18 de marzo de 2001

Muchos edificios de adobe que preservaban nuestra historia han sucumbido ante dos terremotos. Hasta hoy solo se sabe el monto de los daños, pero nada sobre las acciones para recuperarlo.


Escríbanos

Las casas y los edificios que antes llamamos “mudos testigos” de nuestro pasado ahora representan nada más un recuerdo. En su ira, la naturaleza se las llevó y con ellas buena parte de nuestra identidad, cientos de años de historia.
Tantas casas que antes se irguieron señoriales en los pueblos y nos contaban por sí mismas el pasado, ahora ya no están.
“Esa casa era bien bonita. Allí funcionó por bastantes años una farmacia de don Chepe Aguilar, después estuvo la PNC y hoy que la destruyó el terremoto, menos mal que no vivía nadie allí”, comentó un anciano al contemplar una antigua casa ubicada sobre la calle Merceditas Cáceres, vía principal de la ciudad de Juayúa, en Sonsonate.
Esa casa era una de muchas céntricas que sucumbieron en esa población el 13 de enero y que imprimían un cierto aire colonial y antiguo a la ciudad, aunque en realidad databan de una época posterior a los tiempos de la colonia. Pero también representaban el valor patrimonial y turístico que atraía visitantes a esa bonita localidad.

Difícil recuperación

Otros son más amantes del patrimonio que y aún guardan la esperanza de que nuestra historia pueda reconstruirse. Concultura dice estar consciente de la pérdida que ha sufrido nuestro patrimonio, pero deja a la voluntad o la disposición de recursos de los dueños de las casas para invertir en la recuperaración de nuestro pasado.
Por el momento, todo parece quedar en la incertidumbre. En muchos casos la falta de recursos haría imposible levantar esas antiguas casas de adobe y recrear la historia. Concultura ha anunciado que un 80% del patrimonio ha sido afectado por los terremotos después de que terminaran un estudio apoyada por la UNESCO.
Ese estudio abarca el hecho de que unos 56 centros históricos del país han sufrido daños y que su recuperación alcanzaría una inversión de más de $100 millones, así como otros $10.6 millones para reparar iglesias centenarias que fueron construidas básicamente con adobe.

 

CORSATUR, que promovía entre otros el turismo rural, dice que casi todos los pueblos que presentaban arquitectura colonial y poscolonial y estaban ubicados en la franja central y sur del país como Panchimalco, Nahuizalco, San Pedro Nonualco, fueron afectados por los terremotos de enero y febrero.
Sin embargo, CORSATUR dice estar trabajando en una reorientación de la campaña para que el ritmo de turismo interno no enfrente muchas variantes y el extranjero mantenga su interés por conocer el patrimonio que aún nos queda y que esté ligado con las históricas edificaciones de adobe.
Afortunadamente, la naturaleza fue más benevolente con poblaciones como Apaneca, ubicada en las alturas de Ahuachapán y una de las que registra mayor desarrollo turístico en el país y una de las pocas que han dictado una ordenanza para asegurar que las casas de adobe y típicas de la localidad sean preservadas en su diseño original.
Según el alcalde de Apaneca, Osmín Guzmán, con esta ordenanza se ha logrado que los residentes no sustituyan el tejado de barro o boten las paredes de adobe de las casas de habitación, lo que representa un sacrificio más que se suma al de la municipalidad que dice haber invertido más de ¢15 millones en majoramiento de calles, tanto del pueblo como las de acceso a sitios turísticos o conservar las calles empedradas.
Según el edil, los planes locales de desarrollo turístico han quedado intactos para fortuna de la empresa privada que han invertido más de ¢50 millones para la construcción de la industria hotelera y otros sitios de interés turístico y para un 40% de la población local que se emplea en ese rubro.

Casas de adobe: historia perdida

El 60 por ciento de la arquitectura salvadoreña, en especial de los pueblos con construcciones de adobe, casas de corredor y techos de teja, por lo general característicass de las zonas rurales o ciudades antiguas todavía muestran los rasgos coloniales o post-independencia.
El valor histórico-arquitectónico y turístico que en las últimas dos décadas se le dio a la vivienda de adobe no es razón de peso para que muchos damnificados quieran reconstruir con este material, aun cuando se les prometan técnicas seguras para hacerlo.
Antes de los terremotos de enero y febrero, por lo menos la mitad de pueblos salvadoreños se proponía como sitios turísticos, no sólo por sus riquezas naturales, sino también por el tesoro de sus centros históricos; pero los desastres pusieron en aprietos estos proyectos.

 

Suchitoto, en Cuscatlán, es uno de los municipios promotores de este tipo de turismo, que incluso lo llevó a crear el llamado “Festival permanente”, gracias no sólo al lago de Suchitlán y a sus cascadas, sino también a la iglesia colonial “Santa Lucía” y su arquitectura antigua de adobe y teja.
Santa Ana, Sonsonate, San Salvador e incluso Santa Tecla siguieron el ejemplo; no obstante este último perdió casi la mitad de los 400 inmuebles inventariados por su valor patrimonial. En su mayoría, casas de adobe y teja presentan daños insalvables.
En Concultura se cree que es necesario reconstruir los centros históricos para recuperar los rasgos arquitectónicos originales, así como reconstruir aquellas viviendas con más de 50 años; pero esta vez, aunque existe una Ley de Protección al Patrimonio Cultural, volver a las antiguas casas de adobe no será tan fácil.
Los municipios que alcanzaron la bonanza turística, como Juayúa, Salcoatitán, Ataco, Nahuizalco y Apaneca, dueños de la “Ruta de las flores”, una de las más florecientes zonas del occidente salvadoreño, todavía no se deciden si levantar sus casas con adobe o darle paso al concreto.

 

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