18 de febrero de 2001

Luego del terremoto conocimos de los sitios más afectados, de los damnificados, del cierre de carreteras, de las primeras víctimas y de los desaparecidos gracias al reporte de los periodistas, cuyo trabajo sobrepasó cualquier límite. Testigos del dolor y la angustia, también sintieron temor, pero prevaleció en ellos su misión de informar.


Escríbanos

Fueron de los primeros en llegar a los sitios de desastre, incluso sus reportes iniciales sirvieron de referencia al gobierno y a los cuerpos de socorro para saber a dónde enviar ayuda o asistir en la emergencia.
Seres humanos antes que periodistas vivieron de cerca el dolor de los afectados, sufrieron con ellos y se enfrentaron a dramáticos dilemas, como ayudar a gente desesperada a sacar a sus seres queridos de entre los escombros o reportar aquello como noticia impactante.
Veteranos y novatos sudaron la camiseta del oficio y permanecieron hasta doce horas por día en los sitios de desastre, recogiendo imágenes, testimonios y desgarradoras estadísticas.
Ni las réplicas, que las primeras semanas superaban las cien por día, ni el estrés, el cansancio o la angustiante necesidad de estar con sus padres, esposas o pequeños hijos les hizo desistir de la misión de informar.
A algunos, como Alonso Oviedo, camarógrafo del noticiero Tele-dos, esta tragedia lo marcará de por vida, porque sin quererlo se convirtió en el reportero de su propio desastre. Fue enviado a cubrir una asignación en Las Colinas, el sitio donde encontraría soterrada a su hija de escasos cuatro años.
Muy pocos habían cubierto semejante tragedia, y aunque algunos reportaron el accidente de Aviateca y el terremoto de 1986, la mayoría afirma que ésta ha sido la asignación más difícil.
Partícipes directos del desastre sufrieron los impactos sicológicos de la misma y coinciden en que al igual que los afectados necesitan atención profesional que les ayude a superar lo que vivieron.
A continuación, las anécdotas de reporteros y camarógrafos de televisión que grabaron las primeras imágenes luego del sismo, las primeras que la televisión transmitió y que nos mostraron el estado de emergencia en que entraba el país. Aquí sus historias.

Alonso Oviedo
Camarógrafo Tele-2

“Estaba de turno. Iba rumbo al Maya Country Club a cubrir la final de tenis junto a (el periodista) Karsen Rivas. Estábamos cerca del Co-Latino. Sólo pensé en llevar las mejores imágenes. Fuimos a los hospitales y al centro; vimos gente histerica y angustiada. Todo lo grabé. A eso de las tres de la tarde, cuando ya se me acabó el vídeo, regresamos al canal y yo pensaba más en Adriana mi hija y en ir a Las Colinas, donde vivíamos. Aunque en las noticias de la radio no decían nada, yo presentía algo.
Me ordenaron ir a San Marcos porque había gente soterrada. Yo le dije al coordinador de turno que queria ir a ver a mi hija. Él dijo que entendía, pero que estábamos en emergencia. Yo me angustiaba más.
Me enviaron con Balmore (Barrientos) y cuando íbamos en el camino no pude más y me eché a llorar. Él me dijo: ‘Calmáte, hombre. Vamos a ir’. Y al final dimos la vuelta y fuimos a Santa Tecla.
Al llegar a Las Colinas me bajé con la cámara y vi lo que había pasado. Me puse bastante mal; perdí el control, grité y lloré. Recuerdo que dudé unos segundos y aunque estaba llorando e histerico grabé cómo el alud había caído sobre las casas, pero luego Balmore me quitó la cámara. Yo ya no podía seguir.
Sabe que el trabajo hace que veamos estas cosas así con control, pero cuando se trata de alguien de uno, la historia cambia. A partir de ahí ya no trabajé. Mi objetivo era encontrar a mi hija, y agradezco a toda esta gente que me ayudó, a un policía de la UMO que quiso darme esperanza y me dijo que habían oído una vocecita que decía ‘Papá’. Yo sabía que ella no había sobrevivido entre tanta tierra. Hasta el jueves la encontramos. Estaba abrazada a Norma, la muchacha que la cuidaba.

 

Ella siempre fue especial con mi hija, por eso estoy seguro de que la cuidó hasta el final.
A la semana volví a trabajar, pero ese dolor no se me quita. Nunca me imaginé que me tocaría cubrir algo en lo que yo estaría involucrado. A la semana volvía al trabajo y sentía raro porque estaba grabando escenas de dolor, de gente que había perdido familia y todo, y ahora sí entendia bien lo que sentían...”.

Eduardo Alegría
El Noticiero, Canal seis

“Yo estaba en Chalatenango dispuesto a celebrar el cumpleaños de mi hija, Gabriela Alejandra, cuando tembló. Para mí fue eso: un temblor bastante fuerte y no pasó a más. Luego me dijeron que había sido terremoto en San Salvador y me vine al canal a ver qué se hacía.
La primera cobertura fue irme a Cojutepeque, ver los lugares más dañados y el resto de municipios de Cuscatlán. Vi las casas caídas a ras del piso. Aun así no pensaba que fuese algo tan dramático.
Al día siguiente me enviaron a Las Colinas. Yo no sabía que había algo grave; me subi a un tumulto de tierra y pregunté dónde estan las casas soterradas y me dieron que bajo mis pies. Ahí comencé a ver la magnitud de lo que había pasado. Vi una gran cantidad de muertos que no podía creerlo. Lo que más me sorprendió fue ver cómo sacaban a la gente abrazada, oír a los socorristas decir: ‘Aquí hay un brazo’, ‘aquí hay una mano’ y al final descubrieron lo que era: tres personas abrazadas; una mamá y dos hijos; la hija con una sensación de terror. Eso me dejó estático.


Yo estaba tratando de escribir en la zona de Las Colinas, porque desde ahí pasábamos reportes, cuando vi que llegaron varias gentes llorando y tratando de escarbar. Localizaron una vivienda y una señora lloraba y gritaba. Un socorrista sacó un vestidito. La señora lo olió y lo besó llorando. A mí me dejó con la voz cortada y lágrimas en los ojos, porque ese vestidito le quedaría perfecto a mi hija y pensé en ella y en qué sentiría si me pasara una situación como esa. Luego di la nota.
Cuando uno ve tanto dolor, tanta tragedia, se deprime. El jefe nos sacó de Las Colinas. Lo que tuvimos que informar lo hicimos, pero nos retiramos.
Yo creo que a todos los que desgraciadamente nos tocó cubrir esto debemos hacer el esfuerzo por distraernos. También sería importante contar con asistencia sicológica, para ayudarnos a manejar ese tipo de situaciones, porque uno solo no puede”.

Medardo Alfaro
El Noticiero, Canal Seis

“Luego del terremoto, mi hija se quedó muda. Yo le hablaba y ella estaba como en ‘shock’ del susto. Yo la miraba y no hablaba; agarré el teléfono con mi niña en brazos y hablé para el canal. No podía comunicarme. Entonces me fui con toda mi familia afuera del casco de la ciudad (en Zacatecoluca) a esperar que mi niña reaccionara. Esa era mi angustia más grande, aunque también pensaba en trabajar. Tenía ese dilema, pero me quedé con la niña. Una hora después, cuando ella dijo levemente papá, empecé a trabajar ahí en Zacate.
Me impresiona lo insignificante que somos para la naturaleza. Esta generación va a poder decir cómo ocurrio el terremoto más devastador en los últimos cien años de historia de El Salvador.
Cuando uno se mete a periodista espera reportar grandes cosas, no tragedias, pero aun cuando las cubres, sientes que realmente eres periodista, porque estas ahí sirviendo a otros al transmitir lo que ves. Parece horrible, pero si no hubieran esas cosas interesantes, el periodismo no fuera tan fascinante, aunque suene duro”.

 

Balmore Barrientos
Periodista Tele-2

“Cuando vine al canal, luego de dejar a mi hijita segura, me enviaron a San Marcos, pero el camarógrafo Alonso Oviedo queria ir a Santa Tecla, porque presentía algo. Fuimos a Las Colinas. Eran como la una de la tarde. Estaba saliendo mara tierrosa; había algunos cuerpos de socorro. Cuando llegamos había un montón de tierra y cuando lo subimos no se veían las casas. Aquel (Oviedo) se puso bien mal y yo no entendía qué pasaba. Él sólo gritaba: ‘Ahí estaba mi casa’. Yo le quité la cámara y empecé a grabar. Sólo había gente particular que lloraba y gritaba. Una onda bien horrible. Gente enloquecida, se tiraban la tierra una a otra; en la angustia querían sacar a sus familiares con las manos, pero entre tantas toneladas no se podía.


Yo consolaba al camarógrafo, pero al mismo tiempo pensaba que no era verdad. Me dolía porque yo tengo una hija como él; trataba de consolarlo, pero al mismo tiempo grababa. Era horrible. Pasé todo el día ahí; ya no regresé a mi casa.
Como a los quince minutos de haber llegado comenzaron a salir los muertos: diez, quince. Empecé a verlos y a contarlos, pero nunca pensé que iba a ser esa cantidad de gente. Llegué a mi casa casi a la una de la mañana. Me bañé, me cambié por aquello de que hace daño lo de los muertos a los niños tiernitos y cuando agarré a mi niña me agarró una onda de llorar y llorar. Siento que era como un mecanismo de escape porque nunca había visto eso. Lloré con desahogo. Yo no hallaba a quién contarle. Uno le cuenta a los televidentes lo que pasa, pero no lo que uno siente.
A los tres días de reportear ahí pedí que ya no me mandaran porque estaba deprimido. Mi esposa y mi familia se quejaban de que no estuviera con ellos, pero les decía que teníamos que estar reporteando.
Yo siento que a los periodistas que trabajamos en eso nos afectó. Uno lo asimila en el momento porque está cumpliendo una misión, pero te afecta. Cuando tiembla yo continúo teniendo miedo, por eso creo que sería prudente contar con asistencia sicológica. Nos pegó duro también”.


Vale la pena decirlo

Quisimos entrevistar a periodistas de radio y prensa escrita que también participaron arduamente en la misión de informar y cuya labor fue igual de loable y valiosa como la de los medios televisivos.
Pero ellos estaban ocupados. Las entrevistas estaban concertadas para el día martes 13 por la mañana, cuando un nuevo sismo les hizo concentrar sus esfuerzos en informar a la población lo que estaba sucediendo. No tuvieron tiempo para nuestra entrevista.

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