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La tierra como base principal del agro
ha presentado históricamente una desigual distribución,
debido a que ahí se encuentra gran parte de la riqueza y del
poder político del país, lo que fue una de las causas
del conflicto bélico en la década de los ochenta.
La tenencia de la tierra en El Salvador se ha visto modificada por una
serie de acontecimientos como la reforma agraria, los conflictos armados,
la emigración al exterior, el programa de transferencia de tierras,
la liberalización y la apertura comercial, la ausencia de políticas
sectoriales que reactiven el agro, etc.
En la década de los noventa, como en otros tiempos, el agro se
comporta de una manera impredecible, debido a la variabilidad en los
precios de los productos agrícolas de exportación y al
comportamiento de la naturaleza, que afecta con lluvias, huracanes,
sequías, terremotos y otros fenómenos naturales la productividad
agrícola del país.
Dentro de este contexto, a principios de 1990 el ritmo de crecimiento
del Producto Interno Bruto del Agro (PIBA) ha presentado tasas negativas,
que además han ocasionado una baja en su contribución
a la economía global. Dicha situación se hace más
grave debido a la pobreza existente en el área rural y al deterioro
de los recursos naturales.
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Para finalizar la década
de los noventa, en 1999 el PIBA mostró un pequeño incremento,
pero aun así es el segundo más bajo de esta década
(12.8%). Incluso con esta disminución, el agro sigue siendo uno
de los principales medios generadores de beneficios, ya que proporciona
empleos para la población e ingresos para mantener a sus familias.
Por
todo lo anterior, y las deficientes condiciones del agro, actualmente
se ha dado una serie de propuestas e iniciativas para reactivar, conservar
y desarrollarlo a nivel nacional, entre las cuales se pueden mencionar:
a) las presentadas por la Fundación Nacional para el Desarrollo
(FUNDE), junto con las organizaciones miembros del Foro Agropecuario;<br>
b) las propuestas por el Gobierno de El Salvador con el Ministerio de
Agricultura y Ganadería (MAG); <br>
c) las reuniones de la mesa agropecuaria;<br>
d) las iniciativas presentadas por el Comité de Incidencia
para
el Desarrollo (CIDAR).<br>
Todas presentan como objetivos fundamentales la reconversión
productiva a través de la modernización tecnológica,
la diversificación productiva y la competitividad; proporcionar
las condiciones a los agricultores para la inserción en un
mercado
global; el abordaje de problemáticas como la deuda agraria
y
crediticia, tenencia y uso de la tierra, gestión de proyectos
sectoriales, y la modificación institucional con la finalidad
de ofrecer servicios financieros al sector rural.

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Agricultura
de conservación
También a nivel internacional se han presentado propuestas para
conservar y desarrollar la agricultura, entre las que se puede mencionar
la contenida en el Protocolo de Kyoto, en donde junto con el apoyo de
la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO) se pretende promover la agricultura de
conservación con el objeto de mejorar, conservar y realizar un
uso más eficiente de los recursos naturales a través del
manejo del suelo, el agua y los recursos biológicos disponibles.
La agricultura de conservación es una nueva forma de tecnología
que practica en alrededor de 45 millones de hectáreas en el norte
y sur de América. Consta de varias técnicas para su aplicación,
como dejar los desechos de la cosecha para proteger el suelo y servir
de alimento para la fauna; la labranza de conservación, en la
que se dejan los residuos de la cosecha, que luego sirven como filtros
de agua para evitar la erosión, lo que posibilita que se dé
la siembra directa, en donde el suelo no tiene preparación alguna,
reduciendo el uso de químicos y pesticidas. Dicha técnica
se conoce también como agricultura orgánica.
En conclusión, el agro es una de las fuentes fundamentales de
ingreso y de empleo para gran parte de la población salvadoreña,
por lo tanto se hace necesario promover su conservación y su
desarrollo a través de la construcción de una agricultura
sostenible que promueva un equilibrio entre el uso y la protección
del suelo, así como que fomente la seguridad alimentaria y laboral
de la población salvadoreña.
Además resulta indispensable la participación y la integración
de todos los sectores de la sociedad (empresa privada, organizaciones
no gubernamentales, gobierno y sociedad civil) para proporcionar una
solución integral al problema del agro, de tal manera que se
adquiera la capacidad de adaptación a las transformaciones en
el entorno internacional.
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