17 de marzo 2002

El pasado 26 de febrero Víctor Hugo cumplió 200 años de haber nacido . Ahora publicamos una reseña de este poeta, novelista y hasta político francés que lideró el romanticismo en su país y que tanto influyó en los poetas y escritores centroamericanos como Rubén Darío y Francisco Gavidia.


La genialidad del poeta se conoció
desde la infancia cuando ganaba
premios de literatura en la escuela

El poeta tiene una misión hacia el pueblo” era una frase de Víctor Hugo, un hombre que tuvo una vida intensa, con una energía y una vitalidad increíbles, a la medida de una obra amplia y variada, que transcurre desde la poesía, ya sea lírica, satírica, épica, así como dramas en verso, prosa y novela.
De hecho, estuvo muy compromentido en los debates políticos de su tiempo, y al final de su vida fue poeta oficial de la República.
La mayor parte de su obra es popular: tiene ideas sociales, sentimientos humanos nobles y sencillos, desarrolla los temas del amor parternal, el patriotismo, la nobleza de los más humildes, de los indigentes.
El verdadero genio de Víctor Hugo es su inmensa imaginación, de una sensibilidad, más que refinada, vigorosa.
Para Víctor Hugo, “el poeta es un vidente, un profeta; por lo tanto, la poesía es más que un arte, es un medio de conocimiento, que permite tener acceso al misterio del mundo”.
La juventud romántica
Tuvo un talento precoz (ganó varios premios de literatura en la escuela) y mucha ambición. Según los datos biográficos sobre el poeta, encontrados en la página electrónica: “se acuerda de haber reinventado con siete años la alternancia de las rimas masculinas y femeninas; con 13 años, empezar su primer libro “Cahier de vers français” (Cuaderno de versos franceses); luego a los 14 años tenía ya una tragedia.
En 1816 dijo “Quiero ser Chateaubriand o nada”. Francisco Renato, vizconde de Chateaubriand (1768-1848), es considerado como un escritor muy importante, cuyas obras ejercieron una poderosa influencia en el desarrollo del romanticismo en Francia.
Al principio, Hugo fue católico y monarquista. Fue reaccionario como su madre, mientras que su padre era bonapartista y más liberal. Como los romanticistas, el poeta tuvo ideas conservadoras. Por lo general, los románticos eran nostálgicos del pasado que no encontraban un lugar propio en un siglo donde había tanta confusión.
Víctor Hugo fue el líder del romanticismo en Francia; en 1827 fundó y fue jefe del movimiento literario llamado “Cenáculo”. Con él se reunía un pequeño grupo de hombres de letras y de artistas comprometidos, como Alfred de Vigny, Alejandro Dumas, Honorato de Balzac, Eugenio Delacroix, Gerardo de Nerval y Teófilo Gautier, por mencionar algunos.
Ese mismo año publica “Cromwell”, un drama romántico que no se puede presentar como obra teatral. Este texto es famoso por su prefacio que es un manifiesto anticlásico, donde se define el drama romántico.
Es a partir de aquí que surge la corriente artística romántica, que influyó no sólo la literatura, sino también la pintura a nivel mundial, influyendo de manera impactante en los artistas salvadoreños de finales del siglo XIX y de principios del XX.
En 1843, el poeta sufrió la peor de sus pérdidas: muere su hija mayor, Leopoldina Hugo, quien se ahogó junto con su esposo en el río Sena. De esta muerte surgió “Las Contemplaciones”, una recopilación de poemas en memoria de Leopoldina, que tardaron 16 años para ver la luz.
Arte y política en la sangre
Pero Victor Hugo no sólo era un eminente literato; también incursionó en la política. En 1845 fue “Par de Francia”, es decir miembro de la Alta Asamblea Legislativa. Después fue diputado de París en la Asamblea Constituyente y Legislativa.
Antes del golpe de Estado del dos de diciembre de 1851 estuvo a favor del príncipe Carlos Luis Napoleón Bonaparte (sobrino de Napoleón Bonaparte) y apoyó su candidatura a la presidencia de la Segunda República. Pero de repente, por razones ideológicas y personales se acercó a la izquierda y denuncia las metas del principe-presidente.
El dos de diciembre se esfuerza por fomentar una insurrección del pueblo de París, pero fue en vano. Entonces tiene que huir de la capital.

Además de las letras, Hugo cultivó
la pintura

 

El exilio de Víctor Hugo duró 19 años. Primero se fue a Bruselas, donde escribió un relato virulento: “Historia de un crimen” y un panfleto, “Napoleón el pequeño”. Luego pasó a vivir a Jersey.
Publicó en 1853 “Los Castigos”. En este poemario, la venganza tiene como forma la sátira, el poeta exaltó a Napoleón el Grande, pintó la lucha del bien y el mal, de la luz y de la oscuridad, la llegada de la verdad y de la libertad. Se volvió el jefe espiritual de la oposición republicana.
De 1855 a 1870 vivió en Guernesey, isla anglo-normanda. Estando ahí publicó “Las Contemplaciones” considerada como una obra maestra del lirismo.
En 1870 se derrumbó el Segundo Imperio. Víctor Hugo estaba en París al siguiente día de la proclamación de la República. Fue diputado de París en la Asamblea Nacional. Seis años después fue senador. Esta experiencia política le permitió escribir “Noventa y tres”, una novela histórica sobre la revolución.
Víctor Hugo muere el 22 de mayo de 1885, y con él muere una de las máximas figuras de la literatura, quien tuvo la facilidad y el dominio de manejar diferentes géneros literarios, enriquecidos por la política, el amor, la tragedia humana y la patética tristeza que deja la muerte.

Retrato del poeta Víctor Hugo en su juventud.

Escritor fecundo y polémico

Víctor Hugo nació en Bensançon en 1802 y murió en Paris en 1885.

Se inició como poeta clásico, pero en el prefacio de su drama histórico “Cromwell” (1827) expuso los principios románticos, consolidados en su obra Hernani.

Entre sus obras más conocidas, tanto poéticas como teatrales y novelas, entre otros géneros están: “Odas”, “Las hojas de otoño”, “Los cantos del crepúsculo”, “Las voces interiores”, “Marion Delorme”, “Ruy Blas”, “Nuestra Señora de París”, “Los castigos”, “Las contemplaciones”, “La leyenda de los siglos”, “los miserables” y “Los trabajadores del mar”, por mencionar algunas.

Cuando en 1830 se estrenó la pieza teatral “Hernani”, desencadenó una batalla entre los partidarios del clasicismo y el romanticismo. Esta obra causó indignación por la dislocación del alejandrino, por la falta de respeto a las unidades de lugar, tiempo y al decoro.

Tiempo después que murió su hija Leopoldina, Víctor Hugo se inició en el ocultismo. Él afirmaba que hablaba con el espíritu de su hija. Por estas actividades espiritistas, el caodaísmo, una religión sincretista vietnamita, han incluido a Hugo en su santoral, junto a Juana de Arco y a Winston Churchill.

 

“Mañana, rayando el alba”

Mañana, rayando el alba, a la hora en que el campo palidece, /
me marcharé. Mira, sé que me estás esperando./ Iré por el bosque, iré por la montaña./ No puedo seguir más, lejos de ti.

Caminaré clavado los ojos en mis pensamientos, / sin ver nada afuera, sin oír ningún ruido, / solo, desconocido, encorvado de espalda, cruzado de manos, / triste, y el día será para mí como la noche.

No miraré ni el oro del atardecer / ni las velas a lo lejos corriendo hacia Harfleur, / y cuando llegue, dejaré en tu tumba / un ramo de acebo verde y de brezo en flor.

(3 de septiembre de 1847)

 

Funeral del poeta el 1 de junio de 1885
en París.

El poema que Víctor Hugo dedica a su hija

El poema “Mañana, rayando el alba” ha sido traducido por Yvan Moreau, director de la Alianza Francesa de El Salvador; el análisis es de Alexandra Domarchi, profesora de literatura francesa del Liceo Francés.

La muerte de Leopoldina, la hija mayor, el 4 de septiembre de 1843, afectó mucho al poeta Víctor Hugo. Ella era su hija querida. El poeta escribió “Mañana, rayando el alba” cuatro años después de la muerte de ella.
El poeta se dirige a su hija muerta, le habla de manera cariñosa, ocupa el tú, pronombre de la intimidad, de la proximidad. Habla de una cita en una tumba. Este poema crea un efecto de esperanza, de misterio: sólo al final, con la palabra “tumba” se entiende que se trata de una cita en un cementerio.
En este poema, incluido en el poemario “Las contemplaciones”, se trata de un viaje a lo largo del día. Las tres estrofas se refieren a tres momentos del día; el alba o la manaña con el color blanco dominante, el día y el atardecer. También se destacan tres etapas: la partida, el viaje y la llegada.
Uno de los intereses de la literatura es la polisemia (propiedad de una palabra que presenta diferentes sentidos). En este poema se siente al principio la determinación del poeta que se dirige a su hija. Luego el ritmo regular de las frases sugiere el de un caminante tranquilo. Al final hay una evocación de la belleza de la naturaleza, a pesar de que el poeta dice que no la quiere contemplar. Las imágenes del “oro del atardecer” y de “las velas” pintan un paisaje fluvial muy bello, apaciguador.
Mientras que el corazón del poema es distinto: el poeta demuestra una voluntad de encerrarse; así el poeta deja de hablarle a su hija, se corta voluntariamente del mundo. El ritmo cambia: “Solo, desconocido, encorvado de espalda, cruzado de manos”, las palabras, las expresiones se siguen, separadas por las comas.
La palabra “triste” al principio del verso siguiente está puesta de relieve por el encabalgamiento. Entonces se siente todo el dolor, la tristeza, la desesperación del padre que pierde a su hija.
En la tradición de la antigüedad y en varias culturas y religiones se hacen regalos a los muertos. De hecho, en este poema, Víctor Hugo regala a su hija unas flores y plantas sencillas: un ramo de acebo verde y de brezo en flor.
El poema se puede considerar también como un regalo para una persona querida. Es una verdadera ofrenda del poeta a Leopoldina. El poeta inmortalizó a su hija en estos versos.
El arte permite lucha contra el pasar del tiempo, la muerte, la desesperación de los seres queridos. Ellos pueden estar inmortalizados en el arte. Los humanos pasan, pero el arte perdura, es eterno...
Por fin, se podría hacer una comparación entre este poema y el de un autor francés del renacimiento: Pierre de Ronsard: “Como se ve en la rama, en el mes de mayo la rosa”. Este poema está dedicado a la amante muerta del poeta, es comparada con una rosa... Al final del poema se puede leer estos versos:
“Para tus funerales, rocié mis lágrimas y mi llanto,
este vaso lleno de leche, este cesto lleno de flores,
para que, vivo y muerto, tu cuerpo sea sólo de rosas”.

Los críticos consideran que su mayor éxito literario es “Nuestra Señora de París”.

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