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Vivir
a expensas de un monstruo que se levanta, asusta y ataca es
la realidad que muchos niños y niñas experimentan
a diario y en sus propios hogares.
¿Saben cuáles son sus derechos? Preguntamos
al azar y una alumna de ocho años en Cuscatancingo
contestó: A tener casa, ropa, alimentación,
protección y cariño. Sin embargo, la realidad
para esta pequeña es otra. Dicen que su papá
la violaba, pero la mamá se dio cuenta y lo metió
a la cárcel, comentó una compañera
de la escuela.
La pequeña ultrajada no quiere hablar de su experiencia;
prefiere fijar su mirada en el vacío. A lo mejor ni
siquiera entienda lo que le pasó, pero a su corta edad
ha dejado de creer en esa figura que ayudó a traerla
al mundo y ha aprendido a esconder su deshonra.
Las niñas más grandes que son violadas
y muchas veces embarazadas tienden a creer que su vida está
arruinada, opina el profesor Eduardo Ramírez,
director de la escuela Antonio Najarro de Mejicanos,
donde hay muchos casos de violaciones sexuales en niñas
de entre siete y 12 años, así como menores maltratados
brutalmente.
El profesor Ramírez dice que se enteran de estos casos
por terceras personas y porque las víctimas manifiestan
un cambio de conducta e inconstancia en los estudios. La pobreza,
la desintegración familiar y el bajo nivel académico
de los padres son factores determinantes, pero mientras eso
no se resuelve, los niños siguen pagando el peor precio.
Un sondeo por varias escuelas públicas de Ayutuxtepeque,
Cuscatancingo y Mejicanos verificó los resultados de
un estudio realizado por el Instituto de Estudios Jurídicos
de la Mujer Virgina Guirola de Herrera (CEMUJER),
que pretendió conocer los niveles de violencia en esta
zona y cómo la están percibiendo las mismas
víctimas, especialmente las niñas.
Ellas
sufren más
La selección
de los tres municipios de San Salvador obedeció a que
en la clínica de atención integral que funciona
en CEMUJER, la mayoría de los quince casos diarios
que tratan procede de los mencionados lugares, de Soyapango
y de Santa Tecla.
Mediante una encuesta a nivel de 1,200 niñas de entre
nueve y 17 años, escogidas al azar entre nueve centros
educativos, ocho edificios de la urbanización José
Simeón Cañas, conocido como Zacamil, y
14 colonias, entre ellas comunidades en vías de desarrollo
como la Emmanuel, Rivas Vásquez, 26 de Enero y San
Sebastián.
De manera preliminar, el Diagnóstico situacional
sobre la discriminación, violencia y derechos de las
niñas, ha detectado alarmantes niveles de violencia
intrafamiliar hacia las niñas. Todas las encuestadas
presentaron un tipo de maltrato, señala la ingeniera
Alba América Guirola, directora de CEMUJER.
Sufren desde maltrato en el plano físico y sicológico
hasta sexual porque las niñas están inmersas
en una familia donde predomina la promiscuidad y por ello
son violadas por padres, padrastros, tíos y hermanos.
Muchas han quedado embarazadas y han abortado; otras
han tenido sus hijos y han pasado a engrosar la lista de madres
solteras, y algunas han caído en la prostitución,
refiere la ingeniera Guirola, para quien otro riesgo en el
que viven las niñas es al contagio del sida u otras
enfermedades de transmisión sexual.
Otras jovencitas hablaron de discriminación en sus
hogares. La eterna relegación de la niña a los
oficios domésticos, el maltrato con cincho, alambres
u otras herramientas, privarlas del alimento o de ver la televisión
porque no han realizado algún oficio.
Profesores de escuelas de la zona coincidieron en que las
alumnas son las más afectadas y que no siempre confiesan
su sufrimiento, a no ser por las marcas del cincho en sus
cuerpos o cuando manifiestan conductas retraídas, bajo
rendimiento académico y aislamiento del grupo.

Muchas
niñas han manifestado que eran maltratadas por sus
padres, ya sea porque uno de ellos se enojaba con el otro
o porque no les obedecían. Por lo general, los niños
que estudian acá provienen de familias pobres, desintegradas
y muchos viven con padrastros. Y sí, son las niñas
las más afectadas, manifiesta la profesora Yancy
de Montalvo, subdirectora del turno de la mañana de
la escuela República del Perú, en la Zacamil.
El jefe de la UDIC de la PNC de Zacamil, sargento Luis Pérez,
considera los niveles de violencia en esta zona como críticos
y que se mantienen año con año. No hay
zonas o clases sociales específicas; son hechos que
ocurren en todas las esferas. Sin embargo, la mayoría
de denuncias proviene de edificios de la Zacamil y zonas marginales,
especialmente los comprendidos en la llamada super manzana
, dice el funcionario.
Esta delegación policial dice atender diariamente tres
denuncias de maltrato, por lo general contra mujeres adultas
y de esas al menos una es por agresión sexual contra
niñas.
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En junio detuvieron a cuatro hombres acusados de violar
a niñas entre seis y 16 años.
El sargento Pérez dice que las que más
denuncian son las víctimas. Y es que también
las niñas están aprendiendo a defenderse.
CEMUJER dice que entre 15% y 20% de las denunciantes
que reciben son menores, aun cuando manifiestan temor,
baja autoestima o depresión.
Y es que una realidad triste las envuelve. Según
el estudio referido y lo manifestado por profesores
y algunas alumnas encuestadas, el enemigo está
en su propia casa y difícilmente pueden huir
porque viven bajo amenazas, no tienen a dónde
ir o muchas veces sus propias madres se muestran incrédulas.
¿Dónde refugiarse entonces?
Sin
salida
A
muchas niñas no les queda más que entregarse
al tormento. Silvia es un caso. A sus escasos
15 años conoce la horrible experiencia de haber
sido violada por su padre y por uno de sus hermanos.
Consternada huyó de su hogar, cayó en
los brazos de un hombre que casi le triplicaba la edad,
quien la embarazó y luego la abandonó.
No me quedó otra que volver a la casa,
dice. Si continúa siendo ultrajada, no se sabe;
ella no quiere hablar de eso y vuelve a su rutina desde
hace meses: vivir como ausente y desligada de sus compañeros
en la escuela donde continúa estudiando.
En el estudio de CEMUJER se han detectado muchos casos
similares. Escapan de la violencia de sus hogares y
se refugian, obligadas o engañadas,
en hombres mayores y procrean hijos. Es un destino que
no escogieron.
Otras escapan de las brasas para caer en el fuego,
sobre todo cuando dejan la casa para incorporarse a
las pandillas y saben que para ser aceptadas deben sostener
relaciones sexuales con varios o con todos los pandilleros.
La propensión es alta porque según el
estudio se mueven en un ambiente de maras y de drogadicción.
Este ambiente en las calles y el que viven en sus casas
les augura un futuro nada halagador. Para la ingeniera
Guirola, es acá donde impera la necesidad de
una política real en favor de la niñez
o una justa aplicación de las leyes, pues
el problema no es el caudal de leyes y convenios internacionales
en favor de la mujer o la niñez que se han ratificado,
sino quiénes legislan, si están preparados
o administran justicia justamente.
En una propuesta que CEMUJER elaboraría con base
en las conclusiones del estudio se perfila un llamado
a todos los sectores para enfrentar este problema, pero
sobre todo a prevenirlo. Aquí deben intervenir
los ministerios de Educación y de Salud, la iglesia,
la familia; en fin, todos somos responsables,
afirma la ingeniera Guirola.
Mejor
prevenir que...
Según
la ingeniera Guirola, Salud tiene responsabilidad de
educar porque la cantidad de embarazos precoces es enorme.
En el caso particular de los municipios estudiados,
la Unidad de Salud de Mejicanos, que atiende a población
de varios municipios vecinos, registra hasta junio de
este año 656 casos de embarazos en niñas
de entre 10 y 19 años.
CEMUJER cree que en esta tarea de educar sexualmente
y en otros aspectos a la niñez y a la juventud
se deben sumar los medios de comunicación, los
padres y la escuela. Los docentes deben ser capacitados
para enseñar a los estudiantes sobre el sexo
y sin prejuicios. El eje central es la formación
de la ciudadanía, opina la ingeniera Guirola.
Para la profesional, la escuela es clave para alcanzar
esa formación, pero el problema es que muchos
centros educativos, lejos de ayudar acentúan
el problema, como cuando imponen castigos físicos,
los insultan o discriminan a las niñas no permitiéndoles
que se entretengan en actividades exclusivas de varones.
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Datos
reveladores
El
Departamento de Familia de la Policía Nacional
Civil ha registrado entre enero y mayo de este
año 527 casos de violencia intrafamiliar
en todo el país, que van desde amenazas
y abuso en la corrección de menores hasta
violaciones sexuales y maltrato sicológico.
* San Salvador y sus municipios se sitúa
en el primer lugar con 196 casos, seguido de San
Miguel con 132, La Libertad con 57 y Santa Ana
con 54. El resto corresponde a Cuscatlán,
Cabañas y La Paz.
* Las estadísticas sobre violación
sexual reportadas por el Instituto de Medicina
Legal Doctor Roberto Masferrer, en
1999, reveló que las niñas menores
de 19 años fueron las mayores víctimas
y que los municipios de San Salvador, Mejicanos
y Ciudad Delgado fueron donde ocurrió la
mayoría de casos.
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Viviendo
con el enemigo
De
cuerpo frágil, pero con voz firme, Marlene
decidió contar su pesadilla, no para que
se compadezcan de ella, sino para que eso
sirva a muchas para que no caigan en la desgracia
en que cayeron mis hermanas, dice mientras
se acomoda en el sillón del hogar que ahora
comparte con su marido y sus dos hijos.
Mi infancia no fue fácil. No voy
a decir nombres ni dónde transcurrió
por respeto a mis hermanas, quienes sufrieron
violación sexual. Nos criamos en la zona
rural y todo estaba bien hasta que mi mamá
murió. Mi papá se dedicó
a nosotros, trabajaba bastante, pero un día
pasó lo que tenía que pasar.
Nadie se enteró cuando violó a la
primera de mis hermanas ni por cuánto tiempo
lo hizo, (sino) hasta que la embarazó.
Luego hizo lo mismo con mis otras dos hermanas
cuando cada una cumplió quince años.
Pero para entonces yo, de unos trece años,
ya me había dado cuenta de lo que estaba
ocurriendo porque mis hermanas me lo confesaron
quizá para protegerme.
Viví atemorizada de que al cumplir quince
años me violara. Trataba de no quedarme
sola en la casa con él, no me les despegaba
a mis hermanas y por las noches no dormía
tranquila; casi sentía que se acercaba
y me obligara a hacer lo que no quería.
Trataba de que él no notara que yo ya lo
sabía todo. Fueron días horribles.
Un día decidí vencer mi miedo y
escapé de la casa. Una señora me
ayudó a encontrar empleo aquí en
San Salvador.
Jamás volví a donde mi papá,
tampoco me comuniqué con mis hermanas porque
tenía miedo de que él me encontrara
y me obligara a volver. Supe de ellas cuando mi
papá murió y dejó de esclavizarlas.
No sé por qué nunca huyeron; quizá
las amenazaba, no lo sé, y no creo que
lo llegue a saber porque nunca tocamos ese tema.
Gracias a Dios terminó esa pesadilla.
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Otro
problema marcado en las escuelas es la falta de orientación
sicológica al alumnado. Muchos casos de alumnas
violentadas sondescubiertos y atendidos por instituciones
de derechos humanos o que trabajan con la infancia.
El profesor Eduardo Ramírez admite que el plantel
se queda corto a la hora de ayudarles porque
no cuentan con orientación sicológica.
Si bien es necesaria una educación sexual y de
prevención en el alumnado para que no sea víctima
de violencia, también se debe educar a los padres,
quienes muchas veces cargan con la responsabilidad cuando
a un niño se le roba la inocencia o se le maltrata
física o sicológicamente.

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No
hay zonas o clases sociales específicas;
son hechos que ocurren en todas las esferas.
Sargento Luis Pérez, jefe de UDIC, PNC Zacamil
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