17 de marzo 2002



En Termos del Río, las aguas termales de dos piscinas son la atracción de los turistas. La verde vegetación y el ambiente placentero también se han robado la preferencia de los visitantes.

Temprano en la mañana llega la naturaleza, una nube de humo cubre las dos piscinas de aguas termales.

La brisa fresca ya es un buen preámbulo. Segundos después, al adentrarse al turicentro Termos del río, situado en el kilómetro 39 y medio en la autopista que de San Salvador conduce hacia Santa Ana, se descubre un lugar diferente.
Seis piscinas disponibles, un vivero de plantas, un restaurante para degustar exquisita comida y un área para montar a caballo son parte del atractivo que ofrece en bandeja de plata Termos de Río, un sitio visitado por turistas nacionales y extranjeros.
La vegetación propia de la zona no puede faltar; las ramas de los sauces, mangos y almendros, al ondearse parecen rendir homenaje a los visitantes.
“Esta es la segunda vez que vengo. Me gusta porque es original y muy pasivo. Me parece que es el mejor de todos los balnearios”, cuenta Vicente Armando Quiteño, mientras toma el sol del atardecer a orillas de una de las piscinas.
Elena de Rivera, gerente de planificación de la Corporación Salvadoreña de Turismo (CORSATUR), refiere que iniciativas como las de Termos del Río son muy buenas para fomentar el turismo en el país, por eso están disponibles para apoyar y brindar la asesoría adecuada que se requiera.
Termos del Río cuenta con seis piscinas: cuatro de aguas tratadas (artificiales) y dos naturales, cuyas aguas nacen en el sector. Cada minuto emanan unos 1,500 galones de agua con una temperatura de 37 grados centígrados.

 

Esta es una de las cosas que más llama la atención de la gente. Aunque el agua no es caliente (es tibia) sí resulta gratificante y desestresante.
Las canchas de fútbol están siempre a disposición de los amantes del deporte. Existe una amplia área engramada destinada para montar a caballo. Además hay juegos para que los chiquitines se diviertan.
En el vivero se tiene la oportunidad de admirar bellísimas flores como pascuas, flor de las once y girasoles, entre otras. A la orilla del terreno, un pequeño afluente llamado “Las lágrimas” le da vida al paisaje.
El propietario de Termos del Río, Alberto Ardón, dice que al principio las 14 manzanas deterreno eran un sitio de descanso para disfrutar entre la familia y los amigos.
Pero se encontraron con un problema. “Debido a que no cobrábamos, el lugar siempre estaba ocupado”. Fue así que empezaron a cobrar según el potencial económico de los visitantes.
La noticia de que existía un lugar para descansar y tomar un rico baño se fue extendiendo a más personas, quienes comenzaron a acercarse. Todos se retiraban encantados y no dudaban en regresar.
Actualmente, de 300 a 500 personas lo visitan cada fin de semana. La entrada cuesta $3 para adultos y $2 para niños. El parqueo para buses vale $2 y para automóviles $1.
La naturaleza y la diversión se mezclan a lo largo del turicentro, ubicado donde iniciaba la hacienda Zapotitán. La brisa fresca le dará la bienvenida y le invitará a participar en el fomento del turismo nacional.

 

 

 

Los partidarios de montar a caballo encuentran refugio en Termos de Río. Mientras usted cabalga, tendrá tiempo de apreciar las flores y la verde vegetación.

Tiemposde misterio

Termos de Río está localizado donde hace 50 años iniciaba la hacienda Zapotitán, que pertenecía a un misterioso hombre llamado Hemeterio Ruano.

Era la época donde las huertas crecían de forma silvestre, los mangos daban su fruto aun cuando no era el tiempo de la cosecha, la gente viajaba en carreta hacia Santa Tecla y el ganado se soltaba en los campos libres para que se alimentara durante días ininterrumpidos.

Mientras los días seguían su curso, entre las pláticas de los lugareños se corría el rumor de que Hermeterio había hecho pacto con el diablo. Debido a eso, en el lugar sucedían los más misteriosos acontecimientos.

Por ejemplo, durante las tenebrosas noches se escuchaba el tropel del ganado que pasaba en el patio de las casas. Cuando todos salían para observar, el soplo del viento causaba escalofríos en los curiosos.

También se cuenta que al día siguiente, las parcelas de tierra amanecían cercadas con piedra de lava. Nadie supo nunca quién lo hacía ni cómo hacían para cercar varios kilómetros con tanta habilidad.

 

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