16 de septiembre de 2001

El hogar “Jehová Jireh” es uno de tantos donde convergen niños y niñas que albergan historias dramáticas de intranquilidad y dolor que vivieron al lado de sus padres o padrastros.


Los ojos vivaces de Cristina (nombre ficticio) no corresponden a su experiencia de abandono por parte de su madre y de maltrato junto a su madrastra.
Es traviesa, juguetona y le encanta escuchar las pláticas de las niñas adolescentes del hogar “Jehová Jireh”, donde vive desde hace tres años.
Aunque Cristina no disfrutó de la compañía ni de la orientación de una madre, acostumbra a jugar de mamá que cocina y delega responsabilidades a todas “sus hijas”.
Elena de Benítez, quien junto a su esposo Juan dirige el hogar, dice que esta niña no es ni la sombra de cuando llegó remitida por el Instituto Salvadoreño de Protección al Menor (ISPM).
A sus cinco años, la pequeña ya había experimentado el desamparo de su madre, quien al adolece trastornos mentales, y el cruel castigo físico de su madrastra.
¿Qué te pasó en las manos y los brazos? ¿Por qué tienes esas marcas?, preguntamos con insistencia a Cristina. Después de callar por largos ratos, contestó: Mi madrastra me quemaba con tenedores calientes; también me pegaba duro.

Esta pequeña fue abandonada por su madre cuando era bebé.

Abandono en cifras

Hasta el 31 de mayo, el ISPM ha registrado 139 ingresos por abandono, 68 por maltrato, 13 por abuso sexual y 92 de niños y niñas que vivían en situación de riesgo, entre otros casos que suman 406.
Según datos de la oficina de comunicaciones del ISPM, cada año reciben una población fluctuante (ingresos y egresos) de unos 2,000 jovencitos, aparte de los cerca de 8,000 que viven internados en centros de protección y centros de bienestar infantil que funcionan en la zona rural a nivel nacional.

 

Las marcas de quemaduras en los antebrazos y la parte superior de las manos confirman la versión de Cristina, aun cuando, según Elena, en una oportunidad (y la última) que la madrastra la visitó en el hogar adujo que la niña se había quemado sola y por accidente.
Tras ser maltratada, Cristina fue abandonada por segunda vez en la casa de una vecina, quien la entregó a las autoridades. Estos eventos sufridos a tan corta edad no tardaron en surtir efectos emocionales. Durante el primer mes de estadía en el hogar, despertaba horrorizada y gritando. “Oramos por ella y Dios la sanó”, testifica Elena.
Cristina también sufre un poco de retardo, lo que le impide estudiar en una escuela normal; sin embargo, ella se desenvuelve naturalmente como cualquier otra niña de su edad y también tiene sus propios sueños. “Me gustaría trabajar de doctora”, dice.
El caso de Cristina no es el único ni el más dramático en este hogar. Un niño que de un año de edad que llegó al hogar con la pierna enyesada por efecto de una golpiza de su madrastra, o el de “Pedrito”, que estuvo a punto de ser asesinado por su padre, son otros ejemplos.

Hermanos en el dolor

“Pedrito” es uno de cuatro hermanitos que llegaron al hogar hace un año y que con graciosos movimientos se acuesta en el piso y sonríe con timidez. Pero esta no era su habitual conducta en el hogar del que proviene, donde todo era pleitos, escasez de comida, maltrato y desprotección.
Su hermana mayor, “María”, dice que él era el que más sufría. “Mi papá le pegaba más a él porque decía que no era su hijo. La última vez casi lo mata porque lo agarró de una piernita y lo iba a estrellar contra la pared, pero mi mamá se lo quitó”, cuenta.
“María” y sus hermanos llegaron al hogar desnutridos y enfermos de la tuberculosis que les había contagiado su padre alcohólico. “Vivíamos en una champita, mis dos hermanitos menores (“Pedrito” y “Carlitos”) se quedaban con mi papá y aguantaban hambre porque mi mamá se iba al mercado a conseguir algo para comer”, dice “María”.
Esta jovencita de 15 años recuerda con tristeza sus días negros junto a sus padres y cómo buscaba ocuparse todo el dia en el mercado ayudando a vender verduras y regresar hasta la noche para no escuchar los pleitos ni los castigos de sus padres, pero eso era casi siempre inevitable.
La madre de estos pequeños, quien tiene más de dos meses de no visitarlos en el hogar, renunció a cuatro de sus seis hijos y los entregó al ISPM. “María” dice sentir la diferencia porque ahora vive con tranquilidad.
“No sabía lo que era tener un amor verdadero de mis padres, alimentación, salud y que se preocuparan por nosotros. Por eso me gusta este lugar. Aquí nos hablan de Dios, nos llevan a la iglesia y vamos a la escuela”, señala “María”, quien se hace responsable de sus hermanitos porque “después de mi mamá estoy yo”.
Los días de horror para estos hermanos han pasado y “Pedrito” ya no siente más temor a la figura de un hombre, como cuando llegó al hogar y no podía ni ver a Juan Benítez.
Él todavía no estudia como la mayoría de sus compañeros del “Jehová Jireh”, pero pasa largos ratos acostado en el piso, sonriendo y mostrando su dentadura picada como huella de la desnutrición y el descuido del que fue víctima desde su nacimiento.

 

“Cristina” conserva en sus manos y brazos las huellas del maltrato.

Llamado divino

Un caso similar de maltrato y abandono que Juan Benítez observó a través de un vídeo fue el que lo motivó a crear este ministerio de ayuda a niños maltratados, abusados sexualmente y abandonados, como “Cristina” y “Pedrito” con sus hermanos, a los que ahora acoge.
Con el apoyo de su esposa y hermanos de la iglesia evangélica donde se congrega, fundó el ministerio en 1997, el cual goza de local propio, al menos durante los diez años que dure el comodato bajo el cual les han concedido un edificio en la colonia Agua Caliente de Ciudad Delgado.
También son apoyados económicamente y en productos por algunas empresas privadas y personas de Estados Unidos; de lo contrario no sería posible el sostenimiento de 22 jovencitos de entre los tres y los 16 años de edad, que comen, visten, calzan y estudian.
Por el momento, Juan y Elena, llamados “papá” y “mamá” por los niños, dicen que viven por fe y que aunque tienen muchas necesidades, han logrado suplir lo básico en el hogar, donde cada uno de los internos será ayudado hasta los 18 años.

“María” y sus hermanos gozan hoy de paz y cuidados.

Pero jovencias como “Isabel”, abandonada junto a sus tres hermanitas por su madre, se niega a abandonar este hogar porque quiere retribuir lo que ha recibido. “Yo de aquí no me voy porque cuando cumpla 18 años me voy a quedar a ayudar”, dice.
Y es que muchos de ellos coinciden en que allí han encontrado un verdadero hogar, en el que si bien se ayuda en algunos oficios domésticos y se estudia, también gozan de la tranquilidad, la convivencia familiar y la fe en Dios, lo que no tenían en sus antiguos hogares.

Ayúdelos

Suplir las necesidades básicas de 22 niños y niñas y cuando no se recibe ayuda del gobierno no es fácil, por eso este ministerio cristiano urge de ayuda para asegurar un mejor bienestar a sus protegidos.
Desde que nacieron han tenido que acudir a varias formas de sostenimiento, desde la venta de adornos en las calles hasta tocar puertas de empresas y corazones de personas dispuestas a ayudar a quienes lo necesitan.
Si usted quiere favorecer a estos niños, comuníquese con Ministerio Jehová Jireh al 286-9407, o visítelos en colonia Agua Caliente, frente a planta eléctrica, calle antigua a Soyapango, Ciudad Delgado.

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