18 de febrero de 2001

En Alegría, Usulután, los niños no sólo quieren imitar al escritor Alberto Masferrer, uno de los más ilustres hijos del pueblo, sino utilizar las artes para olvidar el pasado terremoto.


Escríbanos

Cinco de sus años de vida, Guillermo Alejandro Pozo los ha dedicado a transformar las raíces del árbol de café en originales artesanías que van desde taburetes para sentarte hasta figuras humanas que decora con flores artificiales.
Alejandro es uno de los mejores estudiantes del sexto grado del centro escolar de Alegría, pero también uno de los artesanos más reconocidos, forjado en parte gracias a la ayuda de su tío Narciso, también artista, a quien llama de cariño “mi papá”.
“Veía las raíces de los palos como con formas de animales”, recuerda el pequeño cuya esperanza es convertirse en el futuro en un preeminente ingeniero para construir aprovechando sus habilidosas manos.
Sus trabajos manuales son ofrecidos a los clientes en un negocio administrado por su familia, ubicado en el centro de la quieta población donde Alejandro también sirve comida, atiende a los clientes e incluso trabaja como guía turístico cuando “veo que tienen cara de buena gente”.
Desde el terremoto del 13 de enero, el interés por elaborar artesanías fue en aumento en busca de la perfección en los tallados; pero también para olvidar de alguna manera el miedo y la desesperación que le dejó la catástrofe.

Dulce para la mente

Mientras sus manos van calando las rudas raíces deformes, las lágrimas están poco a poco cediendo.

 

Pareciera que a medida su mente se sumerge en lo que más le agrada, el recuerdo de aquel día se disipa.
La sonrisa vuelve al rostro de Alejandro, cuyas conversaciones acerca de aquel fatídico día terminan casi siempre en lágrimas. “Iba a casa de mi abuela; veía que la montaña casi me iba a caer encima”, dice.
Y tiene razón. Alegría, especialmente el casco antiguo, está enclavado en medio de pendientes y cerros cultivados con café, los mismos que al sur del pueblo siguen derrumbándose y que afectan la laguna de Alegría, el principal atractivo para los visitantes.
Por eso los momentos más felices en la vida actual del jovencito ocurren cuando comienza el proceso de recolección de las raíces de café que obtiene junto a su tío Narciso de los árboles viejos.
Mientras estas permanecen en agua para desprender las capas gruesas de corteza, Alejandro pule con lija otras que fueron secadas al sol. “Las pintamos de acuerdo a las formas que les observamos”, explica.
A pesar del trabajo artístico que realiza y que muy inteligentemente utiliza como terapia para el olvido, sigue adoleciendo de los temores que vienen cada vez que tiembla, cuando ve noticias del terremoto o cuando se siento solo.
A él la atención sicológica aún no ha llegado. En silencio vive las huellas que le heredó el temblor como a millares de niños, a quienes el arte a través de diferentes organismos comienza a llegar como alternativa para convertir su llanto en risas.

Proceso creativo

Bajo la coordinación de un equipo especializado, Concultura inició un programa de asistencia a través de las artes, dirigido especialmente a niños y niñas de zonas afectadas por el terremoto y en refugios para damnificados.
La idea original era crear un programa nacional para el fortalecimiento de la creatividad en la población mediante un diagnóstico del proceso creativo desde una perspectiva sicológica que permitiría descubrir los factores que bloquean la actividad artística en los salvadoreños.
Tras el desastre fue necesario sacar de emergencia el área que corresponde al arte como terapia para la salud mental en niños y niñas, lo que justifica la presencia del equipo multidisciplinario de Concultura en El Cafetalón a través de docentes y alumnos del Centro Nacional de Artes.

 

Así también los programas de arte popular que incluyen taller artesanales en albergues como Las Delicias, música y juegos tradicionales en Soyapango y Usulután, cuya orientación es servir de catarsis para olvidar traumas sicológicos.
Una fuente de Concultura explicó que a partir de los resultados que los sicólogos obtengan por medio de las obras se elaborarán recomendaciones puntuales que permitirán a las casas de la cultura impartir cursos y talleres que rompan con bloques que afecten la creatividad.
Los planes de asistencia sicológica a través de las artes van a continuar bajo la asistencia de especialistas y las obras que se obtengan servirán no sólo para medir y bajar la tensión generada por los temblores en la población infantil, sino también para tener un registro de la expresión del niño ante un desastre.
Mientras Alejandro seguirá en Alegría junto a su familia tratando de olvidar el fatídico 13 de enero, cuyo recuerdo lo obliga a trabajar con mayor insistencia las artesanías que por el momento no logra vender porque no hay turistas a quien ofrecerlas.

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