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Los ojos vivaces de Cristina (nombre ficticio)
no corresponden a su experiencia de abandono por parte de su madre y
de maltrato junto a su madrastra.
Es traviesa, juguetona y le encanta escuchar las pláticas de
las niñas adolescentes del hogar Jehová Jireh,
donde vive desde hace tres años.
Aunque Cristina no disfrutó de la compañía ni de
la orientación de una madre, acostumbra a jugar de mamá
que cocina y delega responsabilidades a todas sus hijas.
Elena de Benítez, quien junto a su esposo Juan dirige el hogar,
dice que esta niña no es ni la sombra de cuando llegó
remitida por el Instituto Salvadoreño de Protección al
Menor (ISPM).
A sus cinco años, la pequeña ya había experimentado
el desamparo de su madre, quien al adolece trastornos mentales, y el
cruel castigo físico de su madrastra.
¿Qué te pasó en las manos y los brazos? ¿Por
qué tienes esas marcas?, preguntamos con insistencia a Cristina.
Después de callar por largos ratos, contestó: Mi madrastra
me quemaba con tenedores calientes; también me pegaba duro.

Esta
pequeña fue abandonada por su madre cuando era bebé.
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Abandono
en cifras
Hasta el 31 de mayo, el ISPM ha registrado
139 ingresos por abandono, 68 por maltrato, 13 por abuso sexual
y 92 de niños y niñas que vivían en situación
de riesgo, entre otros casos que suman 406.
Según datos de la oficina de comunicaciones del ISPM, cada
año reciben una población fluctuante (ingresos y
egresos) de unos 2,000 jovencitos, aparte de los cerca de 8,000
que viven internados en centros de protección y centros
de bienestar infantil que funcionan en la zona rural a nivel nacional.
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Las marcas de quemaduras en
los antebrazos y la parte superior de las manos confirman la versión
de Cristina, aun cuando, según Elena, en una oportunidad (y la
última) que la madrastra la visitó en el hogar adujo que
la niña se había quemado sola y por accidente.
Tras ser maltratada, Cristina fue abandonada por segunda vez en la casa
de una vecina, quien la entregó a las autoridades. Estos eventos
sufridos a tan corta edad no tardaron en surtir efectos emocionales.
Durante el primer mes de estadía en el hogar, despertaba horrorizada
y gritando. Oramos por ella y Dios la sanó, testifica
Elena.
Cristina también sufre un poco de retardo, lo que le impide estudiar
en una escuela normal; sin embargo, ella se desenvuelve naturalmente
como cualquier otra niña de su edad y también tiene sus
propios sueños. Me gustaría trabajar de doctora,
dice.
El caso de Cristina no es el único ni el más dramático
en este hogar. Un niño que de un año de edad que llegó
al hogar con la pierna enyesada por efecto de una golpiza de su madrastra,
o el de Pedrito, que estuvo a punto de ser asesinado por
su padre, son otros ejemplos.

Hermanos
en el dolor
Pedrito es uno de cuatro hermanitos
que llegaron al hogar hace un año y que con graciosos movimientos
se acuesta en el piso y sonríe con timidez. Pero esta no era
su habitual conducta en el hogar del que proviene, donde todo era pleitos,
escasez de comida, maltrato y desprotección.
Su hermana mayor, María, dice que él era el
que más sufría. Mi papá le pegaba más
a él porque decía que no era su hijo. La última
vez casi lo mata porque lo agarró de una piernita y lo iba a
estrellar contra la pared, pero mi mamá se lo quitó,
cuenta.
María y sus hermanos llegaron al hogar desnutridos
y enfermos de la tuberculosis que les había contagiado su padre
alcohólico. Vivíamos en una champita, mis dos hermanitos
menores (Pedrito y Carlitos) se quedaban con
mi papá y aguantaban hambre porque mi mamá se iba al mercado
a conseguir algo para comer, dice María.
Esta jovencita de 15 años recuerda con tristeza sus días
negros junto a sus padres y cómo buscaba ocuparse todo el dia
en el mercado ayudando a vender verduras y regresar hasta la noche para
no escuchar los pleitos ni los castigos de sus padres, pero eso era
casi siempre inevitable.
La madre de estos pequeños, quien tiene más de dos meses
de no visitarlos en el hogar, renunció a cuatro de sus seis hijos
y los entregó al ISPM. María dice sentir la
diferencia porque ahora vive con tranquilidad.
No sabía lo que era tener un amor verdadero de mis padres,
alimentación, salud y que se preocuparan por nosotros. Por eso
me gusta este lugar. Aquí nos hablan de Dios, nos llevan a la
iglesia y vamos a la escuela, señala María,
quien se hace responsable de sus hermanitos porque después
de mi mamá estoy yo.
Los días de horror para estos hermanos han pasado y Pedrito
ya no siente más temor a la figura de un hombre, como cuando
llegó al hogar y no podía ni ver a Juan Benítez.
Él todavía no estudia como la mayoría de sus compañeros
del Jehová Jireh, pero pasa largos ratos acostado
en el piso, sonriendo y mostrando su dentadura picada como huella de
la desnutrición y el descuido del que fue víctima desde
su nacimiento.
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Cristina
conserva en sus manos y brazos las huellas del maltrato.
Llamado
divino
Un caso similar de maltrato y abandono
que Juan Benítez observó a través de un vídeo
fue el que lo motivó a crear este ministerio de ayuda a niños
maltratados, abusados sexualmente y abandonados, como Cristina
y Pedrito con sus hermanos, a los que ahora acoge.
Con el apoyo de su esposa y hermanos de la iglesia evangélica
donde se congrega, fundó el ministerio en 1997, el cual goza
de local propio, al menos durante los diez años que dure el comodato
bajo el cual les han concedido un edificio en la colonia Agua Caliente
de Ciudad Delgado.
También son apoyados económicamente y en productos por
algunas empresas privadas y personas de Estados Unidos; de lo contrario
no sería posible el sostenimiento de 22 jovencitos de entre los
tres y los 16 años de edad, que comen, visten, calzan y estudian.
Por el momento, Juan y Elena, llamados papá y mamá
por los niños, dicen que viven por fe y que aunque tienen muchas
necesidades, han logrado suplir lo básico en el hogar, donde
cada uno de los internos será ayudado hasta los 18 años.

María
y sus hermanos gozan hoy de paz y cuidados.
Pero jovencias como Isabel,
abandonada junto a sus tres hermanitas por su madre, se niega a abandonar
este hogar porque quiere retribuir lo que ha recibido. Yo de aquí
no me voy porque cuando cumpla 18 años me voy a quedar a ayudar,
dice.
Y es que muchos de ellos coinciden en que allí han encontrado
un verdadero hogar, en el que si bien se ayuda en algunos oficios domésticos
y se estudia, también gozan de la tranquilidad, la convivencia
familiar y la fe en Dios, lo que no tenían en sus antiguos hogares.
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Ayúdelos
Suplir las necesidades básicas
de 22 niños y niñas y cuando no se recibe ayuda
del gobierno no es fácil, por eso este ministerio cristiano
urge de ayuda para asegurar un mejor bienestar a sus protegidos.
Desde que nacieron han tenido que acudir a varias formas de sostenimiento,
desde la venta de adornos en las calles hasta tocar puertas de
empresas y corazones de personas dispuestas a ayudar a quienes
lo necesitan.
Si usted quiere favorecer a estos niños, comuníquese
con Ministerio Jehová Jireh al 286-9407, o visítelos
en colonia Agua Caliente, frente a planta eléctrica, calle
antigua a Soyapango, Ciudad Delgado.
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