirámide principal de unos doce metros de
altura quizá sea una pequeña muestra de esa grandeza,
y descubrirla dependerá de cuánto dinero se apueste a
la investigación.
El primer interés por aclarar sus misterios ocurrió en
1925 cuando el arqueólogo salvadoreño Antonio Sol dirigió
trabajos de excavación en la pirámide principal. Le siguieron
una serie de investigaciones que se realizaron hasta 1979, poco después
la guerra y sus efectos lo sumieron en el olvido.
Para 1977, el Estado había adquirido 105 manzanas para desarrollar
las investigaciones y lo declaró Monumento Nacional. Luego de
la guerra surge FUNDAR en 1996 y centra su interés en este sitio
arqueológico a fin de emprender proyectos de investigación
y de turismo por un período de diez años bajo la supervisión
de Concultura.
Desde entonces se ha invertido en alguna infraestructura básica,
como senderos interpretativos para recibir a los visitantes, que al
mes suman entre 500 y 800. También se ha establecido seguridad,
iluminación y mejorado el camino de acceso.

Paul
Amaroll de FUNDAR

Figurilla
de perro con ruedas
encontrado en Cihuatán.
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Por gestiones de FUNDAR arqueólogos
como la doctora Karen Bruhns, han desarrollado investigaciones con resultados
importantes. Paul Amaroli y Fabio Amador, entre otros especialistas,
también han hecho exploraciones de reconocimiento para determinar
su estado y estrategias de restauración, pero falta el dinero
suficiente.
Hasta ahora los trabajos han sido financiados por Concultura, miembros
de FUNDAR, los intereses que genera un fondo patrimonial otorgado por
la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) y otros patrocinios,
con el ánimo de restaurar el sitio y no por el simple hecho de
buscar tesoros arqueológicos, como asegura el doctor Brito. Por
el momento, FUNDAR dice esperar la ayuda de ciudadanos y el aporte aún
no definido que ha prometido Concultura.
El ingeniero Herodier reconoce que las investigaciones en Cihuatán
podrían ser mayores si se le inyecta un poco más
de plata y que a eso vamos a apostarle el próximo
año, pero esto dependerá de un presupuesto
mas sólido, a fin de materializar la visión de un
parque arqueológico con todos los servicios para el deleite del
visitante, pero que a la vez sea un sitio cultural que aporte mucha
información sobre un lado un tanto oscuro de nuestra historia.
Pero según el dirigente de Concultura, pensar en la compra de
más terreno para ampliar las investigaciones en Cihuatán
aún no es factible porque no se tienen cifras concretas; además
tienen otros compromisos, como continuar la reparación del patrimonio
dañado por los terremotos del 2001 y en el cual ya se han invertido
alrededor de 24 millones de colones.
Pero de algo está seguro el ingeniero Herodier, y es que a
través de esta investigación en Cihuatán vamos
confirmando como en Ciudad Vieja y Joya de Cerén
y descubriendo etapas de la historia.

Restos
del muro que rodeaba
el centro ceremonial poniente
miran silenciosos a los visitantes.
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Investigación
arqueológica
Cihuatán se descubre en 1878, cuando el
viajero alemán-norteamericano Simeon Habel, en su travesía
entre Chalatenango y Guazapa, registra su existencia en sus memorias
de viaje.
En 1925 el arqueólogo norteamericano Samuel Lothrop levanta
el primer plano del Centro Ceremonial Poniente, por aquellos años
el único sector conocido de Cihuatán. El arqueólogo
salvadoreño Antonio Sol realiza excavaciones en la pirámide
principal.
En 1975, la doctora Karen Olsen Bruhns, de la Universidad
Estatal de San Francisco, descubre 181 estructuras habitacionales
al sur del Centro Ceremonial que proporcionan las primeras indicaciones
que Cihuatán era una ciudad verdadera.
En 1977, la doctora Bruhns, un equipo de estudiantes
y voluntarios de Earthwatch excavan una plataforma de una casa
humilde, una agrupación de edificios domésticos
de la élite y una bodega pertinente al Centro Ceremonial
Oriental.
En 1978, este mismo equipo excava un edificio grande
en la Terraza Poniente y una plataforma ceremonial, un barrio
pequeño ubicado al oeste; hacen el reconocimiento y mapeo
del sector sur, descubren 110 edificios más en este área
y levantan un plano más detallado del Centro Ceremonial
Poniente y un primero del Centro Ceremonial Oriental.
En 1979, la doctora Jane Kelley y estudiantes de la
Universidad de Calgary (Canadá) levantan un plano y excavan
en la Hacienda San Dieguito, al norte de los dos centros ceremoniales,
y demuestran que Cihuatán era una ciudad multicultural.
Después del conflicto, campesinos descubren
fortuitamente gran número de estructuras inmensas y antes
desconocidas, al sur de los centros ceremoniales.
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