18 de noviembre de 2001

A través de la historia, el agro ha desempeñado un papel fundamental en la economía del país, debido a su gran aporte al producto interno bruto (PIB), en donde las exportaciones de productos agrícolas (café, algodón, maíz, cana de azúcar) son una fuente importante de ingresos y además contribuye a la generación de empleos, principalmente en el área rural.


La tierra como base principal del agro ha presentado históricamente una desigual distribución, debido a que ahí se encuentra gran parte de la riqueza y del poder político del país, lo que fue una de las causas del conflicto bélico en la década de los ochenta.
La tenencia de la tierra en El Salvador se ha visto modificada por una serie de acontecimientos como la reforma agraria, los conflictos armados, la emigración al exterior, el programa de transferencia de tierras, la liberalización y la apertura comercial, la ausencia de políticas sectoriales que reactiven el agro, etc.
En la década de los noventa, como en otros tiempos, el agro se comporta de una manera impredecible, debido a la variabilidad en los precios de los productos agrícolas de exportación y al comportamiento de la naturaleza, que afecta con lluvias, huracanes, sequías, terremotos y otros fenómenos naturales la productividad agrícola del país.
Dentro de este contexto, a principios de 1990 el ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto del Agro (PIBA) ha presentado tasas negativas, que además han ocasionado una baja en su contribución a la economía global. Dicha situación se hace más grave debido a la pobreza existente en el área rural y al deterioro de los recursos naturales.

 

Para finalizar la década de los noventa, en 1999 el PIBA mostró un pequeño incremento, pero aun así es el segundo más bajo de esta década (12.8%). Incluso con esta disminución, el agro sigue siendo uno de los principales medios generadores de beneficios, ya que proporciona empleos para la población e ingresos para mantener a sus familias.
Por todo lo anterior, y las deficientes condiciones del agro, actualmente
se ha dado una serie de propuestas e iniciativas para reactivar, conservar
y desarrollarlo a nivel nacional, entre las cuales se pueden mencionar:
a) las presentadas por la Fundación Nacional para el Desarrollo
(FUNDE), junto con las organizaciones miembros del Foro Agropecuario;<br>
b) las propuestas por el Gobierno de El Salvador con el Ministerio de
Agricultura y Ganader&iacute;a (MAG); <br>
c) las reuniones de la mesa agropecuaria;<br>
d) las iniciativas presentadas por el Comit&eacute; de Incidencia para
el Desarrollo (CIDAR).<br>
Todas presentan como objetivos fundamentales la reconversi&oacute;n
productiva a trav&eacute;s de la modernizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica,
la diversificaci&oacute;n productiva y la competitividad; proporcionar
las condiciones a los agricultores para la inserci&oacute;n en un mercado
global; el abordaje de problem&aacute;ticas como la deuda agraria y
crediticia, tenencia y uso de la tierra, gesti&oacute;n de proyectos
sectoriales, y la modificaci&oacute;n institucional con la finalidad
de ofrecer servicios financieros al sector rural.

 

Agricultura de conservación


También a nivel internacional se han presentado propuestas para conservar y desarrollar la agricultura, entre las que se puede mencionar la contenida en el Protocolo de Kyoto, en donde junto con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se pretende promover la agricultura de conservación con el objeto de mejorar, conservar y realizar un uso más eficiente de los recursos naturales a través del manejo del suelo, el agua y los recursos biológicos disponibles.
La agricultura de conservación es una nueva forma de tecnología que practica en alrededor de 45 millones de hectáreas en el norte y sur de América. Consta de varias técnicas para su aplicación, como dejar los desechos de la cosecha para proteger el suelo y servir de alimento para la fauna; la labranza de conservación, en la que se dejan los residuos de la cosecha, que luego sirven como filtros de agua para evitar la erosión, lo que posibilita que se dé la siembra directa, en donde el suelo no tiene preparación alguna, reduciendo el uso de químicos y pesticidas. Dicha técnica se conoce también como agricultura orgánica.
En conclusión, el agro es una de las fuentes fundamentales de ingreso y de empleo para gran parte de la población salvadoreña, por lo tanto se hace necesario promover su conservación y su desarrollo a través de la construcción de una agricultura sostenible que promueva un equilibrio entre el uso y la protección del suelo, así como que fomente la seguridad alimentaria y laboral de la población salvadoreña.
Además resulta indispensable la participación y la integración de todos los sectores de la sociedad (empresa privada, organizaciones no gubernamentales, gobierno y sociedad civil) para proporcionar una solución integral al problema del agro, de tal manera que se adquiera la capacidad de adaptación a las transformaciones en el entorno internacional.

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