19 de mayo 2002


Verdes y tupidos manglares, bosques de lluvia habitados por aves de lindos colores
y tamaños. Este es el encanto natural que ofrece Río Dulce, en Izabal, Guatemala.


Los atardeceres y los amaneceres
son soñados y encantadores en este afluente. El suave
murmullo del agua, el aire fresco
y los tenues rayos del sol aportan un ingrediente especial.

El astro rey andaba en busca de su lecho cuando llegué a Río Dulce. El primero en saludarme fue un moderno puente de acero y de cemento, notable e imponente con sus 28 metros de altura y casi un kilómetro de extensión.
Estando en el corazón de esta masa de metal y concreto fue suficiente voltear mi cabeza hacia los costados para descubrir un valle de agua, ancho y adornado con el verdor de los árboles y el lento aleteo de las aves.
Río Dulce se descubre a 280 kilómetros al norte de la capital guatemalteca, luego de servirle como desagüe al lago Izabal (considerado el más grande de ese país por sus 590 kilómetros cuadrados).
Visitarlo es todo un hallazgo. Sus aguas son frescas, limpias y claras debido a que no existen industrias pesadas que lo contaminan.
Su cauce alcanza entre 500 y 1,500 metros de longitud, por eso se vuelve imposible contemplarlo de un solo vistazo. Lo primero que se antoja al pisar la playa municipal es hacer un recorrido en lancha para conocer los hábitats que alberga en sus entrañas y en sus riberas.
Verdes y tupidos manglares, bosques de lluvia habitados por aves como garcetas, mosquero grande, loros, halcones, garzas blancas, colibríes y martín pescador colorean el paisaje. Además, con un poco de suerte se pueden observar escondidos entre las ramas de los árboles los monos aulladores y los monos arañas.
Cuando el manto de la noche toma su trono, el río se tiñe de negro, sólo la luz que producen los faroles de los hoteles y de los restaurantes irrumpen el manto de la oscuridad. A esa hora, el vaivén de las lanchas, que más parecen taxis de agua, invaden el silencio.
Los turistas se acercan a los muelles para dejar que la brisa fresca roce sus rostros bronceados por el sol, otros buscan los restaurantes ubicados en la playa para cenar o charlar, teniendo como compañía el valle azulado.
Una de las turistas que disfruta de ese momento placentero en la ribera del río es Hánna Biiddefeld, de nacionalidad alemana. Antes de tomar el bus que la trasladará a Guatemala cuenta que este lugar le parece encantador. “Me gusta la sensación que se vive al navegar en el río y al adentrarse en la selva”, detalla.
Como ella, cientos de turistas procedentes de Europa, Estados Unidos, Sur América y Centro América visitan este paraíso en busca de la naturaleza, la aventura y el descanso

Para conocer toda la riqueza natural
que ofrece Río Dulce se
recomienda rentar una lancha.
Estos taxis de agua puede
encontarlos en la playa municipal,
del lado de Fronteras.

 

Hora de navegar

Es la mañana siguiente y el cielo está esmerilado; sin embargo, el paisaje es digno de plasmarse en un cuadro pictórico. Los pescadores de tez áspera y rostro dormitado, llevando sus atarrayas, se disponen a internarse en el río para atrapar su sustento diario.
Zacarías Escobar tiene 60 años y de éstos 22 de dedicarse a la pesca. Relata que los pescadores encuentran su forma de vida en las aguas mansas y cristalinas, pues abundan peces como el robalo, el mojarra y el pez gato, que llegan a pesar más de una libra.
Mientras converso con el viejo atrapador, los empleados de los hoteles ubicados en la cuenca del afluente llegan apurados con el propósito de tomar una canoa que los lleve a su lugar de trabajo. Los grupos de turistas no pueden faltar; decididos a apreciar la naturaleza y a recibir el rocío de la mañana hacen trato con los lancheros.
No pude más que hacer lo mismo; luego de tomar unas fotografías me preparo para navegar. Le pido al propietario de la lancha que hagamos la primera escala en la Isla de los Pájaros, conocida con ese nombre por la cantidad de aves que se congregan en las ramas de sus árboles.
En ese pedazo de tierra, de unos 50 metros cuadrados, se escucha a toda hora del día el canto de pelícanos, patos malaches y colibríes. Las ramas de los árboles albergan los nidos y las hojas han adoptado un color blanquecino por el excremento de las aves.
Más adelante, el denso bosque de lluvia, cual paredes verdes y brillantes, se extienden en la orilla del torrente. Está compuesto de numerosos y grandes árboles de maderas duras, caobas y otras especies como bromelias, epífitas y lianas.

El turismo y la pesca son parte de
la vida en Río Dulce.


Los manglares no dejan de impresionar; plantados en la costa están poblados por altas cañas que junto a las raíces de los mangles forman un laberinto. Ese embrollo se convierte en la casa ideal para muchas especies de anfibios, peces e incluso manatíes.
El manatí es conocido como “vaca de mar” y es una de las especies mamíferas en peligro de extinción que aún habita en los alrededores, sobre todo en la zona del Golfete (ensanchamiento del río que forma un lago de diez millas de largo y tres de ancho).
Para salvaguardar a estos mamíferos, el gobierno guatemalteco trabaja en la preservación de su hábitat, ubicado en la costa norte del Golfete. Esa reserva se ha denominado Biotopo Chocón Machacas, por encontrarse en el sitio donde desagua el río del mismo nombre.
A unos cinco kilómetros de El Golfete se encuentra El Cañón, donde el torrente alcanza su punto más estrecho al reducirse a 100 metros de ancho. Su cauce desemboca en la bahía de Amatíque en el mar Caribe.
En el banco norte de la desembocadura está el colorido pueblito de Livingston, fundado en 1795 por los caribes negros conocidos como garífunas. Las principales actividades de este lugar son la pesca y el turismo. Es un buen sitio para tomar el sol y relajarse.

La Isla de los Pájaros es el templo donde se congregan aves de diversas especies, colores y tamaños.

 

Cristina aprovecha el turismo.
El pueblo de Frontera es el punto
del comercio en Río Dulce. Ahí hasta
las ventas de dulces son rentables.

Punto comercial

El pueblo de Frontera pertenece al municipio de Livinstong y es el centro de la actividad y el negocio en Río Dulce. Está ubicado en la parte norte, en el punto donde la carretera a Petén cruza sobre el torrente a través de un puente.
Omar Gamboa, auxiliar de la Unidad Técnica municipal, comenta que Fronteras es la fuente de comercio donde acuden pobladores de unas 15 aldeas del departamento de Izabal, entre ellas Buenos Aires, Tailá, Centro 2 y Cadenas.
A lo largo de este pueblo hay almacenes, pequeñas y numerosas tiendas, comedores, ventas de comida rápida y algunos hoteles baratos, donde se puede encontrar trabajando a guatemaltecas de otros departamentos como Cobán y Petén e incluso a algunas salvadoreñas.
Cristina Hernández, de 13 años, y su familia han emigrado desde Santa Cruz del Quiché (en la zona central de Guatemala) a Frontera. En esos lares, frecuentado por turistas de diversas nacionalidades, han encontrado con una venta de dulces la forma de ganarse el pan de cada día.
“Aquí vendemos bastante porque viene gente de todos lados. A veces hacemos cuarenta o cincuenta quetzales diarios”, pronuncia con timidez la jovencita de pelo lacio y ojos grandes, heredera de la lengua quiché.
Lo anterior demuestra que este valle azulado no sólo es cuna de bosques de lluvia, manglares, aves, mamíferos, peces, reservas naturales, pueblos con historia y hoteles de lujo, sino que también es el punto donde cobra vida el ajetreo de la actividad comercial.

Para disfrutar

Río Dulce es un santuario
natural donde los visitantes pueden desarrollar una serie de actividades fascinantes.


Navegación: es un paraíso para los navegantes por sus centenares de kilómetros de agua limpia, con bahías e incontables lagunas para explorar.

Senderismo: existe una diversidad de pistas, incluyendo el biotopo Chocón Machacas y la costa sur del lago Izabal. Hay también pistas a través de una plantación de caucho y en los bosques vírgenes de madera cercanos a Fronteras.

Pesca: es una actividad continua en este afluente, donde existen peces de hasta 20 kilogramos. Abunda el robalo y la mojarra.

Observación de pájaros: un número indeterminado de pájaros habitan en el área. Puedes sentarte en cualquier lugar e identificar docenas de especies.

Submarinismo: los piratas y lo sbuques españoles pelearon batallas a lo largo del río y los barcos comerciales surcaron sus aguas durante centenares de años, dejando muchos restos en el fondo. Puedes mirar pero es ilegal sacar cualquier cosa.


Encuentro con la fauna
El canto de los monos aulladores le sorprenderá en su recorrido por las aguas azuladas de Río Dulce.

De pronto su vista se posará en el aleteo de una garza blanca o de una garceta.

 

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