17 de diciembre de 2000


Escríbanos

Gabriela Brimmer, conocida como Gaby, hija de emigrantes judíos austriacos, nació en México el 12 de septiembre de 1947. Al nacer contrajo parálisis cerebral y desde niña aprendió a luchar en un mundo que no acepta ni tolera la diversidad.
Ingresó a los ocho años a la primaria de un centro de rehabilitación. A esa edad una maestra le reconoció sus dotes para escribir y le recomendó que lo hiciera.
En 1967 ingresó a una escuela regular y tuvo como profesor de lengua española a un poeta que también la instó a escribir. La primera vez que su madre leyó un poema suyo lloró emocionada y le pidió que los guardara todos para escribir un libro. Escribía a máquina con un dedo del pie izquierdo; era la única parte de su cuerpo que podía controlar.
Conozcamos un poco de su alma de escritora a través de uno de sus poemas, donde se advierte un intenso amor por nuestra tierra, que trasciende las fronteras de su suelo natal. Lo denominó “América Latina”.

América Latina, me dueles
desde el fondo de mi sangre,
me hieres en lo hondo
de todos mis sistemas corporales
porque eres mía, mi patria,
la gran patria herida, la madre,
la tierra, el cielo, el viento
que pasa por las pirámides
y canta, silba, metiéndose
por las ruinas y los rascacielos
y los edificios derrumbados
por terremotos y guerras
intestinas.

Este párrafo es un grito desgarrador que a Gaby le nace desde su cuerpo inmóvil que solo entra en movimiento cuando es sacudido por espasmos involuntarios. Tal vez sea por eso que cobra más fuerza.
Ella clama por esa tierra que ama; ese clamor es también por la preservación de la especie humana. Siento que Gaby se sentía parte de un todo con el Universo. Tal vez ella trascendió la satisfacción de sus instintos y por eso durante algún tiempo no quiso hablar de la película “Gaby, una historia verdadera”, película muy famosa en donde la muestran como una persona que se esforzó para todo, incluso para lograr el derecho a su sexualidad; aunque con el tiempo reconoció que gracias a la película se dio a conocer fuera de México.

 

Desde niña le gustaba escuchar a su padre que le hablaba de todo; tenía especial interés por la política. Es impresionante como pudo ella predecir en su poesía todos estos procesos que se están dando en nuestra región acerca de la globalización y el retroceso en el desarrollo social que esto significa para las mayorías.
Ella no se podía expresar con palabras habladas, pero podía vislumbrar lo que se nos venía encima y lo escribía. Este poema es un canto de dolor por la pérdida de la soberanía que estamos sufriendo, por las políticas económicas que se nos imponen y nos hacen cada día más pobres y más dependientes. América Latina es rica, es noble, es grande; pero hoy por hoy está subordinada al capital extranjero. Gaby lo entiende así.
Gaby fundó una organización de personas con discapacidad —ADEPAM—. Es interesante que ella estuviera tan entregada al movimiento de integración de las personas con discapacidad y al mismo tiempo dedicara tiempo a su poesía.
Estaba dotada de una sensibilidad conmovedora, de una fuerza que nacía de lo profundo de su ser. Gaby nos enseña otra gran lección: quiso sentir la dicha de ser madre, adoptando una bebé recién nacida. En su libro “Gaby, una historia verdadera”, que escribió junto con la famosa escritora mexicana Elena Poniatowska, describe con lujo de detalles la alegría que sentía de despertar junto a la niña, de verla jugar e ir creciendo. A la bebé la llamó Alma Florencia.
El 2 de enero de 2000, a los 52 años, Gaby alzó el vuelo. Su espíritu quiso ser libre y remontarse a las alturas. Pero antes quiso también despedirse por medio de la poesía. En su funeral, al que asistieron todos sus buenos amigos y amigas, su único hermano dio lectura al poema:

Cuando me vaya no quiero que me
lloren.
Mi alma se irá por caminos no andados,
y no me da miedo cruzar el universo.
Al irme quiero hacerlo con manos
limpias de rencor,
sin odios y sin ambiciones; eso se lo
dejo a los vivos.
Cuando me vaya quiero hacerlo con alivio.
Y pasaré al otro mundo dejando una ruta de triunfos.

 

Este poema salió publicado en el periódico mexicano unomasuno en un artículo sobre sus exequias el 5 de enero de 2000.
El presidente mexicano Ernesto Zedillo habló en un espacio radial llamado “Pláticas de un presidente”, el 15 de enero, sobre el aporte de Gaby a las personas con discapacidad de México y anunció un premio anual para honrar su memoria. Terminó diciendo: “...Para honrar su memoria, en los próximos días se anunciará la creación de un Premio Nacional de Rehabilitación Física o Mental que llevará su nombre, así como una beca para artistas y escritores con discapacidad. Asimismo el Centro de Rehabilitación Zapata de la ciudad de México, en el que se atiende a niños con parálisis cerebral, llevará su nombre. De este modo podremos recordar a Gaby Brimmer por siempre, con cariño y con admiración”.
El presidente cumplió su promesa el 13 de marzo de 2000 en una ceremonia que presidió él mismo.
Solo vi a Gaby una vez, en 1997. No necesité hablar con ella para reconocer su calidad de mujer. Fue y seguirá siendo un ejemplo de coraje y de amor. Su espíritu no ha muerto; ahora es más libre que nunca.
Gracias, Gaby, por la herencia que nos dejaste.

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