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Muchos piensan que después de pisar
la tercera edad, las personas se vuelven aburridas y pierden el espíritu
de trabajo. ¡Se equivocan!
Algunos cuerpos encorvados y surcados de arrugas están cargados
de pasión, de alegría y de amor al prójimo.
Si se preguntan ¿quiénes son estos motores de alto poder?
La respuesta es simple: son los jubilados del Instituto Nacional de
Pensiones de los Empleados Públicos (INPEP) con regional en Santa
Ana.
Ellos no son furiosos ni aburridos, más bien son divertidos,
hiperactivos y muy colaboradores, explica Antonio Soriano, jefe del
INPEP de la ciudad.
Estos adultos mayores, a pesar de la carga de años, son dinámicos
y participan en los talleres que imparte en la institución, como
danza, coro, artes manuales, teatro y aeróbicos.
No importa que las personas de la tercera edad sean de esta institución
o no, nosotros las absorbemos, siempre y cuando tengan la disposición
de participar en todas las actividades, relata Mario Alvarado,
pensionado y maestro de tres de los talleres de la empresa pública.
Este adulto de 66 años asegura ser el pionero del proyecto de
artes manuales, danza y teatro, que se han formado desde hace nueve
años dentro de la institución.
Según Soriano, jefe de la regional, muchos de los afiliados piensan
que después de jubilarse se van a ir a cuidar los nietos y a
sentarse a un sofá. Al no sentirse útiles caen en la depresión
y se vuelven vulnerables a muchas enfermedades. Por esto se han diseñado
los talleres, para que ellos demuestren las cualidades natas que tienen,
cosa que durante el tiempo laboral no explotaron.
Talleres
divertidos y lucrativos
Como dice don Mario, aquí
se viene a divertir y aprender al mismo tiempo. Este maestro de
primaria jubilado asegura que los talleres son efectivos y de utilidad
para los adultos mayores.
Allí se aprende a trabajar con macramé, papel macerado
en capa y pasta, bordados a mano, tapetes de lana, elaboración
de piñatas y bolsos de camba (malla plástica).
Lo que más desarrollan es la malla plástica o camba, y
parte del trabajo se exporta a México, Australia, Canadá
y Estados Unidos, esto porque las pensionadas tienen familiares y amigos
en esos países.
Ejemplo de este oficio es Gloria de Vargas, quien a sus 62 años
está incorporada al grupo de pensionados y afirma que los miembros
que los integran son sus mejores amigos.
Ella dice sentirse más joven desde hace nueve años, cuando
ingresó al grupo y comenzó a trabajar la malla plástica,
tarea que según la experiencia, le sirve como terapia y la hace
ser útil a la sociedad.
La señora de Vargas elabora cuadros, carteras, bolsos, espejos
decorados, portaservilletas y casas para nacimientos, artesanías
que diseña de acuerdo a su ingenio y creatividad.

Las
artes manuales forman parte de los talleres para los pensionados. Esto
les hace
sentirse todavía útiles.
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Horarios
Las reuniones de los afiliados
y de los pensionados es de lunes a miércoles, de 2:00 p.m.
en adelante.
Lunes, miércoles y viernes, de 7:00 a 9:00 a.m.
en el parqueo del estadio Óscar Quiteño se realiza
la gimnasia aeróbica.
Todos los jueves se reúnen los de teatro para los
ensayos, de 2:00 p.m. en adelante.
El viernes es el ensayo del coro, de 2:00 a 6:00 p.m.
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Gloria, quien es madre de
tres hijos y abuela de tres, asegura que este oficio de manualidades
le es rentable. Los bolsos los vende a 150 colones; se tarda una semana
para hacerlos, y los cuadros los comercializa a ¢350, porque le
lleva un mes en terminarlos.
El INPEP se ha convertido en el segundo hogar del pensionado, donde
llega para distraerse de las ocupaciones del día y un lugar de
trabajo que genera ingresos extras para sus familias.

Cristina
Guzmán de López interpreta, en un solo personaje, a Juan
Gabriel y a Rocío Durcal.
Tenores,
teatreros y más
Pero no todo es comercio. También
existen buenos tenores, teatreros e imitadores de Rocío Durcal,
Juan Gabriel, Lola Beltrán y Pedro Fernández.
Yo era profesor de matemáticas y ciencias físicas.
Hoy soy maestro del coro, que interpreta canciones de todo tipo, pero
las que más ensayamos son los valses de Strauss y música
folclórica y popular. Tenemos ya seis años de haber fundado
el coro. Hemos realizado presentaciones en San Salvador y Santa Ana.
Nos encanta cuando la gente nos escucha, nos levanta el ánimo
y con más gana participamos donde nos invitan, dice con
aire de orgullo Julio Velázquez de, 68 años, quien desde
1989 disfruta su retiro.

Estos artistas mayores no solo pulen el
canto. Dentro del espectáculo también está la representación
de dos sinvergüenzas en consiga.
La obra, creación de don Mario Alvarado, evoca como dos borrachos
y compadres se las ingenian para conseguir dinero y continuar con la
empinada de botella (tomar licor).
Nosotros vivimos el personaje. Pensamos que somos aquellos borrachos
que estamos representando. Somos felices al actuar y hacemos felices
a los demás. Eso nos hace sentirnos más vivos y cada día
a ser más importantes. Viejos son los caminos. A mí me
gusta estar frente al público, porque me siento útil y
saber que somos capaces de hacer los que muchos jóvenes no hacen,
dice María de Mena, 66 años, quien representa a uno de
los compadres.
Las penas morales y los años se hicieron a un lado y la escena
cómica de aquellos dos compadres quedaron reflejados en los aplausos
y las sonrisas de los espectadores. Mientras el telón bajaba,
un personaje curioso y extraño aparece en los retablos del INPEP.
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Entre
los pensionados hay cantantes, teatreros, bailarines que así
disfrutan sus días de descanso laboral.
Una figura mitad hombre y mitad mujer entra
a escena, para hacer la fonomímica de Rocío Durcal y Juan
Gabriel. Ambos personajes son representados por Cristina Guzmán
de López, de 65 años.
A mí me gusta la curiosidad y representar números
extraños que atraigan al público y gusten mucho. No me
importa gastar en los materiales. La representación debe de ser
lo mejor posible y de calidad, sostiene. La idea de la pareja
ideal reflejada en el número artístico
nació cuando Cristina se desempeñaba como maestra de primaria
hace diez años. Ella recuerda que por la misma pasión
al teatro le gustaba actuar para los niños bajo su tutela.
Como esta pensionada existen muchos ancianos y ancianas que se traza
metas para ir mejorando cada día y sobre todo para ser miembros
activos en una sociedad que cada día los excluye a nivel laboral,
todo por el simple hecho de haber cruzado el umbral de la vejez.

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La
voz de la experiencia
María de Mena,
66 años, teatro
Me gusta estar aquí porque me siento útil
y feliz, saber que somos capaces de hacer lo que los jóvenes
no hacen. De los años nos olvidamos y las penas se hace
a un lado .
Julio Velázquez,
68 años, maestro del coro
No es tarde todavía para que se incorporen. Los de
la tercera edad no debemos perder el tiempo y estamos lamentando
en casa. A medida que nos retiramos de estas agrupaciones, ellos
y ellas le están quitando años a su vida.
María de Alemán,
de 73 años, experta en manualidades
Uno nace aprendiendo y muere aprendiendo. En el grupo he
conocido nuevas amistades y siento que aún estoy aún.
Jacinta de Sandoval,
de 68 años, miembro del coro
Voluntad tenemos, estamos listas. Lo único que tiene
que hacer es darnos espacio para demostrarles lo que sabemos hacer.
Cristina Guzmán
de López, 65 años.
Además de hacer la doble personalidad, a mí
me gusta la fonomímica de Lucha Villa, Lola Beltrán,
el Piporro. A mis hijos les encanta ir a mis presentaciones.
Mario Alvarado, 66
años, maestro de danza, teatro y manualidades
Nosotros hemos tenido presentaciones en Ahuachapán,
Sonsonate y San Salvador. El único requisito que necesitan
para tener nuestra presencia consiste es darnos alimentación
y transporte de ida y vuelta.
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