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A
pesar de que a muchas personas el sabor y el olor de
los ajos les son insoportables,
este vegetal es el que tiene más propiedades
curativas que cualquier otro.
Es útil para los trastornos digestivos, circulatorios
y respiratorios.
Champiñones
al ajillo
Ingredientes:
2
libras de champiñones pequeños.
10
dientes de ajo.
2
chiles.
200
ml. de aceite de oliva.
Sal.
Lave
y seque bien los champiñones. Córteles
los pedúnculos y resérvelos para otra
preparación.
A continuación ponga una sartén al fuego
con el aceite y cuando esté caliente añada
los dientes de ajo, previamente pelados y cortados en
láminas, y déjelos freír lentamente,
removiéndolos, para que se ablanden, pero que
no tomen mucho color.
En seguida agregue los chiles, cortados en rodajas,
déles unas vueltas removiendo con una cuchara
de madera e incorpore los champiñones, previamente
preparados.
Por último sazone y déjelos cocinar, a
fuego fuerte, durante seis o siete minutos. Sírvalos
calientes.

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Propiedades
curativas
El
ajo tiene grandes propiedades vasodilatadoras
y antiinfecciosas, y por esto lo pueden tomar
las personas que padecen de hipertensión
arterial.
Puede ingerirse en forma cruda, ya sea masticado
(combinado con la comida) o tragado como si fuera
un comprimido. También están las
perlas de ajo en forma de cápsulas de gelatina.
Es muy rico en sales minerales, azufre, encimas
y vitaminas. Además tiene muchas propiedades
medicinales: reduce el nivel de grasa y colesterol
en la sangre; hace la sangre más fluida
y así disminuye el riesgo de infarto y
trombosis; previene el cáncer; es un potente
bactericida; aumenta la potencia sexual; es útil
contra la bronquitis, la tos y el catarro, y es
desinfectante: puede usarse para curar heridas.
En
la cocina
Es un bulbo de origen oriental. Se usa en las
cocinas de casi todos los países, en salsas,
sopas, pescados y mariscos, carnes y vinagretas.
Aunque es muy venerado por los amantes de platillos
con carácter, muchas personas se resisten
a consumirlo por su olor fuerte y persistente.
Es además un alimento de difícil
digestión.
Origen
Aunque
su origen está en Asia Central, chinos
y egipcios ya lo utilizaban en la más remota
antigüedad: alimentaban con ajos a los esclavos
que construían las pirámides porque
creían que les aportaba energía.
También se empleó en el proceso
de momificación y como moneda.
En Grecia y Roma se consideró un potente
afrodisiaco.
En la época medieval se usó para
librarse de brujas, vampiros y malos espíritus.
Durante la Segunga Guerra Mundial se repartía
entre los soldados para que tuvieran un remedio
contra las heridas.
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Arroz
al ajo
Ingredientes:
14
onzas de arroz.
4
alcachofas.
1
pimiento rojo.
Unas
hebras de azafrán.
5
cucharadas de aceite.
5
dientes de ajo finamente picado.
Caldo
de gallina (el doble de cantidad que el volumen del arroz).
10
onzas y media de habas desgranadas.
1
cebolla finamente picada.
Sal.

Ponga
el arroz en un colador grande, páselo bajo el chorro
del agua fría y deje que escurra.
Limpie cuidadosamente las alcachofas, córtelas en gajos
y cuézalas en un poco de agua salada.
Abra el pimiento rojo por la mitad, elimine el corazón
y las semillas y córtelo en trocitos.
En seguida caliente el aceite en una cazuela de barro al fuego
y rehogue los ajos y la cebolla hasta que esta última
esté transparente.
Agregue el arroz y deje que se sofría ligeramente,
a fuego lento, y removiendo constantemente.
Incorpore el caldo, calentado con anterioridad, suba el fuego
y añada las alcachofas, las habas, el pimiento, el
azafrán y sal al gusto.
Por último, introduzca la cazuela en el horno, calentado
a temperatura media, y cocine hasta que el arroz esté
en su punto y el caldo se haya consumido.

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