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Fueron de los primeros en llegar a los sitios
de desastre, incluso sus reportes iniciales sirvieron de referencia al
gobierno y a los cuerpos de socorro para saber a dónde enviar ayuda
o asistir en la emergencia.
Seres humanos antes que periodistas vivieron de cerca el dolor de los
afectados, sufrieron con ellos y se enfrentaron a dramáticos dilemas,
como ayudar a gente desesperada a sacar a sus seres queridos de entre
los escombros o reportar aquello como noticia impactante.
Veteranos y novatos sudaron la camiseta del oficio y permanecieron hasta
doce horas por día en los sitios de desastre, recogiendo imágenes,
testimonios y desgarradoras estadísticas.
Ni las réplicas, que las primeras semanas superaban las cien por
día, ni el estrés, el cansancio o la angustiante necesidad
de estar con sus padres, esposas o pequeños hijos les hizo desistir
de la misión de informar.
A algunos, como Alonso Oviedo, camarógrafo del noticiero Tele-dos,
esta tragedia lo marcará de por vida, porque sin quererlo se convirtió
en el reportero de su propio desastre. Fue enviado a cubrir una asignación
en Las Colinas, el sitio donde encontraría soterrada a su hija
de escasos cuatro años.
Muy pocos habían cubierto semejante tragedia, y aunque algunos
reportaron el accidente de Aviateca y el terremoto de 1986, la mayoría
afirma que ésta ha sido la asignación más difícil.
Partícipes directos del desastre sufrieron los impactos sicológicos
de la misma y coinciden en que al igual que los afectados necesitan atención
profesional que les ayude a superar lo que vivieron.
A continuación, las anécdotas de reporteros y camarógrafos
de televisión que grabaron las primeras imágenes luego del
sismo, las primeras que la televisión transmitió y que nos
mostraron el estado de emergencia en que entraba el país. Aquí
sus historias.
Alonso
Oviedo
Camarógrafo Tele-2
Estaba de turno. Iba rumbo al Maya
Country Club a cubrir la final de tenis junto a (el periodista) Karsen
Rivas. Estábamos cerca del Co-Latino. Sólo pensé
en llevar las mejores imágenes. Fuimos a los hospitales y al centro;
vimos gente histerica y angustiada. Todo lo grabé. A eso de las
tres de la tarde, cuando ya se me acabó el vídeo, regresamos
al canal y yo pensaba más en Adriana mi hija y en ir a Las Colinas,
donde vivíamos. Aunque en las noticias de la radio no decían
nada, yo presentía algo.
Me ordenaron ir a San Marcos porque había gente soterrada. Yo le
dije al coordinador de turno que queria ir a ver a mi hija. Él
dijo que entendía, pero que estábamos en emergencia. Yo
me angustiaba más.
Me enviaron con Balmore (Barrientos) y cuando íbamos en el camino
no pude más y me eché a llorar. Él me dijo: Calmáte,
hombre. Vamos a ir. Y al final dimos la vuelta y fuimos a Santa
Tecla.
Al llegar a Las Colinas me bajé con la cámara y vi lo que
había pasado. Me puse bastante mal; perdí el control, grité
y lloré. Recuerdo que dudé unos segundos y aunque estaba
llorando e histerico grabé cómo el alud había caído
sobre las casas, pero luego Balmore me quitó la cámara.
Yo ya no podía seguir.
Sabe que el trabajo hace que veamos estas cosas así con control,
pero cuando se trata de alguien de uno, la historia cambia. A partir de
ahí ya no trabajé. Mi objetivo era encontrar a mi hija,
y agradezco a toda esta gente que me ayudó, a un policía
de la UMO que quiso darme esperanza y me dijo que habían oído
una vocecita que decía Papá. Yo sabía
que ella no había sobrevivido entre tanta tierra. Hasta el jueves
la encontramos. Estaba abrazada a Norma, la muchacha que la cuidaba.

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Ella siempre fue especial con mi hija, por
eso estoy seguro de que la cuidó hasta el final.
A la semana volví a trabajar, pero ese dolor no se me quita. Nunca
me imaginé que me tocaría cubrir algo en lo que yo estaría
involucrado. A la semana volvía al trabajo y sentía raro
porque estaba grabando escenas de dolor, de gente que había perdido
familia y todo, y ahora sí entendia bien lo que sentían....
Eduardo
Alegría
El Noticiero, Canal seis
Yo estaba en Chalatenango dispuesto
a celebrar el cumpleaños de mi hija, Gabriela Alejandra, cuando
tembló. Para mí fue eso: un temblor bastante fuerte y no
pasó a más. Luego me dijeron que había sido terremoto
en San Salvador y me vine al canal a ver qué se hacía.
La primera cobertura fue irme a Cojutepeque, ver los lugares más
dañados y el resto de municipios de Cuscatlán. Vi las casas
caídas a ras del piso. Aun así no pensaba que fuese algo
tan dramático.
Al día siguiente me enviaron a Las Colinas. Yo no sabía
que había algo grave; me subi a un tumulto de tierra y pregunté
dónde estan las casas soterradas y me dieron que bajo mis pies.
Ahí comencé a ver la magnitud de lo que había pasado.
Vi una gran cantidad de muertos que no podía creerlo. Lo que más
me sorprendió fue ver cómo sacaban a la gente abrazada,
oír a los socorristas decir: Aquí hay un brazo,
aquí hay una mano y al final descubrieron lo que era:
tres personas abrazadas; una mamá y dos hijos; la hija con una
sensación de terror. Eso me dejó estático.

Yo estaba tratando de escribir en la zona de Las Colinas, porque desde
ahí pasábamos reportes, cuando vi que llegaron varias gentes
llorando y tratando de escarbar. Localizaron una vivienda y una señora
lloraba y gritaba. Un socorrista sacó un vestidito. La señora
lo olió y lo besó llorando. A mí me dejó con
la voz cortada y lágrimas en los ojos, porque ese vestidito le
quedaría perfecto a mi hija y pensé en ella y en qué
sentiría si me pasara una situación como esa. Luego di la
nota.
Cuando uno ve tanto dolor, tanta tragedia, se deprime. El jefe nos sacó
de Las Colinas. Lo que tuvimos que informar lo hicimos, pero nos retiramos.
Yo creo que a todos los que desgraciadamente nos tocó cubrir esto
debemos hacer el esfuerzo por distraernos. También sería
importante contar con asistencia sicológica, para ayudarnos a manejar
ese tipo de situaciones, porque uno solo no puede.
Medardo Alfaro
El Noticiero, Canal Seis
Luego del terremoto, mi hija se quedó
muda. Yo le hablaba y ella estaba como en shock del susto.
Yo la miraba y no hablaba; agarré el teléfono con mi niña
en brazos y hablé para el canal. No podía comunicarme. Entonces
me fui con toda mi familia afuera del casco de la ciudad (en Zacatecoluca)
a esperar que mi niña reaccionara. Esa era mi angustia más
grande, aunque también pensaba en trabajar. Tenía ese dilema,
pero me quedé con la niña. Una hora después, cuando
ella dijo levemente papá, empecé a trabajar ahí en
Zacate.
Me impresiona lo insignificante que somos para la naturaleza. Esta generación
va a poder decir cómo ocurrio el terremoto más devastador
en los últimos cien años de historia de El Salvador.
Cuando uno se mete a periodista espera reportar grandes cosas, no tragedias,
pero aun cuando las cubres, sientes que realmente eres periodista, porque
estas ahí sirviendo a otros al transmitir lo que ves. Parece horrible,
pero si no hubieran esas cosas interesantes, el periodismo no fuera tan
fascinante, aunque suene duro.
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Balmore Barrientos
Periodista Tele-2
Cuando vine al canal, luego de dejar
a mi hijita segura, me enviaron a San Marcos, pero el camarógrafo
Alonso Oviedo queria ir a Santa Tecla, porque presentía algo. Fuimos
a Las Colinas. Eran como la una de la tarde. Estaba saliendo mara tierrosa;
había algunos cuerpos de socorro. Cuando llegamos había
un montón de tierra y cuando lo subimos no se veían las
casas. Aquel (Oviedo) se puso bien mal y yo no entendía qué
pasaba. Él sólo gritaba: Ahí estaba mi casa.
Yo le quité la cámara y empecé a grabar. Sólo
había gente particular que lloraba y gritaba. Una onda bien horrible.
Gente enloquecida, se tiraban la tierra una a otra; en la angustia querían
sacar a sus familiares con las manos, pero entre tantas toneladas no se
podía.

Yo consolaba al camarógrafo, pero al mismo tiempo pensaba que no
era verdad. Me dolía porque yo tengo una hija como él; trataba
de consolarlo, pero al mismo tiempo grababa. Era horrible. Pasé
todo el día ahí; ya no regresé a mi casa.
Como a los quince minutos de haber llegado comenzaron a salir los muertos:
diez, quince. Empecé a verlos y a contarlos, pero nunca pensé
que iba a ser esa cantidad de gente. Llegué a mi casa casi a la
una de la mañana. Me bañé, me cambié por aquello
de que hace daño lo de los muertos a los niños tiernitos
y cuando agarré a mi niña me agarró una onda de llorar
y llorar. Siento que era como un mecanismo de escape porque nunca había
visto eso. Lloré con desahogo. Yo no hallaba a quién contarle.
Uno le cuenta a los televidentes lo que pasa, pero no lo que uno siente.
A los tres días de reportear ahí pedí que ya no me
mandaran porque estaba deprimido. Mi esposa y mi familia se quejaban de
que no estuviera con ellos, pero les decía que teníamos
que estar reporteando.
Yo siento que a los periodistas que trabajamos en eso nos afectó.
Uno lo asimila en el momento porque está cumpliendo una misión,
pero te afecta. Cuando tiembla yo continúo teniendo miedo, por
eso creo que sería prudente contar con asistencia sicológica.
Nos pegó duro también.

Vale
la pena decirlo
Quisimos entrevistar a periodistas
de radio y prensa escrita que también participaron arduamente en
la misión de informar y cuya labor fue igual de loable y valiosa
como la de los medios televisivos.
Pero ellos estaban ocupados. Las entrevistas estaban concertadas para
el día martes 13 por la mañana, cuando un nuevo sismo les
hizo concentrar sus esfuerzos en informar a la población lo que
estaba sucediendo. No tuvieron tiempo para nuestra entrevista.
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