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Cinco de sus años de vida, Guillermo
Alejandro Pozo los ha dedicado a transformar las raíces del árbol
de café en originales artesanías que van desde taburetes
para sentarte hasta figuras humanas que decora con flores artificiales.
Alejandro es uno de los mejores estudiantes del sexto grado del centro
escolar de Alegría, pero también uno de los artesanos más
reconocidos, forjado en parte gracias a la ayuda de su tío Narciso,
también artista, a quien llama de cariño mi papá.
Veía las raíces de los palos como con formas de animales,
recuerda el pequeño cuya esperanza es convertirse en el futuro
en un preeminente ingeniero para construir aprovechando sus habilidosas
manos.
Sus trabajos manuales son ofrecidos a los clientes en un negocio administrado
por su familia, ubicado en el centro de la quieta población donde
Alejandro también sirve comida, atiende a los clientes e incluso
trabaja como guía turístico cuando veo que tienen
cara de buena gente.
Desde el terremoto del 13 de enero, el interés por elaborar artesanías
fue en aumento en busca de la perfección en los tallados; pero
también para olvidar de alguna manera el miedo y la desesperación
que le dejó la catástrofe.
Dulce para la mente
Mientras sus manos van calando las rudas
raíces deformes, las lágrimas están poco a poco cediendo.

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Pareciera que a medida su mente se sumerge
en lo que más le agrada, el recuerdo de aquel día se disipa.
La sonrisa vuelve al rostro de Alejandro, cuyas conversaciones acerca
de aquel fatídico día terminan casi siempre en lágrimas.
Iba a casa de mi abuela; veía que la montaña casi
me iba a caer encima, dice.
Y tiene razón. Alegría, especialmente el casco antiguo,
está enclavado en medio de pendientes y cerros cultivados con café,
los mismos que al sur del pueblo siguen derrumbándose y que afectan
la laguna de Alegría, el principal atractivo para los visitantes.
Por eso los momentos más felices en la vida actual del jovencito
ocurren cuando comienza el proceso de recolección de las raíces
de café que obtiene junto a su tío Narciso de los árboles
viejos.
Mientras estas permanecen en agua para desprender las capas gruesas de
corteza, Alejandro pule con lija otras que fueron secadas al sol. Las
pintamos de acuerdo a las formas que les observamos, explica.
A pesar del trabajo artístico que realiza y que muy inteligentemente
utiliza como terapia para el olvido, sigue adoleciendo de los temores
que vienen cada vez que tiembla, cuando ve noticias del terremoto o cuando
se siento solo.
A él la atención sicológica aún no ha llegado.
En silencio vive las huellas que le heredó el temblor como a millares
de niños, a quienes el arte a través de diferentes organismos
comienza a llegar como alternativa para convertir su llanto en risas.
Proceso
creativo
Bajo la coordinación de un equipo
especializado, Concultura inició un programa de asistencia a través
de las artes, dirigido especialmente a niños y niñas de
zonas afectadas por el terremoto y en refugios para damnificados.
La idea original era crear un programa nacional para el fortalecimiento
de la creatividad en la población mediante un diagnóstico
del proceso creativo desde una perspectiva sicológica que permitiría
descubrir los factores que bloquean la actividad artística en los
salvadoreños.
Tras el desastre fue necesario sacar de emergencia el área que
corresponde al arte como terapia para la salud mental en niños
y niñas, lo que justifica la presencia del equipo multidisciplinario
de Concultura en El Cafetalón a través de docentes y alumnos
del Centro Nacional de Artes.
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Así también los programas de
arte popular que incluyen taller artesanales en albergues como Las Delicias,
música y juegos tradicionales en Soyapango y Usulután, cuya
orientación es servir de catarsis para olvidar traumas sicológicos.
Una fuente de Concultura explicó que a partir de los resultados
que los sicólogos obtengan por medio de las obras se elaborarán
recomendaciones puntuales que permitirán a las casas de la cultura
impartir cursos y talleres que rompan con bloques que afecten la creatividad.
Los planes de asistencia sicológica a través de las artes
van a continuar bajo la asistencia de especialistas y las obras que se
obtengan servirán no sólo para medir y bajar la tensión
generada por los temblores en la población infantil, sino también
para tener un registro de la expresión del niño ante un
desastre.
Mientras Alejandro seguirá en Alegría junto a su familia
tratando de olvidar el fatídico 13 de enero, cuyo recuerdo lo obliga
a trabajar con mayor insistencia las artesanías que por el momento
no logra vender porque no hay turistas a quien ofrecerlas.
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