|

Las casas y los edificios que antes llamamos
mudos testigos de nuestro pasado ahora representan nada más
un recuerdo. En su ira, la naturaleza se las llevó y con ellas
buena parte de nuestra identidad, cientos de años de historia.
Tantas casas que antes se irguieron señoriales en los pueblos y
nos contaban por sí mismas el pasado, ahora ya no están.
Esa casa era bien bonita. Allí funcionó por bastantes
años una farmacia de don Chepe Aguilar, después estuvo la
PNC y hoy que la destruyó el terremoto, menos mal que no vivía
nadie allí, comentó un anciano al contemplar una antigua
casa ubicada sobre la calle Merceditas Cáceres, vía principal
de la ciudad de Juayúa, en Sonsonate.
Esa casa era una de muchas céntricas que sucumbieron en esa población
el 13 de enero y que imprimían un cierto aire colonial y antiguo
a la ciudad, aunque en realidad databan de una época posterior
a los tiempos de la colonia. Pero también representaban el valor
patrimonial y turístico que atraía visitantes a esa bonita
localidad.
Difícil
recuperación
Otros son más amantes del patrimonio
que y aún guardan la esperanza de que nuestra historia pueda reconstruirse.
Concultura dice estar consciente de la pérdida que ha sufrido nuestro
patrimonio, pero deja a la voluntad o la disposición de recursos
de los dueños de las casas para invertir en la recuperaración
de nuestro pasado.
Por el momento, todo parece quedar en la incertidumbre. En muchos casos
la falta de recursos haría imposible levantar esas antiguas casas
de adobe y recrear la historia. Concultura ha anunciado que un 80% del
patrimonio ha sido afectado por los terremotos después de que terminaran
un estudio apoyada por la UNESCO.
Ese estudio abarca el hecho de que unos 56 centros históricos del
país han sufrido daños y que su recuperación alcanzaría
una inversión de más de $100 millones, así como otros
$10.6 millones para reparar iglesias centenarias que fueron construidas
básicamente con adobe.

|
|
CORSATUR, que promovía entre otros
el turismo rural, dice que casi todos los pueblos que presentaban arquitectura
colonial y poscolonial y estaban ubicados en la franja central y sur del
país como Panchimalco, Nahuizalco, San Pedro Nonualco, fueron afectados
por los terremotos de enero y febrero.
Sin embargo, CORSATUR dice estar trabajando en una reorientación
de la campaña para que el ritmo de turismo interno no enfrente
muchas variantes y el extranjero mantenga su interés por conocer
el patrimonio que aún nos queda y que esté ligado con las
históricas edificaciones de adobe.
Afortunadamente, la naturaleza fue más benevolente con poblaciones
como Apaneca, ubicada en las alturas de Ahuachapán y una de las
que registra mayor desarrollo turístico en el país y una
de las pocas que han dictado una ordenanza para asegurar que las casas
de adobe y típicas de la localidad sean preservadas en su diseño
original.
Según el alcalde de Apaneca, Osmín Guzmán, con esta
ordenanza se ha logrado que los residentes no sustituyan el tejado de
barro o boten las paredes de adobe de las casas de habitación,
lo que representa un sacrificio más que se suma al de la municipalidad
que dice haber invertido más de ¢15 millones en majoramiento
de calles, tanto del pueblo como las de acceso a sitios turísticos
o conservar las calles empedradas.
Según el edil, los planes locales de desarrollo turístico
han quedado intactos para fortuna de la empresa privada que han invertido
más de ¢50 millones para la construcción de la industria
hotelera y otros sitios de interés turístico y para un 40%
de la población local que se emplea en ese rubro.

Casas
de adobe: historia perdida
El 60 por ciento de la arquitectura salvadoreña,
en especial de los pueblos con construcciones de adobe, casas de corredor
y techos de teja, por lo general característicass de las zonas
rurales o ciudades antiguas todavía muestran los rasgos coloniales
o post-independencia.
El valor histórico-arquitectónico y turístico que
en las últimas dos décadas se le dio a la vivienda de adobe
no es razón de peso para que muchos damnificados quieran reconstruir
con este material, aun cuando se les prometan técnicas seguras
para hacerlo.
Antes de los terremotos de enero y febrero, por lo menos la mitad de pueblos
salvadoreños se proponía como sitios turísticos,
no sólo por sus riquezas naturales, sino también por el
tesoro de sus centros históricos; pero los desastres pusieron en
aprietos estos proyectos.
|
|

Suchitoto, en Cuscatlán, es uno de
los municipios promotores de este tipo de turismo, que incluso lo llevó
a crear el llamado Festival permanente, gracias no sólo
al lago de Suchitlán y a sus cascadas, sino también a la
iglesia colonial Santa Lucía y su arquitectura antigua
de adobe y teja.
Santa Ana, Sonsonate, San Salvador e incluso Santa Tecla siguieron el
ejemplo; no obstante este último perdió casi la mitad de
los 400 inmuebles inventariados por su valor patrimonial. En su mayoría,
casas de adobe y teja presentan daños insalvables.
En Concultura se cree que es necesario reconstruir los centros históricos
para recuperar los rasgos arquitectónicos originales, así
como reconstruir aquellas viviendas con más de 50 años;
pero esta vez, aunque existe una Ley de Protección al Patrimonio
Cultural, volver a las antiguas casas de adobe no será tan fácil.
Los municipios que alcanzaron la bonanza turística, como Juayúa,
Salcoatitán, Ataco, Nahuizalco y Apaneca, dueños de la Ruta
de las flores, una de las más florecientes zonas del occidente
salvadoreño, todavía no se deciden si levantar sus casas
con adobe o darle paso al concreto.
<
Regresar a la primera parte
|