18 de noviembre de 2001

Ser microempresario es fácil. Lo difícil es sobrevivir y crecer en un mercado con fuerte competencia. Por ese motivo existe un programa gubernamental de asesorías técnicas que todos los microempresarios pueden aprovechar para fortalecerse.


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Muchos son los ejemplos de pequeños empresarios que después de años de esfuerzo se convierten en unos monstruos para los negocios.
En Santa Ana tenemos a la familia Ibarra, con su panadería “Ban Ban”, la que con mucho trabajo, optimismo y sacrificio ha logrado posicionarse del mercado local.
De una pequeña sorbetería, que inició allá por 1975, ahora es una pastelería que cuenta con nueve sucursales en Santa Ana y una en Sonsonate, dándoles oportunidad de trabajo a 108 personas.
En San Miguel está la “Pastelería y restaurante Lorena”, de la familia Rodríguez Angulo. Ellos iniciaron en 1981 con una panadería artesanal, en la que trabajaba toda la familia.
En la actualidad, esta empresa tiene nueve sucursales en San Miguel y una en Santa Rosa de Lima, y le da oportunidad de empleo a 287 personas; además distribuyen su producto en toda la zona oriental del país.
Ambas empresas descubrieron la clave, no sólo para subsistir, sino también para crecer. Y uno de los elementos que les ha proporcionado el éxito son las capacitaciones técnicas, ya sea por medio de los programas que canaliza el gobierno, a través de la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE), o por medio de la búsqueda propia, como lo ha hecho la panadería “Ban Ban”.
Sin embargo, en el país hay miles de micro y pequeños empresarios que luchan por subsistir y a la larga no crecen, y lo que es peor, algunos hasta cierran su fuente de trabajo sin saber que una capacitación técnica les hubiera dado las armas para seguir en la lucha.

Asesorías poco aprovechadas

“El sector de la micro y de la pequeña empresa es de suma importancia, ya que para 1999, aquellas empresas con diez trabajadores o menos lograron generar alrededor de 950,000 personas ocupadas, lo que representa el 41% del total de ocupados en ese año. Este sector tiene mucha más facilidad de crecimiento, puesto que cuenta con un programa de apoyo que el gobierno está impulsando”, contestó vía fax el ministro de Economía, Miguel Ernesto Lacayo.
No obstante, una muestra de la poca importancia que los microempresarios le dan a las capacitaciones son las cifras de 1999, donde de un universo de 512,000 microempresarios, sólo el cinco por ciento recibió capacitación para desarrollar su trabajo, según datos del estudio “Características del sector microempresarial salvadoreño 1999”, publicado por la CONAMYPE.
De los pocos que han recibido capacitación, la mayoría lo ha hecho en aspectos relacionados directamente con la actividad que desempeñan (carpintería, mecánica, entre otros) y muy pocos, uno de cada 10, se han capacitado en administración o en reducción de costos.

Acceso directo

Cómo acceder al Fondo de Asistencia Técnica.
Aunque el FAT es un proyecto de CONAMYPE, para poder acceder a él deben comunicarse a las instituciones intermediarias que directamente brindarán las asesorías técnicas.
Cámara de Comercio e Industria de El Salvador. Teléfono 281-6622, extensiones 16 ó 42.
CONAMIS Y CARPINSAL. Teléfono 260-5594.
PE. Teléfono 260-9260, con Liliana de Platero.

 

AMPES. Teléfono 222-7779, con Dinora Navarrete de Clímaco.
ASI. Teléfono 279-2488.
CDA (Usulután). Teléfono 624-0046.
FADEMYPE. Teléfonos 225-8415 y 624-3475 (Usulután).
SCIS. Teléfono 208-1805.
CONAMY

¿Para qué sirven las capacitaciones
técnicas?

Los servicios de asistencia técnica o asesorías son importantes para mejorar la competitividad de las empresas. El mundo moderno demanda que las personas desarrollen el máximo conocimiento posible para desempeñar mejor cualquier actividad. Lo mismo sucede con los micro y con los pequeños empresarios. Cada vez más se demanda de ellos un mejor conocimiento de los mercados, de los productos y de los clientes.
Este conocimiento algunos lo adquieren en las universidades, pero los empresarios lo consiguen trabajando y capacitándose por medio de los servicios de asesoría, de lo contrario las empresas son superadas por otras que están mejor organizadas o formadas por gente más preparada.
“Por eso es importante el servicio de asistencia técnica, porque eso permite a las empresas mantenerse en una constante renovación y prever con anticipación las necesidades de sus clientes”, asegura Jorge Alfaro Alvarado, subdirector técnico de CONAMYPE.
Debido a esto, CONAMYPE tiene en marcha trece programas de fortalecimiento hacia el sector de los miniempresarios, y cuenta con siete proyectos, entre los que destaca el Fondo de Asistencia Técnica (FAT), al que el empresario tiene acceso para obtener servicios de capacitaciones y así mejorar su gestión empresarial y su competitividad.
En este fondo, que comenzó en junio y termina dentro de tres años, el 80% de los costos de este servicio proviene del gobierno y el otro 20% lo da el comerciante.
El FAT es para empresarios individuales, en grupo y asociados; y pueden acceder los sectores de panadería, artesanía, taller automotor, cosmetología, servicios educativos, industria cárnica y lácteos, y todo aquel micro y pequeño empresario que desea llegar a ser igual a panadería “Ban Ban” y a la pastelería “Lorena”, o todavía más grande.

El éxito les ha sonreído.

1. Vilma Ángela Cordoba de Torres y Juan Abel Torres son propietarios de la “Sala de belleza Luisa Elena”, una de las más grandes de San Miguel.
Fue en 1975 cuando doña Vilma, de 16 años en ese entonces, comenzó a trabajar de cosmetóloga en la sala de belleza de su tía. En 1992 se independiza al instalar su propia sala de belleza. Cuatro años después, su esposo, que trabajaba como empleado público, se une en la microempresa de su esposa, ayudándole desde entonces en lo administrativo.
En 1997 contactaron con el Programa de Fomento de la Microempresa (FOMMI), organización financiada por la Unión Europea, y después con la empresa Consultores Locales para el Desarrollo Educativo “SOMOS”, con las que obtuvieron asesorías y capacitaciones técnicas para mejorar su microempresa.
En la actualidad cuentan con cuatro empleadas para una clientela aproximada de 180 personas mensuales, y han ampliado sus servicios de corte de cabello y peinados al maquillaje, depilación con cera, ondulados, texturizados y sauna; además, para problemas complicados de la piel brindan servicio profesional por medio de un médico dermatólogo.

 

 

2. Dalia de los Ángeles Martínez de Aragón es la propietaria del “Comedor y pupusería Vanessa”, ubicado en la entrada a San Francisco Gotera, en Morazán. Esta emprendedora microempresaria tuvo la iniciativa, en 1995, de vender ropa por menor.
Al principio le iba bien en el negocio, pero las cosas comenzaron a ir mal cuando los estilos de la ropa no le gustaban a la gente y cuando sus clientes al crédito no pagaban a tiempo.
Dos años después dejó de vender ropa y se quedó con deudas. En la búsqueda de otra oportunidad microempresarial dedidió poner un comedor y la pupusería. Comenzaron con sus mismos platos, cubiertos, cocina y cacerolas, con una variedad limitada de comida.
Al contactar con los consultores “SOMOS” le brindaron asesoría técnica de cómo mejorar su pequeño negocio para hacerlo crecer; la capacitaron en el servicio al cliente, en manipulación de alimentos, en cursos de cocina que tomó en el Instituto Tecnológico Centroamericano (ITCA) y en otros lugares, así como la asistencia en cuanto a contabilidad y administración.
Su éxito se puede medir con el incremento de clientes. Antes de las capacitaciones atendía un promedio de 15 comensales, ahora llegan alrededor de 100 clientes; además de inaugurar otro comedor en el mismo municipio.

3. María José Carballo, María Gregoria de Larreynaga y José Faustino Reyes son los propietarios de “Industria Karela”, un taller de la confección que surgió como producto de la asociación de los tres microempresarios.
María Gregoria tenía un bazar donde vendía ropa para damas. Un día pensó que le saldría más barato confeccionarla por su propia cuenta que comprarla hecha, así es como en 1994 se inicia como costurera. Ahora es la encargada de la producción.
María José Carballo, en 1996 se convertía en una empresaria más. Ella comenzó a trabajar por su propia cuenta haciendo uniformes para empresas. En la actualidad es la responsable del área de mercadeo.
José Faustino es un contador que le llevaba las cuentas a una microempresaria de la confección y por medio de ésta conoció a sus dos socias. Participa en la empresa como accionista y encargado del área administrativa.
En un prinicipio los tres trabajaban por su propia cuenta, pero por medio de la Asociación de Apoyo y Entrenamiento “ADEL/OAT” recibieron capacitaciones técnicas que los motivó a unirse para formar la actual microempresa “Industria Karela”.
En la actualidad tienen 12 empleados y han hecho los uniformes de un promedio de 40 empresas.

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