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Desde
los seis meses de edad, Anabella Altamirano, una pequeñita
de cabello castaño, comenzó a recibir
todo tipo de terapias de rehabilitación. Su familia
inició una lucha por evitar que la parálisis
cerebral diagnosticada a esa edad no la venciera.
Tratamientos a través de la música, ejercicios
corporales en el agua, terapia de lenguaje y otros procedimientos
han sido parte de sus seis años de vida.
El Centro de Parálisis Cerebral, dependencia
del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación
(ISRI) en San Salvador, ha sido su hogar. Ahí
ha llorado a la hora de recibir los masajes o realizar
los dolorosos ejercicios junto a las terapistas, quienes
luchan por lograr que obtenga control sobre su cuerpo
y hasta pueda ponerse de pie por sí sola.

Cada
una de las posturas en las que es montado el paciente
se traduce en una valiosa rehabilitación.
Junto
a más de 400 niños y niñas también
con parálisis cerebral y en una continua búsqueda
de procedimientos que permitan rehabilitarla, Anabella
ha probado de todo.
Sin embargo, quizá los mayores logros los ha
obtenido gracias a Churro y Midas,
dos enormes caballos criollos que ahora forman parte
de la nueva terapia a la que se está sometiendo
junto a cinco pequeñines más: la hipoterapia.
Se trata de un novedoso tratamiento que el ISRI a través
del Centro de Parálisis ha comenzado a poner
en práctica. Los pequeños pacientes son
montados sobre caballos para que, mientras estos caminan,
los niños reciban estímulos en su cuerpo,
que generen movimientos, cambios de postura y mayor
equilibrio.
Según los especialistas, este método está
provocando sorprendentes resultados en la rehabilitación
de pacientes. En tres veces que ha subido al caballo
ha logrado más progresos que en seis años
en las otras terapias, dice su madre, doña
Anabella de Altamirano.
Y es que según la terapista Sandra de Ochoa,
los estímulos que produce el caballo son más
rápidos. El animal da estímulos
de a mil por minuto, aquí dentro en la sala de
terapia logramos estímulos de a diez por minuto.
La terapia con caballos no es sólo más
rápida, sino más efectiva, dice.
Beneficios
al por mayor
Desde
hace un mes, Anabella y otros cinco niños, cuyas
edades oscilan entre los cuatro y los 12 años,
han comenzado a viajar una vez por semana hasta la Escuela
de Equitación Las Espuelas, en Santa
Ana, que gratuitamente está colaborando con el
ISRI para seguir su tratamiento.
A simple vista, la rutina parece sencilla: los pequeños
pacientes reciben un calentamiento previo para estirarles
sus piernas encogidas por la misma parálisis
y luego son llevados frente a Churro y Midas
para saludarse entre sí.

Los
beneficios que Anabella obtiene incluyen también
mucha alegría.
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Sí,
se trata de una especie de presentación en la
que los pequeñines pueden acariciar al animal.
Mírenlo a los ojos y háblenle,
les indica una de las terapistas. Al principio, con
temor y luego con confianza, uno a uno los niños
van estableciendo ese contacto especial
que los encargados del programa están seguros
se logra entre los niños y el cuadrúpedo.
Después
llega la hora de montarlo. Uno a uno van realizando
de una a tres vueltas en un espacio que no sobrepasa
los mil metros, ayudados por el encargado de Midas
y de Churro y de las terapistas, quienes
vigilan que los novatos jinetes mantengan su posición
erguida.
Mientras van montados, sus cuerpos están recibiendo
toda clase de estímulos que les ayudarán
a futuro a alcanzar una mayor rehabilitación.
El caballo produce acciones simétricas
exageradas porque tiene movimientos tridimensionales.
Cuando caminamos hacemos movimientos de caderas. Los
niños con parálisis no tienen estos movimientos
porque no pueden realizar una marcha normal; entonces
el caballo les da esa sensación, lo que les trae
grandes beneficios, dice la terapista Verónica
de López.
Los
niños también son sentados al revés
mirando hacia las nalgas del animal y acostados boca
abajo transversalmente sobre el lomo de éste.
Cada una de estas posturas se traduce en un beneficio
médico.
Al sentarlo normalmente viendo hacia adelante
nos ayuda para estimular la pelvis para que pueda caminar
y mantengan el equilibrio; sentados hacia atrás
podemos estimular los hombros; al acostarlos atravesados
estamos tratando de mejorar el patrón respiratorio,
buscamos modificar la caja toráxica y estirar
los músculos, explica la profesional.

El
entusiasmo es grande a lo hora de pedir esta terapia.
Los
beneficios de trabajar a campo abierto y con estos animales,
según las especialistas, son mucho mayores respecto
a los que se logran en un sala de rehabilitación.
Dentro de la cama les limitamos a muchos movimientos
porque su sistema está dispuesto a decir que
duele o que ya no pueden; no logramos abrir las piernas
o hacer algunos ejercicios. Con el caballo su sistema
respiratorio cambia y reciben muchos incentivos,
dice la señora de López.
El trabajo de las tres terapistas, que han sido entrenadas
en el campo, es evaluar precisamente la postura de los
niños antes, durante y luego de la hipoterapia
para anotar los resultados y vigilar los progresos obtenidos
a lo largo de los tres primeros meses que se beneficiará
este primer grupo de niños.
Según la doctora Lorena Zelaya de Mena, directora
del centro de Parálisis Cerebral, no hay nada
escrito que diga que luego de este periodo habrá
finalizada la rehabilitación; sin embargo, luego
de esta etapa se espera observar grandes mejoras en
los pequeños.
Mientras transcurre, estos jinetes continuarán
asistiendo puntualmente hasta la escuela de equitación
en busca de una rehabilitación más rápida.
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