| Doña Julia
de Martínez, mejor conocida como la niña Yuli,
es una mujer de cabello castaño, sonrisa amplia y un corazón
enorme. A sus cuarenta y tantos años ha logrado construir un pequeño imperio en el comercio de tortas en el Parque Hula Hula: posee dos chalets y otro negocio más en una céntrica calle de San Salvador. Sí, quizá no sea una santa, pero la labor que realiza de forma anónima con los niños y las niñas que viven en las calles casi la convierten en eso. Desde hace dos años se ha dedicado de lleno a atender a los niños y a los adolescentes que deambulan en el Parque Hula Hula. Con sus cuerpos delgados, sus ropas raídas, su olor nauseabundo y su adicción a la pega y al crack, estos jóvenes siempre encuentran una puerta abierta en el corazón de esta mujer. Ella se dedicó por más de un año a cuidar de Douglas, un adolescente de 16 años que vivió en la calle por casi seis años, que era adicto al crack y que además contrajo el virus del sida. Contra toda crítica, ella no sólo cuidó del muchacho, sino que además lo trató como a un hijo, lo llevó a su casa, le ayudó a bañarse y hasta le consintió antojos durante los días que vivió con ella. Sólo pollo y sorbete quería, y había que consentirlo porque, pobrecito, se sentía mal, así que yo le dejaba dinero y pollito siempre, dice. Ella misma se hizo responsable de Douglas cuando él debió ingresar al Hospital Rosales, víctima de fuertes diarreas. Ella lo cuidó y lo visitó cada semana hasta que le dieron de alta, y lo llevó a su casa, pese a que le dijeron que estaba enfermo de tifoidea, una enfermedad contagiosa. Lo metí en el Rosales. Ahí pasó cuatro meses porque le dio tifoidea y también le encontraron un hongo en un pulmón; luego salió del hospital y me lo llevé a mi casa. Ahí también lo cuidaba; poco a poco se iba recuperando y sólo le di trastes aparte porque sé que la tifoidea se pasaba, no por el sida; yo no tenía miedo, cuenta doña Yuli. Esta sencilla y afable mujer fue criticada por las otras vendedoras y por los vecinos que le aseguraban que estaba loca. Independiente de todo, ella no sólo cuidó al muchacho, sino que logró que sus dos hijos también lo aceptaran y lo cuidaran. Cuidados que acabaron cuando doña Yuli viajó a Honduras por una semana. Al regresar Douglas había vuelto al parque a oler pega y a morir. Murió a los dos meses después de haber regresado a la calle, víctima de diarreas y deshidratación. Doña Yuli ni siquiera asistió a su entierro porque el dolor se lo impidió. Ella asegura que El Seco, como llamaban todos al muchacho, apareció cinco días seguidos en sus sueños, y aún ahora todavía siente su presencia. Al hablar de él, sus ojos se llenan de lágrimas, mientras asegura que lo quiso casi como a un hijo. Sí, a ese joven de la calle, adicto, enfermo de sida, esta mujer lo cuidó y lo quiso hasta sus últimos días. |
Doña Yuli no se siente especial o distinta. Según ella ayuda a los niños de la calle por propia convicción, convencida de que Dios nos dicta a todos hacer algo de bien por otros sin esperar nada a cambio. Labores casi bíblicas Y no sólo Douglas ha tenido la suerte
de encontrarla. A otros, como a Peluche, otro adolescente
que vive en las inmediaciones del Parque Hula Hula, ella misma le limpió
los pies cuando este se infectó por completo de hongos. |
Gracias infinitas En nombre de los niños y de las niñas de los Hogares Fray Felipe de Jesús Moraga, de Santa Ana, y Villas Infantiles, de San Martín, queremos agradecer infinitamente a todas las personas y a las empresas que hicieron posible la celebración de Navidad.Gracias especiales a los empleados de El Diario de Hoy, periódico Más, McCan Erickson, Publicom, Fuerza Aérea, Colegio Santa Cecilia, El grupo de payasos, el Santa Claus Anónimo, así como las empresas La Constancia, Kiss Cakes, Pizza Hut, Telecom, Staedtler, Chez André, Hotel Camino Real Intercontinental, Tony & Guy, Inversiones Roble y otras. ¡Que Dios los bendiga!
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