|

La obra de Orellana consta de un prólogo,
doce capítulos cortos, un epílogo, todos estructurados
y de un formato tradicional, lo que demuestra en cuanto jóvenes
escritores perfectamente pueden ceñirse sin dificultad a los
cánones de los usos literarios, sin dejar de impregnar el estilo
de la época.
El autor armoniza estas tendencias en su ficción. Inicialmente
no logramos del todo introducirnos al argumento... Incluso podríamos
haber caído en error dejarla, debido esto a que no tenemos casi
un siglo de vida y nunca hemos conversado con la muerte.
Sin embargo al leerla detenidamente nos identificó o ¿señaló?
por cualquier párrafo. Esta trama inicia con el siglo, el que
según los entendidos ha sido convulsionado. Encontramos como
un protagonista (Felipe), de algún modo estuvo presente en todos
los momentos destacados en la centuria.
Mauricio Orellana Suárez nos traslada hechos históricos
a un segundo plano para de allí establecer un guión de
una crónica senil singular, intención clara desde el comienzo.
Entreteje para ello una pícara dilatoriedad con la
parca, recurso que nos hará reír, deprimirnos, entristecernos...
Al cerrar el libro sabremos que no era locura caduca, fue una tragedia
real no por sucedida, más por la sempiterna realidad
que supera muchas veces la ficción.
Nos presenta como factor común en los personajes una pragmática
concepción filosófica personal de moral convertida de
pronto en la del relato, siendo al ver nuestro alrededor la materialidad
salvadoreña. Así se nulifica la moral social pretendida
por todos, aceptando que solo basta correr las cortinas y violentarlas
a nuestra correcta conveniencia; nos vemos como Susan, la española
que se le latiniza.
Otra intención es poner al
descubierto las inseguridades masculinas, aperturadas muy bien y dejada
la conclusión al ejercicio del lector, desprendiendo una ironía
en Damián Felipe, surgiendo como el más seguro de todos
a pesar de su criptorquiada unilateral derecha a la que se sumó
una microfalia severa, presagiando escasez de virilidad.
Oportuno y buen logrado retrato de una propiedad golpeante: la violación
infantil por parte del padre, violencia visceral, tragedias naturales,
el desprecio a la vejez...
Un elemento particularmente identificativo fue el enfrentamiento con
la vanidad, ego u orgullo... como quiera llamarlo. Nunca pensamos en
estar viejos, solos, incluso sin recuerdos. ¿Llegará un
día que no recordaremos quiénes somos? Entonces seremos
nada. En un país donde el promedio de vida es 60 años
quizás no importe, pero si posee una herencia de longevidad sería
recomendable que la lea.
|
|

Es emocional, pero distribuye esta emotividad
por toda la geografía de la novela, acomodada para que en oportunos
momentos aflore, hacién dola aceptable.
Personalmente el diblar la muerte me parece cobardía expresa,
ya que todos morimos. Debemos hacer lo que haya que ser en su justo
tiempo. Intuirlo es clave.
Prefiero pensar que ese guión contado a la cuatroesquinas fue
solo la hoja de vida de Felipe que en flash back nos relató.
Finalmente el novel literato es considerado al dejarnos una moraleja
elíptica.
Nos quedamos en espera de su próximo libro, por ser sin duda
uno de los talentos prometedores que el país puede considerarse
poseer. Esperamos no se extinga, debido a que nuestra ingenuidad necesita
ser escrita, y el paseo que Mauricio Orellana Suárez nos fabricó
en esta fábula incluso peco de parcial específico
en el tramo correspondiente a lo contemporáneo, delatando así
su tiemoo, el ahora).
Deja dicho que la juventud puede decir verda des, pero con un estilo
diferente, fresco, sin cambiar situaciones, apropiado de una inventiva
literaria. Poseer un compromiso nuevo, no con ideologías o sistemas,
sino con la sociedad, un pueblo al que quiere sacudir para que salga
del letargo civil en que lo dejó el panfleto.
Ficha
técnica
Nombre:
Te recuerdo que moriremos
algún día.
Autor:
Mauricio Orellana Suárez.
Páginas:
194.
Precio: $4.
De venta en la Casa de la Cultura
del centro.
|
|
|
From
all of nosotros
Desde the soleada
Miami
to all of ustedes
The Bojórquez
Una little X-más historia:
Twas the night antes de Christmas and all through the casa,
not a creature was stirring ¡Caramba! ¿Qué
pasa?
Los niños were tucked away in their camas,
some in long underwear, otros in pijamas.
While hanging the stockings with mucho cuidado
in hopes that el viejo Santa would feel obligado
to bring all cipotes, both buenos and malos,
a nice batch of dulces and other regalos.
Outside in the patio there arose such a grito
that I jumped to my feet like a frightened cabrito.
I ran to the ventana and looked out afuera,
¿Y quién in the world do you think that it era?
Saint Nick in a sleigh and a big red sombrero
came dashing along like a crazy bombero.
And pulling his sleigh instead of venados
were ocho little burros approaching volados.
I watched as they venían and this quaint little hombre
was shouting and whistling and calling by nombre:
Ay Pancho, ay Pepe, ay Chepe, ay Beto,
Ay Mario, ay Chirris, Tayo y Moma!.
Then standing erect with his manos on his pecho
he flew to the top of our very own techo
con su round little belly like a bowl of jalea,
he struggled to squeeze down our old chiminea,
then huffing and puffing at last in our sala,
with soot smeared all over his rojo suit de gala.
Él llenó all the stockings with lovely regalos
for none of the niños had been very malos.
Then chuckling aloud, seeming very contento,
he turned like a flash and was gone like the viento
and I heard him exclaim, and this is verdad:
¡Merry Navidades to all, and Feliz Christmas!
|
|