|


Los
atardeceres y los amaneceres
son soñados y encantadores en este afluente. El suave
murmullo del agua, el aire fresco
y los tenues rayos del sol aportan un ingrediente especial.
El astro rey andaba en busca de su lecho
cuando llegué a Río Dulce. El primero en saludarme fue
un moderno puente de acero y de cemento, notable e imponente con sus
28 metros de altura y casi un kilómetro de extensión.
Estando en el corazón de esta masa de metal y concreto fue suficiente
voltear mi cabeza hacia los costados para descubrir un valle de agua,
ancho y adornado con el verdor de los árboles y el lento aleteo
de las aves.
Río Dulce se descubre a 280 kilómetros al norte de la
capital guatemalteca, luego de servirle como desagüe al lago Izabal
(considerado el más grande de ese país por sus 590 kilómetros
cuadrados).
Visitarlo es todo un hallazgo. Sus aguas son frescas, limpias y claras
debido a que no existen industrias pesadas que lo contaminan.
Su cauce alcanza entre 500 y 1,500 metros de longitud, por eso se vuelve
imposible contemplarlo de un solo vistazo. Lo primero que se antoja
al pisar la playa municipal es hacer un recorrido en lancha para conocer
los hábitats que alberga en sus entrañas y en sus riberas.
Verdes y tupidos manglares, bosques de lluvia habitados por aves como
garcetas, mosquero grande, loros, halcones, garzas blancas, colibríes
y martín pescador colorean el paisaje. Además, con un
poco de suerte se pueden observar escondidos entre las ramas de los
árboles los monos aulladores y los monos arañas.
Cuando el manto de la noche toma su trono, el río se tiñe
de negro, sólo la luz que producen los faroles de los hoteles
y de los restaurantes irrumpen el manto de la oscuridad. A esa hora,
el vaivén de las lanchas, que más parecen taxis de agua,
invaden el silencio.
Los turistas se acercan a los muelles para dejar que la brisa fresca
roce sus rostros bronceados por el sol, otros buscan los restaurantes
ubicados en la playa para cenar o charlar, teniendo como compañía
el valle azulado.
Una de las turistas que disfruta de ese momento placentero en la ribera
del río es Hánna Biiddefeld, de nacionalidad alemana.
Antes de tomar el bus que la trasladará a Guatemala cuenta que
este lugar le parece encantador. Me gusta la sensación
que se vive al navegar en el río y al adentrarse en la selva,
detalla.
Como ella, cientos de turistas procedentes de Europa, Estados Unidos,
Sur América y Centro América visitan este paraíso
en busca de la naturaleza, la aventura y el descanso

Para conocer
toda la riqueza natural
que ofrece Río Dulce se
recomienda rentar una lancha.
Estos taxis de agua puede
encontarlos en la playa municipal,
del lado de Fronteras.
|
|
Hora
de navegar
Es la mañana siguiente y el cielo está esmerilado; sin
embargo, el paisaje es digno de plasmarse en un cuadro pictórico.
Los pescadores de tez áspera y rostro dormitado, llevando sus
atarrayas, se disponen a internarse en el río para atrapar su
sustento diario.
Zacarías Escobar tiene 60 años y de éstos 22 de
dedicarse a la pesca. Relata que los pescadores encuentran su forma
de vida en las aguas mansas y cristalinas, pues abundan peces como el
robalo, el mojarra y el pez gato, que llegan a pesar más de una
libra.
Mientras converso con el viejo atrapador, los empleados de los hoteles
ubicados en la cuenca del afluente llegan apurados con el propósito
de tomar una canoa que los lleve a su lugar de trabajo. Los grupos de
turistas no pueden faltar; decididos a apreciar la naturaleza y a recibir
el rocío de la mañana hacen trato con los lancheros.
No pude más que hacer lo mismo; luego de tomar unas fotografías
me preparo para navegar. Le pido al propietario de la lancha que hagamos
la primera escala en la Isla de los Pájaros, conocida con ese
nombre por la cantidad de aves que se congregan en las ramas de sus
árboles.
En ese pedazo de tierra, de unos 50 metros cuadrados, se escucha a toda
hora del día el canto de pelícanos, patos malaches y colibríes.
Las ramas de los árboles albergan los nidos y las hojas han adoptado
un color blanquecino por el excremento de las aves.
Más adelante, el denso bosque de lluvia, cual paredes verdes
y brillantes, se extienden en la orilla del torrente. Está compuesto
de numerosos y grandes árboles de maderas duras, caobas y otras
especies como bromelias, epífitas y lianas.

El
turismo y la pesca son parte de
la vida en Río Dulce.
Los manglares no dejan de impresionar; plantados en la costa están
poblados por altas cañas que junto a las raíces de los
mangles forman un laberinto. Ese embrollo se convierte en la casa ideal
para muchas especies de anfibios, peces e incluso manatíes.
El manatí es conocido como vaca de mar y es una de
las especies mamíferas en peligro de extinción que aún
habita en los alrededores, sobre todo en la zona del Golfete (ensanchamiento
del río que forma un lago de diez millas de largo y tres de ancho).
Para salvaguardar a estos mamíferos, el gobierno guatemalteco
trabaja en la preservación de su hábitat, ubicado en la
costa norte del Golfete. Esa reserva se ha denominado Biotopo Chocón
Machacas, por encontrarse en el sitio donde desagua el río del
mismo nombre.
A unos cinco kilómetros de El Golfete se encuentra El Cañón,
donde el torrente alcanza su punto más estrecho al reducirse
a 100 metros de ancho. Su cauce desemboca en la bahía de Amatíque
en el mar Caribe.
En el banco norte de la desembocadura está el colorido pueblito
de Livingston, fundado en 1795 por los caribes negros conocidos como
garífunas. Las principales actividades de este lugar son la pesca
y el turismo. Es un buen sitio para tomar el sol y relajarse.

La
Isla de los Pájaros es el templo donde se congregan aves de diversas
especies, colores y tamaños.
|
|

Cristina
aprovecha el turismo.
El pueblo de Frontera es el punto
del comercio en Río Dulce. Ahí hasta
las ventas de dulces son rentables.
Punto
comercial
El pueblo de Frontera pertenece al municipio de Livinstong y es el centro
de la actividad y el negocio en Río Dulce. Está ubicado
en la parte norte, en el punto donde la carretera a Petén cruza
sobre el torrente a través de un puente.
Omar Gamboa, auxiliar de la Unidad Técnica municipal, comenta
que Fronteras es la fuente de comercio donde acuden pobladores de unas
15 aldeas del departamento de Izabal, entre ellas Buenos Aires, Tailá,
Centro 2 y Cadenas.
A lo largo de este pueblo hay almacenes, pequeñas y numerosas
tiendas, comedores, ventas de comida rápida y algunos hoteles
baratos, donde se puede encontrar trabajando a guatemaltecas de otros
departamentos como Cobán y Petén e incluso a algunas salvadoreñas.
Cristina Hernández, de 13 años, y su familia han emigrado
desde Santa Cruz del Quiché (en la zona central de Guatemala)
a Frontera. En esos lares, frecuentado por turistas de diversas nacionalidades,
han encontrado con una venta de dulces la forma de ganarse el pan de
cada día.
Aquí vendemos bastante porque viene gente de todos lados.
A veces hacemos cuarenta o cincuenta quetzales diarios, pronuncia
con timidez la jovencita de pelo lacio y ojos grandes, heredera de la
lengua quiché.
Lo anterior demuestra que este valle azulado no sólo es cuna
de bosques de lluvia, manglares, aves, mamíferos, peces, reservas
naturales, pueblos con historia y hoteles de lujo, sino que también
es el punto donde cobra vida el ajetreo de la actividad comercial.
|
Para
disfrutar
Río Dulce es un santuario
natural donde los visitantes pueden desarrollar una serie de actividades
fascinantes.
Navegación: es un paraíso para los navegantes por
sus centenares de kilómetros de agua limpia, con bahías
e incontables lagunas para explorar.
Senderismo: existe una diversidad de pistas, incluyendo el biotopo
Chocón Machacas y la costa sur del lago Izabal. Hay también
pistas a través de una plantación de caucho y en
los bosques vírgenes de madera cercanos a Fronteras.
Pesca: es una actividad continua en este afluente, donde existen
peces de hasta 20 kilogramos. Abunda el robalo y la mojarra.
Observación de pájaros: un número indeterminado
de pájaros habitan en el área. Puedes sentarte en
cualquier lugar e identificar docenas de especies.
Submarinismo: los piratas y lo sbuques españoles pelearon
batallas a lo largo del río y los barcos comerciales surcaron
sus aguas durante centenares de años, dejando muchos restos
en el fondo. Puedes mirar pero es ilegal sacar cualquier cosa.
|
|
Encuentro
con la fauna
El canto de los monos aulladores le sorprenderá en su recorrido
por las aguas azuladas de Río Dulce.
De pronto su vista se posará en el aleteo de una garza
blanca o de una garceta.
|
|