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Muchos son los ejemplos de pequeños empresarios que después
de años de esfuerzo se convierten en unos monstruos para los
negocios.
En Santa Ana tenemos a la familia Ibarra, con su panadería Ban
Ban, la que con mucho trabajo, optimismo y sacrificio ha logrado
posicionarse del mercado local.
De una pequeña sorbetería, que inició allá
por 1975, ahora es una pastelería que cuenta con nueve sucursales
en Santa Ana y una en Sonsonate, dándoles oportunidad de trabajo
a 108 personas.
En San Miguel está la Pastelería y restaurante Lorena,
de la familia Rodríguez Angulo. Ellos iniciaron en 1981 con una
panadería artesanal, en la que trabajaba toda la familia.
En la actualidad, esta empresa tiene nueve sucursales en San Miguel
y una en Santa Rosa de Lima, y le da oportunidad de empleo a 287 personas;
además distribuyen su producto en toda la zona oriental del país.
Ambas empresas descubrieron la clave, no sólo para subsistir,
sino también para crecer. Y uno de los elementos que les ha proporcionado
el éxito son las capacitaciones técnicas, ya sea por medio
de los programas que canaliza el gobierno, a través de la Comisión
Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE), o por medio
de la búsqueda propia, como lo ha hecho la panadería Ban
Ban.
Sin embargo, en el país hay miles de micro y pequeños
empresarios que luchan por subsistir y a la larga no crecen, y lo que
es peor, algunos hasta cierran su fuente de trabajo sin saber que una
capacitación técnica les hubiera dado las armas para seguir
en la lucha.
Asesorías
poco aprovechadas
El sector de la micro y de la pequeña
empresa es de suma importancia, ya que para 1999, aquellas empresas
con diez trabajadores o menos lograron generar alrededor de 950,000
personas ocupadas, lo que representa el 41% del total de ocupados en
ese año. Este sector tiene mucha más facilidad de crecimiento,
puesto que cuenta con un programa de apoyo que el gobierno está
impulsando, contestó vía fax el ministro de Economía,
Miguel Ernesto Lacayo.
No obstante, una muestra de la poca importancia que los microempresarios
le dan a las capacitaciones son las cifras de 1999, donde de un universo
de 512,000 microempresarios, sólo el cinco por ciento recibió
capacitación para desarrollar su trabajo, según datos
del estudio Características del sector microempresarial
salvadoreño 1999, publicado por la CONAMYPE.
De los pocos que han recibido capacitación, la mayoría
lo ha hecho en aspectos relacionados directamente con la actividad que
desempeñan (carpintería, mecánica, entre otros)
y muy pocos, uno de cada 10, se han capacitado en administración
o en reducción de costos.
Acceso
directo
Cómo acceder al Fondo de Asistencia
Técnica.
Aunque el FAT es un proyecto de CONAMYPE, para poder acceder a él
deben comunicarse a las instituciones intermediarias que directamente
brindarán las asesorías técnicas.
Cámara de Comercio e Industria de El Salvador. Teléfono
281-6622, extensiones 16 ó 42.
CONAMIS Y CARPINSAL. Teléfono 260-5594.
PE. Teléfono 260-9260, con
Liliana de Platero.
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AMPES. Teléfono 222-7779, con Dinora Navarrete de Clímaco.
ASI. Teléfono 279-2488.
CDA (Usulután). Teléfono 624-0046.
FADEMYPE. Teléfonos 225-8415 y
624-3475 (Usulután).
SCIS. Teléfono 208-1805.
CONAMY
¿Para
qué sirven las capacitaciones
técnicas?
Los servicios de asistencia técnica
o asesorías son importantes para mejorar la competitividad de
las empresas. El mundo moderno demanda que las personas desarrollen
el máximo conocimiento posible para desempeñar mejor cualquier
actividad. Lo mismo sucede con los micro y con los pequeños empresarios.
Cada vez más se demanda de ellos un mejor conocimiento de los
mercados, de los productos y de los clientes.
Este conocimiento algunos lo adquieren en las universidades, pero los
empresarios lo consiguen trabajando y capacitándose por medio
de los servicios de asesoría, de lo contrario las empresas son
superadas por otras que están mejor organizadas o formadas por
gente más preparada.
Por eso es importante el servicio de asistencia técnica,
porque eso permite a las empresas mantenerse en una constante renovación
y prever con anticipación las necesidades de sus clientes,
asegura Jorge Alfaro Alvarado, subdirector técnico de CONAMYPE.
Debido a esto, CONAMYPE tiene en marcha trece programas de fortalecimiento
hacia el sector de los miniempresarios, y cuenta con siete proyectos,
entre los que destaca el Fondo de Asistencia Técnica (FAT), al
que el empresario tiene acceso para obtener servicios de capacitaciones
y así mejorar su gestión empresarial y su competitividad.
En este fondo, que comenzó en junio y termina dentro de tres
años, el 80% de los costos de este servicio proviene del gobierno
y el otro 20% lo da el comerciante.
El FAT es para empresarios individuales, en grupo y asociados; y pueden
acceder los sectores de panadería, artesanía, taller automotor,
cosmetología, servicios educativos, industria cárnica
y lácteos, y todo aquel micro y pequeño empresario que
desea llegar a ser igual a panadería Ban Ban y a
la pastelería Lorena, o todavía más
grande.
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El
éxito les ha sonreído.
1. Vilma
Ángela Cordoba de Torres y Juan Abel Torres son propietarios
de la Sala de belleza Luisa Elena, una de las más
grandes de San Miguel.
Fue en 1975 cuando doña Vilma, de 16 años en ese
entonces, comenzó a trabajar de cosmetóloga en la
sala de belleza de su tía. En 1992 se independiza al instalar
su propia sala de belleza. Cuatro años después,
su esposo, que trabajaba como empleado público, se une
en la microempresa de su esposa, ayudándole desde entonces
en lo administrativo.
En 1997 contactaron con el Programa de Fomento de la Microempresa
(FOMMI), organización financiada por la Unión Europea,
y después con la empresa Consultores Locales para el Desarrollo
Educativo SOMOS, con las que obtuvieron asesorías
y capacitaciones técnicas para mejorar su microempresa.
En la actualidad cuentan con cuatro empleadas para una clientela
aproximada de 180 personas mensuales, y han ampliado sus servicios
de corte de cabello y peinados al maquillaje, depilación
con cera, ondulados, texturizados y sauna; además, para
problemas complicados de la piel brindan servicio profesional
por medio de un médico dermatólogo.
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2. Dalia de
los Ángeles Martínez de Aragón es la propietaria
del Comedor y pupusería Vanessa, ubicado en
la entrada a San Francisco Gotera, en Morazán. Esta emprendedora
microempresaria tuvo la iniciativa, en 1995, de vender ropa por
menor.
Al principio le iba bien en el negocio, pero las cosas comenzaron
a ir mal cuando los estilos de la ropa no le gustaban a la gente
y cuando sus clientes al crédito no pagaban a tiempo.
Dos años después dejó de vender ropa y se
quedó con deudas. En la búsqueda de otra oportunidad
microempresarial dedidió poner un comedor y la pupusería.
Comenzaron con sus mismos platos, cubiertos, cocina y cacerolas,
con una variedad limitada de comida.
Al contactar con los consultores SOMOS le brindaron
asesoría técnica de cómo mejorar su pequeño
negocio para hacerlo crecer; la capacitaron en el servicio al
cliente, en manipulación de alimentos, en cursos de cocina
que tomó en el Instituto Tecnológico Centroamericano
(ITCA) y en otros lugares, así como la asistencia en cuanto
a contabilidad y administración.
Su éxito se puede medir con el incremento de clientes.
Antes de las capacitaciones atendía un promedio de 15 comensales,
ahora llegan alrededor de 100 clientes; además de inaugurar
otro comedor en el mismo municipio.
3. María
José Carballo, María Gregoria de Larreynaga y José
Faustino Reyes son los propietarios de Industria Karela,
un taller de la confección que surgió como producto
de la asociación de los tres microempresarios.
María Gregoria tenía un bazar donde vendía
ropa para damas. Un día pensó que le saldría
más barato confeccionarla por su propia cuenta que comprarla
hecha, así es como en 1994 se inicia como costurera. Ahora
es la encargada de la producción.
María José Carballo, en 1996 se convertía
en una empresaria más. Ella comenzó a trabajar por
su propia cuenta haciendo uniformes para empresas. En la actualidad
es la responsable del área de mercadeo.
José Faustino es un contador que le llevaba las cuentas
a una microempresaria de la confección y por medio de ésta
conoció a sus dos socias. Participa en la empresa como
accionista y encargado del área administrativa.
En un prinicipio los tres trabajaban por su propia cuenta, pero
por medio de la Asociación de Apoyo y Entrenamiento ADEL/OAT
recibieron capacitaciones técnicas que los motivó
a unirse para formar la actual microempresa Industria Karela.
En la actualidad tienen 12 empleados y han hecho los uniformes
de un promedio de 40 empresas.

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