16 de septiembre de 2001

En Santa Ana, los abuelos y las abuelas, además de cuidar a los nietos y recibir su pensión, bailan, cantan, ríen y hacen de las suyas en cualquier escenario teatral donde se presenten.


Muchos piensan que después de pisar la tercera edad, las personas se vuelven aburridas y pierden el espíritu de trabajo. ¡Se equivocan!
Algunos cuerpos encorvados y surcados de arrugas están cargados de pasión, de alegría y de amor al prójimo.
Si se preguntan ¿quiénes son estos motores de alto poder? La respuesta es simple: son los jubilados del Instituto Nacional de Pensiones de los Empleados Públicos (INPEP) con regional en Santa Ana.
Ellos no son furiosos ni aburridos, más bien son divertidos, hiperactivos y muy colaboradores, explica Antonio Soriano, jefe del INPEP de la ciudad.
Estos adultos mayores, a pesar de la carga de años, son dinámicos y participan en los talleres que imparte en la institución, como danza, coro, artes manuales, teatro y aeróbicos.
“No importa que las personas de la tercera edad sean de esta institución o no, nosotros las absorbemos, siempre y cuando tengan la disposición de participar en todas las actividades”, relata Mario Alvarado, pensionado y maestro de tres de los talleres de la empresa pública.
Este adulto de 66 años asegura ser el pionero del proyecto de artes manuales, danza y teatro, que se han formado desde hace nueve años dentro de la institución.
Según Soriano, jefe de la regional, muchos de los afiliados piensan que después de jubilarse se van a ir a cuidar los nietos y a sentarse a un sofá. Al no sentirse útiles caen en la depresión y se vuelven vulnerables a muchas enfermedades. Por esto se han diseñado los talleres, para que ellos demuestren las cualidades natas que tienen, cosa que durante el tiempo laboral no explotaron.

Talleres divertidos y lucrativos

Como dice don Mario, “aquí se viene a divertir y aprender al mismo tiempo”. Este maestro de primaria jubilado asegura que los talleres son efectivos y de utilidad para los adultos mayores.
Allí se aprende a trabajar con macramé, papel macerado en capa y pasta, bordados a mano, tapetes de lana, elaboración de piñatas y bolsos de camba (malla plástica).
Lo que más desarrollan es la malla plástica o camba, y parte del trabajo se exporta a México, Australia, Canadá y Estados Unidos, esto porque las pensionadas tienen familiares y amigos en esos países.

Ejemplo de este oficio es Gloria de Vargas, quien a sus 62 años está incorporada al grupo de pensionados y afirma que los miembros que los integran son sus mejores amigos.
Ella dice sentirse más joven desde hace nueve años, cuando ingresó al grupo y comenzó a trabajar la malla plástica, tarea que según la experiencia, le sirve como terapia y la hace ser útil a la sociedad.
La señora de Vargas elabora cuadros, carteras, bolsos, espejos decorados, portaservilletas y casas para nacimientos, artesanías que diseña de acuerdo a su ingenio y creatividad.

Las artes manuales forman parte de los talleres para los pensionados. Esto les hace
sentirse todavía útiles.

Horarios

• Las reuniones de los afiliados y de los pensionados es de lunes a miércoles, de 2:00 p.m. en adelante.
• Lunes, miércoles y viernes, de 7:00 a 9:00 a.m. en el parqueo del estadio Óscar Quiteño se realiza la gimnasia aeróbica.
• Todos los jueves se reúnen los de teatro para los ensayos, de 2:00 p.m. en adelante.
• El viernes es el ensayo del coro, de 2:00 a 6:00 p.m.

 

Gloria, quien es madre de tres hijos y abuela de tres, asegura que este oficio de manualidades le es rentable. Los bolsos los vende a 150 colones; se tarda una semana para hacerlos, y los cuadros los comercializa a ¢350, porque le lleva un mes en terminarlos.
El INPEP se ha convertido en el segundo hogar del pensionado, donde llega para distraerse de las ocupaciones del día y un lugar de trabajo que genera ingresos extras para sus familias.

Cristina Guzmán de López interpreta, en un solo personaje, a Juan Gabriel y a Rocío Durcal.

Tenores, teatreros y más

Pero no todo es comercio. También existen buenos tenores, teatreros e imitadores de Rocío Durcal, Juan Gabriel, Lola Beltrán y Pedro Fernández.
“Yo era profesor de matemáticas y ciencias físicas. Hoy soy maestro del coro, que interpreta canciones de todo tipo, pero las que más ensayamos son los valses de Strauss y música folclórica y popular. Tenemos ya seis años de haber fundado el coro. Hemos realizado presentaciones en San Salvador y Santa Ana. Nos encanta cuando la gente nos escucha, nos levanta el ánimo y con más gana participamos donde nos invitan”, dice con aire de orgullo Julio Velázquez de, 68 años, quien desde 1989 disfruta su retiro.

Estos artistas mayores no solo pulen el canto. Dentro del espectáculo también está la representación de dos sinvergüenzas “en consiga”.
La obra, creación de don Mario Alvarado, evoca como dos borrachos y compadres se las ingenian para conseguir dinero y continuar con la empinada de botella (tomar licor).
“Nosotros vivimos el personaje. Pensamos que somos aquellos borrachos que estamos representando. Somos felices al actuar y hacemos felices a los demás. Eso nos hace sentirnos más vivos y cada día a ser más importantes. Viejos son los caminos. A mí me gusta estar frente al público, porque me siento útil y saber que somos capaces de hacer los que muchos jóvenes no hacen”, dice María de Mena, 66 años, quien representa a uno de los compadres.
Las penas morales y los años se hicieron a un lado y la escena cómica de aquellos dos compadres quedaron reflejados en los aplausos y las sonrisas de los espectadores. Mientras el telón bajaba, un personaje curioso y extraño aparece en los retablos del INPEP.

 

Entre los pensionados hay cantantes, teatreros, bailarines que así disfrutan sus días de descanso laboral.

Una figura mitad hombre y mitad mujer entra a escena, para hacer la fonomímica de Rocío Durcal y Juan Gabriel. Ambos personajes son representados por Cristina Guzmán de López, de 65 años.
“A mí me gusta la curiosidad y representar números extraños que atraigan al público y gusten mucho. No me importa gastar en los materiales. La representación debe de ser lo mejor posible y de calidad”, sostiene. La idea de la “pareja ideal” —reflejada en el número artístico— nació cuando Cristina se desempeñaba como maestra de primaria hace diez años. Ella recuerda que por la misma pasión al teatro le gustaba actuar para los niños bajo su tutela.
Como esta pensionada existen muchos ancianos y ancianas que se traza metas para ir mejorando cada día y sobre todo para ser miembros activos en una sociedad que cada día los excluye a nivel laboral, todo por el simple hecho de haber cruzado el umbral de la vejez.


La voz de la experiencia

María de Mena, 66 años, teatro
“Me gusta estar aquí porque me siento útil y feliz, saber que somos capaces de hacer lo que los jóvenes no hacen. De los años nos olvidamos y las penas se hace a un lado” .

Julio Velázquez, 68 años, maestro del coro
“No es tarde todavía para que se incorporen. Los de la tercera edad no debemos perder el tiempo y estamos lamentando en casa. A medida que nos retiramos de estas agrupaciones, ellos y ellas le están quitando años a su vida”.

María de Alemán, de 73 años, experta en manualidades
“Uno nace aprendiendo y muere aprendiendo. En el grupo he conocido nuevas amistades y siento que aún estoy aún”.

Jacinta de Sandoval, de 68 años, miembro del coro
“Voluntad tenemos, estamos listas. Lo único que tiene que hacer es darnos espacio para demostrarles lo que sabemos hacer”.

Cristina Guzmán de López, 65 años.
“Además de hacer la doble personalidad, a mí me gusta la fonomímica de Lucha Villa, Lola Beltrán, el Piporro. A mis hijos les encanta ir a mis presentaciones”.

Mario Alvarado, 66 años, maestro de danza, teatro y manualidades
“Nosotros hemos tenido presentaciones en Ahuachapán, Sonsonate y San Salvador. El único requisito que necesitan para tener nuestra presencia consiste es darnos alimentación y transporte de ida y vuelta”.

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